Cuando dominàs la imagen, podès conquistar las conciencias. Las conciencias se conquistan con ideas.
Es una sabidurìa muy antigua. Y al igual que como sucede con la fisiòn del àtomo, ese conocimiento se usa dirigido por la propia moral, para bien o para mal.
Encender las luces de la conciencia es un trabajo de toda la vida. Es incòmodo a veces, pero profundamente sanador. Se alinea el sentir con una forma distinta de interpretar la realidad, y eso da paz. Aunque la realidad que se perciba sea terrible, la conciencia y el sentir alineados nos sacan de la alienaciòn.
Hay muchos caminos para habilitar una conciencia màs clara, asì como hay muchos caminos para eliminar la grasa sobrante en el cuerpo. Todos implican voluntad, disciplina y constancia, y sobre todo, mètodo.
Pero avanzando en el camino, la manera de percibir los hechos de la vida, cambia. Porque la manera en que percibo los hechos del mundo es ùnica y personal, es una conjunciòn de mi temperamento, mi biografìa, mi cultura, mi tiempo, mi educaciòn, de las ideas en las que cognitivamente fui educado.
Mi forma de interpretar el mundo cambia, y se vuelven reales mis sentimientos, que antes no se condecìan con lo que la realidad me presentaba. Es que la realidad tiene muchìsimas capas, puntos de vista, impactos, significados. Es casi infinita, segùn por donde se la perciba.
Esto que siento es real porque lo que sucede, lo que està sucediendo de verdad, las ideas o fuerzas que motivan los hechos, puedo verlos claramente a medida que avanzo en el tiempo y el esfuerzo. Puedo comprender por què siento lo que siento, ahora que miro la realidad desde otros puntos de vista, en donde encuentro el por què de mi sentir, que es verdadero y existe PORQUE ES LO QUE SIENTO.
Pero si no puedo ver lo que provoca mi angustia, mi angustia sin nombre y sin sentido clama por anestesia. En nuestro tiempo cultural, cuando tenemos a disposiciòn las herramientas para desarrollar un alma conciente, màs que nunca circula la anestesia en sus formas màs diversas.
Ahì lo tenès.
El sistema es perfecto porque nadie se atreve a hacerse las preguntas indispensables sobre su vida.
Adherimos a una religiòn sin fe, porque es asì, no importa. Hagamos como si creyèramos en algo.
Trabajamos sin fe en lo que hacemos, porque es asi, no importa. Lo hacemos por el dinero o por el prestigio, porque todos lo hacen, porque es lo que hay que hacer. Hagamos como si no nos doliera el alma cada mañana al despertarnos.
Usamos a los otros con desesperaciòn, decimos las palabras que sabemos que hay que decir para encadenar al otro a cumplir nuestra voluntad, nos da pànico no tener a quienes agarrar. Digamos "te amo" mil veces por dìa hasta que no tenga ningùn valor la palabra.
Profanemos la mùsica, la danza, profanemos todos los recursos que hay para cultivar un alma humana, hagamos todo por dinero. Solo con decir que lo hacemos por amor, nos basta.
Digamos en voz alta que somos buenas personas, todos los dìas, hasta convencernos tanto que no haga falta revisar nuestros actos, reparar lo que rompimos, pidamos perdòn livianamente, tan livianamente como cuando preguntamos ¿còmo estàs? al saludar a otro, sin que realmente nos importe una respuesta sincera. Sigamos hablando con esas palabras que ya no significan nada màs que una forma, una danza automàtica que tiene respuestas obligatorias. Sigamos diciendo y pensando que somos buenas personas. La mierda que se desparrama en el mundo no tiene nada que ver con nosotros. Hagamos como si nuestras acciones no tuvieran ninguna consecuencia en el universo.
Hagamos como si nada. Sigamos convencidos de nuestro convencimiento.
Fundemos marcas. Lancemos frases motivacionales. Viajemos a contaminar la naturaleza que admiramos. Debamos la cuota de la escuela, no le paguemos al jardinero, entreguemos la responsabilidad de la educaciòn de nuestros hijos a terceros, pero no dejemos de parirlos, son parte del mobiliario de nuestros sueños, esos que aprendimos a soñar de tanto verlos en todos los argumentos.