sábado, 20 de junio de 2026

Jugar la vida

 Mi hija, haciendo su tesis para la carrera de arteterapia, escribió para su trabajo esta introducción.

"En mi infancia, tengo muchos recuerdos de mis padres enojados, agobiados, estresados y en general en conflicto con las exigencias de sus vidas. Pero había momentos en que los veía reir, disfrutar y pienso que en esos momentos los vi realmente ser felices. Siendo yo una niña en eso entonces, el recuerdo es sumamente subjetivo, pero tengo el registro de sentir yo también felicidad al verlos en esa faceta. Estos momentos eran, en mi madre, cuando hacía teatro y cuando participaba en un taller de percusión. Recuerdo las pelucas, el maquillaje y las formas tan extrañas y exageradas en las que se expresaba. Recuerdo el sonido de la cuerda de tambores, retumbando en todo el galpón, y el movimiento hipnótico que hacían todos los percusionistas al unísono, balanceándose de un lado a otro al ritmo de sus tambores. 

Mi padre jugaba en la computadora. Me encantaba sentarme a verlo, sentía que compartíamos algo en ese espacio. También ocasionalmente se juntaba con sus amigos a jugar diálogo con mímica. Esos fines de semana eran mis favoritos, me dejaban participar y yo extasiada contemplaba a los adultos hacer poses y muecas rídiculas ante el festejo y risas de todos los demás. La primera vez que lo vi jugar solo realmente, fue cuando quedó desempleado. Un fin de semana, tomó un soldado articulado que tenía de su infancia, y con una bolsa de plástico y tanza, le construyó un paracaídas. Subimos a la terraza y lo lanzamos para ver cómo se desplegaba el paracaídas y caía suavemente sobre el piso. Más adelante, comenzó a hacer fotografías, y comenzó a comprar muñecos en miniatura para crear pequeñas escenas (calles abandonadas, planetas extraños, horizontes y exploradores) para fotografiar. 

Ahora de adulta, pienso que esos espacios, fueron oasis para ellos, que les permitieron navegar realidades muy difíciles. Estos espacios artísticos, les permitieron reconectar con la simpleza de jugar, y a partir de allí, enfrentar el día a día aún ante la incertidumbre que el clima social y su realidad personal presentaban."

Ariana Guadalupe Orlandi





domingo, 14 de junio de 2026

Hagamos como sí...(2)

 


Hace unos días me encontré con esta nota en un periódico virtual de acá, de Argentina.

No me tomé la molestia de entrar a leer la larga disertación de opiniones de los especialistas,  tengo sobredosis de  teóricos explicando cómo hacer las cosas, sentados en las comodidades de sus vidas que les permiten el tiempo libre que pierden en la total inacción. El prestigio del discurso les resuta mucho más interesante que salir al mundo a ver si logran resolver de verdad algo.

La figura del educador es depositaria de las contradicciones sociales más ridículas.

Hay una aura mistica alrededor de su figura, como si el solo hecho de estar dentro de la institución "escuela" (también sacralizada) le otorgara unos superpoderes humanos de sabiduría, virtud y coraje. Pero hay un salario que le demuestra lo que realmente pensamos del rol y de las personas que lo ejercen, miseria sobre miseria.

Es bastante claro ya que estas generaciones de mamis y papis están totalmente perdidos en el cómo ejercer la función de crianza, a la vista están los desastrosos resultados sociales de las generaciones jóvenes (que andan matando a mansalva,  abandonados a su suerte, incapaces de sobrellevar vinculos sociales sanos, traumados por su propia crianza y educación sin rumbo claro).

¿Qué les hace pensar a los teóricos  que los  adultos que ejercen la función educativa están mejor preparados que los adultos que ejercen la función parental, si todos son producto de la misma educación cultural de su generación?

¿De donde viene ese pensamiento infantil que los adultos sostienen, cuando le otorgan a la  figura docente esa palabrita de mierda, la "vocación", como si todas las personas que eligen cualquier trabajo la tuvieran?

La gente elige sus carreras (generalmente) en base a proyecciones laborales, y eso involucra salarios, horarios, tareas, y la relación más o menos equilibrada entre estos aspectos.

En este país, la elección de la tarea docente siempre tuvo mas que ver con la facilidad de la carrera en si, la cantidad de empleo seguro disponible y la posibilidad de sectores medios bajos a una especie de "ascenso social".  Una carrera gratuita, corta, y con una forma de cursada muy similar a la experiencia educativa propia (diaria y contenida, casi infantilizada).

En lugar de madurar, de formarse en el rol parental que les toca a los que han decidido traer hijos al mundo, los padres prefieren delegar la formación de sus hijos en gente que a veces no está ni minimamente capacitada para interactuar con los niños sin provocar severos daños en las capacidades de aprendizaje y en las fundamentales capacidades sociales.

Nada, eso.

Que me tiene harta esta sociedad de discursos progresistas totalmente vacíos de realidad.

Sigan en lo que estaban nomás, yo me voy a llorar un rato y después sigo fingiendo demencia junto al mundo.