jueves, 29 de enero de 2009

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de Candombe Uruguay 2009. (parte 1)

Cuando Dani me invitó en septiembre a formar parte del contingente candombero para las llamadas 2009 y habló con tanto entusiasmo y halagos, supe que me estaba subiendo en la nave de los locos. Contuve el aliento y pensé "no me lo puedo perder."
Cualquier empresa que uno emprenda en La Chilinga termina enredándose, complicándose, y cuando parece que se cae, remonta vuelo y nos deja boquiabiertos y maravillados.
Estamos en el primer tramo..

Locura nº1:
Arribo a terminal de ómnibus Retiro proveniente de Córdoba sábado 3 de enero, 8.00 AM, en micro con aire acondicionado medio descompuesto. Ensayo en comparsa mismo sábado en Martín Coronado, 20.00 hs. Llevé mi tambor.

Ya empezamos nº 1:
Mismo ensayo mencionado anteriormente. Rajé la lonja de mi tambor.

Ya empezamos nº 2:
Ensayo sábado siguiente. Confiada en la palabra del Chino, que iba a reparar mi lonja para éste ensayo, llego sobre la hora y sin repuesto. Tambor no vino. Chino tampoco. Lo que queda para tocar es un placard de cuatro ambientes. Me corto un dedo con el cuero. Dani me caga a pedos un promedio de dos veces y media por cuadra. Me empaco. Me quemo la mano. A la vuelta lo cago a pedos yo una vez a él. Sin razón, por supuesto.

Locura nº 2:
No vimos el hotel, unos van en auto antes, otros en barco después, otros van desde Brasil, unos paran en casas, los demás en un lugar que bien puede ser una casa de retiro espiritual, un hotel escuela o un club de barrio que cede el gimnasio. La mitad ahora está en Gessell, otros en el sur, algunas por acá. No sabemos cuánto sale nada ni quién lleva la plata.
El bombachón lo tenemos todos.

Ya empezamos nº3:
Dani quiere que lo llevemos puesto para ensayar en el andén de Coronado éste sábado a las 20.00 PM.

(continuará)

miércoles, 28 de enero de 2009

Aieiéu, Odó, Epahei...

Voy a cruzar el río. Siempre cruzo los ríos. Creo que sufro de complejo de tierra prometida, entonces parto siempre alegre porque conoceré otro puerto. Literal y metafóricamente.

Voy a cruzar el Río de la Plata. Voy a tocar candombe en la otra orilla. Como si hubiera llenado ya todo de candombe por acá, Buenos Aires me empujó a Montevideo. Allá voy con mi tambor, que nos queremos tanto..

Voy a calzarme un disfraz de rumbera recatada, que es ése espantérrimo traje candomberil con sombrero de paja que hace que una parezca un velador de la casa de la Coca Sarli, anulando definitivamente toda mínima posibilidad de romance carnavalero, salvo que uno realmente se cruce con el amor de su vida. Sólo imaginarme me hace soltar la carcajada y pienso "claro, claro que voy". Si es que nada me hace más feliz que estar jugando por la calle con más gente, la música sonando de mí, mi mano volando sobre el tambor y haber logrado sentir la pasión que ellos sienten cuando ven un mundial de fútbol, tocan en una banda o juegan un picado una vez por semana.
Pero yo soy mujer.

Yo cruzo el río para mucho más.




viernes, 23 de enero de 2009

Meditación a pedido de amiga con principio de embolamiento laboral.

En la vida de cada uno hay algo que se puede volver una puerta por donde la esencia sale y se muestra. Algo, una cosa.


Tirar con arco y flecha, pintar en lienzo, bailar, hacer papiroflexia...


Cuando el cuerpo, la mente, la mano, el arco, la flecha y el horizonte se vuelven una misma cosa.


Cuando los colores cambian y vuelan desde el corazón al pincel y a los ojos.


Cuando los pies no tocan el suelo y van al compás del alma de ésa música.



A mí me pasa con el candombe o cuando canto en FA.


Tardo un rato en entrar por el sonido. Se va acomodando mi cuerpo a la energía que los demás emanan o reclaman. Me empieza a gustar lo que suena y es en ése preciso momento en donde ya no importa si mi mano sube o baja, ni el temor por si mi voz saldrá clara, porque es una corriente que va sola como un coletazo que da el fin y el comienzo de una danza que me sube por los pies, pasa por la cadera y vuelve a empezar. Es ahí cuando de golpe soy yo misma.


Uno debería enseñarle a los hijos a descubrir en ellos cuál es ésa puerta. Y la mejor manera entonces es primero buscarla en uno. Y encontrarla.


En éso ando.

sábado, 17 de enero de 2009

Corto: "Homenaje al mes de noviembre de 2005"

Él armaba una valija en el dormitorio, con mano firme y urgencia poco disimulada. Ella miraba desde la silla en el comedor incapaz de levantarse para detenerlo. Tantas veces temió ésa imágen que no podía todavía entender que verdaderamente estuviera sucediendo. En el último tiempo quizás su capacidad de sacrificio se había desgastado y ya no tenía recursos para seguir piloteando el velero en el medio de tantas tormentas (al final siempre es una sucesión en cascada de momentos infortunados), y en un arranque de coraje él estaba cumpliendo la eterna promesa de abandonarla.

Escuchó cómo se partía su corazón por adentro, el retumbar de cracks llegando desde el pecho hasta el cerebro. Y el silencio. Silencio.


En el medio de la nada misma en la que se encontraba su pensamiento, cuando iba a sumergirse otra vez en el dolor, un gesto o una palabra que él dijo la hicieron detenerse. Se observó paralizada y gris sentada en la penumbra del comedor. Y no le gustó.


Y tampoco le gustó verse sombra inmerecida de un inexistente talento.


Ni sentirse amenazada por la vejez.


Ni le gustó el silencio incómodo de los domingos mientras de fondo sonaba un relato de fútbol.


No le gustó su ropa de color marrón.


Tampoco las caras de asco al juzgar sus comidas.


No le gustó lavar, ni planchar, ni ir al chino a comprar pollo, ni esperar sentada mirando el reloj.


Él salió de la habitación y apoyó en el suelo la valija. La miró desde su metro setenta y pico y con cara de justo le dijo: "Si estás dispuesta, podemos darnos una oportunidad más."


Como un fogonazo, lo vio como si nunca antes lo hubiera visto. Con algo de dolor movió su cuerpo entumecido por tanto llanto convulsivo, se acodó en la mesa y encorvando el cuerpo hacia adelante, respondió:


"Ni en pedo, Roberto. Ni en pedo."

martes, 13 de enero de 2009

A ver si nos vamos entendiendo...

No se puede tener un pié en cada palangana, estar en más de un lugar al mismo tiempo, andar bien con el cielo y el infierno.

Hay que elegir.

No es verdad que hay solamente dos caminos, son infinitos, pero no se puede ir por el medio.

No se puede nadar sin mojar la ropa, no se puede tomar sin abrir la boca, no se puede al mismo tiempo comer y llorar.

Y entonces recién cuando se toma la decisión, alguna, una, ahí es cuando las cosas empiezan a tener sentido y ésta vida pasa a ser algo más que perder el tiempo entre nacer y morir. Cuando saco un pasaje y me voy, cuando digo "hasta acá llegó mi amor", cuando me empiqueto y no pago la cuenta del teléfono, cuando echo de mi casa al televisor, cuando lo que pienso es lo que sale por mi boca, cuando agarro un micrófono o un tambor, cuando algo te indique claramente que soy yo.

¿Capisce?

Declaración.


Odio el dolor.


Nada me espanta tanto como sentir en el cuerpo el pellizco infalible del miedo entrando por la boca del estómago, el miedo a lo único que puede doblegarme.


Lo odio en todas sus formas. Cuando taladra el cuerpo con persistencia feroz o de una puñalada, cuando se mete en el alma y la desangra mientras nos derrumbamos impotentes.


Odio el dolor.


El dolor huele a flores de velatorio, a micros que echan humo partiendo para siempre, al perfume irrecuperable de una piel que a veces se suelta de una remera olvidada, a transpiración y merthiolate, a ramito de jazmines de fines de noviembre, a estación de tren.


Así como el amor reencarna en nostalgia, la pena es el moho de las cosas por las que ha pasado el dolor.


Odio el dolor.

miércoles, 7 de enero de 2009

[sin asunto]

El alquimista le dijo:

- Todos los caminos son tu camino. Donde sea que está tu corazón. Ella y yo te escribimos una canción para que vos la cantes. Una canción de amor.

Ella va por ahí cantando todas las que sabe, y cada vez canta más cerca. Más cerca del amor.

lunes, 5 de enero de 2009

Parada en el peñasco


Todo el tiempo me guía una sensación.
Todos los poros de mi piel van girando para apuntar a un norte que aún no conozco, pero presiento.
Cada paso que voy dando sé que tiene un destino que intuyo luminoso, pero no sé a dónde voy.
Y algo de todo eso, o todo, tiene que ver con el amor.
Y ya no sé distinguir si amo todo lo que hago o hago todo lo que amo, pero da lo mismo.
Perdí el miedo de perder, porque siempre gano. El camino se me llenó de música y de amigos y éso es lo que emano, mi perfume. Ya ni las traiciones duelen tan feo, porque a pesar de ellas quién me quita lo bailado.
Y así como estoy, salto.
Sé quién está por ahí esperándome.


domingo, 4 de enero de 2009

La cocinera del Quilpo

Llegó un 24 de diciembre. Fue como Mary Poppins acudiendo en ayuda de su amiga la que siempre baila entre la desesperación y la comicidad.
El lugar y ella no se entendieron de entrada. La carpa demasiado barata resultó un chasco al que se le rompieron la mitad de las cosas al armarla. Tan finita era que se veían las estrellas a través de sus paredes. La primera noche el sonido del río parecieron voces murmurantes y la tuvieron alerta. Fue cuando se metió a la mañana en el agua que se sintió por fin abrazada.
Todo el día su amiga Pocha entraba y salía de todas partes con los ojos azules de desesperación que a ella le hacían saltar la risa. Y las dos rieron muchas veces todo un día.

-¿Me das una mano?- dijo su amiga sin ladear la cabeza, que es lo que siempre hace cuando habla de verdad.

Amaneció con la noticia de que Pocha tenía fiebre. - Su amiga está para atrás..- le dijo el Chicharra. Y el día empezó con ella a cargo de la cocina y de dos recién llegados al equipo de trabajo, dos gnomos de veinte años y de corazón luminoso. Fede y el Pola. A las dos horas la cocina era una fiesta.

De tanto cantarle a Oxúm dando vueltas entre las ollas, encontró harinas y se puso a amasar pan. Sola mientras los otros dos buscaban leña, atendían gente, limpiaban mesas, mirando el espectáculo del río en la ventana, empezó a cantar todas las canciones que sabía para homenajearlo. Cuando Pocha volvió fresca esa noche, se armó el ritual. Y cada día, todo el día, entre un salteado de vegetales y agua para mates, una cantaba en la cocina y la otra en la barra haciendo esos armónicos que suenan a felicidad. Y palmeaba las espaldas de los chicos cada vez que hacían algo bueno y todo era jugar. Jugar a ser la cocinera del Quilpo.

Todos sabían que ella se iba el primer día del año nuevo. Solamente ocho días. Otros más fueron apareciendo, por supuesto también chilingos allá arriba, y se armó una familia. La noche de año nuevo, todos bañados y lindos después de haber armado la que sería la propia fiesta, ella no se sentó a comer y se fue sola a ver el horno de leña encendido en la oscuridad. Miró las estrellas, pensó. La vida gira en un instante, un microsegundo, y uno puede, si pierde por fin el miedo y se suelta, entrar por una puerta mágica a una realidad aparte.

Y ésa noche hubo fiesta en el Quilpo, tambores y cajones, canciones de amor, de pena, de ranchitos borrachos, de peces y de guerras, del placer de saber que todos vivían una noche de corazón abierto.

Se levantó al día siguiente, se sentó en las mesas y desde ahí miró trabajar al cocinero nuevo, un pequeño niño malherido que seguramente Pocha asesinará antes del final del mes de enero. Se pintó las uñas. Fede se asomó por la ventana a saludarla. Se abrazó con Pocha, se rieron mientras lloraban sin poder creer lo que habían hecho en esos días, fue parando en la camioneta para dar abrazos candomberos y después de darle el último al cacique Chicharra, se esfumó en la plaza de San Marcos Sierras.

Como Mary Poppins, pero candombera.








lunes, 22 de diciembre de 2008

Onomástico


Cumplir un año. Darle una vuelta entera al calendario y volver al punto de partida.

Yo solía regalar para los cumpleaños un poema de Benedetti. Onomástico.


Hoy tu tiempo es real/nadie lo inventa/

y aunque otros olviden tus festejos/

las noches sin amor quedaron lejos/

y lejos el pesar que desalienta


Tu edad de otras edades se alimenta/

no importa lo que digan los espejos/

tus ojos todavía no están viejos/

y miran/sin mirar/más de la cuenta


tu esperanza ya sabe su tamaño/

y por eso no habrá quién la destruya/

ya no te sentirás sólo ni extraño


vida tuya tendrás/ y muerte tuya/

ha pasado otro año/ y otro año/

le has ganado a tus sombras/

aleluya.


Anoche yo quería ser el sol. Quería que todos ahí brilláramos como soles. Y otra vez fue jugando como nos fuimos encendiendo, una manga de crotos arremangados y en chancletas haciendo música de contentos. Sí fuimos soles. Nos dimos lujos tan imperdonables como mirarnos todos a los ojos y estar sonriendo.

Estoy cumpliendo año en éste mismo momento. En éste día en que nace el verano y mi futuro es gloriosamente incierto, tan incierto como el amor y como el cielo.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Poema con declaración

Qué clase de mujer anaranjada
que enrojece cuando toca
o canta
baja santo y se obnubila
con un placer extraño de romperse en mil astillas
y encenderse
enamorada de ella y de todos
se sana sana
y enciende chispas.
Porque el amor es tan contagioso como el miedo
pero es mejor.


Yo no sé si ésta costumbre mía de mirar al mundo con tanta fe es lo correcto o no... pero qué bien se siente.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Conversación telefónica con mi amiga NN el miércoles a la noche practicando alpedismo.

NN: -..estoy sin internet.

Yo:- ¡Dejáte de joder de una vez y pagá ese maldito cable!


NN:- No, si me hicieron un quilombo.. hace un mes que no tengo servicio y me lo facturaron.


Yo:- Llamá..


NN:- Ya estoy podrida de pelearme.


Yo:- No te pelées.


NN:- ¿Y cómo hago?


Yo:- A mí me hicieron un quilombo en la facturación desde el principio. Cinco meses me tuvieron. Me hice amiga por teléfono de todos los pibes, les dí pena, "yo ya sé que cobrás dos mangos y no tenés nada que ver, pero yo estoy sufriendo" les decía. No solamente me devolvieron la promoción, además me dejaron la cuenta en cero. Y después llamé para felicitarlos. Pobres pibes, tienen un laburo de mierda..


NN:- Noooo, a mí no me saale, yo no puedo, yo...


Yo:- Sí, sí, negra, ya sé que estás sola, deprimida y además tenés hemorroides, pero sentáte en un almohadón de ése con agujero en el medio y llamá, vas a ver que vas a estar más relajada. La vida no es según el cristal donde se mira sino el almohadón donde te sentás a mirar. ¡¡¡Pero mirá las frases célebres que estoy soltando y no tengo ni una birome que funcione para anotar!!! Juaaaaaaaaaaaaaaaaaa


NN:- ¡¡Lo llegás a poner en el blog y te mato!!


Fin.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Me fui de casa a tocar rocanrol..(parte nueve):"Un ensayo bizarro"

Hay días en que todo me resulta increíble. Me hablan los locos, la gente responde en voz alta mis preguntas mentales o todo parece funcionar al revés.

Hoy, al llegar al galpón, me encuentro ahí adentro con el mismísimo Fary, un gnomo, un duende malo, un loco talentoso que toca la gaita en el tren. Seba lo invitó a tocar una marcha escocesa con su bloque y quedó adoptado.


Fary anda con una valija de la que salen trompetas, armónicas, quenas, flautas celtas, gaitas y piernas de muñecos. Es un exú que no deja de mover las olas de la energía que lo rodea ni un minuto. Montó una mesa, un micrófono y todo el tiempo sonaban vientos entre las voces, las cuerdas, los tambores. Eran burbujas. El pibe que vino a arreglar las luces encendió los focos para probarlos se armó el juego y todo se trastocó.


Entonces la indisciplina corrió por cuenta de Dani que no dejó de masticar papasfritas y buscar que lo hiciera reír, las letras me las olvidaba yo, Noelia se reía, Javi me enseñó los golpes del timbal, Germán casi mata a Fary, Seba estaba como loco compenetrado en su campana y sus timbaletas, Raulo se enojó de repente, los temas salieron, y creo que Pol no pudo creer el haber vuelto a enredarse con nosotros, malditos chilingos, y las dementes y ampulosas empresas en las que nos embarcamos para divertirnos como chicos. Querido Pol, no podría haber banda sin tu talento y tu paciencia, que sé que no es infinita pero es elástica.


Y como un murgón desordenado huímos casi al unísono a seguir jugando a ser grandes ahí afuera del galpón.



..el cielo que se cae deshecho en agua.


Llorar.

Llorar por todo.

Por las ausencias, por las traiciones, por las demandas, por no tener un millón de brazos para tanta necesidad de caricias, por la tierra, por las lágrimas de mi hija, por el silencio de mi padre, por la crueldad, por los demás.
Llorar por la emoción que me provoca la música, por sentir cada día en algún momento la energía del amor atravesarme desde unos ojos pequeños, desde unos ojos adultos agradecidos, desde unos ojos.
Llorar por los errores, por los aciertos, por el tiempo perdido.

Llorar por los amores todos, los que no fueron, los que se fueron, los que dejé, los que no podrán ser, los que vienen, los de otros, los que se acaban, los que comienzan.

Llorar por la injusticia, por la impotencia, por la desigualdad, la lucha, las soledades, por las tristezas, por la falta de oídos y de palabras, por los rencores, por la infancia perdida.

Quedar vacía.

Y de a poco, otra vez, volver a creer.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Me fui de casa a tocar rocanrol..(parte ocho)"Todos detrás del gran Peter Pan en la tierra del Noparamosmasnunca."

Sábado 13 de diciembre. Fecha doble. Primer round, costanera sur, anfiteatro, precediendo el show de Spinetta. Segunda situación, doce de la noche, galpón de Saavedra. Muestra.

Cuatro y media de la tarde, encaramada en unas sandalias demasiado altas, el micro chilingo y yo avanzamos frente a frente hacia la misma parada. Arriba es un quilombo, por supuesto, y yo me trepo. Allí está la tribu de los niños perdidos.

Dani está sargentón y quisquilloso, lo que puede resultar muy mal o muy divertido. Noto rápidamente que no hay que contradecirlo. Cuando diez minutos antes de la prueba de sonido me presenta a dos cuates de Calle 13 y me pide que hagamos los coros en una zapada que se le acaba de ocurrir, decido que por el bien de la humanidad le daremos para adelante. Y que sea lo que dios quiera, como siempre es en nuestras fechas (malditos jipis...).

Primer tema, cambiado dos minutos antes de subir, nadie está muy seguro de lo que debe hacer, sale flojito. Segunda canción, zapada, se lucen los chicos y armamos un lindo coro, más gozadito. Tercer tema, Ilé Aié, sale, sale. Y con el Iansamba me baja santo y quedo como Grace Jones enjauladita entre los monitores del retorno. Lindo. Creo que es el que más nos gusta hacer, va subiendo en intensidad en cada vuelta, corre y explota. Final de show: cagada a pedos de Dani al Bloketón por micrófono en el último toque. Uh..

Queda una fecha más, cierre de la muestra en el galpón. Hay que reivindicarse. Vino Vero Batuqueira, se arma. Están los chicos de Calle 13, buena señal. Los grupos que muestran están bien armaditos, con canciones lindas, con cantantes. Intento un foco de insurrección tratando de convencer al bloque de que cuando el pelado tire llamada salgamos con otro toque y otra canción para darle una cucharada de su propia medicina, pero no logro más que desafíos a que yo lo haga. Cobardes .

Salimos con E d'Oxum, el iyesá con pandeiro, allá el bloque, acá en filita los cantadores, la gente sentada ahí cerca. Graciela que se asoma, Álvaro que nos saca fotos como en un acto de la escuela, Amadeo que ya pilotea nuestra desprolijidad con los micrófonos, ya me empiezo a prender fuego, cierro los ojos, muevo los hombros, miro a los tambores. Estamos cantando en casa. El ruso que me viene a dar un abrazo con la birome en la oreja y el repasador, agarra una campana y se mete en el fondo a tocar porque no se aguanta, y en el medio Tomi que lo mira, Dani que se ríe, y nosotras esperamos en el banco hasta que nos dejen entrar de nuevo a jugar. Y hasta parece ensayado que entro bajito cuando los tambores bajan, hay fuerza y hay climas. Y en el último Iansamba de la noche, como el maratonista que ve la cinta del final y pone toda la carne al asador, levanto el pañuelo del desafío, hago justicia, le hago un cambio de micrófonos a Seba y salto allá, a lado de la batuta del timbal, al medio de los tambores, a cantar como poseída mientras pienso que no puedo creer lo que estoy haciendo pero qué felicidad. Salto, bailo, los miro, me río, me agacho me doy vuelta. De éso me recargo y sigo, cicatrizo, sano.

Y me siento una Wendy volviendo en taxi a dormir a casa mientras ellos siguen rodeando las estrellas en el micro de vuelta a Coronado.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Crecer



Hoy egresaron de la primaria mis niños de sexto grado. Hoy mi nena, mi china, vistió gorrito negro americano junto a sus veintiún compañeros para egresar un poco de su infancia.


Uno por uno los ví subir precedidos por fieles descripciones de ellos que hicimos sus maestros. El galán, la que está llena de música, la enamoradiza, el karateka, el bohemio, el estrella de rock, la negociadora, el pacifista, la ecológica. Los ví proyectos de adolescentes, tan altos, tan hermosos. Lloré a moco tendido y ellos me miraban enternecidos como yo a ellos, y nos reíamos juntos de mí.


Todo el día estuvimos todos de fiesta, bailando en patas por los salones, por el pasillo, los chiquitos aplaudiendo, las maestras desfilando, todos comiendo porquerías y firmando remeras. A las cuatro y diez subieron ellos desde el patio corriendo por las escaleras, se pararon en mi puerta y Ramiro dijo: "¡Es la vuelta olímpica!¡Nuestro último recreo en la primaria!". Dieron una vuelta corriendo al pasillo y al pasar todos por mi vidriera me saludaron con las manos como hacen todos los días. Los ví lindos, los ví felices, los ví agradecidos, los ví llenos de amor. Ya vendrán el año próximo con sus cortes floggers, sus voces agravadas y sus miles de collares y pulseras a pedirme tecitos y abrazos, a buscar un poco de la infancia que irán perdiendo y que yo me quedo.


Tienen razón cuando me dicen que un día me voy a deshidratar. Todavía no puedo dejar de moquear.


martes, 9 de diciembre de 2008

Reflexión algo teñida de una leve indignación después de estar pensando un rato en algunas cosas.

Hay cosas que no se hacen. Definitivamente, sin discusión. Hay cosas que lastiman, que joden, que perturban y no son necesarias.

Hay que aprender a detectar en la gente ese gérmen, eso que puede crecer y convertir al que era tu mejor amigo en el tipo que te debe veinte lucas y no te atiende o al amor de tu vida en el que te dice en la puerta del civil "perdonáme, pero no puedo."

Hay códigos. A veces no es muy claro lo que sí, pero definitivamente tiene que respetarse lo que no. Para que una tribu funcione, ya sea la de tu banda de rocanrol o la de la puta oficina, hay códigos que se deben respetar.

A saber:

Comerse al novio de una amiga por más que esté increíble y sea además un caballero y sea bueno y sensible y te tire onda y jure que nadie se va a enterar, está mal.

Subirle el calefón llena de odio después de una discusión mientras el tipo se está bañando, aunque sea un acto total de justicia porque es un cuadrado con el que no podés razonar, está mal.

Histeriquearle al tipo que le gusta a tu amiga, que desde que se separó hace un año nunca había mirado a nadie, está mal.

Usarle la taza a González y dejarla el viernes a última hora sin lavar, sabiendo que seguramente el lunes tendrá flora y fauna y estará inutilizable, está mal.

Disfrutar porque a tu amiga no le entra la ropa y a vos sí, está mal.

Dejar tirada por ahí la masa que pediste de rodillas porque sos un ganso y te olvidaste las tuyas y sin masas no podés tocar y que alguien te prestó gentilmente confiando en tu promesa de cuidarla y no perderla, está mal.

Entongarte con un muchacho y no responder los mensajes de tus amigas por mes y medio no es tan grave y es hasta incluso comprensible y perdonable, pero está mal.

Ser el bobina que toma toda la noche del vaso de los demás y nunca paga un ferné, está mal.

Soplarle la mina a tu amigo y justificarte después diciendo que era una trola y te tiró los perros toda la noche y vos no podías quedar como un boludo, está mal.

Morfarte a una minita adelante de tu otra minita, aunque estés completamente borracho y no tengas con ninguna más compromiso que saludarlas cuando las ves, está mal.

Es decir, cualquier persona que entre en alguno de los ejemplos arriba mencionados, no es de fiar. Y nadie intente convencerme de lo contrario.

3º llamada de candombe en San Telmo, diciembre 6, 2008. Comparsa femenina Iyá Kereré

Una manada, una aldea, un conventillo. Somos comadres que cambiaron en tambor sus palanganas y se arriman a despertar al barrio de su siesta. Olemos distinto de las otras, y entre nosotras hay maravillosas diferencias que nos aúnan en un aroma mismo. Están las madres, las guerreras, las sutiles, las bellas, las hermosas, las esposas, las que aman, las novias, las madrinas. Hay Yemayás que acunan el candombe lidiando con Iansás que sacuden las olas.
Dueñas de los tambores, del latido y de la música. Reinas felices maravillando a la gente con su osadía de hacer lo que les da la gana, dejar a los chicos con la abuela, llamar a su mejor amiga y salir a partirse el cuerpo de goce tocando dos horas por la calle atiborrada.

Mujeres que se ríen, que abrazan y besan cuando saludan, que ponen el corazón todos los días en todo lo que tocan, que lloran y putean, que les duele lo mismo, que no entienden, y que en vez de sentarse a llorar sacan por las manos una alegría que hace difícil no dejarse llevar. Y las cosas entonces parecen menos terribles. Y hasta pueden convertirse en una carcajada al final del día en una mágica terraza de La Boca.

La gente no se aguanta mirarnos desde lejos porque algo emanamos cuando tocamos juntas. Nos rodean en la calle y andan formando parte de nosotras, saltando a desarmarse bailando cuando abrimos la ronda.
Después de tocar con ellas en cada llamada, quedo una semana entera como enamorada.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Conversaciones de un miércoles de madrugada.

Jugar. Hacer algo sabiendo que no es real, que no es útil, que no es lógico, pero hacerlo porque provoca esa alborotadamente gozosa sensación de aleteos en el estómago. Jugar a creer la fantasía, a inventar en la cabeza una realidad distinta

Jugar cuando no importa ganar o perder, porque lo importante es correr como loco con el sol en la cara atravesada por el ecuador de la sonrisa abierta y agitada. Jugar a tomar el té y ser otra distinta de la que soy, ser viento, ser aire. Andar en bicicleta con ojos de explorador, sorprenderme en un minuto fuera del tiempo viendo el plumaje índigo de una golondrina en plena vereda.


Jugar a cumplir las absurdas reglas de una mancha, a repetir lo que Simón dice, al cigarrillo 43, a la escondida bancándose como una leidi que alguien pique para todos los compas y tener que volver a contar.


Nuna había vergüenza al jugar. Hablábamos un sonido chicloso que nos sonaba a inglés, imitábamos a la maestra, éramos por un rato la encarnación misma de Diana Prince o una actriz famosa llorando adelante del espejo, o la mamá de la nena de enfrente, o un perro feroz con correa de piolín. "Oye, te mataré si lo haces de nuevo!" gritábamos en dudoso castellano neutro en plena vereda. Y el mundo era nuestro.

Lo primero que se olvida al crecer. Jugar. La vereda, las rodillas con tierra, la bicicleta, las bombitas, la mancha, son encajetadas con el paso del tiempo en inútiles muletas de diseño como el TEG, las cartas o en el más osado de los casos, una playstation. Toda ortopedia barata que jamás reemplazará eficientemente la delicia de saltar al elástico, andar en patineta o hacer reír a las estatuas para que pierdan.