viernes, 13 de marzo de 2026

Mi casa

 


Dieciseis años atràs. 

Hacìa menos de un año habìa llegado a esta casa, con el alma tan golpeada que no sentìa absolutamente nada, estaba entregada a la corriente, agotada de nadar y nunca llegar a ninguna orilla.

La dueña de la casa me mostraba los ambientes, mi mamà conversaba con ella sobre las posibilidades del espacio, mi hijita de once años las seguìa, y yo era una sombra, un fantasma con nombre, caminando detràs sin mirar.

Esa señora alta, rubia, arreglada con delicadeza y esmero, se dio vuelta, me mirò. Recuerdo levantar la cabeza, recuerdo haberla mirado y ver que me estaba sonriendo, con una sonrisa que no habìa visto antes en nadie que me estuviera mirando. Y dijo sonrièndome: -... tenès unos ojos de soñadora vos... unos ojos hermosos.

Y me descubrì sonriendo entre mis escombros, sin poder mover el cuerpo para ningùn gesto, pero con una luz adentro que no habìa visto nunca. Sentì un amparo que me dio esperanza, un bàlsamo, un abrigo por adentro para sentir que podìa dejar de nadar, acà no iba a morir ahogada si descansaba un poco.

Pasaron cosas tremendas en el tiempo. La casa se inundò muchas veces, el agua caìa por las pardes, tardamos mucho en encontrar las grietas, en repararlas, y despuès vino un tiempo largo de no poder pintar, de tener que esperar a que el tiempo secara el daño.

Yo tambìen tuve permirso de dejar de contener y de romperme, desbordarme entre sus paredes que comprendìan bien la fuerza del agua, del sentir dolorido y torturado. Ella me guardò entre sus paredes.

La casa de la esquina se volviò mi crisàlida.

Entre sus paredes me morì y dejè que el tiempo volviera a tejerme, màs limpia, menos oscura, bañada y bañada por litros de agua, de làgrimas y guisos.

Yo misma pude abrir la puerta cuando llegò el dìa, y amparar a otras almas que tambièn se refugiaron y lamieron sus heridas hasta volverse mariposas dentro de esta casa.

Diecisiete años y varias decisiones tomadas con una conciencia renovada, con una mirada construida a base de intento, prueba, error, acierto, empecè a conquistar mi fe.

Mis verdades de hoy son mìas porque las recorrì hasta conquistarlas, las herencias, los mandatos y otras yerbas se los llevò el agua.

Diecisiete años despuès, yo soy mi casa.




No hay comentarios:

Publicar un comentario