sábado, 14 de septiembre de 2013

Caminos

A veces miro hacia atrás (soy gustosa de las retrospectivas concienzudas) y veo en el camino las migas, los mojones, los pasos precisos que me llevaron hasta hoy, hasta mí.
Mis partos fueron tantos que cuando vuelven a llegar ya me son naturales, y otra vez algo se cae y desaparece de mí y soy más amiga de mi muerte.
El tiempo no me pasa como dice el reloj, me detengo en momentos que son como una vida, los disfruto inmensamente pequeños, se me quedan en los ojos y en la piel, y la soledad cada vez es más una ilusión, una mentira.
Me sé parte de algo que ya no se detiene, y cosecho esperanzas que enciendo como llamas, alimentando el fuego de un amor tan intenso como cierto, que no quiere agarrarse de nada, y pasa a mi través dejándome su huella.
No tengo ya de mí ninguna imagen. Ningún destino codiciado.
Por fin siento serena en mis plantas dónde es que están apoyados mis pies.

jueves, 18 de julio de 2013

Diecisiete






Hoy me desperté, y es tu día. Es en el calendario la fecha en que celebramos que hayas bajado, que hayas nacido, que hayas llegado.

Me imaginé de pronto nuestra vida juntas como una combucha, ese hongo de los noventa que curaba hasta el cáncer y que iba pasando de casa en casa como una bendición. Criado en té, formaba debajo de su cuerpo un cuerpo nuevo que maduraba y se desprendía para irse a otro frasco, a otro té, a seguir diseminándose por el mundo.

Mirándote, veo que este cumpleaños es una frontera, una de las tantas puertas que la vida tiene para marcar los recuerdos con vivencias. Tiempo en que las amistades dejan de ser puramente territoriales para ser elegidas, y florecen los amigos entrañables, esos seres que nos acompañan con profundidad por los caminos de la vida, las decisiones empiezan a marcar una ruta de encuentros.
Los festejos de tu vuelta número diecisiete, de tus seismil docientos diez días transcurridos, te miro y puedo ver una combucha casi enteramente nueva, un pequeño universo nuevo, formado de la misma sustancia que la mía, forjando su personalísimo destino.

Mientras te veo poner rumbo para conquistar el territorio de la juventud, desde el reino de mi madurez, cruzando los dedos para que recuerdes lo importante y sepas sanar lo anecdótico, te bordo una capa de bendiciones para que te abrigue en el mundo:

Que el amor te habite, te inunde, te atraviese, le de calor a tus pensamientos y te haga querer despertar cada día; el amor a tu camino, el amor a tu tierra, el amor a tu obra, el amor.
Que siempre que hagas, sea por amor.
Que siempre que no hagas, sea por amor.
Que florezcas en cada primavera, y que, además de cumplir años, crezcas.
Que la luz de tu pensamiento sea tan brillante que diluya cualquier sombra fría de miedo que te quite libertad. Que no se llene tu alma de rencores ni de cuentas pendientes.
Que nunca esperes nada a cambio, que le baste a tu corazón para llenarse el privilegio de tener lo suficiente como para poder dar.
Que nadie te convenza, y que tus decisiones sean tus propias decisiones, de nadie más.
Que la vida te devuelva lo que entregues, y que muchas manos se tiendan para recibirte y abrazarte.

Felices diecisiete años, Chinatown.

El mundo es nuestro.
El mundo es tuyo

martes, 25 de junio de 2013

Una promesa a (debajo de) una bandera.

Estamos en cuarto grado.
Por acá, por estas tierras del sur de América, hay una tradición escolar que reglamentó una disposición del año 1957. Al llegar a cuarto grado, emulando aquel juramento de lealtad que su creador hiciera a la bandera a orillas del río Pasaje, cada niñito escolarizado de mi país debe entrarle al ritual de hacerle la misma promesa a la bandera.

De mi promesa a la bandera no hay ni fotos. Fue en plena guerra de Malvinas, con mi madre al borde del colapso, sin carrera, lastimada, furiosa y sola gracias a los tiempos de la dictadura, mis padres divorciados ahí nomás, en pleno quilombo hacia adentro y hacia afuera de mi casa, imaginate la bola que le dimos al evento.

Cuando llegó el turno de Chinatown, yo ya sabía, ya había aprendido gracias a ella, que ningún ritual en la vida debe ser al pedo, que cada cosa que uno hace tiene que ser en serio, tiene que ser verdadera para una.
Como madre y maestra de la misma escuela a la que mi chiquita asistía, fui invitada junto a otros padres a escribir y decir unas palabras  sobre el momento que transitaban nuestros niños, el ritual en cuestión.

No recuerdo exactamente las palabras que dije durante el acto, más o menos decían así


Cuando yo era chica, mi país era mi casa, mi hermano, mis juguetes.
 Mi bandera eran las manos de mi mamá peinándome.
Crecí, y mi país eran mis amigos, el río, la escuela. 
Mi bandera eran mis sueños.
Crecí más, y mi país se volvió infinito. 

Mi bandera, hija, es tu sonrisa.


Pero si recuerdo con nitidez sus dos largas colas de cabello, sus ojos todos enormes mirándome, mi emoción, su emoción también (creo que ese día, yo le prometí lealtad a ella).
El ritual en sí, te la debemos. Ninguna de las dos recuerda que se juró finalmente, pero se nos entibia el corazón al recordar la escena.

Y ahora me tocaba, después de tantas vueltas, estar de este lado en el ritual de una promesa a la bandera.

Nada debe hacerse en la vida porque sí, mucho menos una promesa. Así que bandera y promesa, había que entender de qué estábamos hablando.

Empezamos por una historia.

En el año 2001, que fue un año muy difícil en la historia de nuestro país, mi hermano se quedó sin trabajo y decidió ir a probar suerte a España.
Guardó unas pocas cosas en la valija, agarró sus ahorros, se tomó un avión y cruzó todo el mar inmenso para llegar hasta otro continente, a Europa, a la tierra de mis abuelos.
Estuvo mucho tiempo allá, lejos de casa, y las  cosas no le fueron fáciles. Caminaba durante muchos días buscando un trabajo que no aparecía, iba de una entrevista a la otra, con poco dinero y poca suerte. Cada noche, al volver cansado y algo triste por no encontrar lo que buscaba, a la habitación que alquilaba, no tenía amigos con quiénes compartir sus vivencias. Y entonces la carga se hacía algo más pesada, más difícil de sobrellevar la distancia y las ausencias.
Un día, en una calle lejana, en la puerta de un bar, vio una bandera celeste, blanca y celeste. Y entonces, él contaba que supo que ahí seguramente tomaban mate, que ahí seguramente conocían el dulce de leche, que sabrían de Boca y de River y de un montón de cosas que él conocía. Y cada tarde antes de volver a su habitación, pasaba por el bar, y estar allí era como estar un poco más cerca de su tierra, de su casa.
Esa bandera, decía él, fue como un faro, fue como una manta, fue como un fuego encendido para que se encontrara más cerca, menos solo.

Y después una pregunta.

¿Qué es una bandera?

Les mostré las rutas que yo seguía en el gordísimo diccionario enciclopédico que ilustraba mi infancia sin google y encontramos la página central con el dibujo de todas las banderas del mundo.

Faaaaaaaaaaaa dijeron todas las bocas abiertas ante la misma imagen que me maravilló a mí treinta años atrás, y nos metimos a buscar respuestas y a buscar preguntas.

Cada uno (incluyéndome) investigó cómo se había inventado la bandera de algún otro país que no fuera el nuestro y aparecieron curiosidades de todo tipo: La bandera de Granada, por ejemplo, tiene una nuez moscada; la bandera de Cuba fue creada en Nueva York; el cielo estrellado que aparece en la bandera de Brasil es la formación de estrellas que se veían el 15 de noviembre de 1889, fecha en que se proclamó la república.
Leímos que el color rojo representaba el coraje, la sangre, la fuerza, que el color blanco pretendía pureza, que a veces las estrellas representan a la libertad.
Y así como en una bandera se ponen símbolos que representan virtudes de algún pueblo, también cada uno puede encontrar símbolos con los que puede identificarse, imágenes que lo representan.

Cada cual entonces buscó sus propios símbolos y creó su propia bandera.

Veinticuatro obras increíbles, llenas de significados, de emblemas. Cada cual hurgó en sí mismo para expresar aquellas cosas que lo representan.

Vimos entonces que cada cual podía a su vez meter su bandera dentro de una más grande, la bandera de la familia. Y a la vez, todas las familias bajo la bandera de un barrio. Y en una mamushka incesante, terminamos comprendiendo qué es lo que hay debajo/adentro de una bandera.

La matria, la patria, la madre patria, la madre tierra, el orígen, la tribu, la nacionalidad, la identidad, la sangre, las banderas.

Muy bien, un concepto inmenso, pero sé que lo hemos comprendido. Lo hemos pasado por nuestra propia historia, por el filtro de nuestra propia vida pequeña.

Y ahora que sabemos que una bandera somos nosotros... ¿cuál será nuestra promesa?

Sólo puede prometerse lo que se está dispuesto a cumplir. Entonces, ellos son quienes decidirán esa promesa.

En una mañana en la que movimos el cielo y la tierra, estos veinticuatro niños que arañan los diez añitos, redactaron esta promesa (a la bandera):

No matarnos entre nosotros;estar siempre juntos, evitando entre nosotros la maldad, la crueldad y la guerra; cuidarnos los unos a los otros; hacer brillar nuestros colores; tratarnos bien; no mentir; no traicionarnos; no traicionar a los animales; protegerte de cualquier daño, agradecerte por darnos coraje, nunca negarte, y no prometer lo que no podamos cumplir."

Y yo creo que es una promesa que habría que recitar en cada casa antes de salir a la calle a vivir en esta sociedad de cada día que supimos construir.





domingo, 9 de junio de 2013

Querido diario (es otoño, llueve y hace frío)

(Cuando la vida llega hasta sus bordes, la cosa se pone oscura, el ojo de la tormenta es la caja de Pandora por la que hay que pasar.
Escucho todo el tiempo, mientras la vida arrasa, a la esperanza cantando en el fondo de la caja.)

Hoy es domingo.
El día de mi encuentro, del candombe por el barrio, en la vereda o en algún living generoso y lo suficientemente amplio como para albergar a este ser colectivo que nos nuclea, mi Cumparsa, en caso de lluvia persistente, para que no se apague el fuego que arde cuando se junta esta gente.

En este tren de ver quién soy y qué es lo que me hace feliz (trabajo práctico en el que ando intentando a ver si me recibo de una vez..) me fui siguiendo el impulso de unas ganas tremendas y una falta de vergüenza gloriosa, nacida del disfrute de lo ridículo que supe conseguir, me descolgué el tambor y me fui al corazón del candombe, a bailarlo.

Me dí permiso de bajarme de la calesita de tener que mostrarme fuerte y poderosa para ver cómo es sentirse fuerte y poderosa sin tener porqué mostrarlo, y me permití ser todo lo hermosa que pudiera sentirme. Eso que nadie me había enseñado, lo leí por todos lados y, lentita como siempre fui, creo que lo entendí después de un rato de vida increíblemente largo.

Y mientras se me iba el cuerpo en esas curvas que se trepaban por mis piernas hamacándome en el aire, haciéndome nadar en el mar que suena cuando baten los parches, sentía claramente mi cuerpo entero volar sobre la calle.

El candombe es una danza de mujeres, porque es en su esencia, una danza de agua.
Solo las mujeres sabemos cómo se mueve el agua, porque así es como la vida viene al mundo a través de nuestros cuerpos inundados, redondos, llenos. Las mujeres, la luna, el agua.

La fuerza del varón da la cadencia en el vibrar del tambor que abraza, que lleva, que acaricia o agita las aguas, que repica y provoca un empujón, que llama.

Alguna vez las mujeres supimos que bailar era dejarse atravesar por el amor de la Tierra y el Cielo.
Como todo lo demás.

Cuando me pierdo bailando, por fin me encuentro.


miércoles, 29 de mayo de 2013

Esa musiquita




Dejando que el candombe me suceda en el cuerpo.







viernes, 17 de mayo de 2013

Denuncia

Me persigue la palabra amapola.

Vino desde Córdoba en la boca de un alma amiga que venía de vuelta a casa a curarse las penas y las sombras. La trajo en un nombre elegido para un angelito que la anda rondando, y en una dulcísima canción que me dejó totalmente pegada en el alma.
No creo haber dicho antes muchas veces la palabra amapola. Es una linda palabra, sonora. Se siente rara en mi boca, y me encanta decirla y probarla.
Canto 
y una amapola me lo dijo ayer
que te voy a ver
que te voy a ver...
          
Martes, entrevista con la terapeuta de uno de mis niños, conversación, planificación, charla y entonces escucho en el aire, saliendo de su boca sonriente, "..el centro es un desastre, yo lo tengo que padecer porque los martes estoy en el jardín Amapola.."

Miércoles, al pasar, en una conversación matinal cocineril con la Maestra Marisol, dando cuenta de una merienda distendida, al preguntar por el origen de la delicia con la que me convidaba, "Amapola" fue la respuesta.
De los mil nombres que podía tener un lugar de comidas, embocarle a la palabrita y que me resuene por vez tercera es al menos llamativo.

Jueves, cursando el seminario pedagógico, en pleno estudio del reino vegetal, el ejercicio era observar semillas y piedras, mezcladas y dispersas sobre una mesa. La mayoría de las semillas eran anónimas, sólo algunas habían sido clasificadas. Se nos enuncia entonces la lista de lo conocido "esta es una semilla de araucaria, esta de timbó, esta es una semilla de amapola..."

(continuará)


sábado, 4 de mayo de 2013

Música de locos

El domingo pasado, los tambores fuimos a manifestarnos al Borda, al leprosario de la sociedad moderna, a donde esos que son el resultado de nuestras fábricas de desamparo, de violencia y de ignorancia, andan deambulando en el laberinto de sus almas sin frenos, navegando solos, invisibles, por esa realidad confusa que supimos conseguir.
El gobernador de la ciudad y su afán inmobiliario le pasaron topadora al único edificio en donde realmente se ponía en práctica el arte de curar. Demolieron el taller artístico protegido.
Y como postre, la policía repartió palos y balas de goma a los médicos, a los pacientes, a todo aquél que intentara defender (con dolorosa desesperación) el espacio en donde la puerta al mundo estaba abierta para que los locos pudieran cruzarla.

Veo las imágenes y no comprendo bien cómo es que somos nosotros los sanos y ellos los enfermos.

El domingo, llego a los caminos sinuosos de la salud mental, pasando en silencio por el frente de lugares tétricamente oscuros, rejas y paredones, y cuando ya casi huelo la tristeza, al final de las curvas y portones de rejas, hay gente colorida, no demasiada pero la suficiente, y gratamente me voy reencontrando con esos que fui conociendo en esta ruta del candombe de mis días, mis hermanas Iyás, los chilingos, las bailarinas. Entre todos los tambores encuentro a los míos, los que suenan conmigo, los de mi tribu. Y entre medio deambulan ellos, los que habitan este espacio de manera permanente, los frágiles, los vulnerables, los ellos del nosotros. Ellos cargan con algo de lo que siento que nos libran.

Creo que vine a dejar de tenerle miedo a la locura.

Escucho los discursos, escucho claramente que no estamos aquí a favor de institucionalizar como tratamiento a los desórdenes psiquiátricos, sino que venimos a defender el espacio que funciona como puerta a la desmanicomialización , que la sociedad que queremos construir no tiene paredones y después.

Al rato de estar, se adelgaza tanto la línea que separa a unos de otros que ya es difícil saber quiénes son los locos.

Yo toco como loca, literalmente como loca, aullando de la alegría de defender lo que digo que defiendo, de salir de las palabras y pasar a la acción, de hacer lo que digo que hay que hacer, de concretar una forma en el mundo.
Yo canto como loca con un coro improvisado de mujeres que tenemos ganas de sembrar eso que las topadoras han derribado, para que sanemos, y lo hacemos bien para que se haga real; si el arte los cura, sembremos entonces en el mundo el arte, el hacer con amor, sólo por amor a la belleza, algo bello. Y en vez de tirarnos con esas piedras que tiene el camino, hagamos puentes en donde, desde todos los universos de las formas de ser posibles que hay en este mundo, podamos encontrarnos.

Enloquecida de tanto cantar, me puse a hacer lo que realmente se me estaba dando la gana, y con el tambor calzado en la cadera, emprendí la vuelta bailando, dejándome bailar por los tambores, nadando en el aire, con cada golpe de mano y palo sobre el parche. Bailé con los locos sintiendo cierto esto que hacemos, haciendo lo que hacía con con total voluntad. Para darles alegría me volví alegre, moviendo el cuerpo al compás del alma, sin más preocupación que la de la de andar bailando. Entre el mar de madera de los tambores abiertos, nadé por los ojos, las manos, los parches, las bocas, sobre eso cálido que ocurre cuando se tiene claro el por qué, la causa, el motivo que enciende la fe de defender lo que se defiende. Bailando pedí por la libertad de dejar de ser condenados, por el derecho a la dignidad de ser humano, por el amparo y la educación,  por dejar de matar y volver a sembrar, porque creo que la alegría es una buena manera de combatir esa mierda que hacemos subir hasta los techos en el mundo que estamos creando. Porque es hora de que alguien pare, de que cada uno pare, de ponerle freno a esa necesidad de hacernos daño.

Quién dijo que las batallas solo se pelean a sangre y espada.

Ellos quisieron demoler el arte, la puerta por donde se cruzaban la vida y la locura.
Y lo que hicieron fue abrir un boquete y desparramar su contenido como pintura de colores sobre los escombros y el asfalto.




domingo, 21 de abril de 2013

Hacia arriba en espiral (a dónde te irás volando por esos cielos...)

Un año es una vuelta completa por la vida, un ciclo entero, un principio y un fin que no termina, pero que puede cerrarse con un broche y un moño.
El pueblo judío espera un año entero para poner lápida a sus muertos, sabiendo que no es menos que ese tiempo lo que el alma llora las ausencias.

Yo lloré tu ausencia mi vida entera, pero nunca fue tan real como desde tu verdadera partida.

En estas 365 oportunidades de crecer que me trajo tu muerte, aprendí a doblar las esquinas sin esperar encontrarte, porque yo misma puse en la tierra tus cenizas, los restos de tu paso por el mundo, bajo un árbol de hojas rojas como el fuego, como la sangre, como tu fe.

Caminando el mundo en el que tu ausencia se volvió real, en alguno de estos 365 pasos dejé de ser tu hija abandonada y me volví mujer.

Sigo andando un camino que no sé a dónde lleva, pero siento por fin que lo ando con mis propios piés, y me alumbra la luz de tu amor que, ahora sé, siempre estuvo encendida.

El miedo es el cáncer más terrible de todos, porque te paraliza, y de eso quedé felizmente vacunada gracias a tu propia vida.

Y qué paradoja que, ahora que no puedo de verdad darte un abrazo porque no hay materia vital que te contenga, siento tu abrazo cada vez que ando bajo este cielo inmenso, llena de la fe que genéticamente me heredaste, rumbo, por fin, a los días de mi propia vida.



viernes, 19 de abril de 2013

(don de fluir)

..bailas como quien respira
con un antiguo don de fluir
bailas, y parece tan fácil 
como dejar el corazón latir...

Tan solo puede llenarse lo que se ha vaciado por completo, lo que ha hecho un espacio suficiente para lo nuevo.

Cuando me dejo habitar por el silencio las cosas me suceden, me ocurren, me atraviesan los poros como si yo fuera de agua clara, blanda de cuerpo, transparente y genuina.

Cuando respiro y toco, me pasa que el candombe me sale por las manos, viene desde algún lado a donde con los otros vamos, y lo dejo hacer lo que sabe sin pensarlo, así mis manos caen junto con las otras y sonamos.

Cuando respiro y oigo con todo el cuerpo, desde el suelo suben olas por mis piernas, y me vuelvo de agua, me dejo hacer por las olas de la música que suena, y el candombe me baila, me toma el cuerpo por asalto y sin oponer resistencia lo dejo andarme las caderas, y no soy otra que esa que ondula en el aire mientras la música me llena.



sábado, 13 de abril de 2013

Paisajes de la infancia (Hoy: combatiendo en tu dragón a mi dragón)

Que un hijo llegue al mundo a través de tu puerta es un viaje en el que ambos pueden perderse irremediablemente o elevarse juntos como pájaros. Que un niño llegue a tu vida significa que tendrás la dolorosa experiencia de recibir a un gran maestro, y esto nada tiene de hollywoodense pretensión de niños calvos que doblan cucharas con la mente y dicen grandes verdades universales. Es nada más y nada menos que un espejo inmenso en donde podes volver a mirarte. Y verte.

La infancia nos es un territorio ajeno al crecer, desestimado a veces en cuanto a sus derechos humanos, incluso por los propios padres.
El abuso de poder del adulto toma formas invisibles en el paisaje de la infancia. Un niño no tiene el dominio suficiente del idioma como para poner en palabras lo que está sintiendo y defenderse ante aquellas decisiones parentales que los aplastan, les quitan el derecho de transitar y aprender.
Aprendemos a ser padres siendo hijos, víctimas a nuestra vez de esa misma educación.
Entonces, cuando padres, invisiblemente, incomprensiblemente, nos volvemos victimarios.

No hace falta mandar a un niño a una sicoterapia para comprender lo que navega por su alma. Basta con poder pararse en sus zapatos, que alguna vez fueron los nuestros, y recordar. Sin juicios, sin estimaciones, sin tecnicismos. Recordar la confusión de no ser escuchado, no ser realmente consultado, de no comprender las emociones cruzadas por la incoherencia adulta entre hechos y palabras, el grito ante el error, el castigo, el miedo a la infancia por ser un territorio con tantos dragones, tantos monstruos nocturnos.

Son la una y media  y uno de mis peques está sentadito solo en el pasillo de la escuela. Su mamá viene atravesando una etapa muy difícil, muy oscura, en su biografía, viene haciéndose daño. Ahora no atiende el teléfono, y debo ponerme firme con su papá, que se ve desbordado con la situación y no puede trascender el enojo y no quiere venir a buscarlo.
Cuando mamá finalmente llama y avisa, respiramos hondo (también porque ahora sabemos que está bien, que no le pasó nada aún) y entonces veo al niño y su gesto de parálisis porque otra vez está atravesando lo mismo. Los que se supone deberían ampararlo y protegerlo están haciendo exactamente lo contrario, él está asustado, solo, a cargo de sí mismo, grabando en su corazón rencores, ausencias, abandonos.
Pienso en mi, en lo confuso que era recibir de boca de mis padres palabras espantosas que se dedicaban una al otro desde su odio más profundo, sentir en mi cara el peso de los juicios que se hacían uno y otro, el vacío de sentir que las manos que debían acompañarme estaban ocupadas dándose golpes entre ellas. La soledad de tener que atravesar esos sustos sin poder ir de la mano de nadie, entonces esos sustos se siembran el el corazón y se vuelven miedos.
"¿Vamos a comer? ¡yo tengo hambre! ¿venís a comer conmigo?" le digo sacando de la galera a Mary Poppins. Y le ofrezco mi mano. Y me la da, y todo él, desde sus ojos húmedos, la boca que se aprieta, el susto de estar solo, se viene a mí y se envuelve, se enrosca, se guarece, y yo me derrumbo con él, sentada en el escalón del pasillo, mirando hacia la puerta de calle, llorando sin ruido él, llorándome toda la infancia encima por adentro, yo.
Entonces le canto. Canto una canción cualquiera, una que a mí me haga bien. Y lo acuno un rato. Y Josué que pasaba, nos mira, nos ve, se queda y conmigo, bajito, canta.
"Dale, vamos a comer" vuelvo a decir ahora que lo más amargo parece haber pasado.
Encontramos unos canelones, y mientras los caliento le digo "igual, esto no es nada al lado de las pizzas de tu mamá. Yo nunca en la vida probé una pizza ni unos panqueques tan ricos como los que hace ella". Aparece una luz, un gesto de su cara que me dice que vamos bien.
"Tu mamá tiene un don en las manos, ella cocina muy, muy rico. Y si tenés un don, no te puede ir mal en la vida. Lo que pasa es que me parece que ella no se da cuenta. Me parece que vos la vas a tener que ayudar a que se de cuenta.." y el sonríe mientras come, y yo creo que le estoy diciendo la verdad, lo que ahora a la distancia veo.
Ella llega, está tan mal, tan perdida, y el corazón se me aprieta porque tengo que llevar adelante un trámite legal que no se corresponde con lo que yo quisiera. Ella acepta todo, como una nena que se siente avergonzada. Mientras firma las actas hay un silencio, el pequeño de pie junto a ella no pierde detalle de nada. Entonces cruzo con él la mirada y digo "vos sabés, decíamos hoy con el gordi que vos tenés un don en las manos, que cocinás unas pizzas riquísimas. Y que cuando uno tiene un don no le puede ir mal en la vida"
Ella levanta la cabeza como sorprendida. Balbucea algo que no le entiendo, y debajo de los anteojos de sol permanentes, se le empiezan a llover las penas, las desesperaciones, los dolores. Y yo sigo y sigo
"lo que pasa es que en la vida uno no puede nada solo. Solo no, hay que buscar ayuda."

Dos días después, son el peque y su hermana los que se quedan a almorzar conmigo. Después de transitar la misma secuencia telefónica y de lograr que su papá venga a la escuela, me encierro con él a decirle que es la madre de sus hijos la que está sola y está enferma, que es esa la mujer que él eligió para que estos niños aparecieran en la Tierra, y que es a los niños a los que está ayudando si la ayuda a ella, que hay que hacerse grande y tomar las riendas, que fácil no es pero que nadie dijo que estaría solo, pido por ellos lo que hubiera necesitado que por mí alguien pidiera.

Todos somos sobrevivientes de la infancia. Desandar el camino juntando las migas, las piedritas pequeñas, volver a aquellos territorios con esta conciencia y mirar con amor para poder ver dónde están los puntos que se salieron, lo que entendimos mal, lo que nos jode la vida adulta y nos tiene el gesto amargado, la desconfianza puesta, el sistema defensivo siempre activado, y nos aleja a unos y a otros, nos vuelve peligrosos y extraños.

Ella bajó los brazos, depuso las armas, cambió el destino de sus hijos de ser rehenes, tablas salvavidas, postes donde atarse, escudos defensivos, excusas. Supo dejarse llenar por el amor que sé que les tiene, abrir la puerta y dejarlos ir a territorios menos oscuros.
Ahora su propia batalla la pelea ella.
Yo la llevo en el corazón para que sepa que es verdad lo que le digo, que si estira la mano va a saber que hay otras manos para acompañarla en este tramo oscuro, que no está más sentada sola y asustada en el pasillo de una escuela.
Cuando le doy la mano a él, me doy la mano a mí y le doy la mano a ella.


sábado, 6 de abril de 2013

La incomunicación en la era de las comunicaciones (apuntes sobre educación)


Observando el nivel, el tenor de las discusiones variopintas (de política, de religión, de..) que se desata periódicamente en las redes sociales virtuales, me detengo en una reciente: La acusación que pesa sobre la Cámpora de utilizar sus remeras en el reparto de víveres y asistencia para las víctimas de la inundación. Me centro específicamente en esta acusación casi como hecho lingüístico, no voy hacia un análisis político.
Más allá de la anécdota (no abro un juicio sobre el hecho, simplemente lo tomo para llegar a un punto), releo comentarios anteriores, los de oficialistas y opositores de algo que les es todo (presidencia, papado, lo que venga en cada tiempo).

Mi trabajo es educar. Mi trabajo es observar los problemas en la comunicación que hacen que un individuo entre en contradicción permanente entre lo que busca encontrar y lo que genera para ese fin, y su frustración al obtener un resultado fatalmente opuesto a su intención. Es decir, cómo y por dónde se desarma esa red que filtra la comunicación y me hacer escuchar lo que creo que me están diciendo, no lo que realmente me están diciendo. Y me hace reaccionar.

La realidad es una construcción sobre la mirada única y personal que se tiene del mundo.
La polaridad de opinión es prueba de eso: en una misma región hay gente que siente que vive oprimida y falta de libertad y otra que siente un renacer del estado de derecho, una concreción real de la democracia. Ambas personas pueden vivir en el mismo barrio, en la misma calle, puertas de por medio, pero viven en dos países diametralmente opuestos.

Quiero decir, cuando uno está decidido a ver lo que quiere ver, cuando hay ya un juicio que tiñe lo que voy a ver, mi mirada no está clara, está velada de intención. Por ejemplo, en el caso de la Cámpora, en el cuestionamiento preciso sobre el uso de remeras identificatorias para trabajar colaborando con el reparto de víveres (aclaro de nuevo, no abro juicio sobre el hecho sino que voy a otro punto). ¿El cuestionamiento cuál sería? ¿que se identifican para hacer una acción solidaria y sacar rédito político, por ejemplo?
Los boy scouts que están trabajando para Cáritas también andan con uniforme, dejando en claro que es esa agrupación y no otras la que está llevando a cabo la tarea solidaria. ¿Por qué no sería esto cuestionable y sí que la otra agrupación se identifique?

A lo que quiero llegar es, la objetividad no existe, y la comunicación se vuelve más complicada cuanto más subjetiva, porque los parámetros internos, las vivencias que construyeron nuestro sentir son intransferibles, y no es posible abarcarlas si no se desarrolla la empatía, la flexibilidad en la mirada, la conciencia de que existen tantos puntos de vista como miradas.

La verdad no es propiedad de un individuo, sino que es una construcción del conjunto. La comunicación libre de prejuicio es la meta educativa perseguida para tender los puentes entre los individuos, necesarios para la construcción de lo comunitario, de la verdadera red social.



lunes, 11 de marzo de 2013

Te parece/ que sigamos/ caminando por el barrio de la mano...




Una reunión se vuelve un encuentro cuando las almas van y vienen en la misma sintonía, cuando la comunicación no necesita de palabras y el regocijo florece en el hacer.
Yo extrañaba la manada, dos semanas de ausencia me tenían con ganas de cosecharles la música, ellos casi todos venían de una boda en donde el amor fue tan real como los milagros, y ese ánimo de fiesta, de querer compartir la alegría, se trepó por piernas y tambores.
Una esquina al lado de la estación Artigas, una ronda de gente que canta mientras cae la noche, que canta porque tiene ganas de pasar la noche así, cantando, todos juntos, a mil voces, respirando en el aire el sentimiento de eso que todos juntos vamos construyendo.
Y cuando nos encontramos todos, yo por fin me encuentro, soltando en el aire lo que me canta el alma, dejando que la ronda me mueva el cuerpo, batiendo palmas, como en un ritual pagano para combatir todo eso que se pudre alrededor, dándole al mundo medicina de la buena, pasando del dicho al hecho.


jueves, 7 de marzo de 2013

Piensología (reflexiones en el sillón)

Los adultos caemos en la trampa de nuestra educación. Castigamos entre nosotros el error, somos despiadados, pedimos la muerte, el dolor eterno, ojo por ojo, dolor por dolor.
Me veo parada dando en el grito un golpe que recibo en el alma, el castigo de los adultos de mi infancia, el grito, la culpa, el dolor de entrar a un mundo donde ya se es culpable desde la misma concepción.
Recagamos a pedos a un niño que está intentando dominar su motricidad fina (cosa que no dominamos ni los que ya llevamos cuarenta años intentándolo) cuando se le cae un vaso, cuando nos lleva por delante mientras corre feliz y jugando despreocupado, lo bajamos a la tierra de un ondazo, lo hacemos culpable.
Aprendemos a odiar el error, a revivir en el error del otro la frustración de nuestros padres que aprendimos como pulpos en cada gesto.
El ego es un niño malherido, que detuvo asustado el crecimiento.


¿Y qué vamos a hacer ahora?

lunes, 4 de marzo de 2013

Andando en bicicleta con la mente

El secreto está en la velocidad.
El diario devenir nos monta en un huevo, a caballo de algo que nadie sabe qué es, pero va rápido. Todos corremos, vamos corriendo, llegamos corriendo, nos vamos corriendo, escribimos corriendo, comemos corriendo. El fenómeno de la inercia hace que, por adentro, todo tome esa misma velocidad.
Entonces, imagináte, al primer pocito que agarraste mal o la más mínima patinada, todo se convierte en un Scania a 250 km/h que pierde el control, y andá a volantear hasta que lo vuelva a poner derechito...

Es menester dejar de correr por afuera para que también se pueda dejar de correr por adentro.
Andar, por la vida y por el alma de una, de paseo.

Sigan en lo que estaban, nomás. Yo me vuelvo a practicar pensamiento deportivo al sillón.


domingo, 10 de febrero de 2013

Lema

Ahora que ya entendiste que no vas a encontrar afuera nada que no encuentres adentro. Ahora que sos el mayor motivo de tus carcajadas. Ahora que te reís sin pudor de que se te vean las amígdalas. Ahora que te corriste del mercado de carne barata que te vendieron y compraste para ser mujer. Ahora que sos capaz de sacrificios por amor a vos. Ahora que cambiaste esperanzas por certezas. Ahora que tus ojos se rodean de rayitos que marcan en la piel tus millones de sonrisas. Ahora que la curva comienza a ir hacia arriba.
Bienvenida seas ahora, alma mía.

sábado, 9 de febrero de 2013

Treinta y tres



Anduve por Ayelén, que no anda, flota.
Anduve por la melancolía de Bárbara.
Anduve por el dolor infantil vuelto alegría de Carina.
Anduve por los ojos buenos de Carla.
Anduve por el andar sutil de Cecilia.
Anduve por la cálida mano de abuela de Celina.
Anduve por los altruistas ideales de la Dani.
Anduve por el corazón de Fabiana.
Anduve por la mirada profunda de Genevieve.
Anduve por la calidez de Gisella.
Anduve por el desamparo de Javiera.
Anduve por el alma tierna de José.
Anduve por la felicidad que iluminó los ojos de Laura.
Anduve por la profunda ancestralidad de Lisa.
Anduve por la bella madurez de una Lucía.
Anduve por el joven asombro de otra Lucía.
Anduve por el inmenso espiritu de Luciana.
Anduve por la franqueza de Marcela.
Anduve por la cómica espontaneidad de Marisol.
Anduve por la inmensa personalidad de Miriam.
Anduve por la sabiduría de Moriko.
Anduve por el mágico desprejuicio de Nélida.
Anduve por la entrega amorosa de Ofelia.
Anduve por el tierno corazón de Pablo.
Anduve por la sencillez de Sandra.
Anduve por el inmenso y profundo océano de las emociones de Santiago.
Anduve por la suavidad amorosa de Sofía.
Anduve por los laberintos en donde Soledad está encontrando su camino.
Anduve por la belleza de Verónica.
Anduve por la voz generosa de Úrsula.
Anduve por la tranquilidad de Juan Manuel.
Anduve por la alegría de otra Soledad.
Anduve por los cuidados amorosos de Susana.

Y ahora soy mucho más Yanina que antes.


jueves, 31 de enero de 2013

Declaraciones de finales de enero

Ya no sostengo enojos. Diría que ya casi no me enojo, pero si pasa, estalla y se diluye como una burbuja.
Ofenderse me parece el acto de pelotudez más extremo que se puede llevar a cabo. Sostener en el tiempo el ceño fruncido y la amargura me parece el camino más rápido para envejecer.

La gente es como es.
Las cosas son como son.

No existe cambiar, sí existe transformarse, y eso es un acto que se ejerce no para encajar o no incomodar, sino por una convicción profunda que tiene que ver más con uno mismo que con el espejo del resto del mundo.
No se le puede pedir al mundo que cambie si uno mismo no es capaz de una transformación.
Lo que sí se puede hacer es retirarse de los lugares que no gustan, apartarse de la gente que te tiene en estado de incomodidad, abandonar los puertos donde no se es bienvenido.

Matrimonios mal avenidos, viejos resentidos, discutidores deportivos, confusos eternos, histéricos indefinidos, insatisfechos crónicos, negadores compulsivos, violentos incontinentes, amargos profesionales: no me jodan.
La vida es más simple.


lunes, 21 de enero de 2013

La Cumparsa, gira internacional por Carbó.

Viajar juntos, todos juntos, en la misma frecuencia aunque en sintonías distintas.
Un rato con cada uno, un rato con unos, un rato de todos, un rato conmigo.
Un auto, una ruta, el campo, el cielo, el mismo gusto por decir con los parches, decir cantando, sonar diciendo.
Llegar y ver un cielo de acá hasta acá, y todo, todo, todo es horizonte alrededor donde se juntan el cielo con la tierra.
Estar en la palabra y estar en el silencio juntos, cruzar puentes en trenes que no van a ninguna parte más que a mostrarte que llegar no es más importante que ir, que andar, que estar en el lugar en donde estás.
No hace falta decir, no hace falta enunciar, los otros lenguajes fluyen naturales a la sombra de un sauce, o debajo de la vía láctea y el cielo de una noche de corso de pueblo que supimos pintar del color nuestro.
Cantar con los tambores, meter los golpes justos que harán los acordes de los distintos cueros, mirarnos y bailar con los tambores puestos, descubrir el encuentro y festejarlo impúnemente como goles a los ingleses del espanto, el desamparo, la soledad y el aburrimiento, hacer milagros con nada, convertir la pena en vino y la rutina en una fiesta, porque el alma está de fiesta en encuentro.








Y volver llena de voces, llena de ojos, llena de río y de manos y de tardes y de noches y de abrazos, y dejar que eso navegue los días en los que ando el tiempo.

martes, 1 de enero de 2013

Y digo

Quiero cantar y bajar a la tierra el cielo, quiero muchas noches estrelladas cantando en los jardines o en las terrazas, quiero aprender algo nuevo, aunque sea mínimo, todos los días, quiero confiar y sentir sereno el pecho, quiero andar sin prisa, quiero ver, quiero bailar abrazada a un cuerpo que me lea el alma y al que quieran seguir mis piés, quiero decirlo todo, quiero reírme por las mañanas, quiero ser sabia, quiero decir lo que pienso y hacer lo que digo, quiero tener sanados el corazón y el cuerpo, quiero ser bienvenida todas las veces que llegue, quiero abrazos sinceros y besos profundos, quiero deliciosos instantes de esos en  los que se detiene el tiempo, quiero desatarme los últimos miedos, amigarme con la muerte, enamorar a la vida.

Feliz, feliz año nuevo.

El mundo recién termina.
Esto recién comienza.



domingo, 23 de diciembre de 2012

Al que nace barrigón.. (cuento número siete)

Había una vez una princesa que había leído muchos cuentos de hadas.
Su padre el rey le había contado que todo podía aprenderse en los libros, y la princesa leía y leía tratando de comprender el mundo y sus encantamientos.
Cuando le llegó el momento de elegir un esposo, conocedora de las artes oscuras, posó sus ojos en un batracio que habitaba el jardín, y su loco corazón la convenció de que era un bellísimo príncipe encantado.
Fue tras el para llevarlo a vivir a palacio y darle su amor incondicional hasta que el hechizo maléfico se disolviera a la luz de tan noble sentir, pero el sapo al verla venir, asustado, la emprendió a los saltos en franca huida.
Anduvo la princesa por nauseabundos pantanos, se perdió en noches oscuras, pateó enojada mil veces contra el suelo, volvió a encontrar el rastro del verrugoso prófugo verde y anduvieron tras él sin descanso su alma y sus piés.
Una mañana, después de una larga noche de correr sin descanso, la princesa llegó agotada hasta un claro en el pantano. Del otro lado del charco inmundo, un rayo de sol caía sobre el sapo.
Sintió su corazón muy cansado, le dolían las piernas, estaba sucia y despeinada, dolorida. Había corrido días y noches, con lluvia, con miedo, con ganas, con esperanza y alegría, con desesperación. Y cada vez, el sapo había escapado de su abrazo como de la peste.

Y a la luz de aquél luminoso rayo de sol vio la patética escena, tan distinta de las que había leído una y otra vez.

- No se puede desencantar a un príncipe que prefiere seguir siendo sapo- se dijo. Dió media vuelta y emprendió el camino de vuelta al castillo.

Después, con los libros de cuentos, prendió flor de fuego para el asado.



viernes, 21 de diciembre de 2012

Balanceo y alineación

Cuarenta.
Cuatro veces diez, ocho veces cinco, dos veces veinte.

Me gustan las vísperas más que los eventos, la vigilia de lo que se despide, el momento de vaciarse para llenarse otra vez.
Mañana, un día después del verano y del fin del mundo, renazco otra vez.

Cuarenta vueltas al calendario, cuarenta veranos, cuarenta navidades, cuarenta, y por esa A que se pronuncia  salgo como el viento.

Vengo de combatir dragones, de tener muchos miedos, de cruzar muchas puertas para encender muchas luces. Vengo de llorarme encima el mundo entero y sus ausencias, vengo de haber parido, de estar criando, de hacer en el mundo mi trabajo para cambiarlo y construirlo como lo sueño. Vengo dando la mano a muchas manos para que salten los precipicios que ya he saltado, con la fe intacta, el amor renovado, algunas plumas menos en las alas, bastante chamuscada, en paz conmigo, deponiendo las armas para darme un abrazo.

Allá voy, moviendo las caderas, porque mis días me los he ganado.

Gracias.
Feliz víspera de mi cumpleaños!








domingo, 16 de diciembre de 2012

Instantánea (polaroid de locura ordinaria)



Alguien nos toma esta foto.

Un ojo renacentista al que no logro comprender en su forma aunque juraría que conozco su esencia.
Veo doncellas y madonnas, hadas y querubines, en los jardines de otros tiempos, a través de su ojo fantasioso que sabe, como el mío, crear mundos donde hay desiertos, para que pueda su infancia habitar territorios más cálidos que los impuestos.

Yo no pude mirar, porque cuando veo su forma no lo encuentro, y me da miedo.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Real (y da)(d)

Ando caminando por la cornisa
dominando el aliento y el espacio
para llegar a salvo a la ventana
al puente
a la rama del árbol,
sentarme y segura apoyar la espalda.

Hay una verdad
a la mano, como el hilo de un globo
que la leve brisa del miedo más sutil empuja,
aleja de la cornisa que transito,
me hace subir el vértigo como bilis.

(El secreto es saltar de la cornisa
atrapar al fin el hilo
y confiar en el globo.)


domingo, 25 de noviembre de 2012

P, sss, ffffff

Quiero ser mariposa
que el gusano en el que habito, mute
que se respete el tiempo de mi crisálida
sin invadirla
sin perturbarla
sin hacer que pierdan sus aguas la calma

Quiero ser mariposa
y elevarme liviana en el aire
sabiendo que nací para eso
y subir y bajar sobre los patios
los jardines
los jazmines, las lavandas
las hojas del árbol de mi puerta

Quiero ser mariposa
ser de la raza de los colibríes
de las luciérnagas
de las cosas mágicas que vuelan
que pasan prontas, hermosas
y te distraen la mirada
de la ciencia ficción
a la duración eterna del momento inesperado

Quiero ser mariposa
y entregarme a volar
y a entregarme
antes de que llegue la noche
de que llegue la muerte

y volver a empezar.

Quiero ser mariposa





domingo, 18 de noviembre de 2012

Gente que suena (llamada de candombe 2012)

Para explicar lo que significa el día de la llamada para un alma candomberil solo encuentro la imagen del día en que se juega el clásico de un mundial de fútbol. A ese estado de ánimo fiestero compartido, quítenle lo competitivo. Si hablamos de candombe, hablamos de un fútbol de rabonas y gambetas, no de goles.

Soy ritualista, lo soy desde mi más tierna infancia. Me crié en una familia tribal hecha de lazos de amor y no de sangre, que hacía florecer mágicos domingos de reunión que siempre terminaban en fiesta. Aprendí de tanto ver, que una celebración es una comunión con los demas, que así florece la alegría, y que los pasos a dar van de uno en uno, y tienen mucho que ver con vivir en el alma esa fiesta que se quiere tener. 


Encontrarse es algo que lleva un tiempo, mientras uno se va sacando harapos de armadura y se deja tocar el corazón por el momento. Por eso el candombe no empieza cuando suena la madera; empieza mucho antes, alrededor del fuego.






La templada da el timbre agudo de los cueros y la charla que aviva su fuego afina el corazón como un violín. Corren el mate y los encuentros, las viejas canciones, todo lo que va dando alimento a las ganas de cantar con parches y maderas, de bailar como pez en un río detrás de la batea que al gozar toca las ganas de los cuerpos de bailar al compás.

El candombe es música de orillas, canción del río cuando baila, agua que se vuelve música, y hay que aprender a andar como el río para poder entenderlo. 




Hay tiempo para todo, lo sabemos. El fuego se hace esperar y por eso es bien recibido y convocante cuando llega por fin a dar inicio.





Afinados, contentos, encontrados en la charla y en los silencios, nos escuchamos con el cuerpo, y el candombe se ajusta y suena, porque tocamos lo que suena en el paso mismo que andamos. Me dan ganas todo el tiempo de bailar lo que sonamos, señal de que algo bueno va pasando.





La tarde era una fiesta de sonar y encontrarse, de abrazos desde los tiempos todos, desde la que fui, la que no fui, la que soy. Me quedaron las piernas con ganas de bailar eso que sube desde el asfalto cuando los golpes del tambor rebotan, y aprovecho una comparsa compañera para meterme detrás de su sonar como en un río. El cuerpo toma una velocidad crucero que no dispongo; la acato y la sigo. De pronto soy un pez, una hebra de mar, un alga bamboleando sus tallos en las ondas invisibles del movimiento eterno que guarda el agua. Ni pienso, ni canto, ni escucho, dejo que sea el vibrar el que me imprime el movimiento. Y ando sin agitar la respiración, arrastrada por la estela abierta que dejan los tambores al pasar abriendo surcos en el aire de la calle.


Brilla la luna creciente en el cielo cuando en San Telmo los últimos tambores arrancan su epopeya de ocho cuadras, tambores en manos de mujeres.














El amor, el dolor, la alegría, el placer, sólo me suceden cuando me pasan a través del cuerpo, cuando me atraviesan. La música (que es lo mismo que el amor) es la puerta, la experiencia por donde me entrego a lo que me atraviesa.









sábado, 17 de noviembre de 2012

Llamadas de candombe 2012

Voy a llamar con mi tambor por las calles de San Telmo. Voy al encuentro de un mar de gente que suena, que baila, que comulga con algo, que venera.
Voy a sonar con otros, a caminar cantando, a percutir bailando, a despertar lo que duerme debajo del asfalto, lo que duerme todavía en mí.
Voy a llamarme a grito de tambor para que la memoria no me falle y me recuerde antes que a nadie cada día.
Voy a poner el cuerpo y el alma a disposición del cielo para que me atraviese.






sábado, 10 de noviembre de 2012

Buen viaje




Entonces me senté en la cama y entendí como un balde de agua fría cuál era el encantamiento de mis días, dónde fue que quedó grabado que el amor era una distancia, una espera eterna de algo que nunca vendría, en esa ausencia tan presente de mi padre, un templario agigantado en el recuerdo que podía aparecer una tarde cualquiera en una esquina y alimentar más su ausencia con un abrazo siempre de partida.

Mi padre es un árbol nuevo que crece junto a la puerta de mi casa, y en la profunda raíz de ese encuentro yo me voy encontrando más cierta y más querida.

Preparo las velas para que el viento sople a mis espaldas y entregarme al rumbo que lleva mi vida.


Antigua bendición celta

Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano. Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente. Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron. Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles. Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día. Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado. Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan. Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte. Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño. Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja. Y que la fortuna de las colinas irlandesas te abrace. Que las bendiciones de San Patricio te contemplen. Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees. Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones. Que no conozcas nada más que la felicidad. Desde este día en adelante, que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles.
Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos

domingo, 4 de noviembre de 2012

Ajá

Voy entendiendo cómo funciona eso de que la vida no tiene ensayo, no hay posibilidad de predicción, no queda otra que arrojarse a sus aguas y tomarla toda, así como viene, minuto a minuto con la cabeza y el cuerpo en el mismo lugar.
Que cada encuentro tiene sentido cuando es un encuentro verdadero, con el corazón puesto en el pecho y las osadas ganas de dejarse modificar por la experiencia.

El arte, cualquier manifestación artística, debe estar limpio de egoicidades insatisfechas. El resultado no tiene nada que ver con el arte, porque el arte es experiencia, vivencia, debe ser algo vivo.

Veo un videíto del Ateneo Chilingo que empieza justo cuando Sueño con serpientes terminaba de salir de nuestras gargantas. Dani dice esto no lo ensayamos, porque si lo ensayamos, pierde sentido...

La creatividad florece cuando el alma está entregada a vivir la experiencia, cuando pierde noción de la mirada del afuera y se dedica a que algo suceda, a que algo se manifieste a través de su hacer, y conmueva las fibras de quienes lo realizan y quienes lo presencian.








miércoles, 24 de octubre de 2012

Diatriba en forma de poema (perdón Neruda)

Un tumor.
Una perla de qué dolores
de qué soledades
de qué abandonos
me tiene como ostra.
Las arenas del tiempo
de los días
reunidos en pequeña gota
no tan brillante
no tan radiante
ahí, en el cofre de una teta.

Todo está mal. No la salud (a dió gracias), que hoy hay remedio químico para tanta cosa.
Todo lo andado está mal.

Me siento en los días que hoy transcurren
a pensar
de qué va la cosa
a sacar del medio gente venenosa
a limpiar de un plumazo
la mala costumbre
de quedarme donde no me llaman
donde no me quieren
donde no me abrazan
donde no me piden que me quede.

Juana de Arco por vocación
inmolándose
sin necesidad
sin requerimiento
por la sola vocación de mártir
de santa
a tiempo se descubre caminando sobre brasas
que eran para el asado
no para el sacrificio.

Mal aprendí que el amor es dolor y es distancia
es padecer, es obsesión,
que si no duele, no es amor.

Mal aprendí
que hay que dejarse la vida
en cualquier causa
menos en la vida misma.

Me miro en el espejo.
Me miro en mi tarea.
Miro mi miedo de que ya no me quieran.

Cuando creía que todo lo hacía por amor
lo estaba confundiendo con desesperación.

Entonces
que se vayan todos a la mierda
menos yo.

Y ahora todo el tiempo es mío
mientras aprendo cómo es
no querer ser la mejor.
Y me enojo
con o sin razón
y puteo
y doy portazos
y empujo y pego y ladro
como nunca
viendo como se siente
que no te importe
si te van a querer o no.

Quiero ser ostra
de perlas mejores
que un tumor.


lunes, 8 de octubre de 2012

Neverland tiene que cambiar de nombre. Los 17 de Porfinland: suena la Chilinga

(Era un cuatro de octubre de un tiempo de intensidades desmedidas y pruebas del valor a la vuelta de la esquina.
La luz de mi tribu es tan intensa como intensa y profunda es su oscuridad. Un pueblo de rotos y perdidos, de sueños químicamente provocados y estados alterados, en donde florecen la magia y los demonios.
Mi enfermedad.
Yo no sé bien qué caminos son los míos, ni por qué somos ni quiénes fuimos, todavía no puedo saber bien quién soy ahí, qué soy ahí, qué sitio debería tener que no lo encuentro.
El me pidió muchas veces que llenara la escuela de niños, y creo que apenas ahora lo voy comprendiendo.)

Para celebrar los 17 años, la Chilinga vuelve a actuar en el teatro Ateneo.
Somos nosotros mismos los que llenamos las 600 butacas del teatro. Son nuestras madres, nuestros primos, los pibes del barrio, los que recién empiezan, los vecinos, no hay nadie que venga de un público genuino. Somos miles, un universo pequeño con sus propias estrellas y sus propios rituales; un antiguo pueblo orgiástico y guerrero de algún tiempo mítico.
A mí todo el evento me parece como una gran raviolada en familia, como siempre que ando con ellos, y ando por ahí con ese nivel de relajación, la gente me hace de telón de fondo. Hemos jugado entre nosotros de maneras increíbles en escenarios impensados, faltándole el respeto a lo solemne, haciendo magia. La hemos jiponeado como en cualquier garage en el Konex, en el BAFIM, teloneando a Arbolito y en el mismísimo Luna Park en el congreso de la JP, el último con Néstor vivo, recién operadito, con dos mil personas coreando "hasta siempre comandante", saltando repletos de adrenalina.

Mi vida este año fue una centrifugadora, me dio todas las patadas de karate posibles hasta tenerme sintiendo que estoy en alguna clase de época de parciales (me parece escuchar alguna voz burlona diciendo ¿así que decís que aprendiste? vamos a ver..)

A los jipis yo siempre les escapo, siempre les tuve miedo.
Cada uno de ellos me refleja.
Sus vidas, sus decisiones, el estropicio que hacen con esos cuerpos que cuando bajan música emanan tanta luz, y cómo vuelven luego a la oscuridad más proporcional.

Este año la cuota era suficiente como para dejarme sin la energía necesaria para ir a meter la cabeza en el reino de Marte. Lo que para ellos es un estado natural a mí me remite a la casa de mi infancia en donde mis padres pasaban todo el puto día discutiendo por encima de mi cabeza. Todavía no me era posible reírme de ellos, no en este tiempo.
Jueves, teatro ateneo.
Ya no siento ninguna desesperación de que me quieran. Ahora voy a encontrarme con ellos, porque me encontré mucho en estos tiempos de desespera.
Siento que les debo algo, que algo tengo que darles, que tengo que entregarme a quererlos así, oscuros, quejosos, malhumorados, peleadores, desagradecidos, caprichosos, crueles, desamorados.
Porque son como un pueblo encantado al que hay que amar en su forma de sapo para que se vuelva príncipe.

Peter les grita a todos (esta vez me salvo porque está conmovido conmigo, ya se le pasará..), los trata a todos de pelotudos, quiere que le leamos el pensamiento y adivinemos qué estrofa está queriendo escuchar, cambia todos los arreglos que hizo, mira con los ojos como puñales, la liga el pibe de la armónica que encima vino de invitado especial. 

Hay doscientos ochenta chilingos deambulando por todos los pasillos del teatro Ateneo, una humareda insufrible de orígenes diversos, botellas recortadas repletas del elixir de la guerra (el ferné es lo que les da el coraje), y de pronto se hace un agujerito en el tiempo en el camarín de Peter Pan. El tiene sus botellas de lujo, el espejo grande tomado por las de siempre, las más antiguas, las que ahora dirigen las distintas batutas. Somos todas ahí con él y de repente su guitarra, como si afuera nada pasara, como en una carpa en el desierto, la noche antes de que empiece la guerra. 


Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber,
ni el mas claro proceder
ni el mas ancho pensamiento
todo lo cambia el momento

cual mago condescendiente,
nos aleja dulcemente
de rencores y violencias
solo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes

Se va enredando, enredando
como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando
como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay si, si, si



Entonces la puerta se abre y el mundo se cuela invadiendo el silencio, llamándonos de nuevo al lugar que hay que ocupar.





A construir el lugar que quiero encontrar.




martes, 21 de agosto de 2012

Entonces...

...la diferencia entre usted y yo es que las preguntas no las hago al viento. Me las hago a mí.

sábado, 11 de agosto de 2012

La diferencia entre el creativo y el obsesivo, el copado y el pelotudo. Un aporte a la semántica mundial.

De chiquita fui una niña con rasgos de pensamiento casi obsesivos. Era bastante solitaria, y gustaba de pensar, a manera de juego, ciertas cosas del mundo. Por ejemplo: cuando decimos amarillo, ¿todos vemos lo mismo? ¿o cada uno ve algo distinto (lo que para mí sería rojo, o celeste, o verde) y aprendió que eso que ve se llama amarillo? (éste juego en particular derivó del daltonismo de mi hermano). La combinación de colores, por ejemplo, se transformaba en un hecho totalmente subjetivo. Si al decir amarillo alguien ve un azul, y al decir naranja ve rojo, no se produce la misma impresión visual de la combinación de uno y otro. A ambas personas la misma combinación les produciría impresiones diferentes. De movida una sería clara y la otra oscura, por ejemplo. Y así me enroscaba largos ratos en pensamientos paradigmáticos.
Jamás lo verbalizaba, porque era chiquita pero no boluda, y sabía que a un adulto, esa línea de pensamiento le resultaría inquietante (bastaba ver los escándalos de madre cuando algo le daba miedo como para no hacer ningún movimiento).
Fui una pequeñuela sobreadaptada al entorno, y ejercité con total libertad la costumbre del pensamiento filosófico sentada en el balcón de mi casa. (N de la R:Aquilante pertenece a la misma raza anaranjada, por eso la amo, negra linda y peronista)
En mi adolescencia encontré en mis más entrañables amigos estos mismos rasgos de pensamiento analítico, y teníamos riquísimas noches en vela hablando de machismo y feminismo, de religión y ciencia, de las sutilezas de la física, en charlas al pedo, sin ninguna intención de cambiar el mundo, sino de comprenderlo. Nos hicimos hermanos en esas charlas, una familia estrecha de escudriñadores.

Con los años lo fui perfeccionando y aplicando a mi rama de la ciencia, que es la educación. Suelo pasar largos períodos desovillando discusiones presenciadas para comprender los conflictos en la comunicación. La capacidad simbólica del lenguaje, las representaciones a las que las palabras remiten, no son las mismas para todos a veces. Por eso el hablar no debe ser liviano, y la enseñanza de la lengua debe revestir un carácter anímico, una impresión para cada palabra, una imagen clara que revele su significado más allá de las interpretaciones personales. (Hoy desayuné fuerte parece... tengo una mañanita..)

Hoy in de morning, después de una nochecita bastante anímicamente amarga en cuanto a lo que se remite a mis experiencias con el género masculino (laputamadrequeloparió), me levanté enojadísima, pero en lugar de salir a prender fuego lo que tuviera a mano y hacer un muñeco vudú para que le duelan los huevos por el resto de su vida, me senté, me paré, canté hasta aflojar la ira y me puse a pensar en la semántica. En las cosas que uno dice y en qué sorongo es lo que comprende el otro de lo que escucha. Dónde es que se produce la contradicción en el lenguaje que hace que ambas partes no puedan compreeeeeeenderse (esto lo pensé con tonada cordobesa.)

Mientras trataba de pensar en el conflicto sin que se me siguiera cruzando la imagen de yo rompiéndole la guitarrita de mierda contra el suelo al grito de "ahora ya no te vas a poder hacer el banana con las minitas mintiendo temas del Flaco Spinetta", me di cuenta de que, rarísimo en mí, me había puesto un par de pantalones.

Yo soy mujer de polleras llevar.
Ando la vida en polleras de largos y vuelos diversos, vaporosas cuando ando feliz, ajustadas y rectas cuando me pinta la ponedora de límites.

Tengo puesto un pantalón. 
Y eso me lleva derecho a un pensamiento. Cuando hay que tomar una decisión y actuar en consecuencia aceptando todos los riesgos, cuando hay que hacer algo valiente y verdadero, cuando hay que poner un límite, se dice por acá que "hay que ponerse los pantalones".¿Qué significa ponerse los pantalones?

Me miro desde arriba hacia las piernas, camino, voy al chino en bicicleta montada dentro de un par de pantalones que se ajustan contra mí. La tela me hace sentir conciencia todo el tiempo de cómo se están moviendo mis piernas.
Vuelvo, me siento, canto y pienso otra vez en la frase.
Claro, me digo, cuando uno se pone los pantalones, como cuando tiene que tomar la decisión de ir hacia un camino o hacia otro, hay que pisar con conciencia de donde se pisa. Hay que sentir cada movimiento de las piernas para aprender el camino y presentir los pozos y las piedras en los tramos en donde no haya ninguna luz. Ese camino no es más que uno mismo y sus propias trampas. Sentir las piernas. Gobernar las piernas. Gobernar cada paso que se da, con total convicción, percibir el lugar que uno ocupa, el lugar en donde está parado.

Y sentada dentro de estos tutores de jean, voy a pasar el resto del día sintiendo dónde piso para cambiar la historia.
La mía, al menos, que no soy una mina pretensiosa.


En eso ando..