domingo, 1 de marzo de 2009

Visión premonitoria


Abrir la puerta de mi casa y encontrarte, bajo ésta lluvia caliente de verano tardío, parado en mi vereda conquistándola, ganándole de mano a mi desconfianza, con los pies urgentes por recorrer historias, inconciente de los mares que estarás navegando, desafiando tu lógica y tu miedo a pura convicción de que éso que ambos aún desconocemos en éste último minuto, es un vórtice mismo hacia el infinito.

Llamada de carnaval en la ESMA: Tocar llorando.

Tocar un tambor no se remite sólo a un evento musical. La vibración de los parches provoca algo en la propia vibración, atrapa o espanta, sin medias tintas. Algo sucede sobre todo cuando los parches son de cuero. Yo misma doy fe de haber florecido en éstos casi diez años en que mi corazón fue mutando de órgano vital a lonja que no calla. Seguramente África (que nos lleva siempre tanta ventaja en lo que a sabiduría de la vida se trata) mandó a sus hijos secuestrados como esclavos con sus tambores en el alma, como caballos de Troya. Ellos desaparecieron, pero alguien, siglos después, abrió la caja de Pandora. Y la bendita invasión musical volvió a tender ése puente de madera y cuero hacia la esencia.
Los tambores se agrupan y van encendiendo plazas de Buenos Aires, galpones y covachas, creando rondas invisibles de tribus no declaradas. Toman la energía de la tierra, la reciclan, la levantan.

Pero hay lugares en donde el trabajo es doloroso, y el proceso de sanar tiene más que ver con un exorcismo.

Ayer, en una convocatoria abierta, más de setenta tambores de candombe tocamos en la ESMA. Yo no puedo entrar ingenuamente en ése lugar, ni logro asistir con continuidad. Mucho coraje ha pasado por mis pies desde aquella primera vez en que fui a cantar para dar por abierto el espacio de las Madres, cuando no me animaba a buscar el baño por miedo a encontrarme de bruces con un pasado tan nefasto.

Formando filas junto al puesto de vigilancia por el que pasaban los secuestrados para el primer control, sentí la primera puntada de dolor frío pasarme por la espalda. Escuchaba y no escuchaba sonar los parches. Mientras caminábamos lento y las bailarinas en ronda levantaban los brazos al cielo pensé en la esperanza que vuela en un grito de socorro, la esperanza de que alguien escuche y venga a rescatarnos. Cuando sentí que no iba a poder seguir tocando, pensé en las vueltas de la vida y en el sabor de la justicia, de las cuentas saldadas. Un carnaval de madera y cuero desfilando por fin entre tanto verde militar. Una fiesta de libertad de origen moreno, desfachatada y bocona como muchos de aquellos que se durmieron para siempre en la ESMA. Dar un paso más, otro golpe en el cuero, y que los fantasmas pierdan el peso de piedra que no los deja llegar al cielo.

Ayer, sobre la callecita de la muerte, entre edificios cuadrados altísimos de aspecto pulcro y corazón de hielo, nosotros trajimos un carnaval para los hijos de ésas Madres, para que los tambores de sus almas vuelen por el aire como las de aquellos antiguos negros.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Parada y con un puño.

No tengo filtro. No tengo ganas de ponerle a mi boca un silenciador que medie entre lo que pienso y las buenas formas, la diplomacia ni las vueltas complicadas para lo que es simple.
No tengo ganas de andar por ahí como caminando sobre brasas, guardándome lo que siento en algún lugar del cuerpo para que termine en alguna enfermedad complicada.
No me importa qué puedan pensar. El problema en todo caso será del que esté buscándole una segunda vuelta a lo que digo o a lo que hago en una. Lo mío es tan simple como lo que digo. Es lo que digo, ni más ni menos.
No sirve la gente que lee a Castaneda y vive como el peor de los Macris. No es mi problema.
Ya fui durante demasiado tiempo alguien distinta de mí.
No lograrán convencerme de lo contrario.
Fúmenme.
O bébanme, en el mejor de los casos..

lunes, 23 de febrero de 2009

La vida cabe en un pochoclo (reflexiones navegantes)


Dar el primer paso. Entrar en algo que se sabe pero no se sabe cómo. Abrir la puerta y dejar entrar, tomar el picaporte y sumergirse. Sentir la urgencia de la decisión tomada y no oponerle resistencia alguna. Soltarse y dejarse caer como agua de la canilla que algún día, de alguna manera, va a llegar a ser parte del mar.

viernes, 20 de febrero de 2009

La seño de pelo colorado (parte 2)


Ale tiene los ojos redondos y negros y una historia demasiado larga para sus tan poquitos años. Nos conocimos en ronda en el patio de la escuela una mañana de noviembre. Sus ojos fueron la primera imagen que me llegó desde el azorado grupo que me esperaba sentado para conocer a la seño de muchos rulos y pelo colorado.

Cada vez que nos vemos me provoca con malas palabras que suelta en sus historias como al descuido y me espía de reojo para ver mi reacción. Viene a la colonia con una guadaña de plástico de juguete (habría que ver qué traman algunos fabricantes..) que sistemáticamente termina en el placard al minuto de arribar.

Yo dibujo barcos cuando planifico, gaviotas y magos en altamar. Barcos que me lleven hasta donde sea que haya naufragado para cantarle una canción que lo traiga de vuelta a jugar.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Yo te banco, Pol!

Estaba releyendo el blog de mi amigo Neiman cuando volví a toparme con su declaración bizarra de gusto por Miguel Bosé. Y me vino un furor vergonzoso desde los piés al centro y como colegiala eufórica cantando la marcha de San Lorenzo, pensé "no estás sólo en ésta, amigo".

A mí me gusta ABBA.

Mis amigas me putean cuando empieza a sonar un tema en el equipito y fruncen la cara como ardillas. Mariconas. ¿Acaso ninguna se sintió abrazada cuando escuchó "Chiquitita" la primera vez que le rompieron el corazón ni se le frunció el asiento cuando Muriel se descorría el velo emocionada mientras sonaba una versión imponente de "Dancing Queen"?

Hasta hoy he saltado disimuladamente ésa carpeta en el mp3 cuando compartía mi música con desconocidos.

Ahora jódanse.

No pienso dejar de hacer absolutamente nada de lo que me hace feliz.




La seño de pelo colorado

Hoy escribí el principio de un cuento para mis nenes. Lo lleva adelante un mago que se llama Pelusa.
Pelusa viene de padre mago, madre bruja y abuela que es la mismísima Campanita de Peter Pan.
Y lo primero que le toca enseñar a mi mago inventado es a distinguir lo poco de lo mucho.
Menudo aprendizaje fundamental de la vida...

Sweet home, Buenos Aires..

Viernes a la noche, recital de Arbolito en la loma del orto o Boedo, como prefieran llamarle. Viaje con puertas trabadas y ventanillas altas por submundo de Constitución, vereda decorada con putas de distintos tamaños y poco disimulados cafiolos asomando apenas de puertas en penumbras. Distracción al estacionar el auto. Fin del recital, caminata de dos cuadras con amigo Martín teñida de inquietud por caripelas amenazantes que se giran para mirarnos pasar. Bienvenida número uno: cinco muchachotes en peligroso estado etílico rondando auto incendiado a escasos veinte metros del golcito. Fruncimiento de traste ante movimiento tambaleante y poco feliz de muchachote con botella marrón en mano. Partida veloz.

Sábado a la noche, recital de Jaime Ros. Bienvenida dos: Afano impune y aparatoso de cámara fotográfica atada a mi muñeca. Forcejeo con acompañamiento musical, entonando "me está afanando" en cuatro idiomas. Adiós camarita. Adiós carnavaaaaaaaaaaaaal...

Martes a la noche, conversación en patio amigo sobre lo jodido que se ha puesto el mundo de repente. Vuelta a casa en bicicleta a las doce de la noche. Motito con muchacho de remera blanca viniendo detrás. Bienvenida tres: Mano del citado muchacho estampándose en parte de mi cuerpo que se apoya en el asiento de la bici. Acompañamiento de mano en ojete por recorrido aproximado de dos metros, musicalizado por mí entonando laputamadrequeteparió en FA. Final con huida rauda del boludo antes mencionado.

Bienvenida a casa...

Botella en el mar.


" Cuando un guerrero toma la decision de pasar a la acción, debería estar dispuesto a morir. Si está dispuesto a morir, no habrá tropiezos, ni actos innecesarios. Todo encajará en su sitio porque no espera nada"

Carlos Castaneda; " Relatos de Poder"


lunes, 16 de febrero de 2009

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de candombe Uruguay 2008 (parte 5): Lista



Cosas que una debe llevarse a un viaje de candombe al Uruguay:

- Como lo hemos mencionado anteriormente, si va a acampar, lleve una carpa.
- Un buen amigo rápido para dividir, multiplicar y operar con decimales para cantarle lo más prontamente posible cuánto mierda vale el mate que tiene usted en la mano. Y que le emboque al resultado (es muy triste pagar sesenta y cinco pesos argentinos por un llaverito con forma de tambor..)
- Tarjeta para recargar el puto celular que siempre funciona cuando usted no lo puede usar.
- Un salario holgado. Muy útil.
- Hilo, aguja y alfileres de gancho. Y alguien menos colgado que usted que le recuerde llevarlos el día que los necesita..
- Protector solar para no quedar hecha un mandril dos días antes de la llamada, y no ésa porquería factor quince con unos brillitos lindísimos.
- Cigarrillos. La campaña antitabaco uruguaya es heavy metal e incluye fotos en los atados. Y no precisamente de Wanda Nara..
- Una amiga para reventar de risa en el baño.
- Un buen perfume.
- Fernet. Allá casi no existe y no da patinarse lo del hospedaje para solventarlo.
- Cara de póquer para poner en hotel católico mientras le explica al concerje que usted compartirá la pieza con los dos monos que están parados atrás (reutilizable por las mañanas cuando la camarera la mira de reojo condenándola al infierno de pura envidia mientras usted se unta una tostada lo más pancha.)
- Indefectiblemente, un tambor. Y el palito, por diossss...
- La vincha de sus hermanas candomberas.
- Un lindísimo vestido totalmente inapropiado para pintar tambores con pintura en aerosol.
- Diluyente de pintura, o en su defecto, un guardarropas que le combine con su nuevo color de piel verde, naranja y azul.
- Una sidra para Yemayá que terminará siendo escabiada por los malditos jipis. Y a su salud.
- Rimmel. Nadie dijo que para tocar tambores hay que parecer el cuatro de Ferrocarril Oeste.
- Ganas de todo y de más. Indispensables.
- Gente sensible. Y en el mejor de los casos, también cariñosa.

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de candombe Uruguay 2009 (parte 4): "Efectos colaterales"



Hay cosas que el cuerpo recuerda, como andar en bicicleta o saltar a la soga. Hay un equilibrio que se ajusta ni bien una toma coraje y va posando los pies sobre los pedales haciendo que sepamos que sí sabemos.

Hay una memoria inexplicable de algo que no ocurrió nunca que nos conecta con un extraño de manera profunda, un sentir el estómago estirarse que nos hace emanar una luz diferente. Una luz.

El sábado hubo chilingueada en el anfiteatro de Mataderos. Yo sé que algo me pasó en éste viaje, algo en el alma, y a veces me sorprendo de no reconocerme en la que soy ahora. Así llegué, a dos días de bajar del barco que me trajo de Uruguay, a cantar no sabía qué ni con quiénes. Dani me hizo reír contestando mis mensajes en uruguayo, tá, bó, y me llevó de vuelta al pellizco feliz del desfile en Isla de Flores. La fecha era con los chilinguitos, y a mí me dieron ganas de cantarles Peixinhos do mar. Fue lo que me propuso Dani ni bien pisé el escenario y en cinco minutos se armó un coro con tres voces.

Detrás del escenario, mientras mirábamos actuar ahora a los viejos chilingos, se me acercó Julián debajo de una gorra con visera (los chilingos antiguos marcan tendencias..) y detrás de unos lentes para ver y una sonrisa arrobada me dijo que me había escuchado cantar. "..y vos cantaste de lo más divino..". Creo que me partí la boca de una sonrisa. Y ahí fue cuando sentí que éso que me iluminó el corazón en Uruguay se me estaba saliendo por el pecho.

domingo, 15 de febrero de 2009

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de candombe Uruguay 2009 (parte 3): "..Anfiteatro, linda. A ver si volvemos.."

Todos fuimos de viaje. Todos fuimos en nuestro propio viaje que se tocó en sus puntas o en sus centros con el viaje de otros.

Yo viajé por la gente. Me metí por el lado de su risa, por las grietitas que dejó abierto su dolor, por su música, por su impaciencia. Viajé por corazones abandonados, por sueños chiquitos, por ausencias dolorosas, por sus ganas de jugar. Viajé por los ojos de Graciela, brillantes debajo del mascarón blanco y negro de pintura que no resistió la emoción ni la entrega y se desparramó por las caras haciéndonos parecer un ejército endiablado del rey Momo. Viajé por las manos de Andrea que pintó bailarinas hasta llenar la cuerda con un mar de sirenas. Viajé por la a veces solitaria perplejidad de un Dani de cara sorprendida y pronta para la sonrisa. Viajé por la alegría de Guillermo cuando la cuerda tomó vida y empezó a sonar más fuerte de lo que latían los corazones en comparsa. Viajé por una bandera que se tomó su misión a pecho y fue preparando a la gente para que nos aplaudiera. Viajé ratos largos por un silencio maravilloso que se rompía en coincidencias gloriosas. Viajé por Álvaro que era Alvarito y jugaba a pintar las caras con plasticola de brillantina. Viajé por unos ojos oscuros que eran como el mar y estaban llenos de preguntas de ésas que no tienen palabras. Viajé por los pies de María que no tienen los setenta y tantos años que dice su documento. Viajé a las infancias de los que se durmieron cuando canté nanas en una playa de luna llena.


Y creo que todavía no volví.


jueves, 12 de febrero de 2009

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de candombe Uruguay 2009 (parte 2): "Unos ojos se van, se van de viaje..."






Me quemé ignorante de que en Uruguay el mate se hace con agua hirviendo. Salí robando cámara por televisión tocando candombe en una protesta de uno de los sindicatos que agrupan a las comparsas. Toqué con el buceo en un ensayo el martes, sólo tres argentinos entre los cuarenta uruguayos. Descubrí que el amarillo me queda muy bien. Toqué al lado de un viejo Yamandú que salía en su última llamada. Conocí a un gitano de ojos negros que me miraron y me apretaron los recuerdos por adentro. Canté como las sirenas en una playa de luna llena. Floté en el mar. Me vestí de velador y me sentí una estrella. Tuve un amor. Tuve amigos. Tuve una familia que pintaba tambores en el playón de un club. Me volví negra. Me metí en la gente. Se me llenó el cuerpo de flores. Abracé y me abrazaron. Me ví crecer. Me dejé ganar por la emoción de un beso. Se me acercó el corazón al Uruguay. Me perdí y me encontré de nuevo, pero soy otra. Aprendí que no tener el equipamiento necesario para acampar puede terminar con un romance a manos de alguna mujer más precavida. Me sonrió gente que jamás voy a conocer. Compartí la habitación con dos varones en un hotel católico hasta la médula. Les escabiamos todo el bidón del dispenser (malditos jipis). Pinté caras, curé manos, llevé el hilo pero perdí la aguja. Ví feliz a Graciela. Me fuí a la playa donde se tuesta el diablo. Ví arder el fuego. Ví arder mis ojos.

Y ésto recién empieza.

domingo, 1 de febrero de 2009

Soy de Cuareim..

La cuerda Chilinga suena. Sí, suena. Más o menos vamos llevando el paso ligero, cada tanto se baja y lo subimos, pero se sostiene.
Hoy los miraba caminando conmigo en el último ensayo en Buenos Aires para ir a las llamadas. No hemos compartido vinos, ni borracheras, ni hemos estado tristes juntos. Nunca jugamos, ni tenemos anécdotas, ni vimos lunas desde terrazas musicales. Pero nos vamos juntos. Cada cual emprende su propio viaje.
Yo pienso en mis comadres tocadoras, mis candomberas, mis iyás kererés, mi manada, y en todo éso que sí nos sucede. Y que si llevo de éso encendida el alma, cuando nos encontremos allá chilingos y nos mezclemos entre los uruguayos, estiraremos la música para tocarnos y sentir que vamos juntos entre extraños. Y así, envolviéndolos, por fin nos envolvamos.
Brindo por un candombe gozado.

jueves, 29 de enero de 2009

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de Candombe Uruguay 2009. (parte 1)

Cuando Dani me invitó en septiembre a formar parte del contingente candombero para las llamadas 2009 y habló con tanto entusiasmo y halagos, supe que me estaba subiendo en la nave de los locos. Contuve el aliento y pensé "no me lo puedo perder."
Cualquier empresa que uno emprenda en La Chilinga termina enredándose, complicándose, y cuando parece que se cae, remonta vuelo y nos deja boquiabiertos y maravillados.
Estamos en el primer tramo..

Locura nº1:
Arribo a terminal de ómnibus Retiro proveniente de Córdoba sábado 3 de enero, 8.00 AM, en micro con aire acondicionado medio descompuesto. Ensayo en comparsa mismo sábado en Martín Coronado, 20.00 hs. Llevé mi tambor.

Ya empezamos nº 1:
Mismo ensayo mencionado anteriormente. Rajé la lonja de mi tambor.

Ya empezamos nº 2:
Ensayo sábado siguiente. Confiada en la palabra del Chino, que iba a reparar mi lonja para éste ensayo, llego sobre la hora y sin repuesto. Tambor no vino. Chino tampoco. Lo que queda para tocar es un placard de cuatro ambientes. Me corto un dedo con el cuero. Dani me caga a pedos un promedio de dos veces y media por cuadra. Me empaco. Me quemo la mano. A la vuelta lo cago a pedos yo una vez a él. Sin razón, por supuesto.

Locura nº 2:
No vimos el hotel, unos van en auto antes, otros en barco después, otros van desde Brasil, unos paran en casas, los demás en un lugar que bien puede ser una casa de retiro espiritual, un hotel escuela o un club de barrio que cede el gimnasio. La mitad ahora está en Gessell, otros en el sur, algunas por acá. No sabemos cuánto sale nada ni quién lleva la plata.
El bombachón lo tenemos todos.

Ya empezamos nº3:
Dani quiere que lo llevemos puesto para ensayar en el andén de Coronado éste sábado a las 20.00 PM.

(continuará)

miércoles, 28 de enero de 2009

Aieiéu, Odó, Epahei...

Voy a cruzar el río. Siempre cruzo los ríos. Creo que sufro de complejo de tierra prometida, entonces parto siempre alegre porque conoceré otro puerto. Literal y metafóricamente.

Voy a cruzar el Río de la Plata. Voy a tocar candombe en la otra orilla. Como si hubiera llenado ya todo de candombe por acá, Buenos Aires me empujó a Montevideo. Allá voy con mi tambor, que nos queremos tanto..

Voy a calzarme un disfraz de rumbera recatada, que es ése espantérrimo traje candomberil con sombrero de paja que hace que una parezca un velador de la casa de la Coca Sarli, anulando definitivamente toda mínima posibilidad de romance carnavalero, salvo que uno realmente se cruce con el amor de su vida. Sólo imaginarme me hace soltar la carcajada y pienso "claro, claro que voy". Si es que nada me hace más feliz que estar jugando por la calle con más gente, la música sonando de mí, mi mano volando sobre el tambor y haber logrado sentir la pasión que ellos sienten cuando ven un mundial de fútbol, tocan en una banda o juegan un picado una vez por semana.
Pero yo soy mujer.

Yo cruzo el río para mucho más.




viernes, 23 de enero de 2009

Meditación a pedido de amiga con principio de embolamiento laboral.

En la vida de cada uno hay algo que se puede volver una puerta por donde la esencia sale y se muestra. Algo, una cosa.


Tirar con arco y flecha, pintar en lienzo, bailar, hacer papiroflexia...


Cuando el cuerpo, la mente, la mano, el arco, la flecha y el horizonte se vuelven una misma cosa.


Cuando los colores cambian y vuelan desde el corazón al pincel y a los ojos.


Cuando los pies no tocan el suelo y van al compás del alma de ésa música.



A mí me pasa con el candombe o cuando canto en FA.


Tardo un rato en entrar por el sonido. Se va acomodando mi cuerpo a la energía que los demás emanan o reclaman. Me empieza a gustar lo que suena y es en ése preciso momento en donde ya no importa si mi mano sube o baja, ni el temor por si mi voz saldrá clara, porque es una corriente que va sola como un coletazo que da el fin y el comienzo de una danza que me sube por los pies, pasa por la cadera y vuelve a empezar. Es ahí cuando de golpe soy yo misma.


Uno debería enseñarle a los hijos a descubrir en ellos cuál es ésa puerta. Y la mejor manera entonces es primero buscarla en uno. Y encontrarla.


En éso ando.

sábado, 17 de enero de 2009

Corto: "Homenaje al mes de noviembre de 2005"

Él armaba una valija en el dormitorio, con mano firme y urgencia poco disimulada. Ella miraba desde la silla en el comedor incapaz de levantarse para detenerlo. Tantas veces temió ésa imágen que no podía todavía entender que verdaderamente estuviera sucediendo. En el último tiempo quizás su capacidad de sacrificio se había desgastado y ya no tenía recursos para seguir piloteando el velero en el medio de tantas tormentas (al final siempre es una sucesión en cascada de momentos infortunados), y en un arranque de coraje él estaba cumpliendo la eterna promesa de abandonarla.

Escuchó cómo se partía su corazón por adentro, el retumbar de cracks llegando desde el pecho hasta el cerebro. Y el silencio. Silencio.


En el medio de la nada misma en la que se encontraba su pensamiento, cuando iba a sumergirse otra vez en el dolor, un gesto o una palabra que él dijo la hicieron detenerse. Se observó paralizada y gris sentada en la penumbra del comedor. Y no le gustó.


Y tampoco le gustó verse sombra inmerecida de un inexistente talento.


Ni sentirse amenazada por la vejez.


Ni le gustó el silencio incómodo de los domingos mientras de fondo sonaba un relato de fútbol.


No le gustó su ropa de color marrón.


Tampoco las caras de asco al juzgar sus comidas.


No le gustó lavar, ni planchar, ni ir al chino a comprar pollo, ni esperar sentada mirando el reloj.


Él salió de la habitación y apoyó en el suelo la valija. La miró desde su metro setenta y pico y con cara de justo le dijo: "Si estás dispuesta, podemos darnos una oportunidad más."


Como un fogonazo, lo vio como si nunca antes lo hubiera visto. Con algo de dolor movió su cuerpo entumecido por tanto llanto convulsivo, se acodó en la mesa y encorvando el cuerpo hacia adelante, respondió:


"Ni en pedo, Roberto. Ni en pedo."

martes, 13 de enero de 2009

A ver si nos vamos entendiendo...

No se puede tener un pié en cada palangana, estar en más de un lugar al mismo tiempo, andar bien con el cielo y el infierno.

Hay que elegir.

No es verdad que hay solamente dos caminos, son infinitos, pero no se puede ir por el medio.

No se puede nadar sin mojar la ropa, no se puede tomar sin abrir la boca, no se puede al mismo tiempo comer y llorar.

Y entonces recién cuando se toma la decisión, alguna, una, ahí es cuando las cosas empiezan a tener sentido y ésta vida pasa a ser algo más que perder el tiempo entre nacer y morir. Cuando saco un pasaje y me voy, cuando digo "hasta acá llegó mi amor", cuando me empiqueto y no pago la cuenta del teléfono, cuando echo de mi casa al televisor, cuando lo que pienso es lo que sale por mi boca, cuando agarro un micrófono o un tambor, cuando algo te indique claramente que soy yo.

¿Capisce?

Declaración.


Odio el dolor.


Nada me espanta tanto como sentir en el cuerpo el pellizco infalible del miedo entrando por la boca del estómago, el miedo a lo único que puede doblegarme.


Lo odio en todas sus formas. Cuando taladra el cuerpo con persistencia feroz o de una puñalada, cuando se mete en el alma y la desangra mientras nos derrumbamos impotentes.


Odio el dolor.


El dolor huele a flores de velatorio, a micros que echan humo partiendo para siempre, al perfume irrecuperable de una piel que a veces se suelta de una remera olvidada, a transpiración y merthiolate, a ramito de jazmines de fines de noviembre, a estación de tren.


Así como el amor reencarna en nostalgia, la pena es el moho de las cosas por las que ha pasado el dolor.


Odio el dolor.

miércoles, 7 de enero de 2009

[sin asunto]

El alquimista le dijo:

- Todos los caminos son tu camino. Donde sea que está tu corazón. Ella y yo te escribimos una canción para que vos la cantes. Una canción de amor.

Ella va por ahí cantando todas las que sabe, y cada vez canta más cerca. Más cerca del amor.

lunes, 5 de enero de 2009

Parada en el peñasco


Todo el tiempo me guía una sensación.
Todos los poros de mi piel van girando para apuntar a un norte que aún no conozco, pero presiento.
Cada paso que voy dando sé que tiene un destino que intuyo luminoso, pero no sé a dónde voy.
Y algo de todo eso, o todo, tiene que ver con el amor.
Y ya no sé distinguir si amo todo lo que hago o hago todo lo que amo, pero da lo mismo.
Perdí el miedo de perder, porque siempre gano. El camino se me llenó de música y de amigos y éso es lo que emano, mi perfume. Ya ni las traiciones duelen tan feo, porque a pesar de ellas quién me quita lo bailado.
Y así como estoy, salto.
Sé quién está por ahí esperándome.


domingo, 4 de enero de 2009

La cocinera del Quilpo

Llegó un 24 de diciembre. Fue como Mary Poppins acudiendo en ayuda de su amiga la que siempre baila entre la desesperación y la comicidad.
El lugar y ella no se entendieron de entrada. La carpa demasiado barata resultó un chasco al que se le rompieron la mitad de las cosas al armarla. Tan finita era que se veían las estrellas a través de sus paredes. La primera noche el sonido del río parecieron voces murmurantes y la tuvieron alerta. Fue cuando se metió a la mañana en el agua que se sintió por fin abrazada.
Todo el día su amiga Pocha entraba y salía de todas partes con los ojos azules de desesperación que a ella le hacían saltar la risa. Y las dos rieron muchas veces todo un día.

-¿Me das una mano?- dijo su amiga sin ladear la cabeza, que es lo que siempre hace cuando habla de verdad.

Amaneció con la noticia de que Pocha tenía fiebre. - Su amiga está para atrás..- le dijo el Chicharra. Y el día empezó con ella a cargo de la cocina y de dos recién llegados al equipo de trabajo, dos gnomos de veinte años y de corazón luminoso. Fede y el Pola. A las dos horas la cocina era una fiesta.

De tanto cantarle a Oxúm dando vueltas entre las ollas, encontró harinas y se puso a amasar pan. Sola mientras los otros dos buscaban leña, atendían gente, limpiaban mesas, mirando el espectáculo del río en la ventana, empezó a cantar todas las canciones que sabía para homenajearlo. Cuando Pocha volvió fresca esa noche, se armó el ritual. Y cada día, todo el día, entre un salteado de vegetales y agua para mates, una cantaba en la cocina y la otra en la barra haciendo esos armónicos que suenan a felicidad. Y palmeaba las espaldas de los chicos cada vez que hacían algo bueno y todo era jugar. Jugar a ser la cocinera del Quilpo.

Todos sabían que ella se iba el primer día del año nuevo. Solamente ocho días. Otros más fueron apareciendo, por supuesto también chilingos allá arriba, y se armó una familia. La noche de año nuevo, todos bañados y lindos después de haber armado la que sería la propia fiesta, ella no se sentó a comer y se fue sola a ver el horno de leña encendido en la oscuridad. Miró las estrellas, pensó. La vida gira en un instante, un microsegundo, y uno puede, si pierde por fin el miedo y se suelta, entrar por una puerta mágica a una realidad aparte.

Y ésa noche hubo fiesta en el Quilpo, tambores y cajones, canciones de amor, de pena, de ranchitos borrachos, de peces y de guerras, del placer de saber que todos vivían una noche de corazón abierto.

Se levantó al día siguiente, se sentó en las mesas y desde ahí miró trabajar al cocinero nuevo, un pequeño niño malherido que seguramente Pocha asesinará antes del final del mes de enero. Se pintó las uñas. Fede se asomó por la ventana a saludarla. Se abrazó con Pocha, se rieron mientras lloraban sin poder creer lo que habían hecho en esos días, fue parando en la camioneta para dar abrazos candomberos y después de darle el último al cacique Chicharra, se esfumó en la plaza de San Marcos Sierras.

Como Mary Poppins, pero candombera.








lunes, 22 de diciembre de 2008

Onomástico


Cumplir un año. Darle una vuelta entera al calendario y volver al punto de partida.

Yo solía regalar para los cumpleaños un poema de Benedetti. Onomástico.


Hoy tu tiempo es real/nadie lo inventa/

y aunque otros olviden tus festejos/

las noches sin amor quedaron lejos/

y lejos el pesar que desalienta


Tu edad de otras edades se alimenta/

no importa lo que digan los espejos/

tus ojos todavía no están viejos/

y miran/sin mirar/más de la cuenta


tu esperanza ya sabe su tamaño/

y por eso no habrá quién la destruya/

ya no te sentirás sólo ni extraño


vida tuya tendrás/ y muerte tuya/

ha pasado otro año/ y otro año/

le has ganado a tus sombras/

aleluya.


Anoche yo quería ser el sol. Quería que todos ahí brilláramos como soles. Y otra vez fue jugando como nos fuimos encendiendo, una manga de crotos arremangados y en chancletas haciendo música de contentos. Sí fuimos soles. Nos dimos lujos tan imperdonables como mirarnos todos a los ojos y estar sonriendo.

Estoy cumpliendo año en éste mismo momento. En éste día en que nace el verano y mi futuro es gloriosamente incierto, tan incierto como el amor y como el cielo.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Poema con declaración

Qué clase de mujer anaranjada
que enrojece cuando toca
o canta
baja santo y se obnubila
con un placer extraño de romperse en mil astillas
y encenderse
enamorada de ella y de todos
se sana sana
y enciende chispas.
Porque el amor es tan contagioso como el miedo
pero es mejor.


Yo no sé si ésta costumbre mía de mirar al mundo con tanta fe es lo correcto o no... pero qué bien se siente.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Conversación telefónica con mi amiga NN el miércoles a la noche practicando alpedismo.

NN: -..estoy sin internet.

Yo:- ¡Dejáte de joder de una vez y pagá ese maldito cable!


NN:- No, si me hicieron un quilombo.. hace un mes que no tengo servicio y me lo facturaron.


Yo:- Llamá..


NN:- Ya estoy podrida de pelearme.


Yo:- No te pelées.


NN:- ¿Y cómo hago?


Yo:- A mí me hicieron un quilombo en la facturación desde el principio. Cinco meses me tuvieron. Me hice amiga por teléfono de todos los pibes, les dí pena, "yo ya sé que cobrás dos mangos y no tenés nada que ver, pero yo estoy sufriendo" les decía. No solamente me devolvieron la promoción, además me dejaron la cuenta en cero. Y después llamé para felicitarlos. Pobres pibes, tienen un laburo de mierda..


NN:- Noooo, a mí no me saale, yo no puedo, yo...


Yo:- Sí, sí, negra, ya sé que estás sola, deprimida y además tenés hemorroides, pero sentáte en un almohadón de ése con agujero en el medio y llamá, vas a ver que vas a estar más relajada. La vida no es según el cristal donde se mira sino el almohadón donde te sentás a mirar. ¡¡¡Pero mirá las frases célebres que estoy soltando y no tengo ni una birome que funcione para anotar!!! Juaaaaaaaaaaaaaaaaaa


NN:- ¡¡Lo llegás a poner en el blog y te mato!!


Fin.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Me fui de casa a tocar rocanrol..(parte nueve):"Un ensayo bizarro"

Hay días en que todo me resulta increíble. Me hablan los locos, la gente responde en voz alta mis preguntas mentales o todo parece funcionar al revés.

Hoy, al llegar al galpón, me encuentro ahí adentro con el mismísimo Fary, un gnomo, un duende malo, un loco talentoso que toca la gaita en el tren. Seba lo invitó a tocar una marcha escocesa con su bloque y quedó adoptado.


Fary anda con una valija de la que salen trompetas, armónicas, quenas, flautas celtas, gaitas y piernas de muñecos. Es un exú que no deja de mover las olas de la energía que lo rodea ni un minuto. Montó una mesa, un micrófono y todo el tiempo sonaban vientos entre las voces, las cuerdas, los tambores. Eran burbujas. El pibe que vino a arreglar las luces encendió los focos para probarlos se armó el juego y todo se trastocó.


Entonces la indisciplina corrió por cuenta de Dani que no dejó de masticar papasfritas y buscar que lo hiciera reír, las letras me las olvidaba yo, Noelia se reía, Javi me enseñó los golpes del timbal, Germán casi mata a Fary, Seba estaba como loco compenetrado en su campana y sus timbaletas, Raulo se enojó de repente, los temas salieron, y creo que Pol no pudo creer el haber vuelto a enredarse con nosotros, malditos chilingos, y las dementes y ampulosas empresas en las que nos embarcamos para divertirnos como chicos. Querido Pol, no podría haber banda sin tu talento y tu paciencia, que sé que no es infinita pero es elástica.


Y como un murgón desordenado huímos casi al unísono a seguir jugando a ser grandes ahí afuera del galpón.



..el cielo que se cae deshecho en agua.


Llorar.

Llorar por todo.

Por las ausencias, por las traiciones, por las demandas, por no tener un millón de brazos para tanta necesidad de caricias, por la tierra, por las lágrimas de mi hija, por el silencio de mi padre, por la crueldad, por los demás.
Llorar por la emoción que me provoca la música, por sentir cada día en algún momento la energía del amor atravesarme desde unos ojos pequeños, desde unos ojos adultos agradecidos, desde unos ojos.
Llorar por los errores, por los aciertos, por el tiempo perdido.

Llorar por los amores todos, los que no fueron, los que se fueron, los que dejé, los que no podrán ser, los que vienen, los de otros, los que se acaban, los que comienzan.

Llorar por la injusticia, por la impotencia, por la desigualdad, la lucha, las soledades, por las tristezas, por la falta de oídos y de palabras, por los rencores, por la infancia perdida.

Quedar vacía.

Y de a poco, otra vez, volver a creer.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Me fui de casa a tocar rocanrol..(parte ocho)"Todos detrás del gran Peter Pan en la tierra del Noparamosmasnunca."

Sábado 13 de diciembre. Fecha doble. Primer round, costanera sur, anfiteatro, precediendo el show de Spinetta. Segunda situación, doce de la noche, galpón de Saavedra. Muestra.

Cuatro y media de la tarde, encaramada en unas sandalias demasiado altas, el micro chilingo y yo avanzamos frente a frente hacia la misma parada. Arriba es un quilombo, por supuesto, y yo me trepo. Allí está la tribu de los niños perdidos.

Dani está sargentón y quisquilloso, lo que puede resultar muy mal o muy divertido. Noto rápidamente que no hay que contradecirlo. Cuando diez minutos antes de la prueba de sonido me presenta a dos cuates de Calle 13 y me pide que hagamos los coros en una zapada que se le acaba de ocurrir, decido que por el bien de la humanidad le daremos para adelante. Y que sea lo que dios quiera, como siempre es en nuestras fechas (malditos jipis...).

Primer tema, cambiado dos minutos antes de subir, nadie está muy seguro de lo que debe hacer, sale flojito. Segunda canción, zapada, se lucen los chicos y armamos un lindo coro, más gozadito. Tercer tema, Ilé Aié, sale, sale. Y con el Iansamba me baja santo y quedo como Grace Jones enjauladita entre los monitores del retorno. Lindo. Creo que es el que más nos gusta hacer, va subiendo en intensidad en cada vuelta, corre y explota. Final de show: cagada a pedos de Dani al Bloketón por micrófono en el último toque. Uh..

Queda una fecha más, cierre de la muestra en el galpón. Hay que reivindicarse. Vino Vero Batuqueira, se arma. Están los chicos de Calle 13, buena señal. Los grupos que muestran están bien armaditos, con canciones lindas, con cantantes. Intento un foco de insurrección tratando de convencer al bloque de que cuando el pelado tire llamada salgamos con otro toque y otra canción para darle una cucharada de su propia medicina, pero no logro más que desafíos a que yo lo haga. Cobardes .

Salimos con E d'Oxum, el iyesá con pandeiro, allá el bloque, acá en filita los cantadores, la gente sentada ahí cerca. Graciela que se asoma, Álvaro que nos saca fotos como en un acto de la escuela, Amadeo que ya pilotea nuestra desprolijidad con los micrófonos, ya me empiezo a prender fuego, cierro los ojos, muevo los hombros, miro a los tambores. Estamos cantando en casa. El ruso que me viene a dar un abrazo con la birome en la oreja y el repasador, agarra una campana y se mete en el fondo a tocar porque no se aguanta, y en el medio Tomi que lo mira, Dani que se ríe, y nosotras esperamos en el banco hasta que nos dejen entrar de nuevo a jugar. Y hasta parece ensayado que entro bajito cuando los tambores bajan, hay fuerza y hay climas. Y en el último Iansamba de la noche, como el maratonista que ve la cinta del final y pone toda la carne al asador, levanto el pañuelo del desafío, hago justicia, le hago un cambio de micrófonos a Seba y salto allá, a lado de la batuta del timbal, al medio de los tambores, a cantar como poseída mientras pienso que no puedo creer lo que estoy haciendo pero qué felicidad. Salto, bailo, los miro, me río, me agacho me doy vuelta. De éso me recargo y sigo, cicatrizo, sano.

Y me siento una Wendy volviendo en taxi a dormir a casa mientras ellos siguen rodeando las estrellas en el micro de vuelta a Coronado.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Crecer



Hoy egresaron de la primaria mis niños de sexto grado. Hoy mi nena, mi china, vistió gorrito negro americano junto a sus veintiún compañeros para egresar un poco de su infancia.


Uno por uno los ví subir precedidos por fieles descripciones de ellos que hicimos sus maestros. El galán, la que está llena de música, la enamoradiza, el karateka, el bohemio, el estrella de rock, la negociadora, el pacifista, la ecológica. Los ví proyectos de adolescentes, tan altos, tan hermosos. Lloré a moco tendido y ellos me miraban enternecidos como yo a ellos, y nos reíamos juntos de mí.


Todo el día estuvimos todos de fiesta, bailando en patas por los salones, por el pasillo, los chiquitos aplaudiendo, las maestras desfilando, todos comiendo porquerías y firmando remeras. A las cuatro y diez subieron ellos desde el patio corriendo por las escaleras, se pararon en mi puerta y Ramiro dijo: "¡Es la vuelta olímpica!¡Nuestro último recreo en la primaria!". Dieron una vuelta corriendo al pasillo y al pasar todos por mi vidriera me saludaron con las manos como hacen todos los días. Los ví lindos, los ví felices, los ví agradecidos, los ví llenos de amor. Ya vendrán el año próximo con sus cortes floggers, sus voces agravadas y sus miles de collares y pulseras a pedirme tecitos y abrazos, a buscar un poco de la infancia que irán perdiendo y que yo me quedo.


Tienen razón cuando me dicen que un día me voy a deshidratar. Todavía no puedo dejar de moquear.


martes, 9 de diciembre de 2008

Reflexión algo teñida de una leve indignación después de estar pensando un rato en algunas cosas.

Hay cosas que no se hacen. Definitivamente, sin discusión. Hay cosas que lastiman, que joden, que perturban y no son necesarias.

Hay que aprender a detectar en la gente ese gérmen, eso que puede crecer y convertir al que era tu mejor amigo en el tipo que te debe veinte lucas y no te atiende o al amor de tu vida en el que te dice en la puerta del civil "perdonáme, pero no puedo."

Hay códigos. A veces no es muy claro lo que sí, pero definitivamente tiene que respetarse lo que no. Para que una tribu funcione, ya sea la de tu banda de rocanrol o la de la puta oficina, hay códigos que se deben respetar.

A saber:

Comerse al novio de una amiga por más que esté increíble y sea además un caballero y sea bueno y sensible y te tire onda y jure que nadie se va a enterar, está mal.

Subirle el calefón llena de odio después de una discusión mientras el tipo se está bañando, aunque sea un acto total de justicia porque es un cuadrado con el que no podés razonar, está mal.

Histeriquearle al tipo que le gusta a tu amiga, que desde que se separó hace un año nunca había mirado a nadie, está mal.

Usarle la taza a González y dejarla el viernes a última hora sin lavar, sabiendo que seguramente el lunes tendrá flora y fauna y estará inutilizable, está mal.

Disfrutar porque a tu amiga no le entra la ropa y a vos sí, está mal.

Dejar tirada por ahí la masa que pediste de rodillas porque sos un ganso y te olvidaste las tuyas y sin masas no podés tocar y que alguien te prestó gentilmente confiando en tu promesa de cuidarla y no perderla, está mal.

Entongarte con un muchacho y no responder los mensajes de tus amigas por mes y medio no es tan grave y es hasta incluso comprensible y perdonable, pero está mal.

Ser el bobina que toma toda la noche del vaso de los demás y nunca paga un ferné, está mal.

Soplarle la mina a tu amigo y justificarte después diciendo que era una trola y te tiró los perros toda la noche y vos no podías quedar como un boludo, está mal.

Morfarte a una minita adelante de tu otra minita, aunque estés completamente borracho y no tengas con ninguna más compromiso que saludarlas cuando las ves, está mal.

Es decir, cualquier persona que entre en alguno de los ejemplos arriba mencionados, no es de fiar. Y nadie intente convencerme de lo contrario.

3º llamada de candombe en San Telmo, diciembre 6, 2008. Comparsa femenina Iyá Kereré

Una manada, una aldea, un conventillo. Somos comadres que cambiaron en tambor sus palanganas y se arriman a despertar al barrio de su siesta. Olemos distinto de las otras, y entre nosotras hay maravillosas diferencias que nos aúnan en un aroma mismo. Están las madres, las guerreras, las sutiles, las bellas, las hermosas, las esposas, las que aman, las novias, las madrinas. Hay Yemayás que acunan el candombe lidiando con Iansás que sacuden las olas.
Dueñas de los tambores, del latido y de la música. Reinas felices maravillando a la gente con su osadía de hacer lo que les da la gana, dejar a los chicos con la abuela, llamar a su mejor amiga y salir a partirse el cuerpo de goce tocando dos horas por la calle atiborrada.

Mujeres que se ríen, que abrazan y besan cuando saludan, que ponen el corazón todos los días en todo lo que tocan, que lloran y putean, que les duele lo mismo, que no entienden, y que en vez de sentarse a llorar sacan por las manos una alegría que hace difícil no dejarse llevar. Y las cosas entonces parecen menos terribles. Y hasta pueden convertirse en una carcajada al final del día en una mágica terraza de La Boca.

La gente no se aguanta mirarnos desde lejos porque algo emanamos cuando tocamos juntas. Nos rodean en la calle y andan formando parte de nosotras, saltando a desarmarse bailando cuando abrimos la ronda.
Después de tocar con ellas en cada llamada, quedo una semana entera como enamorada.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Conversaciones de un miércoles de madrugada.

Jugar. Hacer algo sabiendo que no es real, que no es útil, que no es lógico, pero hacerlo porque provoca esa alborotadamente gozosa sensación de aleteos en el estómago. Jugar a creer la fantasía, a inventar en la cabeza una realidad distinta

Jugar cuando no importa ganar o perder, porque lo importante es correr como loco con el sol en la cara atravesada por el ecuador de la sonrisa abierta y agitada. Jugar a tomar el té y ser otra distinta de la que soy, ser viento, ser aire. Andar en bicicleta con ojos de explorador, sorprenderme en un minuto fuera del tiempo viendo el plumaje índigo de una golondrina en plena vereda.


Jugar a cumplir las absurdas reglas de una mancha, a repetir lo que Simón dice, al cigarrillo 43, a la escondida bancándose como una leidi que alguien pique para todos los compas y tener que volver a contar.


Nuna había vergüenza al jugar. Hablábamos un sonido chicloso que nos sonaba a inglés, imitábamos a la maestra, éramos por un rato la encarnación misma de Diana Prince o una actriz famosa llorando adelante del espejo, o la mamá de la nena de enfrente, o un perro feroz con correa de piolín. "Oye, te mataré si lo haces de nuevo!" gritábamos en dudoso castellano neutro en plena vereda. Y el mundo era nuestro.

Lo primero que se olvida al crecer. Jugar. La vereda, las rodillas con tierra, la bicicleta, las bombitas, la mancha, son encajetadas con el paso del tiempo en inútiles muletas de diseño como el TEG, las cartas o en el más osado de los casos, una playstation. Toda ortopedia barata que jamás reemplazará eficientemente la delicia de saltar al elástico, andar en patineta o hacer reír a las estatuas para que pierdan.







jueves, 27 de noviembre de 2008

La bruja que mira el magma

Semilla rara la de fin de año. Todo brota o todo explota. Los proyectos tambalean a manos de la velocidad de cierre de diario que matiza las cosas.
Ronda en el galpón. Alguien dice que tenemos que saber hacia dónde vamos. Me cuelgo de esa frase como de una hamaca. Nunca sabremos para dónde vamos, nos llevará el agua, o el viento. Yo misma no sé cómo es que llegué hasta acá, a tantas felices horas de música, de niños, de hija, de madre, de hermano, de amigas, de gente linda que aparece y aparece, de ciclos que se cierran y comienzan.
Hay que quererse mucho para perder juntos el tiempo como intentamos hacerlo. Hay que aprender a jugar el mismo juego de la generosidad y el disfrute porque sí.
Pienso que cuando somos chicos es más fácil andar en grupo, es placentero. La amistad surge fácilmente porque todavía somos ingenuos, que es una condición fundamental para el amor. Es más difícil ahora que ya tenemos más años, que ya bebimos el jugo de alguna traición.
Los miro. Miro sus gestos, lo que no dicen, lo que quisieran decir. Recorro el círculo buscando una respuesta.
Con algunos siento que lo logramos. La risa brota fácil y reiteradamente; otros ojos expectantes buscan un hueco por dónde entrar. A algunos les tengo fe.
Y mientras la charla sigue, entrecierro los ojos y me imagino las luces, la gente, la música, la risa, la felicidad.
A ver quiénes se animan a jugar a ser una banda de rocanrol..

martes, 18 de noviembre de 2008

Iyá Kereré en El Son de la Tierra 15.11.08

http://es.youtube. com/watch? v=3BEPLG2QZhU&feature=channel

Milagro

Los niños, por ser niños, tienen un olfato primitivo que los ayuda a detectar ciertos olores, como el del amor y el de alguna emoción profunda.

Ayer yo estaba un poco triste. No por una anécdota en particular, si no por esa imposibilidad mía de entender la maldad que me hace sentir siempre tan desconcertada. Estaba triste y en un campamento a cargo de sesenta y ocho peques de seis y siete años.

Como me pasa siempre que estoy triste, se me dió por limpiar, y me pasé la mayor parte del tiempo anidando en la cocina, preparando jugos, salsas y sanguchitos y lavando platos, ollas y jarras con frenesí.

Llegó la noche, el momento de dormir, un revuelo de enanos de cara sucia y manos de témpera, y yo salí gallina a lavarnos todos patas y dientes para ir a descansar. Abrazados ellos a sus osos, perros, patos, payasos y mínimas almohadas con dibujitos, uno por uno les fui rascando las espaldas mientras les cantaba Peixinhos do Mar y los peinaba porque extrañaban a sus mamás. Todos querían dormir cerquita mío, entonces mi bolsa estaba en el medio del quincho y ellos desparramados más cerca, más lejos, en sus bolsas de princesas, en sus frazadas, en sus lonas. Cuando por fin se durmieron y los maestros nos repartimos en durmientes y vigilantes, embolsada en el piso, apoyé la cabeza en mi brazo; cinco manos diminutas, las sentí venir, se me posaron como mariposas. Y no pude menos que llorar y sonreír. Ellos habían sabido acompañar todo el día mi pena sin decirme una palabra, sin reclamarme nada, y ahora me susurraban algo como un pedido, una pequeña esperanza, no estés triste. Y cómo seguir triste si sé que, de alguna manera, yo colaboro para que sean felices..

domingo, 16 de noviembre de 2008

El corazón es un músculo elástico.

Nunca hay que dejarlo afuera de lo que se hace. Hay que ejercitarlo. Un corazón sin elongar se rasga en el paso en falso, se desgarra, puede llegar a reclamar la muleta del marcapasos.
Hay que sacarlo a galopar cada vez que se pueda. Las torceduras y los esguinces le van templando el carácter y lo vuelven más flexible.
Si le agarra el reuma del miedo, estamos al horno. Para evitarlo tiene que arriesgarse.
Yo tengo una marca nueva de dolor en los ojos. Y éso hace que mi mirada sea un poco más profunda. Pero mi corazón sigue entero. Y no es de plástico.





sábado, 15 de noviembre de 2008

Correspondencia anaranjada




Viernes 14 de noviembre, 11:42 am
de: garombolforte
para:Nati Lafón
asunto: yo soy feliz...

"El hombre corriente se preocupa demasiado por querer a otros o por ser querido por los demas. Un guerrero ama; eso es todo. Ama lo que se le antoja o a quien se le antoja, sin mas, porque si. "

Don Juan; ( Una Realidad Aparte)


de: Nati Lafón
para: garombolforte
asunto: yo también soy feliz

"Hubo días en los que me levanté y todo tomo una rutina carcelaria, solo por costumbre, la nada misma, encerrada en mi, siguiendo el curso de las horas.
Pero un día desperté de un sueño, una pesadilla que me dejó un sabor amargo en la garganta y en mi pecho un agujero.
Al levantarme de mi cama, intenté comenzar mi rutina con ansiedad, solo por costumbre, y algo en mi no me dejo hacerlo.
Derramé lagrimas, lloré la muerte en todas sus formas, saqué y saqué todo lo oscuro de mi hasta sentirme inmortal, me ví viva, mujer, con luz, grande, amada...
Otra puerta se abrió, tenía un cartel que decía..."La paciencia es el poder del guerrero". Don Juan.
Un camino nuevo apareció ante mis ojos, ya sin ansiedad, sin angustia, comencé a recorrerlo, y como una hazaña del destino, con la energía hermosa que va vibrando a mi alrededor de gente bella que me acompaña, hoy encuentro este cartel...
"El hombre corriente se preocupa demasiado por querer a otros o por ser querido por los demás. Un guerrero ama; eso es todo. Ama lo que se le antoja o a quien se le antoja, sin mas, porque si". Don Juan."
Te Amo amiga!"

Me fui de casa a tocar rocanrol..(parte siete)

En este momento, en una de sus partes, mi vida está atravesada por una drástica frontera que cruzo permanentemente cada sábado y cada martes a la tarde.

Después de cargarme el sábado con la energía de las 30 mujeres candomberas en la ribera de La Boca, con el maravilloso andar de tantas polleras que forman una manta sutil, que arrastran algo en la gente que les hace parar los autos para ver, soy cada martes la única que porta tetas en el ensayo de la banda. (Gente de chiste fácil, haga el favor de abstenerse en el sector comentarios.)


Noelia se hizo humo. Levó pandeiro y me dejó como una Mimí Maura solitaria, sin nadie con quién charlar acerca de los dolores menstruales.


Y entonces me pasa que al rato de estar ahí, rodeada de ésos seres que pueden ponerse impúnemente en cueros para soportar el clima de microondas que yo tolero con estoicismo mientras me deshidrato lentamente, siento lo mismo que cuando me cuelo en el picadito de los varones en el patio de la escuela. Una sensación de vereda a la tarde en octubre, de rodillas raspadas y moños en la cabeza, de ése respeto en sus masculinos ojos cuando en segundo grado salvé a Manuel Gómez de la penitencia, de mi papá mirándome arrobado, de jugar a ver quién escupe más lejos, de trepar al gomero de la puerta, de mi amigo Javi llorando por ella en mi falda, de mi desconcierto cuando se perdían mi carambola de pool en el bar de Lacroze por estar todos mirando un culo en otra mesa, de lo cálidos que se ven cuando los hago reír riéndome de ellos cruelmente.


viernes, 14 de noviembre de 2008

Plegaria



Que cada vez que nos encontremos sea realmente un encuentro.


Que siempre quede un espacio de tener ganas de verte. De verme.


Que te haga feliz verme feliz y a mí lo mismo.


Que decir tu nombre siempre sea dulce en mi boca.


Que un beso nuestro siempre sea un buen beso.


Que nunca se apague el deseo urgente de completarnos.


Que la puerta de tu casa siempre esté para mí abierta.


Que sea un ritual el acto de esperarnos.


Que siempre escuchemos en el corazón las cosas que las bocas no dicen.Y que nunca viceversa.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Angelito




La Chilinga tiene esa forma de castigarme o llevarme al cielo que hace que sea un lugar imposible de dejar. Hace dos años, cuando estrenábamos el galpón de Saavedra, en una de las tantas fusiones de blocos que tejen esas redes invisibles que nos convierten en tribu, conocí a Angelito.


Su edad es incierta y difícil de descifrar, imposible de representar en un simple y cuadrado numerito. Tiene los ojos de alguien que camina desde hace mucho, un observador de las esencias. Es delicado, pero no da miedo romperlo. También tiene su mirada una fuerza que intuyo arrolladora cuando defiende lo que quiere. Ángel se conmueve y nos conmueve, porque destila tanto amor que se nos mete siempre en el cariño.


Ángel me escribe y me reprocha riendo que soy una yegua y no le escribo.


Y lo más maravilloso de él es que tiene razón, me hacer reír, y me trae unas ganas de jugar que me hacen volver, por un rato, a ser una nena.


Angelito querido: los ensayos de los lunes no serían lo mismo sin tu alma buena.


(..con qué clase te estoy haciendo sana- sana.)

viernes, 7 de noviembre de 2008

De lo mal que nos hizo la televisión a los niños de la década del 70





Yo quería ser la mujer maravilla.
Daba vueltas hasta sentir náuseas esperando que me cayera un rayo del cielo y me crecieran dos tetas metalizadas y un bombachón lleno de estrellas. Practicaba cómo detener las balas con mis brazaletes, ataba al perro con la soga de la ropa y le gritaba “no podrás escapar a mi lazo mágico, confesarás”, y vivía enamorada del uniforme del capitán Steve a quien rescataba permanentemente de los malos.
Crecí.
Trabajé siempre ocho horas afuera, logro alimentar a mi hija con lo que encuentro en las alacenas aunque haga una semana que no tengo un hueco para ir al chino, nunca duermo más de seis horas, soporto la tortura en la camilla de pilates para seguir pareciendo joven, crío a una preadolescente, ando en bicicleta y llego impecable a laburar a pesar de las puteadas, los bocinazos y la reverenda maldad de los choferes de bondis que me atacan con sus monstruos de ocho ruedas, detengo (con mis brazaletes) los sutiles comentarios sobre mi persona, enlazo a mi hija con mi mirada de “decime la verdad porque la voy a descubrir igual”, los fines de semana soy el alma de las fiestas, cumplo con todos los ensayos de la semana sin perder la energía y siempre estuve en la vida con hombres a los que tuve que proteger, rescatar e incluso mantener.
Finalmente logré ser la mujer maravilla.

Pataleo

Esta semana empecé con las horas extras.

A mi ya por demás sandungueada jornada de nueve horas tuve que agregar dos horitas diarias para poder parar la olla y ver si alguna vez logro que quede un peso dentro de esa maldita cuenta del banco a la que voy arrancándole de a poco, de a uno, los billetitos violetas que cada vez me duran menos.

Es decir: mi cerebro queda hecho polvo, mi cuerpo fatigado, mi humor caldeado como el clima, mi voluntad en cero. Finalmente pago un alquiler que se lleva más de la mitad de lo que gano legalmente sólo para llegar y arrojarme de nariz en el colchón.

¿Podremos en éste país alguna vez, nosotros, la prensada clase media, llevar una vida que no sea la de un burro de carga para estar siempre tapando agujeros económicos? ¿existirá una vida en la que pueda comprarme un vestido sin sentir culpa ni tener que bajar la calidad del shampú? ¿alguna vez ganaremos el equivalente a lo que entregamos en sacrificio?

¿Puedo yo cuestionar a las mamás de mis niños por no tener tiempo de sentarse a estimularles la lectura cuando, al igual que ellas, vuelvo a mi casa convertida en un bulto de carne vapuleado..?

Say no more.

martes, 4 de noviembre de 2008

Me fui de casa a tocar rocanrol..(parte seis): "si le duele a ella, nos duele a todos."

Estoy cimentando la firme convicción de que a la energía de nuestros ensayos la gobierna mi ciclo menstrual.


Sépanlo.


Grabemos ése bendito demo el martes que viene.


Nada más.

jueves, 30 de octubre de 2008

AVISO IMPORTANTE:
Estoy por demás verborrágica. Sépan disculpar. Es la onda encantada de la estrella amarilla..

Pieza faltante

Él no tenía sentido del humor.

Yo debería haberlo notado cuando no se rió de aquél chiste sobre el lavarropas, pero lo dejé pasar.

Me salió caro.

Hay cosas que uno perdona en el otro que no debería justificar. Generalmente ésos pequeños detalles son los que crecen como tumores en la relación. Y la echan a perder.

Yo creía que no había vida sin él. Y fue con él cuando no hubo vida. Casi me dejó vacía.

Y ahora que de nuevo, de a poco, otra vez me llené de todo y de más, lo que no le perdono es que no logro encontrar la confianza por ningún lado.

Será que éso es lo único que alguien me tiene que devolver..

Perfume


Recuerdo la primera vez que olí a mi hija. Fue un olor muy familiar que inundó mi casa y mi vida durante un tiempo de meses.

Olor a piel, a carne, a algo mío que trascendía la máscara del jabón y el gel perfumadito del pañal. Un perfume que me obligaba a apoyar muchas veces mi nariz en su panza, sus manos, su frentecita.

Alguien debería envasar esa esencia para las veces en que el dolor se vuelve insoportable.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Me fui de casa a tocar rocanrol..(parte cinco)

Horror latino.
Todo el mundo en cualquiera. Una energía rara, medio picante. Algo no conectaba. Me rodearon de parlantes, me escondieron en guitarras, todo me causaba gracia con semejante vibración en el cuerpo, pero nada. Como cuando perdemos los partidos del mundial arañando las copas.


¿Será que a todos nos deprimió el tema que los Cadillacs reversionaron en cumbia villera...?

martes, 28 de octubre de 2008

Leer con atención antes de comprar

Soy un cuaderno nuevo, una frazada de polar, un fanal con una vela encendida, un vino, un sugus confitado de ananá, un viento en el pinar de villa gesell, un beso en la frente, un beso en la espalda, una cama un domingo a la tarde, un recuerdo cálido, una nena que espera salir de paseo, una selva amazónica, una montaña de corazón líquido, un cielo celeste, una pregunta, una bocona, una yegua, una madre, un pañuelo, una chispa de luz, un universo que no termino nunca de explorar.

Guarda...

miércoles, 22 de octubre de 2008

Anochecer de un día agitado



Hoy tengo muchas cosas en la cabeza y nadie con quién charlar. Mejor así. Domino mejor ésta forma de conversar, menos impetuosa que tenerme enfrente sin parar un minuto de mover las manos y revolear los ojos mientras hablo.


Estoy pensando desde hace un rato en alguien a quien quiero ver pero no voy a hacerlo. Y pienso que no voy a hacerlo porque aprendí desde mi propio deseo que no se desea lo que se tiene. Se desea lo que no. Empiezo a comprender esta pequeñamente morbosa relación de los seres humanos y el dolor. Eso que pica.


Pienso que alguna vez esa relación con el dolor tiene que terminar. Y dar lugar al increíble placer de decir exactamente lo que se siente, ése segundo en que la boca y el corazón se conectan y uno dice nada más que la verdad. El instante mágico en el que el suicida, sorpresivamente, remonta vuelo.


Pero a la gente no hay que matarla de un síncope. Entonces, juego.


Pero el ancho de espadas lo tengo yo.

martes, 21 de octubre de 2008

Me fui de casa a tocar rocanrol (parte cuatro)

Llovía como la ostia, se caía el cielo literalmente esta mañana. El recuerdo del paupérrimo ensayo de la semana pasada me hizo flaquear y llamé a Dani para confirmar si había banda a pesar del temporal."¿Y por qué no iba a haber?" me contestó socarrón. Qué distinta es la realidad del que tiene auto..

No hay nada que me guste tanto como empaparme en una lluvia de día de calor. Me subí a la bici y me fui por Florida hasta la estación.
El galpón era la inundación misma. Mientras pasaban los secadores peinando agua hasta las rejillas, Pol ya tenía el sonido armado y andaba dale que dale con la guitarrita. Seba jugaba con tres surdos y todo el tiempo sonaba un samboncito de fondo, de esos chilingosos, mientras cada uno entraba en su frecuencia.
Fui por el mate. Ya estaba listo. Buena señal.

Y estaban las letras, y afuera llovía, y empezamos con algo, y el reggae, y la bossa, y el mate y Raulo y Pol que me cambia las letras, y "vámonos ahora antes de que decaiga!!", y aparecen las voces, la risa, la risa. Y se armó. Algo se armó. Eso que no es fácil, eso que si no sale, no saldrá nunca.
Desalojamos con la sensación de tener la panza llena.
Afuera el cielo iba asomando celeste.
Yo seguí cantando todo mi viaje de vuelta en tren.