miércoles, 29 de mayo de 2013

Esa musiquita




Dejando que el candombe me suceda en el cuerpo.







viernes, 17 de mayo de 2013

Denuncia

Me persigue la palabra amapola.

Vino desde Córdoba en la boca de un alma amiga que venía de vuelta a casa a curarse las penas y las sombras. La trajo en un nombre elegido para un angelito que la anda rondando, y en una dulcísima canción que me dejó totalmente pegada en el alma.
No creo haber dicho antes muchas veces la palabra amapola. Es una linda palabra, sonora. Se siente rara en mi boca, y me encanta decirla y probarla.
Canto 
y una amapola me lo dijo ayer
que te voy a ver
que te voy a ver...
          
Martes, entrevista con la terapeuta de uno de mis niños, conversación, planificación, charla y entonces escucho en el aire, saliendo de su boca sonriente, "..el centro es un desastre, yo lo tengo que padecer porque los martes estoy en el jardín Amapola.."

Miércoles, al pasar, en una conversación matinal cocineril con la Maestra Marisol, dando cuenta de una merienda distendida, al preguntar por el origen de la delicia con la que me convidaba, "Amapola" fue la respuesta.
De los mil nombres que podía tener un lugar de comidas, embocarle a la palabrita y que me resuene por vez tercera es al menos llamativo.

Jueves, cursando el seminario pedagógico, en pleno estudio del reino vegetal, el ejercicio era observar semillas y piedras, mezcladas y dispersas sobre una mesa. La mayoría de las semillas eran anónimas, sólo algunas habían sido clasificadas. Se nos enuncia entonces la lista de lo conocido "esta es una semilla de araucaria, esta de timbó, esta es una semilla de amapola..."

(continuará)


sábado, 4 de mayo de 2013

Música de locos

El domingo pasado, los tambores fuimos a manifestarnos al Borda, al leprosario de la sociedad moderna, a donde esos que son el resultado de nuestras fábricas de desamparo, de violencia y de ignorancia, andan deambulando en el laberinto de sus almas sin frenos, navegando solos, invisibles, por esa realidad confusa que supimos conseguir.
El gobernador de la ciudad y su afán inmobiliario le pasaron topadora al único edificio en donde realmente se ponía en práctica el arte de curar. Demolieron el taller artístico protegido.
Y como postre, la policía repartió palos y balas de goma a los médicos, a los pacientes, a todo aquél que intentara defender (con dolorosa desesperación) el espacio en donde la puerta al mundo estaba abierta para que los locos pudieran cruzarla.

Veo las imágenes y no comprendo bien cómo es que somos nosotros los sanos y ellos los enfermos.

El domingo, llego a los caminos sinuosos de la salud mental, pasando en silencio por el frente de lugares tétricamente oscuros, rejas y paredones, y cuando ya casi huelo la tristeza, al final de las curvas y portones de rejas, hay gente colorida, no demasiada pero la suficiente, y gratamente me voy reencontrando con esos que fui conociendo en esta ruta del candombe de mis días, mis hermanas Iyás, los chilingos, las bailarinas. Entre todos los tambores encuentro a los míos, los que suenan conmigo, los de mi tribu. Y entre medio deambulan ellos, los que habitan este espacio de manera permanente, los frágiles, los vulnerables, los ellos del nosotros. Ellos cargan con algo de lo que siento que nos libran.

Creo que vine a dejar de tenerle miedo a la locura.

Escucho los discursos, escucho claramente que no estamos aquí a favor de institucionalizar como tratamiento a los desórdenes psiquiátricos, sino que venimos a defender el espacio que funciona como puerta a la desmanicomialización , que la sociedad que queremos construir no tiene paredones y después.

Al rato de estar, se adelgaza tanto la línea que separa a unos de otros que ya es difícil saber quiénes son los locos.

Yo toco como loca, literalmente como loca, aullando de la alegría de defender lo que digo que defiendo, de salir de las palabras y pasar a la acción, de hacer lo que digo que hay que hacer, de concretar una forma en el mundo.
Yo canto como loca con un coro improvisado de mujeres que tenemos ganas de sembrar eso que las topadoras han derribado, para que sanemos, y lo hacemos bien para que se haga real; si el arte los cura, sembremos entonces en el mundo el arte, el hacer con amor, sólo por amor a la belleza, algo bello. Y en vez de tirarnos con esas piedras que tiene el camino, hagamos puentes en donde, desde todos los universos de las formas de ser posibles que hay en este mundo, podamos encontrarnos.

Enloquecida de tanto cantar, me puse a hacer lo que realmente se me estaba dando la gana, y con el tambor calzado en la cadera, emprendí la vuelta bailando, dejándome bailar por los tambores, nadando en el aire, con cada golpe de mano y palo sobre el parche. Bailé con los locos sintiendo cierto esto que hacemos, haciendo lo que hacía con con total voluntad. Para darles alegría me volví alegre, moviendo el cuerpo al compás del alma, sin más preocupación que la de la de andar bailando. Entre el mar de madera de los tambores abiertos, nadé por los ojos, las manos, los parches, las bocas, sobre eso cálido que ocurre cuando se tiene claro el por qué, la causa, el motivo que enciende la fe de defender lo que se defiende. Bailando pedí por la libertad de dejar de ser condenados, por el derecho a la dignidad de ser humano, por el amparo y la educación,  por dejar de matar y volver a sembrar, porque creo que la alegría es una buena manera de combatir esa mierda que hacemos subir hasta los techos en el mundo que estamos creando. Porque es hora de que alguien pare, de que cada uno pare, de ponerle freno a esa necesidad de hacernos daño.

Quién dijo que las batallas solo se pelean a sangre y espada.

Ellos quisieron demoler el arte, la puerta por donde se cruzaban la vida y la locura.
Y lo que hicieron fue abrir un boquete y desparramar su contenido como pintura de colores sobre los escombros y el asfalto.




domingo, 21 de abril de 2013

Hacia arriba en espiral (a dónde te irás volando por esos cielos...)

Un año es una vuelta completa por la vida, un ciclo entero, un principio y un fin que no termina, pero que puede cerrarse con un broche y un moño.
El pueblo judío espera un año entero para poner lápida a sus muertos, sabiendo que no es menos que ese tiempo lo que el alma llora las ausencias.

Yo lloré tu ausencia mi vida entera, pero nunca fue tan real como desde tu verdadera partida.

En estas 365 oportunidades de crecer que me trajo tu muerte, aprendí a doblar las esquinas sin esperar encontrarte, porque yo misma puse en la tierra tus cenizas, los restos de tu paso por el mundo, bajo un árbol de hojas rojas como el fuego, como la sangre, como tu fe.

Caminando el mundo en el que tu ausencia se volvió real, en alguno de estos 365 pasos dejé de ser tu hija abandonada y me volví mujer.

Sigo andando un camino que no sé a dónde lleva, pero siento por fin que lo ando con mis propios piés, y me alumbra la luz de tu amor que, ahora sé, siempre estuvo encendida.

El miedo es el cáncer más terrible de todos, porque te paraliza, y de eso quedé felizmente vacunada gracias a tu propia vida.

Y qué paradoja que, ahora que no puedo de verdad darte un abrazo porque no hay materia vital que te contenga, siento tu abrazo cada vez que ando bajo este cielo inmenso, llena de la fe que genéticamente me heredaste, rumbo, por fin, a los días de mi propia vida.



viernes, 19 de abril de 2013

(don de fluir)

..bailas como quien respira
con un antiguo don de fluir
bailas, y parece tan fácil 
como dejar el corazón latir...

Tan solo puede llenarse lo que se ha vaciado por completo, lo que ha hecho un espacio suficiente para lo nuevo.

Cuando me dejo habitar por el silencio las cosas me suceden, me ocurren, me atraviesan los poros como si yo fuera de agua clara, blanda de cuerpo, transparente y genuina.

Cuando respiro y toco, me pasa que el candombe me sale por las manos, viene desde algún lado a donde con los otros vamos, y lo dejo hacer lo que sabe sin pensarlo, así mis manos caen junto con las otras y sonamos.

Cuando respiro y oigo con todo el cuerpo, desde el suelo suben olas por mis piernas, y me vuelvo de agua, me dejo hacer por las olas de la música que suena, y el candombe me baila, me toma el cuerpo por asalto y sin oponer resistencia lo dejo andarme las caderas, y no soy otra que esa que ondula en el aire mientras la música me llena.



sábado, 13 de abril de 2013

Paisajes de la infancia (Hoy: combatiendo en tu dragón a mi dragón)

Que un hijo llegue al mundo a través de tu puerta es un viaje en el que ambos pueden perderse irremediablemente o elevarse juntos como pájaros. Que un niño llegue a tu vida significa que tendrás la dolorosa experiencia de recibir a un gran maestro, y esto nada tiene de hollywoodense pretensión de niños calvos que doblan cucharas con la mente y dicen grandes verdades universales. Es nada más y nada menos que un espejo inmenso en donde podes volver a mirarte. Y verte.

La infancia nos es un territorio ajeno al crecer, desestimado a veces en cuanto a sus derechos humanos, incluso por los propios padres.
El abuso de poder del adulto toma formas invisibles en el paisaje de la infancia. Un niño no tiene el dominio suficiente del idioma como para poner en palabras lo que está sintiendo y defenderse ante aquellas decisiones parentales que los aplastan, les quitan el derecho de transitar y aprender.
Aprendemos a ser padres siendo hijos, víctimas a nuestra vez de esa misma educación.
Entonces, cuando padres, invisiblemente, incomprensiblemente, nos volvemos victimarios.

No hace falta mandar a un niño a una sicoterapia para comprender lo que navega por su alma. Basta con poder pararse en sus zapatos, que alguna vez fueron los nuestros, y recordar. Sin juicios, sin estimaciones, sin tecnicismos. Recordar la confusión de no ser escuchado, no ser realmente consultado, de no comprender las emociones cruzadas por la incoherencia adulta entre hechos y palabras, el grito ante el error, el castigo, el miedo a la infancia por ser un territorio con tantos dragones, tantos monstruos nocturnos.

Son la una y media  y uno de mis peques está sentadito solo en el pasillo de la escuela. Su mamá viene atravesando una etapa muy difícil, muy oscura, en su biografía, viene haciéndose daño. Ahora no atiende el teléfono, y debo ponerme firme con su papá, que se ve desbordado con la situación y no puede trascender el enojo y no quiere venir a buscarlo.
Cuando mamá finalmente llama y avisa, respiramos hondo (también porque ahora sabemos que está bien, que no le pasó nada aún) y entonces veo al niño y su gesto de parálisis porque otra vez está atravesando lo mismo. Los que se supone deberían ampararlo y protegerlo están haciendo exactamente lo contrario, él está asustado, solo, a cargo de sí mismo, grabando en su corazón rencores, ausencias, abandonos.
Pienso en mi, en lo confuso que era recibir de boca de mis padres palabras espantosas que se dedicaban una al otro desde su odio más profundo, sentir en mi cara el peso de los juicios que se hacían uno y otro, el vacío de sentir que las manos que debían acompañarme estaban ocupadas dándose golpes entre ellas. La soledad de tener que atravesar esos sustos sin poder ir de la mano de nadie, entonces esos sustos se siembran el el corazón y se vuelven miedos.
"¿Vamos a comer? ¡yo tengo hambre! ¿venís a comer conmigo?" le digo sacando de la galera a Mary Poppins. Y le ofrezco mi mano. Y me la da, y todo él, desde sus ojos húmedos, la boca que se aprieta, el susto de estar solo, se viene a mí y se envuelve, se enrosca, se guarece, y yo me derrumbo con él, sentada en el escalón del pasillo, mirando hacia la puerta de calle, llorando sin ruido él, llorándome toda la infancia encima por adentro, yo.
Entonces le canto. Canto una canción cualquiera, una que a mí me haga bien. Y lo acuno un rato. Y Josué que pasaba, nos mira, nos ve, se queda y conmigo, bajito, canta.
"Dale, vamos a comer" vuelvo a decir ahora que lo más amargo parece haber pasado.
Encontramos unos canelones, y mientras los caliento le digo "igual, esto no es nada al lado de las pizzas de tu mamá. Yo nunca en la vida probé una pizza ni unos panqueques tan ricos como los que hace ella". Aparece una luz, un gesto de su cara que me dice que vamos bien.
"Tu mamá tiene un don en las manos, ella cocina muy, muy rico. Y si tenés un don, no te puede ir mal en la vida. Lo que pasa es que me parece que ella no se da cuenta. Me parece que vos la vas a tener que ayudar a que se de cuenta.." y el sonríe mientras come, y yo creo que le estoy diciendo la verdad, lo que ahora a la distancia veo.
Ella llega, está tan mal, tan perdida, y el corazón se me aprieta porque tengo que llevar adelante un trámite legal que no se corresponde con lo que yo quisiera. Ella acepta todo, como una nena que se siente avergonzada. Mientras firma las actas hay un silencio, el pequeño de pie junto a ella no pierde detalle de nada. Entonces cruzo con él la mirada y digo "vos sabés, decíamos hoy con el gordi que vos tenés un don en las manos, que cocinás unas pizzas riquísimas. Y que cuando uno tiene un don no le puede ir mal en la vida"
Ella levanta la cabeza como sorprendida. Balbucea algo que no le entiendo, y debajo de los anteojos de sol permanentes, se le empiezan a llover las penas, las desesperaciones, los dolores. Y yo sigo y sigo
"lo que pasa es que en la vida uno no puede nada solo. Solo no, hay que buscar ayuda."

Dos días después, son el peque y su hermana los que se quedan a almorzar conmigo. Después de transitar la misma secuencia telefónica y de lograr que su papá venga a la escuela, me encierro con él a decirle que es la madre de sus hijos la que está sola y está enferma, que es esa la mujer que él eligió para que estos niños aparecieran en la Tierra, y que es a los niños a los que está ayudando si la ayuda a ella, que hay que hacerse grande y tomar las riendas, que fácil no es pero que nadie dijo que estaría solo, pido por ellos lo que hubiera necesitado que por mí alguien pidiera.

Todos somos sobrevivientes de la infancia. Desandar el camino juntando las migas, las piedritas pequeñas, volver a aquellos territorios con esta conciencia y mirar con amor para poder ver dónde están los puntos que se salieron, lo que entendimos mal, lo que nos jode la vida adulta y nos tiene el gesto amargado, la desconfianza puesta, el sistema defensivo siempre activado, y nos aleja a unos y a otros, nos vuelve peligrosos y extraños.

Ella bajó los brazos, depuso las armas, cambió el destino de sus hijos de ser rehenes, tablas salvavidas, postes donde atarse, escudos defensivos, excusas. Supo dejarse llenar por el amor que sé que les tiene, abrir la puerta y dejarlos ir a territorios menos oscuros.
Ahora su propia batalla la pelea ella.
Yo la llevo en el corazón para que sepa que es verdad lo que le digo, que si estira la mano va a saber que hay otras manos para acompañarla en este tramo oscuro, que no está más sentada sola y asustada en el pasillo de una escuela.
Cuando le doy la mano a él, me doy la mano a mí y le doy la mano a ella.


sábado, 6 de abril de 2013

La incomunicación en la era de las comunicaciones (apuntes sobre educación)


Observando el nivel, el tenor de las discusiones variopintas (de política, de religión, de..) que se desata periódicamente en las redes sociales virtuales, me detengo en una reciente: La acusación que pesa sobre la Cámpora de utilizar sus remeras en el reparto de víveres y asistencia para las víctimas de la inundación. Me centro específicamente en esta acusación casi como hecho lingüístico, no voy hacia un análisis político.
Más allá de la anécdota (no abro un juicio sobre el hecho, simplemente lo tomo para llegar a un punto), releo comentarios anteriores, los de oficialistas y opositores de algo que les es todo (presidencia, papado, lo que venga en cada tiempo).

Mi trabajo es educar. Mi trabajo es observar los problemas en la comunicación que hacen que un individuo entre en contradicción permanente entre lo que busca encontrar y lo que genera para ese fin, y su frustración al obtener un resultado fatalmente opuesto a su intención. Es decir, cómo y por dónde se desarma esa red que filtra la comunicación y me hacer escuchar lo que creo que me están diciendo, no lo que realmente me están diciendo. Y me hace reaccionar.

La realidad es una construcción sobre la mirada única y personal que se tiene del mundo.
La polaridad de opinión es prueba de eso: en una misma región hay gente que siente que vive oprimida y falta de libertad y otra que siente un renacer del estado de derecho, una concreción real de la democracia. Ambas personas pueden vivir en el mismo barrio, en la misma calle, puertas de por medio, pero viven en dos países diametralmente opuestos.

Quiero decir, cuando uno está decidido a ver lo que quiere ver, cuando hay ya un juicio que tiñe lo que voy a ver, mi mirada no está clara, está velada de intención. Por ejemplo, en el caso de la Cámpora, en el cuestionamiento preciso sobre el uso de remeras identificatorias para trabajar colaborando con el reparto de víveres (aclaro de nuevo, no abro juicio sobre el hecho sino que voy a otro punto). ¿El cuestionamiento cuál sería? ¿que se identifican para hacer una acción solidaria y sacar rédito político, por ejemplo?
Los boy scouts que están trabajando para Cáritas también andan con uniforme, dejando en claro que es esa agrupación y no otras la que está llevando a cabo la tarea solidaria. ¿Por qué no sería esto cuestionable y sí que la otra agrupación se identifique?

A lo que quiero llegar es, la objetividad no existe, y la comunicación se vuelve más complicada cuanto más subjetiva, porque los parámetros internos, las vivencias que construyeron nuestro sentir son intransferibles, y no es posible abarcarlas si no se desarrolla la empatía, la flexibilidad en la mirada, la conciencia de que existen tantos puntos de vista como miradas.

La verdad no es propiedad de un individuo, sino que es una construcción del conjunto. La comunicación libre de prejuicio es la meta educativa perseguida para tender los puentes entre los individuos, necesarios para la construcción de lo comunitario, de la verdadera red social.



lunes, 11 de marzo de 2013

Te parece/ que sigamos/ caminando por el barrio de la mano...




Una reunión se vuelve un encuentro cuando las almas van y vienen en la misma sintonía, cuando la comunicación no necesita de palabras y el regocijo florece en el hacer.
Yo extrañaba la manada, dos semanas de ausencia me tenían con ganas de cosecharles la música, ellos casi todos venían de una boda en donde el amor fue tan real como los milagros, y ese ánimo de fiesta, de querer compartir la alegría, se trepó por piernas y tambores.
Una esquina al lado de la estación Artigas, una ronda de gente que canta mientras cae la noche, que canta porque tiene ganas de pasar la noche así, cantando, todos juntos, a mil voces, respirando en el aire el sentimiento de eso que todos juntos vamos construyendo.
Y cuando nos encontramos todos, yo por fin me encuentro, soltando en el aire lo que me canta el alma, dejando que la ronda me mueva el cuerpo, batiendo palmas, como en un ritual pagano para combatir todo eso que se pudre alrededor, dándole al mundo medicina de la buena, pasando del dicho al hecho.


jueves, 7 de marzo de 2013

Piensología (reflexiones en el sillón)

Los adultos caemos en la trampa de nuestra educación. Castigamos entre nosotros el error, somos despiadados, pedimos la muerte, el dolor eterno, ojo por ojo, dolor por dolor.
Me veo parada dando en el grito un golpe que recibo en el alma, el castigo de los adultos de mi infancia, el grito, la culpa, el dolor de entrar a un mundo donde ya se es culpable desde la misma concepción.
Recagamos a pedos a un niño que está intentando dominar su motricidad fina (cosa que no dominamos ni los que ya llevamos cuarenta años intentándolo) cuando se le cae un vaso, cuando nos lleva por delante mientras corre feliz y jugando despreocupado, lo bajamos a la tierra de un ondazo, lo hacemos culpable.
Aprendemos a odiar el error, a revivir en el error del otro la frustración de nuestros padres que aprendimos como pulpos en cada gesto.
El ego es un niño malherido, que detuvo asustado el crecimiento.


¿Y qué vamos a hacer ahora?

lunes, 4 de marzo de 2013

Andando en bicicleta con la mente

El secreto está en la velocidad.
El diario devenir nos monta en un huevo, a caballo de algo que nadie sabe qué es, pero va rápido. Todos corremos, vamos corriendo, llegamos corriendo, nos vamos corriendo, escribimos corriendo, comemos corriendo. El fenómeno de la inercia hace que, por adentro, todo tome esa misma velocidad.
Entonces, imagináte, al primer pocito que agarraste mal o la más mínima patinada, todo se convierte en un Scania a 250 km/h que pierde el control, y andá a volantear hasta que lo vuelva a poner derechito...

Es menester dejar de correr por afuera para que también se pueda dejar de correr por adentro.
Andar, por la vida y por el alma de una, de paseo.

Sigan en lo que estaban, nomás. Yo me vuelvo a practicar pensamiento deportivo al sillón.


domingo, 10 de febrero de 2013

Lema

Ahora que ya entendiste que no vas a encontrar afuera nada que no encuentres adentro. Ahora que sos el mayor motivo de tus carcajadas. Ahora que te reís sin pudor de que se te vean las amígdalas. Ahora que te corriste del mercado de carne barata que te vendieron y compraste para ser mujer. Ahora que sos capaz de sacrificios por amor a vos. Ahora que cambiaste esperanzas por certezas. Ahora que tus ojos se rodean de rayitos que marcan en la piel tus millones de sonrisas. Ahora que la curva comienza a ir hacia arriba.
Bienvenida seas ahora, alma mía.

sábado, 9 de febrero de 2013

Treinta y tres



Anduve por Ayelén, que no anda, flota.
Anduve por la melancolía de Bárbara.
Anduve por el dolor infantil vuelto alegría de Carina.
Anduve por los ojos buenos de Carla.
Anduve por el andar sutil de Cecilia.
Anduve por la cálida mano de abuela de Celina.
Anduve por los altruistas ideales de la Dani.
Anduve por el corazón de Fabiana.
Anduve por la mirada profunda de Genevieve.
Anduve por la calidez de Gisella.
Anduve por el desamparo de Javiera.
Anduve por el alma tierna de José.
Anduve por la felicidad que iluminó los ojos de Laura.
Anduve por la profunda ancestralidad de Lisa.
Anduve por la bella madurez de una Lucía.
Anduve por el joven asombro de otra Lucía.
Anduve por el inmenso espiritu de Luciana.
Anduve por la franqueza de Marcela.
Anduve por la cómica espontaneidad de Marisol.
Anduve por la inmensa personalidad de Miriam.
Anduve por la sabiduría de Moriko.
Anduve por el mágico desprejuicio de Nélida.
Anduve por la entrega amorosa de Ofelia.
Anduve por el tierno corazón de Pablo.
Anduve por la sencillez de Sandra.
Anduve por el inmenso y profundo océano de las emociones de Santiago.
Anduve por la suavidad amorosa de Sofía.
Anduve por los laberintos en donde Soledad está encontrando su camino.
Anduve por la belleza de Verónica.
Anduve por la voz generosa de Úrsula.
Anduve por la tranquilidad de Juan Manuel.
Anduve por la alegría de otra Soledad.
Anduve por los cuidados amorosos de Susana.

Y ahora soy mucho más Yanina que antes.


jueves, 31 de enero de 2013

Declaraciones de finales de enero

Ya no sostengo enojos. Diría que ya casi no me enojo, pero si pasa, estalla y se diluye como una burbuja.
Ofenderse me parece el acto de pelotudez más extremo que se puede llevar a cabo. Sostener en el tiempo el ceño fruncido y la amargura me parece el camino más rápido para envejecer.

La gente es como es.
Las cosas son como son.

No existe cambiar, sí existe transformarse, y eso es un acto que se ejerce no para encajar o no incomodar, sino por una convicción profunda que tiene que ver más con uno mismo que con el espejo del resto del mundo.
No se le puede pedir al mundo que cambie si uno mismo no es capaz de una transformación.
Lo que sí se puede hacer es retirarse de los lugares que no gustan, apartarse de la gente que te tiene en estado de incomodidad, abandonar los puertos donde no se es bienvenido.

Matrimonios mal avenidos, viejos resentidos, discutidores deportivos, confusos eternos, histéricos indefinidos, insatisfechos crónicos, negadores compulsivos, violentos incontinentes, amargos profesionales: no me jodan.
La vida es más simple.


lunes, 21 de enero de 2013

La Cumparsa, gira internacional por Carbó.

Viajar juntos, todos juntos, en la misma frecuencia aunque en sintonías distintas.
Un rato con cada uno, un rato con unos, un rato de todos, un rato conmigo.
Un auto, una ruta, el campo, el cielo, el mismo gusto por decir con los parches, decir cantando, sonar diciendo.
Llegar y ver un cielo de acá hasta acá, y todo, todo, todo es horizonte alrededor donde se juntan el cielo con la tierra.
Estar en la palabra y estar en el silencio juntos, cruzar puentes en trenes que no van a ninguna parte más que a mostrarte que llegar no es más importante que ir, que andar, que estar en el lugar en donde estás.
No hace falta decir, no hace falta enunciar, los otros lenguajes fluyen naturales a la sombra de un sauce, o debajo de la vía láctea y el cielo de una noche de corso de pueblo que supimos pintar del color nuestro.
Cantar con los tambores, meter los golpes justos que harán los acordes de los distintos cueros, mirarnos y bailar con los tambores puestos, descubrir el encuentro y festejarlo impúnemente como goles a los ingleses del espanto, el desamparo, la soledad y el aburrimiento, hacer milagros con nada, convertir la pena en vino y la rutina en una fiesta, porque el alma está de fiesta en encuentro.








Y volver llena de voces, llena de ojos, llena de río y de manos y de tardes y de noches y de abrazos, y dejar que eso navegue los días en los que ando el tiempo.

martes, 1 de enero de 2013

Y digo

Quiero cantar y bajar a la tierra el cielo, quiero muchas noches estrelladas cantando en los jardines o en las terrazas, quiero aprender algo nuevo, aunque sea mínimo, todos los días, quiero confiar y sentir sereno el pecho, quiero andar sin prisa, quiero ver, quiero bailar abrazada a un cuerpo que me lea el alma y al que quieran seguir mis piés, quiero decirlo todo, quiero reírme por las mañanas, quiero ser sabia, quiero decir lo que pienso y hacer lo que digo, quiero tener sanados el corazón y el cuerpo, quiero ser bienvenida todas las veces que llegue, quiero abrazos sinceros y besos profundos, quiero deliciosos instantes de esos en  los que se detiene el tiempo, quiero desatarme los últimos miedos, amigarme con la muerte, enamorar a la vida.

Feliz, feliz año nuevo.

El mundo recién termina.
Esto recién comienza.



domingo, 23 de diciembre de 2012

Al que nace barrigón.. (cuento número siete)

Había una vez una princesa que había leído muchos cuentos de hadas.
Su padre el rey le había contado que todo podía aprenderse en los libros, y la princesa leía y leía tratando de comprender el mundo y sus encantamientos.
Cuando le llegó el momento de elegir un esposo, conocedora de las artes oscuras, posó sus ojos en un batracio que habitaba el jardín, y su loco corazón la convenció de que era un bellísimo príncipe encantado.
Fue tras el para llevarlo a vivir a palacio y darle su amor incondicional hasta que el hechizo maléfico se disolviera a la luz de tan noble sentir, pero el sapo al verla venir, asustado, la emprendió a los saltos en franca huida.
Anduvo la princesa por nauseabundos pantanos, se perdió en noches oscuras, pateó enojada mil veces contra el suelo, volvió a encontrar el rastro del verrugoso prófugo verde y anduvieron tras él sin descanso su alma y sus piés.
Una mañana, después de una larga noche de correr sin descanso, la princesa llegó agotada hasta un claro en el pantano. Del otro lado del charco inmundo, un rayo de sol caía sobre el sapo.
Sintió su corazón muy cansado, le dolían las piernas, estaba sucia y despeinada, dolorida. Había corrido días y noches, con lluvia, con miedo, con ganas, con esperanza y alegría, con desesperación. Y cada vez, el sapo había escapado de su abrazo como de la peste.

Y a la luz de aquél luminoso rayo de sol vio la patética escena, tan distinta de las que había leído una y otra vez.

- No se puede desencantar a un príncipe que prefiere seguir siendo sapo- se dijo. Dió media vuelta y emprendió el camino de vuelta al castillo.

Después, con los libros de cuentos, prendió flor de fuego para el asado.



viernes, 21 de diciembre de 2012

Balanceo y alineación

Cuarenta.
Cuatro veces diez, ocho veces cinco, dos veces veinte.

Me gustan las vísperas más que los eventos, la vigilia de lo que se despide, el momento de vaciarse para llenarse otra vez.
Mañana, un día después del verano y del fin del mundo, renazco otra vez.

Cuarenta vueltas al calendario, cuarenta veranos, cuarenta navidades, cuarenta, y por esa A que se pronuncia  salgo como el viento.

Vengo de combatir dragones, de tener muchos miedos, de cruzar muchas puertas para encender muchas luces. Vengo de llorarme encima el mundo entero y sus ausencias, vengo de haber parido, de estar criando, de hacer en el mundo mi trabajo para cambiarlo y construirlo como lo sueño. Vengo dando la mano a muchas manos para que salten los precipicios que ya he saltado, con la fe intacta, el amor renovado, algunas plumas menos en las alas, bastante chamuscada, en paz conmigo, deponiendo las armas para darme un abrazo.

Allá voy, moviendo las caderas, porque mis días me los he ganado.

Gracias.
Feliz víspera de mi cumpleaños!








domingo, 16 de diciembre de 2012

Instantánea (polaroid de locura ordinaria)



Alguien nos toma esta foto.

Un ojo renacentista al que no logro comprender en su forma aunque juraría que conozco su esencia.
Veo doncellas y madonnas, hadas y querubines, en los jardines de otros tiempos, a través de su ojo fantasioso que sabe, como el mío, crear mundos donde hay desiertos, para que pueda su infancia habitar territorios más cálidos que los impuestos.

Yo no pude mirar, porque cuando veo su forma no lo encuentro, y me da miedo.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Real (y da)(d)

Ando caminando por la cornisa
dominando el aliento y el espacio
para llegar a salvo a la ventana
al puente
a la rama del árbol,
sentarme y segura apoyar la espalda.

Hay una verdad
a la mano, como el hilo de un globo
que la leve brisa del miedo más sutil empuja,
aleja de la cornisa que transito,
me hace subir el vértigo como bilis.

(El secreto es saltar de la cornisa
atrapar al fin el hilo
y confiar en el globo.)


domingo, 25 de noviembre de 2012

P, sss, ffffff

Quiero ser mariposa
que el gusano en el que habito, mute
que se respete el tiempo de mi crisálida
sin invadirla
sin perturbarla
sin hacer que pierdan sus aguas la calma

Quiero ser mariposa
y elevarme liviana en el aire
sabiendo que nací para eso
y subir y bajar sobre los patios
los jardines
los jazmines, las lavandas
las hojas del árbol de mi puerta

Quiero ser mariposa
ser de la raza de los colibríes
de las luciérnagas
de las cosas mágicas que vuelan
que pasan prontas, hermosas
y te distraen la mirada
de la ciencia ficción
a la duración eterna del momento inesperado

Quiero ser mariposa
y entregarme a volar
y a entregarme
antes de que llegue la noche
de que llegue la muerte

y volver a empezar.

Quiero ser mariposa