domingo, 20 de julio de 2008

domingo, 13 de julio de 2008

Llamadas de candombe - Tolosa 2008

Ser un guerrero es agotador. Es como caminar toda la vida. El sueño nunca es suficiente, la guardia no debe bajarse demasiado, los oídos deben estar alerta para captar, oler en el aire el momento justo para la acción.
Por eso el guerrero disfruta tanto del remanso, la tibieza de un domingo recién amanecido, la calma. Ríe, canta, se entrega como si no fuera a tener otra oportunidad así. Y esa es la sutil diferencia entre ser o no ser un guerrero.

martes, 24 de junio de 2008


todavía no entiendo qué pasa cuando canto. no sé si soy la que canta o la otra que soy. algo me emborracha y la voz que sale viene desde alguna puerta que no sé abrir a voluntad. pasa más allá de mí, de lo que busco. siempre creo que no voy a poder, que no va a pasar otra vez la magia que hago que pase cada vez. sufro, soy una sombra, hasta que alguien con un gesto mientras toca me indica que todo tiene que empezar. algo casi duele y vibra como un parche, una rajadura entre el alma y el estómago y no tengo la más mínima sombra de duda. y salgo. me gusta esa mujer que canta. y vuelvo a amar como cuando amaba. digo cosas, digo con las tripas, digo. y después no recuerdo. solamente la borrachera, el aturdimiento.

ahora que no logro amar, lo canto.

canto.

jueves, 12 de junio de 2008



Él dijo:


Estoy hasta las manos, en el horno, hasta el cuello, enroscado, enredado, metido, sumergido, tatuado, hambriento, dado vuelta, muerto, amasado, entregado, preso, encajetado, embrujado, engualichado, entongado, loco, desesperado, enamorado de esa mujer.


Pero no puedo dejar de engañarla.

martes, 10 de junio de 2008

kamikazes

Algunos no tenemos parachoques. No tenemos casco, ni alarma, ni protector solar, ni vacuna contra la pena. Todo nos atraviesa, se nos mete, nos sacude, nos quema. La tristeza, la risa, el dolor, la pena, la música, los ojos de otros, los olores, la gente, la desilusión, el cielo, las ganas, las certezas, las promesas, el frío, la desolación, el desencanto, el amor.


Pero como a buenos kamikazes, no nos invade la duda.


jueves, 5 de junio de 2008

Clasificación de las mujeres de un universo naranja parte uno.


Hay mujeres de viento.

Agitan las cortinas cuando pasan, levantan el polvo, despeinan, sorprenden, avivan los fuegos, remontan barriletes y bufandas, sostienen las hojas en delicada danza por el aire, empujan el agua, mezclan los papeles, hacen zumbar las ventanas silbando entre los árboles. No se puede hacer de cuenta que no pasan.

Las mujeres de viento cantan. El amor las atraviesa cuando soplan al cielo letras que les tocan el alma, y cuando bailan parece que volaran.

Cada tanto un tambor apresa sus caderas y marcan el latir que los parches recitan. Y si el ritmo se alenta, se quedan casi quietas, ondulando como brisas. Ahí es cuando se las puede atrapar en un globo y por fin abrazarlas.

martes, 3 de junio de 2008




Mi nombre tiene un sentido nuevo cuando lo escucho pronunciado en una boca entre todas. Cuando llena por completo los espacios entre dientes y saliva, cuando sale despedido al universo montado en la voz que quiero oír desparramando mis letras, mi corazón en el aire. Y toda yo me entrego vencida al encanto de ese sonido que me acaricia los recuerdos de mi infancia en una sensación chispeante en la boca del estómago. Cuando todo él recita mi nombre, y me mira.. es un paseo por la música.

jueves, 22 de mayo de 2008



..quizás no es que yo no pude domarlo. Es que él no pudo domarme a mí.
Quizás algunas mujeres no están hechas para ser atadas. Quizás necesitan correr libres hasta
encontrar a alguien así de salvaje que corra con ellas.
.

sábado, 17 de mayo de 2008

lo que fluye



Las primeras palabras que se cruzan nerviosas, de ir sabiendo quién es el que vive en esa piel que parece un imán. La flecha de los ojos que se encuentran y se clavan sin dolor.
Los momentos robados al tiempo para pensar y pensar en esa cara, esa sonrisa, ese calor que se intuye placentero y cercano.
La sensación de saberse dando pasos hacia algo que de tan inevitable es complicado

lunes, 12 de mayo de 2008




Well.. maybe it’s time to be clear about who I am. I’m someone who’s looking for love. Real love. Ridiculous, inconvenient, consuming, can’t live without each other love.

lunes, 5 de mayo de 2008

Círculos

Me sé rota. Partida al medio en la esperanza, casi volando pero dejándome elevar por ráfagas amigas de brazos tan fuertes como para sostenerme. Son también así los mios.
Me sé entregada plácidamente a lo que quiera la vida de mí. Y ando flotando como en un vientre.
Me sé brillante como las chispas que nacen desde el fuego hacia la noche, un haz de luz que necesita la distancia repleta de energía incandescente.
Me sé tierra, que con gota se hizo brote, y después uva, y se va haciendo buen vino detenida en los barriles de madera de árboles añejos. Una cuna.
Me sé mamá, y mi hija crece. Y mi esperanza ahora entera es que ella pueda leer en mis ojos todo esto. Y encontrarse.

Pequeño superstar


Maxi quería ser Superman. Corría por los pasillos de la escuela hablando con un acento que recordaba las malísimas novelas mejicanas para niños. Cada mañana éramos cómplices de un diminuto ritual que incluía escaparse del salón de clases para pasar por debajo de mi escritorio de la secretaría y darme un abrazo.
- ¿sabes qué haré hoy? Lucharé contra los malos. ¿Me ayudarás?
- Claro que sí, amigo.
Después de un beso y un apretón, salía de nuevo disparado hacia el aula, antes de que la seño asomara la cabeza con los brazos en jarra para llamarlo.
Dos veces se tiró por la escalera con el buzo atado al cuello a manera de capa, haciendo caso omiso de las explicaciones de la bibliotecaria sobre la imposibilidad de volar aunque tuviera una capa improvisada.
- Tú eres la más linda. Eres la única linda. ¿Yo soy tu amigo?
- Tú eres mi amigo, mi amigo más lindo.
Maxi quería armar un robot. Uno de verdad, que caminara solo y lo viniera a buscar temprano a la escuela. Juntaba tapitas, pedacitos de papel, hilos y algodones que me pedía a escondidas, como un secreto para su invento genial. Tenía muchos tíos imaginarios que le regalaban juguetes increíbles y los domingos lo llevaban al zoológico a ver al león blanco y comer galletitas con forma de animal.
- Mateo dice que eres mi novia. ¿Eres mi novia?
- No, Max. Estoy muy vieja para ser tu novia.
- Si, yo le dije lo mismo.
Contaba historias de autos que se transformaban en súper héroes y disparaba rayos con su botella de gaseosa rellena de jugo Tang. Hacía gestos de guerrero recio hablando sólo en el patio, para salir corriendo un minuto después a luchar contra el mal.
- Mamá me comprará un cobayo.
- ¡qué suerte!
- ¿es verdad que mueren rápido? Gonza me dijo que mejor no lo quiera mucho porque los cobayos mueren rápido.
- No sé, pero qué importa cuánto viva. Importa que lo ames y te ame y compartan el tiempo.
- No. Mejor no quiero amar a algo que se muera rápido. Le pediré un robot.
Rompió todas sus reglas, sus lápices, sus marcadores. Se cortó un mechón de pelo en la hora de recortar. Nunca pudieron hacerlo entrar a mirar videos en la biblioteca. Cacheteó a todas sus compañeritas de primer grado A.
- No puedo evitarlo…- me decía compungido cuando terminaba en penitencia sentado frente a mi escritorio.
Yo solamente lo abrazaba. Ésa era la misma respuesta que le daba a mi psicóloga cada vez que un hombre me hacía mal…

martes, 22 de abril de 2008

Lista






Me gustan las aceitunas y los primeros días de la primavera y el otoño. El olor de la canela y de las manzanas, un perfume que llega de repente en la calle, viajar en colectivo mirando por la ventanilla, las almohadas blandas.



El fuego de noche, la lluvia en verano, oler jazmines, dormir a la mañana cuando es feriado.



No soporto las bolsas de plástico, el masacote de arena seca en los pies y el licor de piña.



Me gusta sentarme en la vereda, las películas que me emocionan, las habitaciones en penumbras y escuchar música cuando camino. Los cuadernos nuevos, tomar mate mirando por la ventana, las sábanas con olor a jabón y las medias de algodón nuevo.



Detesto las casas sin corazón, las paredes color cremita, el color cremita y el pelo grueso planchado.



Me encanta la arena fría a la noche, los bosques abiertos, el viento en el río, andar en bicicleta por Olivos, las casonas antiguas, la cumbia colombiana, los cambios sutiles y bailar sin que me importe nada.



No soporto el noticiero.



Ahí en tus ojos


La conversación sobre las nuevas opciones para la dirección del grupo me tenía entusiasmada cuando, al buscar el vaso para continuar la charla, se cruzaron tus ojos en el camino. Algo como agua llenó la habitación de pronto, y en ese lento transcurrir de mis ojos en los tuyos recordé algo que había olvidado.
La aterciopelada sensación de unos ojos que miran con deseo. Y algo se enciende. Algo detiene el tiempo en un movimiento que se hace algo más lento. Ese breve instante en que nos medimos, nos conectamos como gatos; ese momento en que la piel dice que sí...
El sonido de las voces y las botellas me llenó los oídos de a poco otra vez y mi mirada continuó hasta la mesa y el vaso. Pero era levemente distinta. Ya era otra.
Me deslicé en la charla, asentí, noté que mi risa brotaba fácilmente y algunos lo notaron y se sorprendieron. Flotaba un poco en el aire esa pequeña tensión que emanan las ganas de un beso. Se hizo un juego divertido observarnos con mirada periférica, detectar la mirada y cambiar de ángulo para mirarte de frente mientras dabas vuelta la cabeza como en un baile sincronizado para esquivarnos.
Observé todos tus cambios de posición hasta quedar casi frente a frente. Fue un tiempo corto el que nos ignoramos para conectarnos de pronto en una charla fluída como el alma de la música, de algo parecido al hambre de saber quién es ¿quién sos? Y de pronto una pequeña saciedad y esa alegría que desinfla la panza con placer. Nos dimos vuelta y cada cual regresó a sus charlas anteriores.

Yo no sé qué es lo que había ahí en tus ojos.

Sé que me lo llevé.

lunes, 21 de abril de 2008

Tinta azul

…si al final/todo el tiempo se va/donde caen los días
si al final/abrazarse al dolor/no nos deja brillar/
dime qué será/qué será de los dos
cuando pase la vida…


Levanté la cabeza del suelo cuando me di cuenta que las baldosas de la vereda ya no me eran conocidas. Es usual que me pierda andando en línea recta, así que cualquier barrio que me desafíe con diagonales tiene el partido ganado de antemano.
Ir a terapia no es el plan que más me atrapa para un sábado a la tarde, así que siempre busco alguna ceremonia íntima que torne más fácil el amargo trago que sobrevendrá. Como en un juego que juego conmigo, me gusta cambiar de camino para llegar a los mismos lugares, intentando descubrir cuál es entre todos, el camino que tiene corazón, el que late bajo mis pies, el que me pide que me quede, el que a veces puede hacerme dudar si no habré atravesado un portal invisible y estoy en una dimensión paralela.
Había visto las vías del tren pasar debajo de mis pies sin prestar la suficiente atención. El pasto oscuro de una plaza me hizo levantar la cabeza, una alarma sutil de que en alguno de los giros había perdido la ruta a mi destino. Apenas un instante duró la confusión hasta que la nostalgia me hizo ladear la cabeza para mirar el pequeño edificio que se levantaba al cruzar la calle, solito en medio de una manzana de proporciones ridículamente pequeñas. La pintura nueva no lograba esconder aquel lugar de la certeza de mi memoria. Crucé la calle empalagada por el recuerdo feliz de mis esforzados primeros pasos de taco alto sobre el adoquinado. El bar estaba vacío en la planta baja, no presté demasiada atención pero creí ver que ni siquiera había gente detrás del mostrador. Subí las escaleras registrando el crujir de la madera debajo de mis pies, uno por uno, veintitrés, hasta la planta alta. Las ventanas abiertas dejaban entrar el viento tibio de principios de octubre mientras una suelta de mariposas en mi estómago me hacía sonreír de la manera más estúpida. Me senté junto a la misma ventana, respiré profundo mirando la calle desde el primer piso. Todo parecía detenido en una interminable siesta. Recordé las estrellas sobre el cielo pintado de profundo índigo, el olor de tu perfume colándose hasta el centro mismo de mi universo en el breve momento de saludarte, la música de Phil Collins y la semipenumbra. No pude contener mis párpados que cayeron apretados para que nada se escapara ahora de mi memoria. Ahí estabas, apenas del otro lado de la mesa de madera veteada, con tu camisa a rayas celestes y el jean clarito, con tu sonrisa de tantísimos dientes y los ojos brillantes porque reflejaban los míos. Nos reíamos, de nada, de todo, de estar ahí sabiendo que era inevitable encontrarnos en un beso; dejábamos pasar el tiempo porque no sabíamos de qué forma entraríamos en la historia, intuyendo uno de esos momentos que son perennes en la memoria. Jugando escribiste mi nombre en la mesa con lapicera azul. Toqué tus dedos cuando te la saqué de las manos para hacer lo mismo y fue recién la tercera vez que mis yemas te rozaron cuando juntaste coraje para no soltarme. Y mientras me acostumbraba al sabor de tu saliva quise que esa primera sensación no terminara nunca.
Estaba casi segura de estar oliendo ahora tu perfume, con el estómago crispado de alegría, temerosa de abrir los ojos y encontrarte otra vez enfrente de mí, cuando una mano se apoyó en mi hombro.
- ¿Se siente bien?
Lo miré confundida. De pronto el aire se me hizo lleno de polvo y la penumbra me pareció oscuridad. Pilas de mesas y sillas desvencijadas contra las paredes guardaban tras de sí las ventanas tapiadas.
- Es peligroso estar acá, señorita, algo podría desmoronarse. Hace mucho que el lugar está deshabitado y sin mantenimiento. No me explico cómo hizo para entrar, pero tengo que pedirle que salgamos…
Aún confundida le dije que sí con la cabeza. Me levanté despacio sin poder creer que no había brisa ni cortinas al viento. Debajo del polvo que cubría la mesa algo me llamó la atención y pasé la mano. Bajo la fina capa de mugre, tu nombre y el mío miraban pasar el tiempo pintados con tinta azul. No pude menos que sonreír mientras la nostalgia me hacía nudos en la garganta.
Salí a la calle por el portón del tapiado que rodeaba al viejo bar. El sereno volvió a ponerle la cadena y el candado. Miré una vez más y otra vez me lancé a caminar, sin preguntarme nada, sin querer entender.
No son los caminos los que tienen corazón… es el corazón el que cada tanto pide pista. Y baja hasta los pies
.

jueves, 17 de abril de 2008

Poema de contraamor

Caer
en ese estado permanente de idiotez
sentir la piel apretarse contra la carne
perderse en la alquimia azul de las promesas
entre el chasquido de las bocas
húmedasmojadasinundadas
y creer
creerlo todo.
Aún
la canción melosa de que el amor no muere.

viernes, 28 de marzo de 2008


Si he de morir
que me muera de tanto vivir
con la furia de la tempestad
incendiándome el alma al partir
Si he de partir
que me parta la vida un amor
y transforme mis huesos en flor
en algún carnaval
Agarrate Catalina.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Firuletes


Me despertaba sola, sin que mamá tuviera que arrancarme las frazadas. Los sábados tenían una luz especial que me gustaba ver desde temprano. A las nueve comenzaba mi ritual, saltando de la cama al baño, intentando domesticar mi pelo con sucesivos tratamientos de agua y peinado tirante. Mientras Mercedes o la abuela me perseguían con el mate en la mano, iba eligiendo qué ropa llevaría puesta, cuál para la noche, qué para volver al día siguiente.
Por fin, cerca del mediodía lograba salir a la calle tirando besos para todas mientras me retenían con las mismas recomendaciones de último momento. En la avenida empezaba mi viaje al infinito.

El 21 daba millones de vueltas en círculo, Olivos, Florida, Vicente López, hasta que por fin se arrastraba por la General Paz en línea recta. Cuando divisaba desde el puente la estación el corazón me daba un vuelco.
Lynch, Moreno, Lourdes, Tropezón, Villa Bosch y Coronado. Martín Coronado. Las puertas del tren siseaban al abrirse, tu metro noventa me sonreía desde el andén y nada más importaba. A los dieciséis años, tu abrazo abarcándome por completo, la promesa de recorrer tu cuerpo a escondidas y tu boca, eran suficientes.

El andén era una fiesta de murales cuando me bajé en Coronado quince años después. Un firulete del destino me puso un tambor en las manos y mi bautismo fue caminar tocando por Wernike entre cien tamboreros más. De reojo miraba las esquinas, esperando quizás que el azar nos hiciera caer en la misma trampa y verte, ver cómo pasó el tiempo por tu cara, encontrar a aquel chico debajo del traje de hombre ya maduro. Verte después de haber pasado por otros cuerpos, por otras bocas, de haber quemado las naves tantas veces, de haber vuelto siempre a empezar. Verte con estas cicatrices a cuestas, mi alegría, tantos litros de agua salada en mis almohadas, con tanto camino bajo los pies. Solamente verte en el cruce del presente con el pasado, robarle al tiempo una nostalgia chiquitita, un remanso, y después seguir. Volver al todos los días, al pan con manteca, al vinito con las chicas, a tu trabajomujerehijas, al colectivo, la sopa, el peine fino, tu normalidad y mi locura.
Pero no. Ninguna esquina me mostró tu cara. Y sospeché que para conservar el delicado equilibrio del tiempo hay ojos que no se deben volver a cruzar.
Nunca supe que en la primera esquina lloraste como loco al verme pasar.
El parche de cuero, el cuerpo de madera, mi cuerpo de madera, mi corazón de parche, la savia que ahora es sangre mía corriendo por el parche y la madera, la raíz de mis pies, mis manos ahora hojas que la memoria del viento agita, yo bailo, él baila, yo soy la que suena, la que vibra, mi tambor, mi corazón.

domingo, 3 de febrero de 2008

Castaneda pocket

Don Juan:
"-Tienes que ser un hombre fuerte, y tu vida tiene que ser verdadera.
-¿Qué es una vida verdadera?
-Una vida que se vive con la certeza nítida de estar viviéndola; una vida buena, fuerte."