domingo, 31 de mayo de 2009

Uno siempre es más freak de lo que cree



Hay cosas que cuesta admitir, como por ejemplo, decir que a uno le gusta escuchar a Miguel Bosé, o comerse los mocos o leer a Daniel Steel.

A mí me gustan las películas de amor que me hacen llorar.

Como si no tuviera suficientes motivos para hacerlo cada vez que me llega la cuenta de la luz, cuando la ropa ya no me entra o cuando me doy en el dedo del medio con la torre del tambor, veo cine para llorar.

No soy ni siquiera original. El 99% de mis amigas (siempre debe quedar un márgen de error..) ama llorar delante de una pantalla. Con Pocha hemos tenido tardes de invierno memorables llorando sobre una chocotorta, en seguidilla de cuatro películas por Hallmark. Cuando lloramos mirando la de Cameron Díaz personificando a una gorda, decidimos que era suficiente.

Ayer me deshidraté viendo "El extraño caso de Benjamin Button". Sufrí a mis anchas con el pobre niño envejecido, abandonado por sus padres, criado por una negra, enamorado sin esperanza, que rejuvenecía viendo a sus seres queridos envejecer y morir. Lloré hasta con la boca abierta y a los gritos cuando lo vi abandonar a su familia para dejarlas ser felices y llevar una vida normal, que por supuesto a su entender para ser normal y feliz debía ser sin él.

Desconozco el origen de tan morboso placer, sólo comparable con el de rascarse la picadura del mosquito hasta sangrar o dejarse masajear la contractura del cuello.

Esto fue un aporte más a mi campaña de sincericidio "Nunca más tendrás una cita con un ser humano."

Y bueh..


viernes, 29 de mayo de 2009

Pronóstico


Alisa juega a las cartas de Ben 10, es de Boca Juniors, comanda los juegos del recreo, tiene más fuerza que varios de ellos, es pecosa y no soporta a su mamá que limpia todo el día. Todos se desviven por sentársele cerca y ninguno confiesa estar perdidamente enamorado, aunque las miradas los delatan.

Van a crecer, y en unos años correrán detrás de culos plastificados, tetas de push up e insípidas conversaciones de bocas delineadas mientras Alisa se preguntará en secreto por qué nadie la saca a bailar. Y ellos preferirán no correr el riesgo de incendiar sus corazones amando a una chica que, de tan parecida a ellos, casi podría llegar a hacerlos felices.



lunes, 25 de mayo de 2009

Me pudrí de hablar del tema.


-Dejáte de joder.. aflojá.. dale, que no es para tanto..-

Desde que tomé drásticamente la decisión de no compartir el espacio con un garca vengo escuchando declaraciones del más variado calibre. Pero ninguna retoma el por qué de mi decisión.

Repasé muchas veces los hechos hasta encontrar un triste hilo conductor que me llevó derecho a pensar en los últimos gobiernos que venimos padeciendo (a la mierda, pedazo de comparación..)

Digo, soy una convencida de que los pequeños gestos, las mínimas actitudes, son tan importanes como las grandes gestas heroicas. El tipo anónimo y chiquito que descarta sus pilas con el inmenso cuidado de que no vayan a convertirse en contaminante es el que sustenta, al reunir conciencias, el trabajo de, por ejemplo, greenpeace. Tomando este punto de partida, comparo. Si vamos permitiendo pequeñamente que nos metan el dedo en el orto los pequeños hijos de puta que nos rodean, imposible evitar que nos garchen masivamente los Macris o los De Narváez o los Menems (oh, god, nombré a Voldemort...)

El hecho de que la mierda sea habitual no significa que sea aceptable.

Y punto.

sábado, 23 de mayo de 2009

Historias del país de Nunca Jamás

La fecha con Arbolito había estado increíble, pero la patinada de cantar Iansá traducida le había dejado puesto un broche torcido. La métrica nueva, la pronunciación distinta, me habían complicado la tarea de seguir al pandeiro en el principio de la canción. Eso, sumado a la dulzura de Dani, me dejaron plantada una ganita de revancha.

- Vos seguí haciendo lo que se te cante en el orto, cantá lo que se te cante en el orto - me dijo toreándome al bajar del escenario, acentuando la o de orto de esa manera tan particular.

Me frizé sintiendo que me subían desde los pies unas increíbles ganas de asesinarlo.

El corazón de la canción es portugués, no hay vuelta que darle. Al cantarla en castellano no había latido, no me había enchufado con ésa energía que me hace sentir enamorada de todo cuando canto. La canción en la boca se sentía desconocida, no lograba masticarla, encontrarle el sabor que en Portugués me emborracha.

Para cantar una canción hay que desearla. Es lo mismo que pasa cuando alguien te gusta. Hay un tiempo, un espacio necesario entre vez y vez, que te permite volver a desearla. Y, claramente, no había pasado, de eso, nada.

Ni bien Dani me soltó el piropito, decidí volar por el pasillo hacia la pista del Kori. Si me quedaba, era posible que Buira siguiera buscando riña y muy probablemente iba a encontrarla. El tipo es un cabrón. Yo también. Y ambos practicamos el fino deporte de hablar con ironía.

La canción de Oxúm me había transportado al paraíso, y la chacarera del tema de Calamaro le hizo una raja a mi corazón y salí como un caballo hasta el cielo. Lo recordé ni bien pisé la pista y ví a mis amigos venir sonriendo a abrazarme.

Entonces, cuando la gorrita roja con visera apareció en la pista de brazos cruzados y, sin dirigirme ni una mirada, se paró al lado mío, yo empecé a reír despacito y con la boca torcida le dije: - A ver si aprendés a tocar el pandeiro y a seguirme cuando canto, que hoy tocaste lo que se te cantó en el orto.

Y entonces nos cagamos de risa el resto de la noche los dos.










Lo consiguieron porque no sabían que era imposible.


Jaime



- Estamos fritas - me dijo Sarita, - se nos metió un gorrión adentro del aula.


Oh my god. ¿Cómo lograr que veintiséis enanos de cinco y seis años le presten atención a otra cosa que no sea el vuelo de un pájaro en el salón de clases?

Iban llegando de a uno y mientras tanto mi cabeza buscaba una idea hasta quedar en blanco. Y ni bien cerré la puerta detrás del último, abrí los ojos bien grandes, crucé el dedo índice sobre mi boca y les susurré:

-Shhh, escuchen, tengo que contarles un secreto. Vino a visitarnos un amigo. Se llama Jaime. No hay que asustarlo porque tiene el corazón muy chiquito y si se asusta le late muy rápido (Felo abrió los ojos grandes como dos peceras. Lo miré fijo): - Felo, vos tenés que encargarte de que los chicos se acuerden de no gritar. Y atenti la tosca, que éste es el famoso pajarito de "me lo contó un pajarito", así que todo lo que hagamos lo va a ir a chusmear por ahí. A portarse bien así no anda haciendo enojar a las mamás.

Gol de media cancha.

Cuando confío, la vida trae las respuestas hasta la palma de mi mano.

jueves, 7 de mayo de 2009

Mutanta

Cuando uno anda atento a algún fenómeno en particular, éste parece empeñarse en suceder cada vez más periódica e intensamente, no sé si tanto por una cuestión metafísica o meramente ampliado por la lupa de la observación más o menos constante que uno hace de tal fenómeno.

Tiempo atrás yo solía detectar el arcoiris en lugares inesperados, como por ejemplo, viajando en el tren hasta Escalada, sola y pensando en que la vida era una porquería. Ahí, en el medio de mis pensamientos, entre cables y fierros, un arcoiris que era apenas un arcoiris me sacaba de contexto y, yo que soy adicta a las señales, caía en trance olvidando que la vida era efectivamente una porquería.


Ultimamente me tienen maravillada los cambios. Mi vida cambia. Pero como yo no hago nada a medias, los cambios son una vuelta de campana, un giro de 180, de guatemala a guatemejor. Cambia como si el decorado se moviera mientras veo mutar las caras, los espacios, los trabajos.


Cambia de cantar en el living de Pocha los sábados a cantar en la loma del orto adelante de gente que desconozco.


Cambia de estar sentada en una oficina vidriada a tener en mis manos a 26 niños que educar.


Cambia de estar siete años en un mismo lugar para irme empujada por las circunstancias sin mirar atrás.


Cambian los nombres de los amigos.


Cambia lo que creo de mí misma.


Cambia lo que permito.


Como si fueran inesperados arcoiris, los cambios pasan sacudiéndolo todo, tirando del mantel para que vuelen los platos viejos y se pueda poner de nuevo la mesa.


Ahora mismo algo está cambiando bajo mis pies y no sé hacia qué punto cardinal quedaré mirando para volver a dar el millonésimo primer paso de nuevo.


Lo que sé es que el horizonte sigue siendo tan prometedor como cuando me mostraba el arcoiris.


martes, 5 de mayo de 2009

Rata blanca en la chilinga.

El mundo esta lleno de ratas. Silenciosos seres de apariencia inofensiva, sentados a un costado en reuniones tumultuosas, sonriendo tímidamente, intentando con éxito comprar adeptos para sus pequeñas nobles causas, esperando un reconocimiento que proclaman merecido. Las ratas se acomodan, encuentran los huecos, las tuberías, trepan entre bambalinas hasta que por fin encuentran la oportunidad. Y se sientan al volante. Entonces, ese odio silencioso que las corroe, el rencor germinado en su propia mediocridad, les sube como bilis y muestran la hilacha, la amargura que destilan sus corazones secos, la envidia que les provoca la felicidad ajena y cualquier muestra de talento. Ahí la emprenden contra todo lo que les resulta un estorbo, muerden las manos de las que se sirvieron, escupen para arriba. Y como las ratas hacen escuela, siempre logran algún secuaz que los secunde.
Pero, gracias al cielo, las ratas siempre mueren como ratas.
Amén.

jueves, 30 de abril de 2009

Ritual

Cuando era chica y las noches de reunión y conversaciones en mi casa se extendían, el café no paraba de fluir desde la cocina y en el aire se mezclaban el humo del tabaco y el perfume del cognac. Yo miraba desde mi hueco en el sillón del living aquellas escenas de pelos con brushing y camisas de cuellos anchísimos, y la modorra se me iba trepando por el cuerpo despacito. Cuando ya sentía que en cualquier momento se me abriría bajo los pies la tela fina que separa la vigilia del sueño, abandonaba con esfuerzo mi rincón y con pasos torpes cruzaba el living hasta llegar a la silla donde mi mamá quemaba sus jockeys suaves cortos mientras se dedicaba a discutir deportivamente con quién tuviera la energía de sostenerle por algún tiempo alguna verdad a refutar. Trepaba despacio por su falda, girando para quedar bien sentada entre sus brazos abiertos y entonces apoyaba mi oreja en su pecho. Ahí adentro la voz le resonaba como apagada entre almohadas, un sonido musical como el parche grave de un tambor, un vibrar que me hacía entrar al sueño dejándome caer.

Entonces, el mundo era un lugar seguro.


sábado, 25 de abril de 2009

Me fui de casa a tocar rocanroll (parte once): Garganta con arena


Me descuelgo el tambor dando la espalda al público mientras escucho las voces de gente que quiero, dándome aliento. Ya hicimos un par de toques Chilingos y llegó la hora de romper el hielo con la primera canción, la de Oxúm.

Me doy vuelta y clavo la mirada en el micrófono, el murmullo es muy alto, no sé si quiero mirar. Tomo aire y cuando la luz se enciende veo el marcito de gente ahí abajo, mil cabezas juntas mirando lo que voy a hacer. Sé que hace diecisiete horas, 26 niños de cinco y seis años, reunión de padres y ensayo, que estoy despierta. Mi garganta lo acusa, todos lo notaron, pero no interesa. Cuando tomo aire y suelto al marcito la primera nota sé que va a sonar.
Cuando yo jugaba a la hora de la siesta a que cantaba como Liza Minelli, abría la boca y el sonido en mi cabeza era impecable. Cuando canto vuelvo a estar parada en la cama de mi abuela, con el deshabillé rosado de mi mamá, sosteniendo un micrófono de frasco de perfume, el otro brazo abierto, apuntándole al cielo.
Y me quedo pasmada escuchando mi propia voz clara como agua clara, salir como una flecha para adelante. Al rato me siento como enamorada, con ganas de brillar para ésos ojos que son todos los ojos pero son unos, los míos. Ya no sé lo que canto ni entiendo lo que pasa. Es un flash de endorfinas.

Pavada de antioxidante.


sábado, 18 de abril de 2009

Me fui de casa a tocar rocanrol (parte diez): Incendio forestal.

Llegaron dos fechones el mismo día y a la misma hora: o te vas a tocar dos temas con Calle 13 o te vas a cantar tres y tocar doce con los malditos jipis. El bloquetón tuvo que dividir sus aguas y así algunos amigotes y no tanto fuimos oficialmente convidados a ser parte para poder clonar a la Chilinga en ambos eventos. Como la mayoría de los patasucias agarró para el lado de la fama, nos subimos a ocupar el contingente que iba al sur a tocar con Arbolito.(Ya he comentado que elijo siempre de manera inconveniente... y no escarmiento.)
Primer ensayo en Coronado. Llego con una canción de Calamaro que hace dos días me da vueltas por la cabeza para mutarla en una chacarera, y Dani me da el ok para probarla. Suena el toque de malambo y qué linda queda ésa letra ahí arriba.

Con el crudo en las bodegas
volveré a buscar
todo el tiempo vivido
que hemos perdido sin protestar.

Voy a probar primero
al olvido
a lo ajeno
voy a pasar a retiro de un tiro al culpable de mi soledad.

No sé lo que quiero
pero sé lo que no quiero.
Sé lo que no quiero
pero no lo puedo evitar.
Puedo seguir escapando
y aún lo estoy pensando.
Lo estoy pensando
pero estoy cansada de pensar.

El marinero de rio
no tiene calor ni frio.
La ciudad no tiene puerto
y se siente muy vacío.
Últimamente ha perdido
su capacidad de sorpresa.
En un vaso de cerveza caliente
fue que se la olvidó.

Yo quiero elegir del mapa
un lugar sin nombre a dónde ir.
Será el lugar dónde viva
lo que quede por vivir.
Por eso de cada viaje me traigo
el equipaje perdido.
Por eso es que he decidido
nunca olvidar
nunca olvidar.

No sé lo que tengo
pero sé lo que no tengo.
Sé lo que no tengo
porque no lo puedo comprar.
Puedo seguir cantando
y aún sigo esperando.
Sigo esperando
pero estoy cansada de esperar.

Y así se armó la chacarera. Daban ganitas de cantarla, y la fuimos pasando varias veces mientas Dani tocaba allá y acá, cortaba, cambiaba. En el resto del ensayo quedó en evidencia nuestro jipismo y los toques se nos cayeron a pedazos mientras nos divertíamos como bobos haciendo cantitos de cancha para los que se iban a tocar con los portorriqueños y hablado de las empanadas bolivianas que serían nuestro "catering fulop" en el Kori bailable.

Ya empezamos Nº1: Nunca pasamos los toques de Arbolito y Dani espera que los aprendamos solos.
Para el mismo día de la fecha forestal tengo programada desde marzo la reunión de padres de los niños de mi grado. Y prueba de sonido a las 19.00hs en Boedo...

Segundo ensayo en tierras del oeste, llego una hora antes para armar las voces de la chacarerita con Seba. Terminamos jugando con Eugenio y la Turca que se nos mete a cantar en el medio del arreglo y nos taladra. Nada mejor que jugar un martes a la tarde a una hora de viaje desde tu casa después de laburar diez horas. El día se te vuelve a amanecer. De nuevo nos juntamos y de nuevo me dejan cantar mientras ellos tocan pero después me meto a tocar entre ellos y eso me infla la alegría.
Ando contenta y charlatana como si fuera febrero. Vuelvo a reírme y tengo una sensación de playa Pocitos en el cuerpo.
El jueves Germán nos enseña "Ay Lili" de Pescetti y los enanos, Sarita y yo no podemos dejar de cantarla mientras trabajamos. La bailamos en el patio y nos matamos de risa. Yo me voy recargando de esa alegría pequeña de todos los días.

Viernes 17 de abril: Viaje al centro de la Tierra

Seis y media de la mañana estoy en pie. Anoche terminé los regalos para los papás casi a las doce y media. Se me nota en las ojeras. Oh, God..
Formación de izamiento y cantamos a la banderita en el patio. Germán y yo hacemos ese acorde del final que nos da felicidad y ya arrancamos la mañana contentos. Vamos con los peques al comedor a preparar los alfajorcitos de maizena que regalaremos a sus papás cuando vengan a la reunión. Les saco un millón de fotos pescándolos cuando, pese a la prohibición, se morfan el dulce de leche a escondidas. Nos reímos. Jugamos mientras vamos aprendiendo ellos y nosotras. Se ríen las chicas de la cocina y todos vamos progresivamente quedando cubiertos de dulce para el resto del día. Literal y metafóricamente hablando.
A las tres y media de la tarde ya estoy agotada sabiendo que de todas formas, ésta noche va a ser increíble.
Llego durmiendo en el auto de Marian, un apagón de cuarenta minutos. Hace quince horas que estoy despierta. Yo sé que cuando subimos, algo pasa. Y pasa.
Salimos caminando por el escenario con nuestras remeras verdes. Las luces nos hacen sentir algo así como mucho aire que entra en los pulmones. Sale el primer toque y nos vamos mirando en esa semipenumbra azul y algo se arma.
Dani agarra el pandeiro y empieza a tocar, señal de descolgarme el tambor para cantarle a Oxúm. Veo un mar de gente que nos mira y sé que tengo que apagar mi cabeza y empezar. Me sale la voz desde un lugar que nada tiene que ver con la garganta y por primera vez tengo los ojos abiertos mientras canto. Y nos miramos. Nos vemos.

Vuelvo a tocar entre ellos.
A darnos el lujo de estar parados delante de mil personas siendo impúdicamente felices jugando a ser de vez en cuando estrellas de rocanroll. Dejar el miedito de la vergüenza en algún lado y probar.
Casi no me reconozco en ésa que canta. La chacarera vuela, la sensación es placentera.

(Y cuando de pronto él, que no tolera bien aún la felicidad, hace un intento de sabotaje, lo hago reír impúnemente para que salga otra vez a jugar. O lo ignoro en ruda penitencia. Le voy viendo un poco más el alma. Cada tanto baja un poco la guardia y es encantador. A veces, mostrar todas las cartas es la mejor estrategia.)

Arrinconados todos como ganado, compartiendo el sudor y la alegría, tocamos literalmente codo a codo los temas con Arbolito, y cerramos la noche haciendo una invasión de pista con los tambores que huele a festejo en el alambrado revoleando la camiseta por haberle ganado a nuestro maldito jipismo haciendo una fecha magistral. Llena de fallas técnicas, por supuesto.
Malditos jipis al fin.

viernes, 10 de abril de 2009

Secreto

Cada día está repleto de pequeños miedos por vencer.

Mieditos que hacen que pensemos en todas las posibilidades que hay de que algo salga mal cuando estamos decidiendo si hacerlo.

Mieditos que te hacen negar en público lo que estás sintiendo hasta creértelo.

Mieditos que te atornillan a la silla convencido de que no tenés la fuerza ni el talento.

Mieditos que te dejan siempre siendo espectador.

Un día decidí vivir como la condenada a muerte que soy, que somos todos, y no tuve tiempo para los mieditos. Y los pocos que quedan se me siguen cayendo.

Ése es todo el secreto para conquistar el mundo.

viernes, 3 de abril de 2009

[ sin asunto ]



Él sabe que yo lo llamo con otro nombre. Como una pausa en el medio de la multitud, ése nombre es mío.


Pienso en unas palabras precisas y muchas que le mandé volando cuando lloró y se sintió perdido.


Pienso que un día lo ví apropiarse de ése nombre mío, busco entre las lunas mayas y leo en ése día:"Si algo tienen claro los Jaguares son sus propias ideas".


Y sonrío.

viernes, 27 de marzo de 2009

Tecnología bien aplicada.

Elijo mal.

Elijo definitivamente mal.

Algún chip se me jodió de tanto usar el microondas con el pelo mojado o por abrir la heladera en patas o quizás por haberme metido tanto los dedos en la nariz de pequeña. Se me torció la brújula, se me desconectó el radar. Elijo maravillosamente como el orto.

El olor progesterónico que llama a mi nariz siempre es el de algún criminal de renombre, un malandra con carnet o una larva sin vocación de sacrificio propio pero sí ajeno. Todas mis relaciones terminan con alguna anécdota de ésas que, si no fuera porque me pasan a mí, me encantaría contar para amenizar los tés canasta. Y lo peor es que en esto de elegir espantosamente mal, me voy perfeccionando con los años.

¿No habrá un GPS para la vida, digo yo, que al menos me desligue de la responsabilidad ante el desastre consumado? ¿un aparato que, si no tengo la suerte de que acierte con la ruta correcta, pueda cargar con mi furia por el resultado nefasto? ¿un pequeño monitor que me vaya diciendo con voz gallega "deténte y dobla ia mismo a la derecha, que estás por comerte un pelotudo"?

Compro.

domingo, 22 de marzo de 2009

Destino de cisne

La china volvió triste de su viaje de una semana con la escuela. En la fiesta de despedida, peinada y arreglada con esmero, nadie la sacó a bailar.

Salió llorando del baño después de su ducha y de su mal fingida alegría al contarme lo bien que la había pasado. Salió llorando y a mí el corazón se me hizo puré.

La miré mientras le secaba tanta lágrima y le alcanzaba un vaso de agua para curar el hipo angustioso, rezando que también le curara la herida nueva que mostraban sus ojos, y me acordé de mí. De mi propia soledad a los trece, catorce, quince eternísimos años que parecían nunca terminar por fin. De mi propia soledad ahora que tengo veinte años más en éste mundo, del que todavía no logro entender a veces cuáles son las reglas.

Mirándola miré todo mi caminito recorrido. Tomé aire y nos sentamos en mi cama a conversar.

"Tenés destino de cisne" le dije.

Abrió grandes esos ojos profundos que tiene, sus ojos de almendras inundaditos de pena, y empezó a escuchar.

"La gente no es toda igual. En la vida están los patos, todos iguales, repetidos, previsibles. Patos que van en fila, unos detrás de los otros, día tras día, a nadar en los mismos charcos sin preguntar.

Cada tantos patos aparece uno que es distinto. Aparece un pato con esencia de cisne.

Los cisnes florecen desde adentro para afuera, se templan en soledad, por alguna razón las cosas no les son fáciles, y cada pequeño dolor da un cincelazo más a su destino mientras dura su vida de patos distintos.

Y un día, a fuerza de preguntarse cosas, de mirar la vida desde otro cristal, de no encajar, encuentran que nada los completará desde afuera, se buscan esenciales y se encuentran, y entonces una luz les aparece por los ojos y florecen. Florecen cisnes. Y se dan el lujo de mirar a todos desde un lugar nuevo. Y mandarlos a cagar."

Nos reímos a carcajadas las dos entre las lágrimas que ya nos salían hasta de las orejas mientras nos abrazábamos. Y en esa risa y ese abrazo supo que en su camino de pato raro ella no está tan sola. Vive con un pato raro que un día se hizo cisne y que es su mamá.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Estaba la Catalina.



Catalina tendrá el alma al viento, los pies descalzos, la risa fácil, el corazón dispuesto. Los ojos de su padre son de cielo, así que ya tiene resuelto el asunto de poder mirar adentro de la gente.


Tiene nombre de lluvia sobre techos de marzo, de reina, de vecina, de amiga que ceba mate para curar las penas. Su papá tiene manos de verdadero artesano, así que en cada caricia le irá dando forma a sus sueños chiquitos.


Andará despeinada de alegría de volver corriendo a casa para encontrar abrazos, para contar noticias y pedir panes para curar al mundo del hambre y la injusticia.


Viajará por la gente, por sus pequeñas historias, por las manos que, como las de su papá, hurgan en la vida hasta encontrarle el sentido. Hablará del amor dando cátedra, y lo dejará atravesarla para llegar a la gente sin escalas.


Si tengo suerte, un día se sentará en mi clase para enseñarme más cosas sobre lo simple y lo claro que encierra cada día.


Catalina es hija de un ángel y una flor. Y tiene una banda de tíos que son niños perdidos de un cuento de hadas.


Bienvenida a nosotros, Catalina. Salud!

domingo, 15 de marzo de 2009

(comentario al margen)

Uy.. cómo vengo este añito...

Un plato que se come frío.


No sé si son los años, no sé si es el encierro, no sé si es la comida, pero la tolerancia que tenía se redujo cuatro talles y se me zafa enseguida.

Y allá voy, pateando mesas con sus correspondientes sillas cuando decido que yo no comparto el espacio ni el aire que respiro con gente que se caga en otra gente, y menos que menos, cuando se caga en mí. Y me gané el derecho a ser estricta a fuerza de empezar por casa y pegarme en la manito cada vez que me tienta meter la cuchara en sopa ajena. No soy Maradona, no señor, no soy ejemplo de nada. Mato porque primero muero en mi ley.

A ver, repasemos la listita:

Mentir está mal.

Lastimar está mal.

Afanar está mal.

Tomarse a la ligera los sentimientos de los demás está mal.

Como dice la Meji (mujer anaranjada si las hay) no hay excusas que justifiquen tu accionar ni borrachera que legalice acción ninguna. Tampoco sirve de paraguas la inexperiencia que te da la edad, la acumulación de tus hormonas ni un desorden que te impida decir que no si la propuesta viene de algo que huele a feromonas (o progesterona con barba, según sea el caso)
Si lo hiciste y estaba mal, hazte cargo, llámate al exilio o paga el precio.

Y aunque te parezca que zafaste, la vida es redonda amigo. Y todo lo que escupas para arriba, tarde o temprano te engominará.
Amén.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La vida cabe en un pochoclo (reflexiones navegantes) namber chú

La lluvia me lleva casi siempre derechito a situaciones contemplativas. O a gripes feroces si es lluvia de invierno, pero no seamos tan terrenales.
Acá estoy viendo desplomarse el cielo por la ventana de mi habitación, oyendo el agua caer, que es casi como oír al fuego crepitar pero todo lo contrario. Y pienso.
A veces estoy parada en el mundo y alrededor siento una soledad infinita. Como si fuera yo la ocupante de un faro del fin del mundo a dónde nunca llegan las visitas para quedarse.
Yo podría haber sido rubia (rubia de adentro..) y no tener más problemas que sudar contra el tiempo para que mis glúteos desafíen la ley de gravedad. Podría haber revoleado más veces las pestañas para lograr un anillo de oro y una cuenta corriente que me salvara de tener que madrugar (¿hay algo peor en la vida que despertarse antes de las siete de la mañana por la pura obligación que impone la falta de riqueza?). Podría haber aceptado ser frágil y esperar a que algún caballero de cuento se hiciera cargo de llevarme y traerme, hacerme escenas de celos y abrirme cada tanto la puerta, pero no para ir a jugar. Podría haberme quedado donde estaba sin preguntar. Podría no saber, no entender, no cuestionar absolutamente todo, no sentir en el pecho esa puta incomodidad que no me deja transar, que me tiene siempre en vilo buscando todavía un poco más allá.
A veces quisiera sentir como siente ésa que va pegoteada de la mano de ése, feliz de compartir su gusto por Tinelli y el día de San Valentín, orgullosa de contar los meses y días y minutos que hace que le dijo que sí y no se despegaron nunca más. Satisfecha con nada, esperando nada, convencida de todo.

¿Quién fue el Morpheus desgraciado que me hizo tragar la pildorita sin avisar..?

viernes, 6 de marzo de 2009

La seño de pelo colorado (parte 3): Lo que se olvidan de aclarar en el magisterio.



Educar es algo que demanda algunas cosas fundamentales entre otras muchas cosas:


Tener convicciones firmes.


No traicionarse.


Ser infinitamente paciente.


Estar dispuesto a no dejar de aprender jamás.


Creer en la humanidad y amarla.


Saber aceptar.


Conocer la diferencia entre observar y juzgar, y nunca ejercer ésta última.


Reírse varias veces por día de uno mismo.


Saberse punto de luz entre millones de puntos de luz.


Tener la capacidad de ser feliz.



Con éso, para arrancar, andamos bien.


martes, 3 de marzo de 2009

Frases memorables.



"..a éste hijo de puta que, si fuera por mí, le daría mecha y lo haría abandonar el país haciéndole explotar cinco kilos de trotyl en el ojete."


Dios, éso era lo que quería decir. Aplauso de pie para los guionisas de Peter Capusoto.

Cuando fui Trinity de "Matrix" por una fracción de segundo.

Convengamos en que, desde mi vuelta a casa después de un febrero ardiente y uruguayamente candomberil, Buenos Aires me ha pateado bastante el ojete. Situaciones de callejón de película yanqui, tocadas de traste, afanos aparatosos, y caripelas amenazantes cruzándote la mirada en plena calle a la tarde que te hacen apurar el paso con una sensación fea en la espalda, me habían dejado con una sensación de vulnerabilidad que hacía siglos no tenía.

Iba poseída por el espíritu de la estrella hoy a la tarde, estrenada maestra de primer grado, feliz de tambores de sábado, yendo a tocar en batucada otra vez, a ver a mis amigos, moviendo las caderas por la calle al compás de la música en mis auriculares, y llegué entonces hasta el túnel en la Panamericana. No fue un miedo como cuando busqué refugio en la sombra de un umbral, sino una inquietud lejana lo que me rozó al ver entrar del otro lado a tres hombres jóvenes y arreglados, hombro con hombro casi y conversando. Quizás debí haber corrido. O detenerme en la entrada del túnel hasta verlos pasar. Pero tomé la decisión de no parar la marcha.


Cerca del ecuador, un segundo antes del punto medio, vi como el que venía de mi lado tenía en la mirada un gesto raro, de ausencia fingida y cálculo preciso. Su mano izquierda iba a impactar indefectiblemente en la parte de mi humanidad que más me gusta gobernar. Y cuando parecía que, larreputísimamadre, no quedaba otro remedio que comerme el garrón y carajear mientras los miraría irse dando risotadas, sin aminorar la marcha levanté mi brazo izquierdo, calcé su antehombro en la herradura de mi mano, y de un empujón sin esfuerzo desvié al macabro contingente sacándolo de mi camino hacia el cordón de la vereda, para pasar triunfalmente por la vereda vacía y ancha. Tanto se sorprendieron que ni siquiera largaron una puteada.


Fue como descubrir la combinación de botones que te hace invencible jugando a los fichines.


A veces pasa...

domingo, 1 de marzo de 2009

Visión premonitoria


Abrir la puerta de mi casa y encontrarte, bajo ésta lluvia caliente de verano tardío, parado en mi vereda conquistándola, ganándole de mano a mi desconfianza, con los pies urgentes por recorrer historias, inconciente de los mares que estarás navegando, desafiando tu lógica y tu miedo a pura convicción de que éso que ambos aún desconocemos en éste último minuto, es un vórtice mismo hacia el infinito.

Llamada de carnaval en la ESMA: Tocar llorando.

Tocar un tambor no se remite sólo a un evento musical. La vibración de los parches provoca algo en la propia vibración, atrapa o espanta, sin medias tintas. Algo sucede sobre todo cuando los parches son de cuero. Yo misma doy fe de haber florecido en éstos casi diez años en que mi corazón fue mutando de órgano vital a lonja que no calla. Seguramente África (que nos lleva siempre tanta ventaja en lo que a sabiduría de la vida se trata) mandó a sus hijos secuestrados como esclavos con sus tambores en el alma, como caballos de Troya. Ellos desaparecieron, pero alguien, siglos después, abrió la caja de Pandora. Y la bendita invasión musical volvió a tender ése puente de madera y cuero hacia la esencia.
Los tambores se agrupan y van encendiendo plazas de Buenos Aires, galpones y covachas, creando rondas invisibles de tribus no declaradas. Toman la energía de la tierra, la reciclan, la levantan.

Pero hay lugares en donde el trabajo es doloroso, y el proceso de sanar tiene más que ver con un exorcismo.

Ayer, en una convocatoria abierta, más de setenta tambores de candombe tocamos en la ESMA. Yo no puedo entrar ingenuamente en ése lugar, ni logro asistir con continuidad. Mucho coraje ha pasado por mis pies desde aquella primera vez en que fui a cantar para dar por abierto el espacio de las Madres, cuando no me animaba a buscar el baño por miedo a encontrarme de bruces con un pasado tan nefasto.

Formando filas junto al puesto de vigilancia por el que pasaban los secuestrados para el primer control, sentí la primera puntada de dolor frío pasarme por la espalda. Escuchaba y no escuchaba sonar los parches. Mientras caminábamos lento y las bailarinas en ronda levantaban los brazos al cielo pensé en la esperanza que vuela en un grito de socorro, la esperanza de que alguien escuche y venga a rescatarnos. Cuando sentí que no iba a poder seguir tocando, pensé en las vueltas de la vida y en el sabor de la justicia, de las cuentas saldadas. Un carnaval de madera y cuero desfilando por fin entre tanto verde militar. Una fiesta de libertad de origen moreno, desfachatada y bocona como muchos de aquellos que se durmieron para siempre en la ESMA. Dar un paso más, otro golpe en el cuero, y que los fantasmas pierdan el peso de piedra que no los deja llegar al cielo.

Ayer, sobre la callecita de la muerte, entre edificios cuadrados altísimos de aspecto pulcro y corazón de hielo, nosotros trajimos un carnaval para los hijos de ésas Madres, para que los tambores de sus almas vuelen por el aire como las de aquellos antiguos negros.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Parada y con un puño.

No tengo filtro. No tengo ganas de ponerle a mi boca un silenciador que medie entre lo que pienso y las buenas formas, la diplomacia ni las vueltas complicadas para lo que es simple.
No tengo ganas de andar por ahí como caminando sobre brasas, guardándome lo que siento en algún lugar del cuerpo para que termine en alguna enfermedad complicada.
No me importa qué puedan pensar. El problema en todo caso será del que esté buscándole una segunda vuelta a lo que digo o a lo que hago en una. Lo mío es tan simple como lo que digo. Es lo que digo, ni más ni menos.
No sirve la gente que lee a Castaneda y vive como el peor de los Macris. No es mi problema.
Ya fui durante demasiado tiempo alguien distinta de mí.
No lograrán convencerme de lo contrario.
Fúmenme.
O bébanme, en el mejor de los casos..

lunes, 23 de febrero de 2009

La vida cabe en un pochoclo (reflexiones navegantes)


Dar el primer paso. Entrar en algo que se sabe pero no se sabe cómo. Abrir la puerta y dejar entrar, tomar el picaporte y sumergirse. Sentir la urgencia de la decisión tomada y no oponerle resistencia alguna. Soltarse y dejarse caer como agua de la canilla que algún día, de alguna manera, va a llegar a ser parte del mar.

viernes, 20 de febrero de 2009

La seño de pelo colorado (parte 2)


Ale tiene los ojos redondos y negros y una historia demasiado larga para sus tan poquitos años. Nos conocimos en ronda en el patio de la escuela una mañana de noviembre. Sus ojos fueron la primera imagen que me llegó desde el azorado grupo que me esperaba sentado para conocer a la seño de muchos rulos y pelo colorado.

Cada vez que nos vemos me provoca con malas palabras que suelta en sus historias como al descuido y me espía de reojo para ver mi reacción. Viene a la colonia con una guadaña de plástico de juguete (habría que ver qué traman algunos fabricantes..) que sistemáticamente termina en el placard al minuto de arribar.

Yo dibujo barcos cuando planifico, gaviotas y magos en altamar. Barcos que me lleven hasta donde sea que haya naufragado para cantarle una canción que lo traiga de vuelta a jugar.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Yo te banco, Pol!

Estaba releyendo el blog de mi amigo Neiman cuando volví a toparme con su declaración bizarra de gusto por Miguel Bosé. Y me vino un furor vergonzoso desde los piés al centro y como colegiala eufórica cantando la marcha de San Lorenzo, pensé "no estás sólo en ésta, amigo".

A mí me gusta ABBA.

Mis amigas me putean cuando empieza a sonar un tema en el equipito y fruncen la cara como ardillas. Mariconas. ¿Acaso ninguna se sintió abrazada cuando escuchó "Chiquitita" la primera vez que le rompieron el corazón ni se le frunció el asiento cuando Muriel se descorría el velo emocionada mientras sonaba una versión imponente de "Dancing Queen"?

Hasta hoy he saltado disimuladamente ésa carpeta en el mp3 cuando compartía mi música con desconocidos.

Ahora jódanse.

No pienso dejar de hacer absolutamente nada de lo que me hace feliz.




La seño de pelo colorado

Hoy escribí el principio de un cuento para mis nenes. Lo lleva adelante un mago que se llama Pelusa.
Pelusa viene de padre mago, madre bruja y abuela que es la mismísima Campanita de Peter Pan.
Y lo primero que le toca enseñar a mi mago inventado es a distinguir lo poco de lo mucho.
Menudo aprendizaje fundamental de la vida...

Sweet home, Buenos Aires..

Viernes a la noche, recital de Arbolito en la loma del orto o Boedo, como prefieran llamarle. Viaje con puertas trabadas y ventanillas altas por submundo de Constitución, vereda decorada con putas de distintos tamaños y poco disimulados cafiolos asomando apenas de puertas en penumbras. Distracción al estacionar el auto. Fin del recital, caminata de dos cuadras con amigo Martín teñida de inquietud por caripelas amenazantes que se giran para mirarnos pasar. Bienvenida número uno: cinco muchachotes en peligroso estado etílico rondando auto incendiado a escasos veinte metros del golcito. Fruncimiento de traste ante movimiento tambaleante y poco feliz de muchachote con botella marrón en mano. Partida veloz.

Sábado a la noche, recital de Jaime Ros. Bienvenida dos: Afano impune y aparatoso de cámara fotográfica atada a mi muñeca. Forcejeo con acompañamiento musical, entonando "me está afanando" en cuatro idiomas. Adiós camarita. Adiós carnavaaaaaaaaaaaaal...

Martes a la noche, conversación en patio amigo sobre lo jodido que se ha puesto el mundo de repente. Vuelta a casa en bicicleta a las doce de la noche. Motito con muchacho de remera blanca viniendo detrás. Bienvenida tres: Mano del citado muchacho estampándose en parte de mi cuerpo que se apoya en el asiento de la bici. Acompañamiento de mano en ojete por recorrido aproximado de dos metros, musicalizado por mí entonando laputamadrequeteparió en FA. Final con huida rauda del boludo antes mencionado.

Bienvenida a casa...

Botella en el mar.


" Cuando un guerrero toma la decision de pasar a la acción, debería estar dispuesto a morir. Si está dispuesto a morir, no habrá tropiezos, ni actos innecesarios. Todo encajará en su sitio porque no espera nada"

Carlos Castaneda; " Relatos de Poder"


lunes, 16 de febrero de 2009

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de candombe Uruguay 2008 (parte 5): Lista



Cosas que una debe llevarse a un viaje de candombe al Uruguay:

- Como lo hemos mencionado anteriormente, si va a acampar, lleve una carpa.
- Un buen amigo rápido para dividir, multiplicar y operar con decimales para cantarle lo más prontamente posible cuánto mierda vale el mate que tiene usted en la mano. Y que le emboque al resultado (es muy triste pagar sesenta y cinco pesos argentinos por un llaverito con forma de tambor..)
- Tarjeta para recargar el puto celular que siempre funciona cuando usted no lo puede usar.
- Un salario holgado. Muy útil.
- Hilo, aguja y alfileres de gancho. Y alguien menos colgado que usted que le recuerde llevarlos el día que los necesita..
- Protector solar para no quedar hecha un mandril dos días antes de la llamada, y no ésa porquería factor quince con unos brillitos lindísimos.
- Cigarrillos. La campaña antitabaco uruguaya es heavy metal e incluye fotos en los atados. Y no precisamente de Wanda Nara..
- Una amiga para reventar de risa en el baño.
- Un buen perfume.
- Fernet. Allá casi no existe y no da patinarse lo del hospedaje para solventarlo.
- Cara de póquer para poner en hotel católico mientras le explica al concerje que usted compartirá la pieza con los dos monos que están parados atrás (reutilizable por las mañanas cuando la camarera la mira de reojo condenándola al infierno de pura envidia mientras usted se unta una tostada lo más pancha.)
- Indefectiblemente, un tambor. Y el palito, por diossss...
- La vincha de sus hermanas candomberas.
- Un lindísimo vestido totalmente inapropiado para pintar tambores con pintura en aerosol.
- Diluyente de pintura, o en su defecto, un guardarropas que le combine con su nuevo color de piel verde, naranja y azul.
- Una sidra para Yemayá que terminará siendo escabiada por los malditos jipis. Y a su salud.
- Rimmel. Nadie dijo que para tocar tambores hay que parecer el cuatro de Ferrocarril Oeste.
- Ganas de todo y de más. Indispensables.
- Gente sensible. Y en el mejor de los casos, también cariñosa.

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de candombe Uruguay 2009 (parte 4): "Efectos colaterales"



Hay cosas que el cuerpo recuerda, como andar en bicicleta o saltar a la soga. Hay un equilibrio que se ajusta ni bien una toma coraje y va posando los pies sobre los pedales haciendo que sepamos que sí sabemos.

Hay una memoria inexplicable de algo que no ocurrió nunca que nos conecta con un extraño de manera profunda, un sentir el estómago estirarse que nos hace emanar una luz diferente. Una luz.

El sábado hubo chilingueada en el anfiteatro de Mataderos. Yo sé que algo me pasó en éste viaje, algo en el alma, y a veces me sorprendo de no reconocerme en la que soy ahora. Así llegué, a dos días de bajar del barco que me trajo de Uruguay, a cantar no sabía qué ni con quiénes. Dani me hizo reír contestando mis mensajes en uruguayo, tá, bó, y me llevó de vuelta al pellizco feliz del desfile en Isla de Flores. La fecha era con los chilinguitos, y a mí me dieron ganas de cantarles Peixinhos do mar. Fue lo que me propuso Dani ni bien pisé el escenario y en cinco minutos se armó un coro con tres voces.

Detrás del escenario, mientras mirábamos actuar ahora a los viejos chilingos, se me acercó Julián debajo de una gorra con visera (los chilingos antiguos marcan tendencias..) y detrás de unos lentes para ver y una sonrisa arrobada me dijo que me había escuchado cantar. "..y vos cantaste de lo más divino..". Creo que me partí la boca de una sonrisa. Y ahí fue cuando sentí que éso que me iluminó el corazón en Uruguay se me estaba saliendo por el pecho.

domingo, 15 de febrero de 2009

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de candombe Uruguay 2009 (parte 3): "..Anfiteatro, linda. A ver si volvemos.."

Todos fuimos de viaje. Todos fuimos en nuestro propio viaje que se tocó en sus puntas o en sus centros con el viaje de otros.

Yo viajé por la gente. Me metí por el lado de su risa, por las grietitas que dejó abierto su dolor, por su música, por su impaciencia. Viajé por corazones abandonados, por sueños chiquitos, por ausencias dolorosas, por sus ganas de jugar. Viajé por los ojos de Graciela, brillantes debajo del mascarón blanco y negro de pintura que no resistió la emoción ni la entrega y se desparramó por las caras haciéndonos parecer un ejército endiablado del rey Momo. Viajé por las manos de Andrea que pintó bailarinas hasta llenar la cuerda con un mar de sirenas. Viajé por la a veces solitaria perplejidad de un Dani de cara sorprendida y pronta para la sonrisa. Viajé por la alegría de Guillermo cuando la cuerda tomó vida y empezó a sonar más fuerte de lo que latían los corazones en comparsa. Viajé por una bandera que se tomó su misión a pecho y fue preparando a la gente para que nos aplaudiera. Viajé ratos largos por un silencio maravilloso que se rompía en coincidencias gloriosas. Viajé por Álvaro que era Alvarito y jugaba a pintar las caras con plasticola de brillantina. Viajé por unos ojos oscuros que eran como el mar y estaban llenos de preguntas de ésas que no tienen palabras. Viajé por los pies de María que no tienen los setenta y tantos años que dice su documento. Viajé a las infancias de los que se durmieron cuando canté nanas en una playa de luna llena.


Y creo que todavía no volví.


jueves, 12 de febrero de 2009

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de candombe Uruguay 2009 (parte 2): "Unos ojos se van, se van de viaje..."






Me quemé ignorante de que en Uruguay el mate se hace con agua hirviendo. Salí robando cámara por televisión tocando candombe en una protesta de uno de los sindicatos que agrupan a las comparsas. Toqué con el buceo en un ensayo el martes, sólo tres argentinos entre los cuarenta uruguayos. Descubrí que el amarillo me queda muy bien. Toqué al lado de un viejo Yamandú que salía en su última llamada. Conocí a un gitano de ojos negros que me miraron y me apretaron los recuerdos por adentro. Canté como las sirenas en una playa de luna llena. Floté en el mar. Me vestí de velador y me sentí una estrella. Tuve un amor. Tuve amigos. Tuve una familia que pintaba tambores en el playón de un club. Me volví negra. Me metí en la gente. Se me llenó el cuerpo de flores. Abracé y me abrazaron. Me ví crecer. Me dejé ganar por la emoción de un beso. Se me acercó el corazón al Uruguay. Me perdí y me encontré de nuevo, pero soy otra. Aprendí que no tener el equipamiento necesario para acampar puede terminar con un romance a manos de alguna mujer más precavida. Me sonrió gente que jamás voy a conocer. Compartí la habitación con dos varones en un hotel católico hasta la médula. Les escabiamos todo el bidón del dispenser (malditos jipis). Pinté caras, curé manos, llevé el hilo pero perdí la aguja. Ví feliz a Graciela. Me fuí a la playa donde se tuesta el diablo. Ví arder el fuego. Ví arder mis ojos.

Y ésto recién empieza.

domingo, 1 de febrero de 2009

Soy de Cuareim..

La cuerda Chilinga suena. Sí, suena. Más o menos vamos llevando el paso ligero, cada tanto se baja y lo subimos, pero se sostiene.
Hoy los miraba caminando conmigo en el último ensayo en Buenos Aires para ir a las llamadas. No hemos compartido vinos, ni borracheras, ni hemos estado tristes juntos. Nunca jugamos, ni tenemos anécdotas, ni vimos lunas desde terrazas musicales. Pero nos vamos juntos. Cada cual emprende su propio viaje.
Yo pienso en mis comadres tocadoras, mis candomberas, mis iyás kererés, mi manada, y en todo éso que sí nos sucede. Y que si llevo de éso encendida el alma, cuando nos encontremos allá chilingos y nos mezclemos entre los uruguayos, estiraremos la música para tocarnos y sentir que vamos juntos entre extraños. Y así, envolviéndolos, por fin nos envolvamos.
Brindo por un candombe gozado.

jueves, 29 de enero de 2009

Viaje al centro de la Tierra, llamadas de Candombe Uruguay 2009. (parte 1)

Cuando Dani me invitó en septiembre a formar parte del contingente candombero para las llamadas 2009 y habló con tanto entusiasmo y halagos, supe que me estaba subiendo en la nave de los locos. Contuve el aliento y pensé "no me lo puedo perder."
Cualquier empresa que uno emprenda en La Chilinga termina enredándose, complicándose, y cuando parece que se cae, remonta vuelo y nos deja boquiabiertos y maravillados.
Estamos en el primer tramo..

Locura nº1:
Arribo a terminal de ómnibus Retiro proveniente de Córdoba sábado 3 de enero, 8.00 AM, en micro con aire acondicionado medio descompuesto. Ensayo en comparsa mismo sábado en Martín Coronado, 20.00 hs. Llevé mi tambor.

Ya empezamos nº 1:
Mismo ensayo mencionado anteriormente. Rajé la lonja de mi tambor.

Ya empezamos nº 2:
Ensayo sábado siguiente. Confiada en la palabra del Chino, que iba a reparar mi lonja para éste ensayo, llego sobre la hora y sin repuesto. Tambor no vino. Chino tampoco. Lo que queda para tocar es un placard de cuatro ambientes. Me corto un dedo con el cuero. Dani me caga a pedos un promedio de dos veces y media por cuadra. Me empaco. Me quemo la mano. A la vuelta lo cago a pedos yo una vez a él. Sin razón, por supuesto.

Locura nº 2:
No vimos el hotel, unos van en auto antes, otros en barco después, otros van desde Brasil, unos paran en casas, los demás en un lugar que bien puede ser una casa de retiro espiritual, un hotel escuela o un club de barrio que cede el gimnasio. La mitad ahora está en Gessell, otros en el sur, algunas por acá. No sabemos cuánto sale nada ni quién lleva la plata.
El bombachón lo tenemos todos.

Ya empezamos nº3:
Dani quiere que lo llevemos puesto para ensayar en el andén de Coronado éste sábado a las 20.00 PM.

(continuará)

miércoles, 28 de enero de 2009

Aieiéu, Odó, Epahei...

Voy a cruzar el río. Siempre cruzo los ríos. Creo que sufro de complejo de tierra prometida, entonces parto siempre alegre porque conoceré otro puerto. Literal y metafóricamente.

Voy a cruzar el Río de la Plata. Voy a tocar candombe en la otra orilla. Como si hubiera llenado ya todo de candombe por acá, Buenos Aires me empujó a Montevideo. Allá voy con mi tambor, que nos queremos tanto..

Voy a calzarme un disfraz de rumbera recatada, que es ése espantérrimo traje candomberil con sombrero de paja que hace que una parezca un velador de la casa de la Coca Sarli, anulando definitivamente toda mínima posibilidad de romance carnavalero, salvo que uno realmente se cruce con el amor de su vida. Sólo imaginarme me hace soltar la carcajada y pienso "claro, claro que voy". Si es que nada me hace más feliz que estar jugando por la calle con más gente, la música sonando de mí, mi mano volando sobre el tambor y haber logrado sentir la pasión que ellos sienten cuando ven un mundial de fútbol, tocan en una banda o juegan un picado una vez por semana.
Pero yo soy mujer.

Yo cruzo el río para mucho más.




viernes, 23 de enero de 2009

Meditación a pedido de amiga con principio de embolamiento laboral.

En la vida de cada uno hay algo que se puede volver una puerta por donde la esencia sale y se muestra. Algo, una cosa.


Tirar con arco y flecha, pintar en lienzo, bailar, hacer papiroflexia...


Cuando el cuerpo, la mente, la mano, el arco, la flecha y el horizonte se vuelven una misma cosa.


Cuando los colores cambian y vuelan desde el corazón al pincel y a los ojos.


Cuando los pies no tocan el suelo y van al compás del alma de ésa música.



A mí me pasa con el candombe o cuando canto en FA.


Tardo un rato en entrar por el sonido. Se va acomodando mi cuerpo a la energía que los demás emanan o reclaman. Me empieza a gustar lo que suena y es en ése preciso momento en donde ya no importa si mi mano sube o baja, ni el temor por si mi voz saldrá clara, porque es una corriente que va sola como un coletazo que da el fin y el comienzo de una danza que me sube por los pies, pasa por la cadera y vuelve a empezar. Es ahí cuando de golpe soy yo misma.


Uno debería enseñarle a los hijos a descubrir en ellos cuál es ésa puerta. Y la mejor manera entonces es primero buscarla en uno. Y encontrarla.


En éso ando.

sábado, 17 de enero de 2009

Corto: "Homenaje al mes de noviembre de 2005"

Él armaba una valija en el dormitorio, con mano firme y urgencia poco disimulada. Ella miraba desde la silla en el comedor incapaz de levantarse para detenerlo. Tantas veces temió ésa imágen que no podía todavía entender que verdaderamente estuviera sucediendo. En el último tiempo quizás su capacidad de sacrificio se había desgastado y ya no tenía recursos para seguir piloteando el velero en el medio de tantas tormentas (al final siempre es una sucesión en cascada de momentos infortunados), y en un arranque de coraje él estaba cumpliendo la eterna promesa de abandonarla.

Escuchó cómo se partía su corazón por adentro, el retumbar de cracks llegando desde el pecho hasta el cerebro. Y el silencio. Silencio.


En el medio de la nada misma en la que se encontraba su pensamiento, cuando iba a sumergirse otra vez en el dolor, un gesto o una palabra que él dijo la hicieron detenerse. Se observó paralizada y gris sentada en la penumbra del comedor. Y no le gustó.


Y tampoco le gustó verse sombra inmerecida de un inexistente talento.


Ni sentirse amenazada por la vejez.


Ni le gustó el silencio incómodo de los domingos mientras de fondo sonaba un relato de fútbol.


No le gustó su ropa de color marrón.


Tampoco las caras de asco al juzgar sus comidas.


No le gustó lavar, ni planchar, ni ir al chino a comprar pollo, ni esperar sentada mirando el reloj.


Él salió de la habitación y apoyó en el suelo la valija. La miró desde su metro setenta y pico y con cara de justo le dijo: "Si estás dispuesta, podemos darnos una oportunidad más."


Como un fogonazo, lo vio como si nunca antes lo hubiera visto. Con algo de dolor movió su cuerpo entumecido por tanto llanto convulsivo, se acodó en la mesa y encorvando el cuerpo hacia adelante, respondió:


"Ni en pedo, Roberto. Ni en pedo."

martes, 13 de enero de 2009

A ver si nos vamos entendiendo...

No se puede tener un pié en cada palangana, estar en más de un lugar al mismo tiempo, andar bien con el cielo y el infierno.

Hay que elegir.

No es verdad que hay solamente dos caminos, son infinitos, pero no se puede ir por el medio.

No se puede nadar sin mojar la ropa, no se puede tomar sin abrir la boca, no se puede al mismo tiempo comer y llorar.

Y entonces recién cuando se toma la decisión, alguna, una, ahí es cuando las cosas empiezan a tener sentido y ésta vida pasa a ser algo más que perder el tiempo entre nacer y morir. Cuando saco un pasaje y me voy, cuando digo "hasta acá llegó mi amor", cuando me empiqueto y no pago la cuenta del teléfono, cuando echo de mi casa al televisor, cuando lo que pienso es lo que sale por mi boca, cuando agarro un micrófono o un tambor, cuando algo te indique claramente que soy yo.

¿Capisce?

Declaración.


Odio el dolor.


Nada me espanta tanto como sentir en el cuerpo el pellizco infalible del miedo entrando por la boca del estómago, el miedo a lo único que puede doblegarme.


Lo odio en todas sus formas. Cuando taladra el cuerpo con persistencia feroz o de una puñalada, cuando se mete en el alma y la desangra mientras nos derrumbamos impotentes.


Odio el dolor.


El dolor huele a flores de velatorio, a micros que echan humo partiendo para siempre, al perfume irrecuperable de una piel que a veces se suelta de una remera olvidada, a transpiración y merthiolate, a ramito de jazmines de fines de noviembre, a estación de tren.


Así como el amor reencarna en nostalgia, la pena es el moho de las cosas por las que ha pasado el dolor.


Odio el dolor.

miércoles, 7 de enero de 2009

[sin asunto]

El alquimista le dijo:

- Todos los caminos son tu camino. Donde sea que está tu corazón. Ella y yo te escribimos una canción para que vos la cantes. Una canción de amor.

Ella va por ahí cantando todas las que sabe, y cada vez canta más cerca. Más cerca del amor.

lunes, 5 de enero de 2009

Parada en el peñasco


Todo el tiempo me guía una sensación.
Todos los poros de mi piel van girando para apuntar a un norte que aún no conozco, pero presiento.
Cada paso que voy dando sé que tiene un destino que intuyo luminoso, pero no sé a dónde voy.
Y algo de todo eso, o todo, tiene que ver con el amor.
Y ya no sé distinguir si amo todo lo que hago o hago todo lo que amo, pero da lo mismo.
Perdí el miedo de perder, porque siempre gano. El camino se me llenó de música y de amigos y éso es lo que emano, mi perfume. Ya ni las traiciones duelen tan feo, porque a pesar de ellas quién me quita lo bailado.
Y así como estoy, salto.
Sé quién está por ahí esperándome.


domingo, 4 de enero de 2009

La cocinera del Quilpo

Llegó un 24 de diciembre. Fue como Mary Poppins acudiendo en ayuda de su amiga la que siempre baila entre la desesperación y la comicidad.
El lugar y ella no se entendieron de entrada. La carpa demasiado barata resultó un chasco al que se le rompieron la mitad de las cosas al armarla. Tan finita era que se veían las estrellas a través de sus paredes. La primera noche el sonido del río parecieron voces murmurantes y la tuvieron alerta. Fue cuando se metió a la mañana en el agua que se sintió por fin abrazada.
Todo el día su amiga Pocha entraba y salía de todas partes con los ojos azules de desesperación que a ella le hacían saltar la risa. Y las dos rieron muchas veces todo un día.

-¿Me das una mano?- dijo su amiga sin ladear la cabeza, que es lo que siempre hace cuando habla de verdad.

Amaneció con la noticia de que Pocha tenía fiebre. - Su amiga está para atrás..- le dijo el Chicharra. Y el día empezó con ella a cargo de la cocina y de dos recién llegados al equipo de trabajo, dos gnomos de veinte años y de corazón luminoso. Fede y el Pola. A las dos horas la cocina era una fiesta.

De tanto cantarle a Oxúm dando vueltas entre las ollas, encontró harinas y se puso a amasar pan. Sola mientras los otros dos buscaban leña, atendían gente, limpiaban mesas, mirando el espectáculo del río en la ventana, empezó a cantar todas las canciones que sabía para homenajearlo. Cuando Pocha volvió fresca esa noche, se armó el ritual. Y cada día, todo el día, entre un salteado de vegetales y agua para mates, una cantaba en la cocina y la otra en la barra haciendo esos armónicos que suenan a felicidad. Y palmeaba las espaldas de los chicos cada vez que hacían algo bueno y todo era jugar. Jugar a ser la cocinera del Quilpo.

Todos sabían que ella se iba el primer día del año nuevo. Solamente ocho días. Otros más fueron apareciendo, por supuesto también chilingos allá arriba, y se armó una familia. La noche de año nuevo, todos bañados y lindos después de haber armado la que sería la propia fiesta, ella no se sentó a comer y se fue sola a ver el horno de leña encendido en la oscuridad. Miró las estrellas, pensó. La vida gira en un instante, un microsegundo, y uno puede, si pierde por fin el miedo y se suelta, entrar por una puerta mágica a una realidad aparte.

Y ésa noche hubo fiesta en el Quilpo, tambores y cajones, canciones de amor, de pena, de ranchitos borrachos, de peces y de guerras, del placer de saber que todos vivían una noche de corazón abierto.

Se levantó al día siguiente, se sentó en las mesas y desde ahí miró trabajar al cocinero nuevo, un pequeño niño malherido que seguramente Pocha asesinará antes del final del mes de enero. Se pintó las uñas. Fede se asomó por la ventana a saludarla. Se abrazó con Pocha, se rieron mientras lloraban sin poder creer lo que habían hecho en esos días, fue parando en la camioneta para dar abrazos candomberos y después de darle el último al cacique Chicharra, se esfumó en la plaza de San Marcos Sierras.

Como Mary Poppins, pero candombera.