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martes, 26 de enero de 2016

Una vuelta completa a la infancia (me saqué la sortija..)

Confío en algo que no logro ver, pero intuyo. Algo mejor, algo posible, algo que no está tan lejos de ser desde que encontré cómo dar los pasos para andar los caminos, tras las migas que me llevan al sentido. Por eso soy maestra.

Quise ser maestra como una certeza, no como una ilusión rosada. Supe que el camino que me habían hecho transitar a los golpes, como dentro de los límites del pasillo que me llevaría al corral, como una vaca a entrenar, ese camino de la escuela, podía ser concebido de otra manera.

Me perdí, me marearon, y cuando por fin encontré de nuevo el camino hacia mi profesión, con la misma certeza con la que lo abracé, empecé a cuestionarlo.

Así llegué  a esta escuela de pedagogía waldorf, sin saber bien a qué venía, qué era lo que había que hacer de distinto, pero con fe en mi esperanza. Dieciocho pares de ojos me esperaban para empezar a dar un largo paseo juntos.

Intenté seguir las instrucciones como una condenada, pero no había... lo que había era una larga, ardua, loca gimnasia para dar un giro completo de 360º en el alma y lograr una nueva amplitud de mirada. Todo eso mientras los dieciocho pares de ojos esperaban comandancia... igualito que mi hija cuando me miraba esperando que le diera aquellas respuestas que no tenía.

Confiando en las pequeñas certezas que florecían regadas por la fe, anduvimos.
Nos sucedió la vida. Cada una de sus pequeñas preguntas la hice mía, y los pasos que dimos fueron las respuestas. No aprendimos el mundo, lo fuimos conquistando con trabajo, sabiendo que cada intento nos llevaría un paso más cerca de lograrlo, venciendo lo que creíamos nuestro horizonte para descubrir que había mucho más camino, mucho más mundo todavía. Y nos lanzamos a comprenderlo maravillados.

Mi hija es hoy una joven, hermosa mujer. Aquellos niños son hoy brotes adolescentes.
Y lo que veo, aún perfectible, es tan luminoso en su potencia, tan posible, que me maravilla.
Tan mal no lo hice, y ellos me enseñaron cómo hacerlo todavía mejor.

Así que, las tizas listas, la vida transformada en sustancia, allá voy de nuevo, a descubrir una vez más el mundo, a maravillarme y dejarme sorprender, otra vez, de la mano de un ramillete de redondas manos pequeñas.




viernes, 21 de febrero de 2014

Heaven

Volvería a morder la manzana.

Volvería a destrozar la ingenuidad haciéndome la primera pregunta.

Volvería a caer, para volver sabiendo perfectamente cuánto estoy dispuesta a subir para llegar.
Sin escalas intermedias, sin atajos.
Conquistando mi coraje en cada piedra, cada estrella, cada salto al vacío, cada noche oscura, cada muerte.

Amar el camino, más allá de la meta.
Amar la manera de caminarlo.


martes, 29 de octubre de 2013

Declaración de principios

Yo soy una miedosa en rehabilitación.
Yo tenía miedo de todo.
De todo.
Hasta de mí.
Pero un día fui capaz de dar a luz, de albergar otra fuerza dentro de mí, de abrirme para dejarla atravesarme y llegar al mundo. Y con ella sobre mi falda, mirando sin perder de vista cada uno de mis pasos, el mundo se volvió más aterrador. Ahora también tenía miedo de equivocarme. De enseñarle el mundo mal.

Yo no quería que aprendiera de mí a esconderse en el canasto de los juguetes, a llorar hasta no poder hablar, a convertirse en alguien que no sea, a obedecer, a escapar. Pero para poder enseñarle otra cosa, no me quedó otra que empezar a aprenderlo.

Tengo tanto miedo que cuando tengo que tomar de la mano a alguien más por un rato, queda mi palma helada y transpirada, pero insisto.

La vida me obliga a insistir, y tomo el envión con el aliento comprimido y para arrojarme, por adentro canto. Porque en algún lugar leí que el odio retrocede cuando los hombres cantan, y cantando me olvido del terror que me causa defender lo que siento verdadero, aunque ladren, aunque acosen, aunque amenacen y esgriman sus voces en gritos o en verborragias.

A mi me educó una cultura reinante en el proceso militar en el que treintamil personas desaparecieron en el medio de un país que eligió no mirar.
Yo bebí el miedo en cada café con leche, en mi casa, en la escuela, en el juicio de los vecinos, en un tiempo en que el hombre de la bolsa era real, y se llevaba, en el mejor de los casos, solamente a tus padres, a punta de fusil y falcon verde.

Yo vi morir a mi padre escupiendo mierda, literalmente. Repleto de odio, de desamor, de soledad, de su enorme y oscuro miedo a la felicidad.

A mí no me va a pasar.
A mi hija no le va a pasar.

domingo, 27 de octubre de 2013

Reflexión electoral (en el más amplio sentido de la palabra elegir)

Desde hace un tiempo vengo desandando lo que la cultura, a través de la educación, ha hecho conmigo, para ver cómo logro, de una buena vez, averiguar quién soy, y serlo. Y en eso, me van llevando sobre todo los pasos de mi hija en su adolescencia, en el estrechamiento de su túnel para pasar al mundo adulto.

Ya quisiera borrar de su alma las marcas que han dejado mis errores, pero allí están, son sus propias batallas, sus oscuridades a sanar y resolver, para volverse más sabia, para saberse más fuerte.
Yo ya tuve y tengo mi tarea con las huellas que llevo en la mía, las alumbro ahora que veo más claro, de tanto desandar mi camino para encontrar las migas y retomar las sendas paralelas. La voluntad puesta en desactivar mis trampas, evitar la automática reacción de huir despavorida y llena de miedo, quedarme y mirar eso que se mueve en la oscuridad.

Llego con ella a sus encrucijadas, ahora que tiene que salir a probarse, a resolver las propias pruebas para ganar capacidades; traduzco lo que sucede, porque la realidad a veces se vuelve un poco esquizofrénica, detenemos el tiempo y la emoción que arrasa, para poder ver, bajo el viento, dónde es que están puestos nuestros pies.

Evitarle los dolores sería condenarla a la insensibilidad. Pero aprendemos juntas que el dolor te atraviesa como un latido, y si lo dejás atravesarte, pasa, te deja el recuerdo de la impresión, la señal de atención, y como a toda fuerza, se la puede convertir en un resultado bello.

Esta encrucijada en la que estamos paradas ahora, la de su escuela y su educación dentro del sistema social, me tiene revisando con lupa mi propia educación, el proyecto educativo nacional, la realidad de las escuelas de mi país y el sentido último de esa acción social que la cultura ejerce sobre los individuos... ¿con qué fin?

Cada vez me pregunto qué es educar, qué es intervenir en la manera en que una generación comprende el mundo que lo rodea. A esta altura del partido es una obviedad decir que educar es mucho más que impartir instrucción o dar información sobre algo. Eso en todo caso sería adoctrinar. ¿Qué es, entonces, educar?

He cursado al menos dos carreras de formación docente, y no recuerdo que, en ninguna instancia de la carrera, hayamos reflexionado sobre esta pregunta.
¿Cómo se puede llevar a cabo algo sin tener claro qué es?
¿Cómo es posible llevar a cabo una ciencia social sin detenerse a reflexionar sobre sus alcances, y por ende, sus formas? ¿quién vela por los procesos individuales que se van desarrollando? ¿por qué tenemos tanta población infantil y juvenil en terapias psicológicas?¿en dónde estaremos fallando?

Recuerdo la pobreza y la violencia de mi formación docente. He tenido profesoras que me han faltado el respeto mil veces, que han abusado de su autoridad como en una mala película yanqui, como si tener fama de ser terrible fuera sinónimo de grandeza. Mi verdadera formación no fue producto en absoluto de mi paso por la institución, sino más bien de la inquietud, de la búsqueda de una forma nueva, mejor, que abrió un camino de observación y búsqueda de respuestas, que me llevaron a encontrar la filosofía, el marco necesario para mi ejercicio de la tarea. La mirada misma de nuestra formación  como docentes era tan técnica en el magisterio, tan centrada en lo sistemático, en lo teórico por sobre lo real, lo metodológico, que el niño y el joven parecían ser lo último a contemplar, detrás de lo que "hay que enseñarles". ¿De lo que "hay que enseñarle" con qué fin? ¿para qué? ¿por qué?

Ni hablemos de mi formación en el profesorado de lengua para ejercer en el nivel secundario (formación que abandoné porque de pedagógica no le encontré nada.)
Fue como revivir mi propio tránsito adolescente por la secundaria. Un grupo de viejos profesores que fundaban su prestigio en torturantes exámenes orales en donde ponían a prueba la capacidad de memorizar terribles ficheros de antiquísimas obras españolas sobre las que no se dignaban a dar jamás una clase recordable. Así nos formaban en la tortura, en el padecimiento, para largarnos convertidos en... ¿buenos educadores?

¿Dónde está el espacio de reflexión necesario para poder permitir y acompañar los cambios de pensamiento que deben ocurrir generacionalmente para mejorar?
¿No ha cambiado el mundo?
¿Y cuándo le tocará cambiar a la educación?

Dos pensamientos me vinieron desde muy temprano a la memoria, cuando decidí seguir la carrera docente. El primero, "el mundo se construye en la escuela". Los vínculos sociales por excelencia se dan durante esta etapa, la escolar, como en un pequeño tubo de ensayo. El modelo social que se reproduce es el que se aprende. La exclusión, la violencia, la intolerancia, la emoción desbordada o reprimida, todo queda fijado en los vínculos que se establecen al educar. Los vínculos educan.
El segundo, "no se puede enseñar lo que no se es capaz de lograr."
(Y con este me viene a la cabeza el tan mentado respeto que exigen a veces ciertos educadores y me pregunto si son capaces de respetar al ser joven que tienen delante para poder así enseñar ese respeto.)
Y el tercero que me surge a partir de mi camino como madre de Ariana, ¿qué enseño yo como madre, como primera guía? ¿es coherente mi discurso con mi accionar? ¿estoy ayudando a formar lo que quiero encontrar afuera?

Tengo tres roles, como para no perder la pisada de la coherencia y ganar una oportunidad de enseñarle lo que esta realidad en que vivimos tiene de oscuro, y cómo sobrevivir en el intento. Y en esos tres roles me reconozco como agente educador: madre, maestra, madre de alumna en una escuela.

Su pelito azul destapó en su colegio el pensamiento facho nuestro de cada día, el prejuicio, la intolerancia, la soberbia adulta del poder y su mal ejercicio. Bien, no nos gusta.

¿Y... a dónde vamos...?

En treinta cuadras a la redonda, los establecimientos estatales de esta región me dieron estas respuestas:

"Le digo la verdad, señora, acá los profesores no cobran el sueldo desde febrero... faltan mucho.. yo no le puedo pedir a alguien que no cobra que venga a trabajar igual..."
".. y si un chico viene con muchos aritos, se los hacemos sacar. Un poco está bien, pero hay que tener un límite.."
"..claro, pero para pasarse de modalidad, tiene que rendir cinco equivalencias, o sea que ya empieza el último año con cinco previas." (es decir, teoría pura, sin haber cursado jamás la materia con un profesor...)

A las escuelas que proponen uniforme, ni fui. El pelito azul de la china no combina con la gama de grises, verde inglés ni bordó, ni con la ideología de la excelencia académica.

O sea, o estamos excluidas del sistema, totalmente afuera (ni siquiera podemos hacer un cambio de turno, porque rige el mismo sistema de especialidades y equivalencias dentro de la misma escuela) o quedamos presas de que se nos diga cómo tenemos que vivenciar la estética de nuestro cabello, so pena de ser sancionadas por no querer ser rubias con mechas pelirrojas. Podemos operarnos y ponernos siliconas, hacernos una rinoplastia o inyectarnos colágeno, pero no teñirnos el pelo de verde, fucsia o azul.
Entonces, salvo que dispongamos de tres mil pesos para pagarnos algo que elijamos más acorde con nuestro sentir (cosa que no cuestiono, adhiero a financiar proyectos alternativos para que cobren notoriedad y consigan esponsoreo, pero por qué poder hacer esa elección tiene que depender de poder darse el lujo económicamente hablando...), podemos decir que estamos fritas.

Caramba, toda esta situación es terriblemente educativa se la mire por dónde se la mire. No sólo para ella. También para mí.

¿Cómo es que en esto ha devenido nuestro sistema educativo? ¿en dónde estoy ubicada en la cadena de responsabilidades?

Siento que es hora de tomar cartas en el asunto de la educación, pero no desde el batallar en trincheras opuestas, ya no creo en los que me quieren convencer de nada a fuerza de agredirme por pensar distinto. La verdad no es un patrimonio personal, es una construcción conjunta, con lo mejor de cada aspecto. Creo que es tiempo de empezar a cuestionarme ciertos criterios de decisión. No puedo seguir repitiendo la cantinela de que "la secundaria es un trámite, es así, hay que padecerla y pasarla", porque, a las claras, como sociedad, no nos está beneficiando en nada.

Siento que es tiempo de tomar la educación de nuestros hijos como algo serio, no desde la paranoia contra los maestros (ni viceversa), sino desde la búsqueda de los espacios de diálogo y crecimiento, desde el asumir la propia madurez y el rol fundamental como padres, primeros educadores desde la acción, modelos en la vida de nuestros hijos.
Tiempo de realizar una observación profunda sobre las propias contradicciones, y por ende, las del sistema del que somos parte, lo que, por acatar, estamos avalando. Lo que no estamos intentando modificar.

Darle forma a la educación es una tarea conjunta, y una responsabilidad ciudadana. Es ahí donde se construye esto que supimos, malamente, conseguir. ¿Dónde están las puertas? ¿cómo congeniamos? ¿cómo cruzamos los puentes para comprender?

Pienso todo esto hoy, en que voy a ejercer mi derecho cívico a elegir a quienes van a gobernarme, a quienes van a tomar decisiones por mí.

Y acá, domingo a la mañana, esperando mi momento de ir a votar, más triste que feliz, pero sin ganas de abandonarle a la construcción del país que quiero habitar, me pregunto, en medio de nuestras campañas cada vez más vergonzosamente parecidas a "Intrusos" que a la política, ¿cuándo vamos a pasar de los discursos a la acción? ¿cómo hacemos?






viernes, 27 de septiembre de 2013

Cuando aprender sobre libertad y derechos es algo más que aprobar con un ocho la materia.

Chinatow, belleza parida por mí, asiste a una escuela secundaria municipal, la Escuela Paula Albarracín de Sarmiento, en el distrito de Olivos, partido de Vicente López.

Aquélla escuela fue la que me tuvo a mí en sus patios cuando yo misma transité mi adolescencia.
Comencé la secundaria en el año 1986, tres años apenas terminada la feroz dictadura militar que aquejó a mi país como un cáncer (del cual, aún, quedan células que tienden a querer reproducirse), y aquél tiempo era todo primavera. Los vientos de cambio que trajeron los ochenta nos hicieron volver a pronunciar, a voz en cuello, las palabras derechos humanos con la dignidad de poder defenderlos.
Durante un invierno muy largo nos habían obligado a masificarnos, a escondernos entre nosotros, a no osarnos a sobresalir expresando demasiada identidad, cosa que automáticamente levantaba sospechas y podía ser causa de desaparición, tortura y muerte.

Mi escuela, en aquél entonces, iba a la vanguardia. Un contundente centro de estudiantes se conformó con solidez, y el derecho a opinar era recibido con gusto por la directora, María del Carmen Añón de Titiro, que comenzó a tender los puentes a ver si de una vez el adulto podía reencontrarse a sí mismo reflejado en el adolescente. Cabe destacar que su coraje fue premiado con su traslado. Legalmente, la "hicieron desaparecer" de nuestra escuela rumbo a otra, pero un fueguito nos quedó encendido. Algunos buenos maestros profesores lo tomaron, y lo mantuvieron a salvo de los ventarrones autoritarios con que mi generación fue educada.

Veintitrés años después de haber intentado a rajatabla que no me apagaran la llamita del coraje a manguerazos varios, reciencito convertida en hoguera, intentando encontrarme en Chinatown y sus diecisiete encendidísimos años, doy las gracias de saber que ese fuego debe haberle alumbrado el coraje desde mis entrañas (mientras yo andaba en tinieblas esperando conocerla y que me los recordara).

Ella anda en la tarea de averiguar quién es, eso que yo también ando intentando después de que durante años me dejé decir quién tenía que ser, y su búsqueda es mucho más atrevida y profunda. El camino que me vió transitar, y sobre el que tantas veces conversamos tiradas en la cama en tardes de puentes en el tiempo, lo capitalizó con inteligencia, y tomando la posta, ella va por más, como corresponde a la generación que sucede sabiamente a otra. Y así como yo alguna vez me enrojecí la cabellera con la más roja henna que la modernidad antigua ostentaba, ella fue y se metió una hermosísima cresta de color azul.

Y ahí empezó la polka.

Después de haberle enchufado (como a mí) sietemil trabajos prácticos, exámenes y manuales de formación ciudadana, y palabras como "tolerancia" y leyendas de respeto hacia la diversidad, la china llega a casa con una observación por contravenir el código de convivencia.

Ahá..

Parece que tener el pelo de color azul incomoda a alguien en la "convivencia".

Parece que varias veces pidieron al rector que los atendiera para poder reescribir, a partir del diálogo, un código nuevo que respetara las diferencias, y finalmente, en ese dilate del tiempo para el encuentro, el código quedó sin escribirse y este año la ley queda difusa, no respetando el acuerdo de negociar año a año el nuevo código de convivencia.
Mal.
Ya le estás enseñando al pibe una maniobra política sucia y poco verdadera.

Parece que finalmente los recibió, y después de escucharla enunciar sus argumentos claramente y sin perder la paciencia,  al quedarse sin respuestas (la china sabe lo que quiere y te lo pone como un flechazo entre los ojos) el señor rector terminó diciéndole que si, que ella tenía razón, pero que los padres exigen esa cláusula porque no quieren que sus hijos se pintarrajeen el pelo de color.

La china vuelve caliente como pava para mate.

Su argumento, impecable:  si me dijeran que no avalan el teñirse porque el amoníaco de la tintura daña la salud, bueno. Pero no me dicen eso. Me dicen que puedo teñirme de colores naturales. ¿Qué quiere decir? ¿teñirse de rubia o pelirroja y llevar el pelo largo hasta la cintura está bien, pero tener cresta y de color azul, está mal? Eso es un juicio. Están avanzando sobre mi derecho a expresarme. Están juzgando desde su criterio estético que ser rubia artificial está bien, pero azul no.
Sería lo mismo que decirle a alguien que agujerearse las orejas está bien, pero ponerse un aro en el labio está mal.
¿Qué es lo que marca esa diferencia? Pueden decirme que no vaya con la ropa rota, ok, pero la ropa, cuando salgo del colegio, me la pongo como yo quiero.
Si me prohíben un color de pelo, me prohíben algo que va más allá del colegio.

Tiene razón.

Acallo todas las voces miedosas de mi conciencia que balbucean para qué te vas a meter en quilombos,china, después te van a perseguir con otras cosas, mejor sacate el azul, mejor NO TE METÁS.
Agarro el cuadernito de comunicados y pido una entrevista con el rector. Voy a darle la oportunidad de aprender lo que yo misma intento aprender a diario: a defender sus derechos.

Me contesta la vicedirectora, antigua profesora mía de geografía, totalmente olvidable.

Me recibe una tarde, yo con mis polleras de reina jipi, los pelos alborotados de la clase de natación, la chalinita en el cuello, me mira sutilmente de arriba abajo y ya me doy cuenta de que va a ser una tarea titánica no querer asesinarla a los diez minutos.
Aquélla cabeza que yo conocí morocha ostentaba hoy un rubio furioso, mechado de tonos cobrizos, nada que haya visto en un cabello natural, pero este sí parecía estar permitido.

La conversación fue como hablar yo chino y ella alemán.
Yo hablaba de los cambios que el mundo tiene de una generación a otra y de la necesidad de comprender lo diferente, lo nuevo, lo distinto, de no temerle. Sus escasos argumentos tenían que ver con la "imagen" de la escuela, pública por cierto, cosa que le recordé varias veces. Le pregunté en qué afectaba "a la imagen" tener el pelo azul. Le mostré mis rastas y le hablé de mi militancia por el derecho de la mujer de encontrar su propio parámetro de belleza, uno no dictado por la mirada del varón.  Me contestó que "una vez tuvimos un chiquito con rastas y se llenó de piojitos" (sic). Le hablé del vínculo con el cuerpo, le pregunté otra vez cuál era el fundamento de esa cláusula en el "acuerdo de convivencia". Le pregunté por el manual de formación ciudadana en donde habla de la inclusión, del respeto por las diferencias.

Por supuesto, no hubo forma de comprendernos.

Entonces le dije claramente que no me da lo mismo que mi hija rompa o no un acuerdo. Que soy la primera en comprender y enseñarle que la ley está para respetarla, pero tiene que ser una ley justa, nacida del consenso. Nadie puede privarla de su derecho a embellecerse de la manera en que ella ve lo bello, de su derecho a expresar quién es, fuera de los modelos impuestos. Nadie tiene derecho avanzar sobre sus derechos, de reprimirlos ni avasallarlos. Que le habíamos enseñado a ser respetuosa de los derechos de los demás, y que en este momento sentíamos que ella tenía razón defendiendo su derecho.

Me encontré con Chinatown a la salida. Los ojos le brillaban. Sonreía.
"¿Y, cómo te fue?"
"No entendió un carajo" le dije riéndome y se rió, "pero le dejé claro que padre y yo creemos que tenés razón y te apoyamos en esto."

Puso su cara de gato enternecido, nos dimos un abrazo. Le imité a la señora cuando me trató de piojosa con carpa, se mató de risa. Nos fuimos caminando y tomando un helado, charlando de los militares, sobre los tiempos en que un hombre con el pelo largo era una falta de respeto a la moral, de cuando las mujeres no eran consideradas aptas para ejercer su derecho a elegir a quien las gobernara, de la libertad, de la identidad, de la belleza, y de cómo el mundo se cambia haciendo.

Yo sintiendo este placer de verla crecer floreciendo.



Ella es azul
como azul es el cielo
que inauguró en mí
abriéndose camino
a su propio destino
de ser
quien ella es
quien ella sea.
Ella es mi estrella.



viernes, 19 de abril de 2013

(don de fluir)

..bailas como quien respira
con un antiguo don de fluir
bailas, y parece tan fácil 
como dejar el corazón latir...

Tan solo puede llenarse lo que se ha vaciado por completo, lo que ha hecho un espacio suficiente para lo nuevo.

Cuando me dejo habitar por el silencio las cosas me suceden, me ocurren, me atraviesan los poros como si yo fuera de agua clara, blanda de cuerpo, transparente y genuina.

Cuando respiro y toco, me pasa que el candombe me sale por las manos, viene desde algún lado a donde con los otros vamos, y lo dejo hacer lo que sabe sin pensarlo, así mis manos caen junto con las otras y sonamos.

Cuando respiro y oigo con todo el cuerpo, desde el suelo suben olas por mis piernas, y me vuelvo de agua, me dejo hacer por las olas de la música que suena, y el candombe me baila, me toma el cuerpo por asalto y sin oponer resistencia lo dejo andarme las caderas, y no soy otra que esa que ondula en el aire mientras la música me llena.



domingo, 10 de febrero de 2013

Lema

Ahora que ya entendiste que no vas a encontrar afuera nada que no encuentres adentro. Ahora que sos el mayor motivo de tus carcajadas. Ahora que te reís sin pudor de que se te vean las amígdalas. Ahora que te corriste del mercado de carne barata que te vendieron y compraste para ser mujer. Ahora que sos capaz de sacrificios por amor a vos. Ahora que cambiaste esperanzas por certezas. Ahora que tus ojos se rodean de rayitos que marcan en la piel tus millones de sonrisas. Ahora que la curva comienza a ir hacia arriba.
Bienvenida seas ahora, alma mía.

sábado, 9 de febrero de 2013

Treinta y tres



Anduve por Ayelén, que no anda, flota.
Anduve por la melancolía de Bárbara.
Anduve por el dolor infantil vuelto alegría de Carina.
Anduve por los ojos buenos de Carla.
Anduve por el andar sutil de Cecilia.
Anduve por la cálida mano de abuela de Celina.
Anduve por los altruistas ideales de la Dani.
Anduve por el corazón de Fabiana.
Anduve por la mirada profunda de Genevieve.
Anduve por la calidez de Gisella.
Anduve por el desamparo de Javiera.
Anduve por el alma tierna de José.
Anduve por la felicidad que iluminó los ojos de Laura.
Anduve por la profunda ancestralidad de Lisa.
Anduve por la bella madurez de una Lucía.
Anduve por el joven asombro de otra Lucía.
Anduve por el inmenso espiritu de Luciana.
Anduve por la franqueza de Marcela.
Anduve por la cómica espontaneidad de Marisol.
Anduve por la inmensa personalidad de Miriam.
Anduve por la sabiduría de Moriko.
Anduve por el mágico desprejuicio de Nélida.
Anduve por la entrega amorosa de Ofelia.
Anduve por el tierno corazón de Pablo.
Anduve por la sencillez de Sandra.
Anduve por el inmenso y profundo océano de las emociones de Santiago.
Anduve por la suavidad amorosa de Sofía.
Anduve por los laberintos en donde Soledad está encontrando su camino.
Anduve por la belleza de Verónica.
Anduve por la voz generosa de Úrsula.
Anduve por la tranquilidad de Juan Manuel.
Anduve por la alegría de otra Soledad.
Anduve por los cuidados amorosos de Susana.

Y ahora soy mucho más Yanina que antes.


viernes, 21 de diciembre de 2012

Balanceo y alineación

Cuarenta.
Cuatro veces diez, ocho veces cinco, dos veces veinte.

Me gustan las vísperas más que los eventos, la vigilia de lo que se despide, el momento de vaciarse para llenarse otra vez.
Mañana, un día después del verano y del fin del mundo, renazco otra vez.

Cuarenta vueltas al calendario, cuarenta veranos, cuarenta navidades, cuarenta, y por esa A que se pronuncia  salgo como el viento.

Vengo de combatir dragones, de tener muchos miedos, de cruzar muchas puertas para encender muchas luces. Vengo de llorarme encima el mundo entero y sus ausencias, vengo de haber parido, de estar criando, de hacer en el mundo mi trabajo para cambiarlo y construirlo como lo sueño. Vengo dando la mano a muchas manos para que salten los precipicios que ya he saltado, con la fe intacta, el amor renovado, algunas plumas menos en las alas, bastante chamuscada, en paz conmigo, deponiendo las armas para darme un abrazo.

Allá voy, moviendo las caderas, porque mis días me los he ganado.

Gracias.
Feliz víspera de mi cumpleaños!








miércoles, 12 de diciembre de 2012

Real (y da)(d)

Ando caminando por la cornisa
dominando el aliento y el espacio
para llegar a salvo a la ventana
al puente
a la rama del árbol,
sentarme y segura apoyar la espalda.

Hay una verdad
a la mano, como el hilo de un globo
que la leve brisa del miedo más sutil empuja,
aleja de la cornisa que transito,
me hace subir el vértigo como bilis.

(El secreto es saltar de la cornisa
atrapar al fin el hilo
y confiar en el globo.)


domingo, 25 de noviembre de 2012

P, sss, ffffff

Quiero ser mariposa
que el gusano en el que habito, mute
que se respete el tiempo de mi crisálida
sin invadirla
sin perturbarla
sin hacer que pierdan sus aguas la calma

Quiero ser mariposa
y elevarme liviana en el aire
sabiendo que nací para eso
y subir y bajar sobre los patios
los jardines
los jazmines, las lavandas
las hojas del árbol de mi puerta

Quiero ser mariposa
ser de la raza de los colibríes
de las luciérnagas
de las cosas mágicas que vuelan
que pasan prontas, hermosas
y te distraen la mirada
de la ciencia ficción
a la duración eterna del momento inesperado

Quiero ser mariposa
y entregarme a volar
y a entregarme
antes de que llegue la noche
de que llegue la muerte

y volver a empezar.

Quiero ser mariposa





sábado, 10 de noviembre de 2012

Buen viaje




Entonces me senté en la cama y entendí como un balde de agua fría cuál era el encantamiento de mis días, dónde fue que quedó grabado que el amor era una distancia, una espera eterna de algo que nunca vendría, en esa ausencia tan presente de mi padre, un templario agigantado en el recuerdo que podía aparecer una tarde cualquiera en una esquina y alimentar más su ausencia con un abrazo siempre de partida.

Mi padre es un árbol nuevo que crece junto a la puerta de mi casa, y en la profunda raíz de ese encuentro yo me voy encontrando más cierta y más querida.

Preparo las velas para que el viento sople a mis espaldas y entregarme al rumbo que lleva mi vida.


Antigua bendición celta

Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano. Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente. Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron. Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles. Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día. Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado. Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan. Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte. Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño. Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja. Y que la fortuna de las colinas irlandesas te abrace. Que las bendiciones de San Patricio te contemplen. Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees. Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones. Que no conozcas nada más que la felicidad. Desde este día en adelante, que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles.
Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos

martes, 21 de agosto de 2012

Entonces...

...la diferencia entre usted y yo es que las preguntas no las hago al viento. Me las hago a mí.

martes, 31 de julio de 2012

Pensamientos que navegan después de una conversación en donde yo ví y el otro no podía mirarme.

Por miedo rompemos
por miedo escapamos
por miedo no hacemos
no decimos
no miramos.
El miedo nos ata las manos
las piernas
la lengua
sube y detiene las palabras.
El extremo del miedo es la locura.

Y yo pienso que igual, hagamos lo que hagamos, un día todos, absolutamente todos, moriremos inevitablemente.
Si no hemos dejado en el mundo lo que traíamos para cambiarlo, ni vivir ni morir habrán servido de nada.


Y comprendiendo la inevitabilidad tan cierta de la muerte, entregarme por fin a todo lo inevitable, dejando que sea el curso de las cosas el río que transporta mi existencia, y soltar toda la fuerza dando pelea en el momento justo en que la ola me elevará por encima del aire para ser todo impulso, todo voluntad de trascender la ilusión para saberme plenamente nada más que una chispa de luz en la edad del tiempo.

Porque amo a la vida y al mundo con la intensidad del que sabe que un día va a tener que partir es que puedo cambiarlo.


domingo, 24 de junio de 2012

Cómo se viene el inviernito este...

¿Cuál sería en la vida el aliento helado de la muerte? El miedo a que el otro nos olvide.
Morir en el otro.
Por eso no soltamos.
No soportamos ver en el otro nuestra propia muerte.
¿Qué pasaría entonces si uno se amigara en vida con su propia muerte?
Te la tiro para que la vayas pensando, nomás..

domingo, 10 de junio de 2012

En otras vidas fui sirena, soldado templario, alguna Juana, monja de clausura, caballero leal, reina madre, bruja solitaria, mujer sacrificada, hombre sabio.
O tal vez fui todas esas vidas en esta.

miércoles, 6 de junio de 2012

Yo voy con mi farolito II

Hoy andaba en bicicleta debajo del aguanieve casi llovizna.
La nariz me pinchaba de frío, las mejillas rojas de pedalear contra el viento, soplando humo como un dragón en pausa.
Adelante el cielo era un dibujo de nubes sobre nubes, blancos y grises, y cada tanto una esperanza celeste.
Pensé en el maestro Martín, en el sentido del humor que comparto con él, y así mirando el cielo, pensé en mi viejo.
¿Por qué no pudimos ser esos que se reían juntos, esos que hacían los mismos chistes, papá? le pregunto mientras imagino con él esas risas que tengo con el maestro.
Me pasó una nostalgia finita que me hizo llorar un poco más de lo que me estaba haciendo lagrimear el frío. La ola de calor esa que provocan la tristeza, o el dolor, esa que sube por la garganta y sale por los ojos de a gotas.


De pronto pienso en ese que ahora me ocupa el pensamiento haciéndome florecer verdades sobre mí misma, ese con el que me pongo a prueba todo el tiempo. Recuerdo una escena nuestra bizarra e hilarante en donde me mostró mi gen dramático asturiano y ese gusto morboso por el dolor, y me reí a carcajadas de mí misma.
Mi vida con el varón ha sido.. un quilombo importante.
Yo con el varón fuí un quilombo importante.
No quiero más. De esa versión de mí no quiero más.
Siento que voy manejando un Scania por Panamericana y quiero agarrar la salida, el atajo correcto para cambiar la historia de siempre, para siempre.
Nunca más enterrar los sueños y la alegría. Hacerla florecer en el encuentro.
Permitir que se de cada encuentro naturalmente como se da respirar. Ser yo siempre la misma yo en todas las que soy. Vivir en la serenidad de andar más que estar pensando por dónde ir.
Y mientras tanto, y a consecuencia, y por sobre todo, la vida, eso que yo puedo dejar en el mundo, lo aprendido.
Y todo lo que hago, hacerlo por amor.
Y todo lo que no hago, no hacerlo por amor.

Seguir creyendo en las revoluciones.
En eso ando.




domingo, 3 de junio de 2012

Tiempo de siembra

Tiempo de silencio. De ir rumbo al invierno a madurar lo vivido, el fuego de la próxima semilla.
Tiempo de siembra, de frío, de noches largas con fuegos, de largas noches oscuras.
Tiempo de plantar la semilla de lo que quiero ver crecer en primavera, de la que puedo ser.
Tiempo de batallas peleadas a brazo partido en el agitado mundo de mi corazón, de retiradas interrumpidas, de muertes que suspenden en el aire la vida toda en una burbuja de tiempo.
Tiempo de elegir la vida que decido, y decidir lo que elijo, sacando de la tierra los yuyos que no prosperarán y entorpecen el camino.
Tiempo de sembrar palabras verdaderas y limpiar de tonterías el aire que respiro.




sábado, 14 de abril de 2012

..que bailar es soñar con los piés.





Domingo de pascua, tarde que se hace noche en la plaza donde se juntan los tambores. Sentados en ronda mirando el fuego, como siempre fue cuando reinaban las tribus, unas y otros vamos amasando el nuevo espacio.

En estos tiempos de rumiarme para cazar mis bichos, ando buscando estar cuerpo, alma y mente al mismo tiempo en el mismo lugar, ahí, sucediendo. Me volví militante de los encuentros verdaderos, esos cuando unas y otros se dedican a ser quienes son, decir y ser su verdad, sin pensar demasiado en ninguna consecuencia. Esos encuentros en que las almas se sintonizan y dejan que las cosas ocurran, esos que permiten que nos vayamos volviendo cada vez más nosotros mismos.

En la ronda las palabras van saliendo de los corazones y el espacio se dibuja cada vez más cercano a lo que tantas veces me escuché pedir al tiempo. Se escucha lo que suena en las voces que hablan, se reparten cataplasmas para los miedos. Unos fueron dando lo que entendieron que los otros venían pidiendo, y a jugar por jugar sin tener que morir o matar.

Dejé mi tambor y salí bailando ese candombe que entiendo, esa libertad que sucede dentro, esa que ningún grillete, ninguna prohibición, ninguna ley puede coartar. Esa música de agua subiendo por las piernas como olas que agitan el alma y las caderas. Bailé por la plaza junto a las otras, los tambores empujando piernas y brazos desde atrás.

La sabrosura se nos quedó a unos cuantos, y un rato después del final oficial del gran encuentro, se armó como un abrazo otra vez la ronda y unos tantos nos encontramos de nuevo. Yo encontré otra voz y fuimos dos cantando, completando la música con palabras, mientras la luna enorme, blanquísima, casi llena, se asomaba entre las copas del cielo de Munro.
La noche fue una fiesta.

Vuelvo a casa y leo en algún lado: Hay que dejar que los milagros sucedan.

domingo, 25 de marzo de 2012

Sin palabras


Hay cosas que cuando las hago me vuelven real. Pierdo las poses, olvido la mirada de los otros, y hago naturalmente eso que me sale tan claro como respirar.

Cuando canto o cuando toco un tambor de piel y madera algo me atraviesa y sucede más allá de mí. No hay imagenes mentales, no hay preocupación alguna, solo dejar que suceda.

Yo no voy a ensayar.
Cada vez, yo voy a encontrarme con esa gente con la que sueno, voy a tocar, o voy a cantar, o alguna vez toco el cielo con las manos haciendo las dos cosas. No sería posible que fluyera la música si no fuera un verdadero encuentro de esas almas que vibran, y al vibrar componen dentro, cada una y todas juntas, una misma melodía.
Entonces funciona la alquimia.

Y así, vibrando, se que un día voy a encontrarme con esa otra alma que suena como la mía.