Mostrando entradas con la etiqueta Mis amigos son unos sinvergüenzas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mis amigos son unos sinvergüenzas. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de agosto de 2011

Chiquito Reyes







No importa cuántos años tenga. Siempre que venís a casa tengo entre dieciséis y veinte. Es imposible no terminar mofándonos de nosotros mutuamente, riéndonos de nuestra pequeña porquería, hasta perder totalmente la compostura como antes, como siempre.
Adentro de este cuerpo siempre somos los mismos, y eso es una bendición. Que no lo hemos olvidado.
El tiempo puede pasarnos entre medio, pero la distancia entre nosotros es una mentira. Mi corazón y el tuyo son compañeros de banco, así que siempre está cerca mi mano de tu mano.
Ahora que soy la madre de una que por fin nos alcanzó en edades interiores, qué bueno que te hayas puesto tu traje de tío Javi para que ella sepa lo indispensable de andar por la vida pateando piedritas y fumando el tiempo con un alma compañera.




domingo, 1 de agosto de 2010

Sábado en el living








Tenemos ganas de ganarle al invierno permanente del carácter y templar las cuerdas del corazón. Abrimos la puerta que da al patio con parrilla para salir a jugar. Con un buen fuego, muchas manos y algunas botellas de tinto de corazón añejo, sale esto y se desparrama por una noche fría de julio, la última.
¿Se puede pedir algo más? (Si.. un vestido y un amor)

Click y nada más que ponerle orejas.


Fogo e paixáo by chicapasacontambor


Mundo entero sambado by chicapasacontambor

sábado, 26 de diciembre de 2009

..y Mariana quiere ser canción.


La primera vez que me dejé llevar por Mariana terminamos la noche en un glorioso aquellarre de mujeres estropeando el gran acontecimiento de su mudanza a vivir en pareja, cosa que debía suceder a la mañana siguiente y no ocurrió por quedarnos todas a dormir a pata suelta en un living después de pasar la noche bebiendo todo lo que encontramos en la heladera de Natalia, bailando Calamaro en patas y trabando amistad con el chico de las pizzas.

Debería haber notado que su cristal para ver el mundo sufre algún tipo de distorsión gloriosa, pero es tanto lo que Mariana se hace querer que ver la vida a través de sus ojos, con todas las complicaciones anecdóticas que puede traer, me es a veces inevitable.

La segunda vez me arrastró de los pelos a una cita con un amigo de su chico, alguien que según le parecía era encantador y animado, y por si eso fuera poco, era mago, cosa que a ella la remite a gente de la envergadura de Merlín, porque la cualidad más notable de Mariana es ser una niña de seis años encerrada en un cuerpo bestial.

Cualquiera que me conoce un poco sabe que me es imposible disimular un estado de ánimo. El pobre mago me pareció un pelotudo desde el mismísimo momento en que me dijo "hola" y me pasé el resto de la noche sin dirigirle la palabra, descostillándome de risa para adentro pensando qué loca idea le podría haber sugerido que aquél muchacho y yo podríamos congeniar. "...pero es mago..." repetía ella como una nena convencida de que cualquier tipo que mienta con sus manos para sacar conejos de lugares imposibles puede hacer de tu vida una maravilla.

Cuando me llamó por teléfono de lo más entusiasmada la semana pasada sonaba feliz. "¡Te conseguí un trabajo!" me dijo, "un trabajo de maestra. Es un colegio genial, la gente es un cago de risa, son todos macanudos. ¡Hablé con Rodolfo y te espera el lunes! ¡te va a encantar!"

Por mi cabeza pasaron un millón de imágenes de lo que podría ser un lugar a donde Mariana me llevara. Ella misma, con su corpacho de profesora de educación física modelo Carina Jelinek, había pasado por la escuela. Cualquier director que se precie de tener hormonas daría la vida por verla de espaldas arengando una clase de trabajo corporal, por eso no me extrañó que me dijera que Rodolfo la había llamado varias veces a ella para que volviera. Y ni lerda ni perezosa, le había sacado una entrevista y una promesa para mí.

M: - Es en el colegio tal, ahí en Belgrano.

Y: - ..Marian, es un colegio de la colectividad..

M: - si, si, pero son re copados.

Y: - ..pero, si no recuerdo mal, me parece que es un colegio algo ortodoxo..

M: - naaaa, andá, vas a ver, Rodolfo es un cago de risa, ¡te va a encantar!

Y: -..pero me parece que no doy el perfil...

M: - naaaa, vas a ver. ¡Yo trabajé ahí!

Recordando su imágen con las calzas estilo body painting, su pelo largo con finitas rastas falsas y su presencia por demás abundante, pensé que si ella había trabajado en aquella escuela el perfil del instituto no podía ser todo lo ortodoxo que mi memoria confesaba.

El lunes, después de otra entrevista no muy lejos, me encaminé hacia la calle Moldes.

Ya en la puerta tuve la sospecha de que otra vez estaba en la cita incorrecta. Dos señores muy sefaradíes me interrogaron evitando mirarme a los ojos por demasiado tiempo. Mientras imitaba su gesto de bajar la mirada puse los ojos en mis sandalitas jiponas de cuero. Mmmm..

Mientras esperaba que chequearan mi DNI y otras yerbas, se abrió la puerta con un timbrazo y cuatro mujeres con peluca y polleras hasta los tobillos salieron y de a una fueron abriendo grandes los ojos mientras escrutaban mis pelos rojos y mi pollera de jean hasta la rodilla. Iba a empezar a correr hacia mi bicicleta estacionada en la esquina cuando recordé que tenían mi documento y que el trámite para sacar otro es un embole importante, así que decidí quedarme hasta el final. La puerta se abrió para mí. Dentro del espacio inmenso como un claustro, a cada paso me salían carteles que decían "el ruido no es compatible con la shejiná. Guarda silencio para que tu estudio sea profundo", "la Torá se estudia en respetuoso silencio" y no ví ninguno que dijera "una mujer que se pinta el pelo de rojo está perdida" pero creo que lo vi escrito en las dieciocho caras que fueron levantando la vista desde sus papeles escoltando mi paso hacia la dirección de la escuela. El señor Rodolfo fue más que amable, y no hizo otra cosa que preguntarme por Mariana cada cuatro palabras, aunque no recordaba bien si ella era maestra o profesora de educación física, pero sospeché que era lo de menos. También me comentó que el colegio se había vuelto tan religioso que los cursos estaban comenzando a separarse en varones y niñas y que me llamarían. Casi le doy la mano al irme, pero con un gesto me recordó que allí hombres y mujeres tienen prohibido tocarse si no están casados, así que agradecí con un gesto de cabeza y volví por donde había entrado, intentando estirar el largo de mi pollera un poco más en un instinto de preservarme de la lapidación que prometía el grupo de pelucas con mujeres debajo que ya se había juntado en el hall a verme pasar.


Todavía no la llamé. No sé si reírme salvajemente de ella con ella o darle un abrazo y un beso por andar en esta vida percibiéndolo todo de esa manera tan feliz y personal. Quiero seguir andando cada tanto por ese mundo suyo donde los magos te hacen feliz y la gente te quiere sin razón alguna.


Amén.

miércoles, 22 de julio de 2009

Ay, qué plato! (anécdota para contar cuando seamos como los rolling stones mientras comen sanguchitos de miga en una entrevista que Ginzburg no hará.)






Ponéle que llueve. Que llueve como sólo podría llover un día de invierno en el que todavía no se puede decir que haya llovido, y llueve. Estás decidida a salir del edredón, de tus sabanitas azules, de la silla de la compu, del sofá rojo y la estufa porque hasta la noche anterior te hostigaron respondiendo a cada mensajito del día del amigo con un "bueno, y ahora sí te vemos el martes allá".





Metés tu quincho nuevo debajo del cuadrillé del paraguas, te calzás los auriculares, chequeás el celular y salís. Cuando en la esquina se te empieza a complicar el panorama para cruzar porque corre un riacho nuevo por la calle Alberdi, lo pensás, pensás en llamar, pero el recuerdo nítido de Dani burlándose de tu pregunta sobre si el ensayo se hacía igual aquél otro día lejano de lluvia, borró toda duda. Los jipis van todos en auto, porque son jipis pero no boludos. Se empieza a humedecer la cuestión porque el paraguas no cubre tus pies totalmente y ya empieza a brillar la gamuza negra de tus botitas empapadas. "Qué suerte que tengo medias secas en la cartera" y ya ves que vas a terminar cantando en patas, con los soquetes turquesas, que son los únicos limpios y secos que quedaron.



Perdés la suela (si, dije SUELA) de la puta botita de gamuza ni bien salís del túnel para tomar el bondi. Volver es morir, así que la metés en la cartera y trepás. Son las dos de la tarde cuando golpeás la puerta del galpón, definitivamente empapada, con la cabeza hecha un plumero.



Te recomponés un poco, colgás las polainas del escritorio para que escurran, amás a Graciela que te dejó mate y termo afuera y mientras vas recuperando el calor pensas varias hipótesis sobre por qué sos la única integrante de la banda en el galpón en ese momento. Son dos y veinte cuando mandás el primer mensaje. Ahí nomás te fumás una conversación entera con Nancy monologando sobre su historia. Nada. Mientras mandás el segundo mensaje ya son tres que te miran de costado y ahora te fumás el monólogo del marido de Nancy sobre los arreglos que necesita el galpón. Ya con algo de desesperación mandás el tercer mensaje y empezás a llamar a la Turca, te comés la musiquita brasuca del contestador dos veces y cuando querés volver a llamar... no credit.



Y ahí te entran todas las respuestas juntas: Cómo, nadie te avisó?



Channnnnnnn....



Así fue también la secuencia aquella vez que me hicieron perder la oportunidad de compartir el escenario con León Gieco (me llamaron a las nueve de la noche pidiéndome disculpas por la poca anticipación y preguntando si era físicamente posible que en veinte minutos llegara yo hasta la plaza de Mayo, vestida y maquillada, a subirme al escenario a cantar. Se habían colgado en avisarme..)



Es amar o morir.



O matar.

PD: al primero que abra a boca en este post prometo comérmelo crudo en el próximo ensayo. Si me avisan...






domingo, 19 de julio de 2009

Si te hace falta una mano, si precisás un consejo..



Conversación sostenida en diciembre de 2008, durante un breve período posterior a un evento desagradable vivido por mí con un desagradable ser del sexo complementario, en la que mi amiga del alma NL intentaba confortarme mientras yo me lamentaba de mis pésimas elecciones:


NL: - Eso no es nada, mirá lo que le pasó a una amiga de Luchi..

Y:- Ay, no..

NL: - Nooo, pará, cuchá. La mina va al médico porque le había salido como una erupción en la cara..

Y: - ..no, por favor..

NL: - ..entonces el médico la mira, se para y le dice "¿tuviste relaciones sexuales hace poco?"

Y:- ...por favor, no sigas..

NL:-.. "no", le dice la piba medio desconfiando del médico. "Hacé memoria, no te estuviste ni besando con alguien?". Entonces ella dice que conoció a un tipo en un boliche el fin de semana pasado, que si, que bueno, que se besaron. "¿Cuándo lo vas a volver a ver?" le dice serio. "Iba a ir mañana, pero como me salió esto en la cara.." le dice la mina ya medio asustada y ve que el médico levanta el teléfono y llama a la policía..

Y:- ..bastaaa..

NL:- ..y el médico le dice:"Eso que tenés en la cara aparece cuando alguien tiene sexo con una persona muerta. Ese tipo que conociste tuvo sexo con gente muerta y te contagió. Se cura con una pomada."

Y: - ..y ahí vamos. Gracias, realmente, te agradezco. Porque hasta ahora mi única preocupación a futuro era no clavarme otro pelotudo importante. Ahora también estoy aterrorizada porque además de los pelotudos infernales también puedo clavarme un loco importantísimo que me despache al otro mundo...


Son unos bolas, pero son mis amigos.