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sábado, 13 de noviembre de 2010

Pregunta




Planté un limonero.
Escribir un blog vale o sigue siendo "plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro"?



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domingo, 26 de septiembre de 2010

Fumando espero

Tengo un lugar donde siempre se siente que estoy incompleta.
Una parte, un suceso, una verdad, algo que deberia estar ahí, no lo encuentro.
Es eso lo que me empuja y me empuja a viajar por la gente y las cosas sin saber qué busco y sin encontrarlo.

Siento que descifro mal las pistas, que me pierdo. La vida de los otros me parece una locura y dudo si no seré yo la que está fuera de foco.

Me enseñaron a esperar.

Esperar mi turno.
Esperar la oportunidad, el momento adecuado.
Esperar a los Reyes Magos y el día de mi cumpleaños.
Esperar que llegue el verano.
Esperar al indicado.
Esperar para cruzar, esperar para salir, esperar siempre algo a cambio, gestos, reacciones, palabras, aplausos, abrazos.

Lo que se espera de mí, esperarlo a él, la esperanza en el futuro, esperar a que cambie, esperar a que crezca, esperar a que quiera.

Esperar .
Tener el cuerpo atado a algo que sucederá.
Así fue como metieron la ansiedad en mi sistema.

Quiero bajar los piés de la calesita a la Tierra y el mundo no me deja.
Quiero ir por la vida sin esperar absolutamente nada, pero al mundo no le gusta que no me quede quieta.
Quiere que piense en lo que vendrá, o peor, en lo que puede nunca venir, que mire más allá, y que mis días sean un mientras tanto. Quiere que defina, que apure, que encauce, que apriete, que diga, que nombre, que me preocupe. Me lo repite en las bocas de los otros, las miradas de juicio y la repetición de las mismas arcaicas formas de esperar desesperando.

A veces me gana, pero entonces me rescata la desesperanza.

domingo, 16 de mayo de 2010

Amanece en la ruta



Andaba por la casa de La rosarina hermosa, bebiendo de su último post. Una mamá que, azorada, cuenta lo que pretende una maestra de su hijo de apenitas 8 años de estar parado en este planeta intentando descifrar cómo mierda funciona un mundo en donde todos desconfían de todos y lo que hacen nunca es lo que dicen y vicio versa.
¿Qué pasa con nosotros, raza humana, animal tan imperfecto que olvida su infancia aprendiendo un mundo tan injusto?

Simplemente un error de educación.

Aprendemos por imitación. Nuestra forma de mirar la vida la aprendimos en el jardín de infantes y luego en los tres primeros años de la escuela. Nunca entendimos lo que nos dijeron que teníamos que ser, pero mamamos que así como éramos de genuinos no funcionaba, había que cambiar para ser aceptado y algunos hasta nos engolosinamos con hacer monerías para ser aplaudidos de por vida.

Digo, después de pensarlo lo más fría y lógicamente que puedo: ¿de quién se supone que aprenderíamos a ser felices si la gente a la que imitábamos no lo fue?

De un tiempo a esta parte, a los niños se los observa a la distancia como bombas de nitroglicerina, como los potenciales humanos infelices como nosotros que son, buscando no tocarlos para no estropearlos más de lo que quedó estropeada y desorientada nuestra generación de padres que fuimos una vez niños.
¿Cómo puede una psicopedagoga con veinte títulos colgados del forro del orto no darse cuenta de que un niño que no es mirado con empatía, con amor, no es capaz de hacer ese aprendizaje?
Somos una generación de inseguros que necesitamos echar mano de alguna explicación científica que pueda cargar con nuestra incapacidad de asumir el error y reparar, y barremos debajo de la alfombra, incapaces de decidir, porque el miedo al error amenaza con hacernos una paralítica.
Y el problema es que vos podés caretearla con un jefe, una directora, la mujer que duerme al lado tuyo y no te provoca nada, el empleado de Edenor.
Pero con los niños no.
De niños tenemos fresca la capacidad de oler con todo el cuerpo lo que pasa en el mundo. Todo está por aprenderse y es veloz. Desde el inmenso trabajo de ponernos de pié y andar erguidos resumiendo en un año la historia de millones de años de evolución que demandó esa tarea.
Es urgente que el que ocupe el lugar de maestro vuelva a mirar el mundo descubriéndolo cada vez si pretende que los niños realmente lo descubran. La curiosidad no se puede fingir, ni la alegría ni la pasión y el amor con que se hace una tarea.
No se puede enseñar lo que no se es capaz de sentir.
Yo los miro trepar por los bancos con las telas de colores armando casitas, sirviendo guisitos de barro, cantando como les canto mientras lavo los platos de la merienda, buscando la verdad de no hacer de cuenta que estoy jugando, sino volver a jugar con toda el alma a que el mundo es ese mundo mejor que tengo ganas.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Esencias, parte dos.

Yo tenía veinte años, vivía en un quinto piso interno en pleno aparato digestivo de Belgrano, en barrio de comida kósher y ropa de oferta. Estudiaba arte dramático y danza, trabajaba como moza y como depiladora para mantenerme a duras penas, y era increíblemente feliz yendo en bondi por todo Buenos Aires para hacer una cosa distinta en cada punto cardinal. A veces amanecía dormida en la bañadera, con el agua helada que había estado hirviendo la noche anterior, cuando metí mi cuerpo agotado de bailar cuatro horas a distender sus músculos para poder seguir.
Yo tenía veinte años y el programa más lindo para un sábado a la noche eran unas botellas de gancia y todas nosotras bailando a Fito en el balcón de mi casa:

...*coro

Yo te conozco de antes
desde antes del ayer
yo te conozco de antes
cuando me fui
no me alejé
llevo la voz cantante
llevo la luz del tren
llevo un destino errante
llevo tus marcas en mi piel
y hoy solo te vuelvo a ver..

La negra, mi hermana, tiene razón. Mis recuerdos de toda la vida están siempre musicalizados por una canción en particular. Puedo ir directo a la sensación de aquél momento cuando escucho la canción que lo marca. Los olores, las tristezas, los sonidos.
Nunca elijo los temas por mi misma. Son las canciones las que me buscan y aparecen como telones de fondo que graban el recuerdo como un tatuaje. Y por lo general, la vivencia es tan personal que los demás involucrados jamás se enteran, o no recuerdan.

Tengo la sensación de que cada canción que hay en el mundo le provoca a por lo menos un individuo del planeta algún recuerdo profundo. Por eso es tan lindo, por ejemplo, cantar una canción que sabidamente ha conmovido o conmueve a multitudes. Así la canción se carga de un sentimiento bello, de un recuerdo emotivo, una esencia que se puede ver nítidamente al cantar con los ojos cerrados un momento. Y entonces, al invocarlo, se devuelve ese momento de emoción lejano a la gente.

Eso es lo que, a mi entender, marca la diferencia entre cantar una canción o interpretarla.

Aguante Cacho cantando "La gata".

Nada más.
Pueden seguir en lo que estaban.

jueves, 22 de octubre de 2009

Pequeña enumeración que me sienta de lo más bien enumerar.

"Sé feliz" escribe mi vieja en su mensaje de despedida antes de viajar con sus compañeras del Instituto a reencontrarse otra vez con su adolescencia ahora tanta vida después.

Yo estoy enamorada de la vida, del milagro de la sincronización, de la ley ineludible que trae de vuelta justamente lo que se envía, de los encuentros mágicos como chispas de estrella fugaz que me acercan el corazón a gente que no conozco, de la música que escucho todo por adentro y que me sale por los poros y por cualquier lugar como el agua cuando canto con los ojos cerrados, de los abrazos con amor del bueno, de la risa cuando brota incontenible, de mirar a los ojos, de mis enanos, de la Chilinga y de su gente, de la gente buena de corazón sencillo y ardiente, de las ceremonias y los rituales, de ser la madre de mi hija, de los ojos y las voces y las almas de todas mis amigas, de mi gata y su manía de besarnos las manos, de tener nísperos en la vereda para saborizar el viaje al trabajo en bicicleta, de mi jazmín lleno de verde clarito, de los paraísos florecidos camino a casa por Olivos, de la luna que asoma en su cuarto creciente y vuelve mi nostalgia menguante, de los besos que aún no dí, de la canción que todavía no me encuentra.

Fumá, mami.
Voy bien


miércoles, 7 de octubre de 2009

Vericueto del pensamiento

A veces fantaseo con volverlo a ver. Con abrir la casilla de mail y encontrar su nombre tantas veces pensado, con ver su gigantez entre la gente una noche mientras canto.
(No confundir con un deseo necrofilico de darse una vez más. Aquél que uno encuentre después de tantos años jamás es el mismo. Ni una tampoco.)

Añoro una conversación muy larga con los ojos brillantes desandando las vidas hasta aquél amor tan nuevo, tan primero, de naranjos y ríos remontados en kayak, de estaciones de tren y fiestas de quince con souvenirs de zapatito con brillantina, del olor a cloro en la pileta de AFALP, Zeppelín, Canela, Fragata, la bandeja mezcladora de discos, La Manzanita, el Taunus celeste y Silvio Rodríguez, la playa, Phil Collins, la bicicleta azul, Air Supply, mi vocación de Madonna, las ballenas del sur, el dolor agudo del corazón partido.

A veces sueño con que en ese desandar voy a encontrar algo que hasta hoy tengo perdido.



miércoles, 26 de agosto de 2009

Reencuentro


Septiembre me conmueve. Llego al límite de la desesperanza en julio, lo deseo con vehemencia cuando llega agosto, y los últimos días previos a su llegada vivo de fiesta esperando a la santa de la lluvia que nombraba mi abuela, ando contenta ni bien abro los ojos antes de que el despertador despierte y amanezco en silencio, con el olor del pasto entrando por la ventana y la luz, la luz que llega más temprano y enciende los colores de la casa.

Vienen los viajes cortos, relámpagos de mar, de campo, el campamento anual con los enanos y los cantitos en el micro de Omar a la ida, las fechas Chilingas en Costanera Sur o la loma del orto y el ferné en el micro de Antonio a la vuelta.

Vienen los tambores al galpón a pasar otra vez los sábados de festival, pasan las bandas, pasan ahí los fines de semana.

Viene el río en bicicleta, la plaza de Olivos, las flores de los naranjos de todas las veredas, los botones de jazmines, los nísperos de mi puerta, los paraísos de Florida repletos de blanco y lila.

Yo sé que septiembre también me espera.

domingo, 5 de julio de 2009

Chat dominguero.


M dice:
- Es que somos unos rompebolas, la verdad. Hay que relajarse un poco, me parece
*amarilla) dice:
- Acabás de enunciar el secreto de la felicidad.
juuuuaaaaaaaaaaaaaaaa
M dice:
- Viste, resulté ser un sabio. Eso de estudiar filosofia sirve para algo a la final
*amarilla) dice:
- yo con un par de copas encima llego a la misma conclusión y no entré en puán jamás.
M dice:
- Si, pero un par de copas después te olvidás
*amarilla) dice:
-Dije "un par". La vida también es una cuestión de saber cuál es la medida.
eeesssaaaaaaaaaa
estoy afilada.
guarda.
jaaaaaaaaaaa
M dice:
-Estás aristotelica (no es un insulto, necesariamente)
*amarilla) dice:
-Más bien diría que ando jodónica.

martes, 23 de junio de 2009

Encontrando las puntas del ovillo




Nikita, de Elton John, fue la primera canción que aprendí a cantar en inglés.

Estoy mirando ahora de nuevo aquel videíto en youtube. Lo veo teatralizar un amor por esa rubia seudo rusa que le pedía el documento y no se le cagaba de risa de la foto con ese sombrero de charleston que le quedaba como una patada en los dientes, y que mirándola bien, parece un putillo hermoso y frágil de los que sospecho, Mr. Elton gustaría canapetear. Lo veo con una túnica floreada intentando abrazar a la tipa en el bowling pero sin lograr disimular un asquete de tocarla que lo hace ver terriblemente puto.

Y sin embargo yo, señora siseñores, me la creí. Yo no me di cuenta de que el tipo era gay.

Y como bien ya sabemos todos, desde ahí hasta acá, he seguido cometiendo los mismos impresionantes errores de juicio.

Es al ñudo que me fajen..




domingo, 31 de mayo de 2009

Uno siempre es más freak de lo que cree



Hay cosas que cuesta admitir, como por ejemplo, decir que a uno le gusta escuchar a Miguel Bosé, o comerse los mocos o leer a Daniel Steel.

A mí me gustan las películas de amor que me hacen llorar.

Como si no tuviera suficientes motivos para hacerlo cada vez que me llega la cuenta de la luz, cuando la ropa ya no me entra o cuando me doy en el dedo del medio con la torre del tambor, veo cine para llorar.

No soy ni siquiera original. El 99% de mis amigas (siempre debe quedar un márgen de error..) ama llorar delante de una pantalla. Con Pocha hemos tenido tardes de invierno memorables llorando sobre una chocotorta, en seguidilla de cuatro películas por Hallmark. Cuando lloramos mirando la de Cameron Díaz personificando a una gorda, decidimos que era suficiente.

Ayer me deshidraté viendo "El extraño caso de Benjamin Button". Sufrí a mis anchas con el pobre niño envejecido, abandonado por sus padres, criado por una negra, enamorado sin esperanza, que rejuvenecía viendo a sus seres queridos envejecer y morir. Lloré hasta con la boca abierta y a los gritos cuando lo vi abandonar a su familia para dejarlas ser felices y llevar una vida normal, que por supuesto a su entender para ser normal y feliz debía ser sin él.

Desconozco el origen de tan morboso placer, sólo comparable con el de rascarse la picadura del mosquito hasta sangrar o dejarse masajear la contractura del cuello.

Esto fue un aporte más a mi campaña de sincericidio "Nunca más tendrás una cita con un ser humano."

Y bueh..


jueves, 30 de abril de 2009

Ritual

Cuando era chica y las noches de reunión y conversaciones en mi casa se extendían, el café no paraba de fluir desde la cocina y en el aire se mezclaban el humo del tabaco y el perfume del cognac. Yo miraba desde mi hueco en el sillón del living aquellas escenas de pelos con brushing y camisas de cuellos anchísimos, y la modorra se me iba trepando por el cuerpo despacito. Cuando ya sentía que en cualquier momento se me abriría bajo los pies la tela fina que separa la vigilia del sueño, abandonaba con esfuerzo mi rincón y con pasos torpes cruzaba el living hasta llegar a la silla donde mi mamá quemaba sus jockeys suaves cortos mientras se dedicaba a discutir deportivamente con quién tuviera la energía de sostenerle por algún tiempo alguna verdad a refutar. Trepaba despacio por su falda, girando para quedar bien sentada entre sus brazos abiertos y entonces apoyaba mi oreja en su pecho. Ahí adentro la voz le resonaba como apagada entre almohadas, un sonido musical como el parche grave de un tambor, un vibrar que me hacía entrar al sueño dejándome caer.

Entonces, el mundo era un lugar seguro.


viernes, 10 de abril de 2009

Secreto

Cada día está repleto de pequeños miedos por vencer.

Mieditos que hacen que pensemos en todas las posibilidades que hay de que algo salga mal cuando estamos decidiendo si hacerlo.

Mieditos que te hacen negar en público lo que estás sintiendo hasta creértelo.

Mieditos que te atornillan a la silla convencido de que no tenés la fuerza ni el talento.

Mieditos que te dejan siempre siendo espectador.

Un día decidí vivir como la condenada a muerte que soy, que somos todos, y no tuve tiempo para los mieditos. Y los pocos que quedan se me siguen cayendo.

Ése es todo el secreto para conquistar el mundo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La vida cabe en un pochoclo (reflexiones navegantes) namber chú

La lluvia me lleva casi siempre derechito a situaciones contemplativas. O a gripes feroces si es lluvia de invierno, pero no seamos tan terrenales.
Acá estoy viendo desplomarse el cielo por la ventana de mi habitación, oyendo el agua caer, que es casi como oír al fuego crepitar pero todo lo contrario. Y pienso.
A veces estoy parada en el mundo y alrededor siento una soledad infinita. Como si fuera yo la ocupante de un faro del fin del mundo a dónde nunca llegan las visitas para quedarse.
Yo podría haber sido rubia (rubia de adentro..) y no tener más problemas que sudar contra el tiempo para que mis glúteos desafíen la ley de gravedad. Podría haber revoleado más veces las pestañas para lograr un anillo de oro y una cuenta corriente que me salvara de tener que madrugar (¿hay algo peor en la vida que despertarse antes de las siete de la mañana por la pura obligación que impone la falta de riqueza?). Podría haber aceptado ser frágil y esperar a que algún caballero de cuento se hiciera cargo de llevarme y traerme, hacerme escenas de celos y abrirme cada tanto la puerta, pero no para ir a jugar. Podría haberme quedado donde estaba sin preguntar. Podría no saber, no entender, no cuestionar absolutamente todo, no sentir en el pecho esa puta incomodidad que no me deja transar, que me tiene siempre en vilo buscando todavía un poco más allá.
A veces quisiera sentir como siente ésa que va pegoteada de la mano de ése, feliz de compartir su gusto por Tinelli y el día de San Valentín, orgullosa de contar los meses y días y minutos que hace que le dijo que sí y no se despegaron nunca más. Satisfecha con nada, esperando nada, convencida de todo.

¿Quién fue el Morpheus desgraciado que me hizo tragar la pildorita sin avisar..?

miércoles, 25 de febrero de 2009

Parada y con un puño.

No tengo filtro. No tengo ganas de ponerle a mi boca un silenciador que medie entre lo que pienso y las buenas formas, la diplomacia ni las vueltas complicadas para lo que es simple.
No tengo ganas de andar por ahí como caminando sobre brasas, guardándome lo que siento en algún lugar del cuerpo para que termine en alguna enfermedad complicada.
No me importa qué puedan pensar. El problema en todo caso será del que esté buscándole una segunda vuelta a lo que digo o a lo que hago en una. Lo mío es tan simple como lo que digo. Es lo que digo, ni más ni menos.
No sirve la gente que lee a Castaneda y vive como el peor de los Macris. No es mi problema.
Ya fui durante demasiado tiempo alguien distinta de mí.
No lograrán convencerme de lo contrario.
Fúmenme.
O bébanme, en el mejor de los casos..

lunes, 23 de febrero de 2009

La vida cabe en un pochoclo (reflexiones navegantes)


Dar el primer paso. Entrar en algo que se sabe pero no se sabe cómo. Abrir la puerta y dejar entrar, tomar el picaporte y sumergirse. Sentir la urgencia de la decisión tomada y no oponerle resistencia alguna. Soltarse y dejarse caer como agua de la canilla que algún día, de alguna manera, va a llegar a ser parte del mar.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Botella en el mar.


" Cuando un guerrero toma la decision de pasar a la acción, debería estar dispuesto a morir. Si está dispuesto a morir, no habrá tropiezos, ni actos innecesarios. Todo encajará en su sitio porque no espera nada"

Carlos Castaneda; " Relatos de Poder"


viernes, 23 de enero de 2009

Meditación a pedido de amiga con principio de embolamiento laboral.

En la vida de cada uno hay algo que se puede volver una puerta por donde la esencia sale y se muestra. Algo, una cosa.


Tirar con arco y flecha, pintar en lienzo, bailar, hacer papiroflexia...


Cuando el cuerpo, la mente, la mano, el arco, la flecha y el horizonte se vuelven una misma cosa.


Cuando los colores cambian y vuelan desde el corazón al pincel y a los ojos.


Cuando los pies no tocan el suelo y van al compás del alma de ésa música.



A mí me pasa con el candombe o cuando canto en FA.


Tardo un rato en entrar por el sonido. Se va acomodando mi cuerpo a la energía que los demás emanan o reclaman. Me empieza a gustar lo que suena y es en ése preciso momento en donde ya no importa si mi mano sube o baja, ni el temor por si mi voz saldrá clara, porque es una corriente que va sola como un coletazo que da el fin y el comienzo de una danza que me sube por los pies, pasa por la cadera y vuelve a empezar. Es ahí cuando de golpe soy yo misma.


Uno debería enseñarle a los hijos a descubrir en ellos cuál es ésa puerta. Y la mejor manera entonces es primero buscarla en uno. Y encontrarla.


En éso ando.

miércoles, 7 de enero de 2009

[sin asunto]

El alquimista le dijo:

- Todos los caminos son tu camino. Donde sea que está tu corazón. Ella y yo te escribimos una canción para que vos la cantes. Una canción de amor.

Ella va por ahí cantando todas las que sabe, y cada vez canta más cerca. Más cerca del amor.

lunes, 5 de enero de 2009

Parada en el peñasco


Todo el tiempo me guía una sensación.
Todos los poros de mi piel van girando para apuntar a un norte que aún no conozco, pero presiento.
Cada paso que voy dando sé que tiene un destino que intuyo luminoso, pero no sé a dónde voy.
Y algo de todo eso, o todo, tiene que ver con el amor.
Y ya no sé distinguir si amo todo lo que hago o hago todo lo que amo, pero da lo mismo.
Perdí el miedo de perder, porque siempre gano. El camino se me llenó de música y de amigos y éso es lo que emano, mi perfume. Ya ni las traiciones duelen tan feo, porque a pesar de ellas quién me quita lo bailado.
Y así como estoy, salto.
Sé quién está por ahí esperándome.


lunes, 22 de diciembre de 2008

Onomástico


Cumplir un año. Darle una vuelta entera al calendario y volver al punto de partida.

Yo solía regalar para los cumpleaños un poema de Benedetti. Onomástico.


Hoy tu tiempo es real/nadie lo inventa/

y aunque otros olviden tus festejos/

las noches sin amor quedaron lejos/

y lejos el pesar que desalienta


Tu edad de otras edades se alimenta/

no importa lo que digan los espejos/

tus ojos todavía no están viejos/

y miran/sin mirar/más de la cuenta


tu esperanza ya sabe su tamaño/

y por eso no habrá quién la destruya/

ya no te sentirás sólo ni extraño


vida tuya tendrás/ y muerte tuya/

ha pasado otro año/ y otro año/

le has ganado a tus sombras/

aleluya.


Anoche yo quería ser el sol. Quería que todos ahí brilláramos como soles. Y otra vez fue jugando como nos fuimos encendiendo, una manga de crotos arremangados y en chancletas haciendo música de contentos. Sí fuimos soles. Nos dimos lujos tan imperdonables como mirarnos todos a los ojos y estar sonriendo.

Estoy cumpliendo año en éste mismo momento. En éste día en que nace el verano y mi futuro es gloriosamente incierto, tan incierto como el amor y como el cielo.