jueves, 2 de julio de 2009

Compás de espera


Yo creo que la vida tiene un curso sabio, y si se entiende su inevitabilidad, la sincronización que se observa es maravillosa.


El martes fue el ensayo de la banda Chilinga en el galpón, el último ensayo antes de volver a las pistas, para algunos, y de salir a jugar el picadito por primera vez, como en mi caso. Pol estaba inquieto. Ya lo había visto el jueves que nos juntamos a ensayar. Pol sufría y no lograba disfrutar. Dani iba y venía, miraba desde afuera, estaba al borde de la acidez en sus respuestas.


Mucha gente que por primera vez tocaba o cantaba con nosotros, vientos, un quilombo importante. Me acordé de la tarde en que vino Fary que no paraba de dar gritos y sacar cosas de su valija.


El ensayo en Coronado con el Bloketón fue raro. Los cables habían quedado en Saavedra y tuvimos que cantar cuatro monos con dos micrófonos a metro y medio de la consola y la caja, con el riesgo permanente de volarnos los tímpanos con un acople. Algo había que no nos dejó explotar como pasa siempre.


Me acordé del ensayo con la bandita ése martes de lluvia cuando todo fue una fiesta, cuando la energía empezó a correr, cuando ése algo pasó, éso que hace la diferencia entre una banda pedorra y una que hace historia.


Y cuando llegó ayer el mail anunciando que la gripe del chancho nos llegó hasta la puerta y todo queda suspendido hasta ver si el mundo se termina o tenemos algún changüí, pensé que algo aún tiene que madurar.


Nadie se muere en la víspera, decía mi abuela. Así fui aprendiendo que todo tiene su tiempo de ser, que la fruta madura en la rama, los nacimientos ocurren, las parejas se quiebran, los besos se dan en el momento preciso en que no queda otra, porque éso es lo que tiene que pasar.


Entonces, cuando volvamos y lo interesantísimo sea lo que nos pasa a nosotros ahí adentro de esa banda, ahí saldremos a la cancha a jugar el primer picadito siendo un equipo. De malditos jipis patasucias, por supuesto.


Brindo por eso.


miércoles, 1 de julio de 2009

Sin conexión




Cada tanto sufro una extraña alteración que me enemista con la tencología. O mejor dicho, hace que la tecnologría ande de culo conmigo.

Hace unos años, por ejemplo, mi teléfono se empacó en dejar de funcionar, y durante dos meses interminables me la pasé lidiando con Telecom que olvidaba asentar los arreglos, los reclamos, las plegarias, y enviaba una y otra vez técnicos que dejaban funcionando las cosas por un par de horas hasta que la línea volvía a hacer un ruido de fritura y moría nuevamente para siempre.

De un tiempo a esta parte, mis mails no llegan a ningun destino, los mensajes de texto del telefonito quedan flotando en los satélites sin encontrar el rumbo. Mi equipito que leía USB sufre de una rara epilepsia que no me deja pasar del primer tema musical. El inalámbrico de casa sufre paros baterísticos que me dejan incomunicada hasta que se le canta arrancar nuevamente.

Entonces pienso que la vida es sabia y me protege de lo que no debo escuchar.

O lo que no debo decir.

domingo, 28 de junio de 2009

National Geographic (Un humilde aporte a la campaña de "Chicas, no sean tan perras y lleguen a la segunda cita")




La modernidad liquida a su paso costumbres y rituales que yo extraño, como las fiestas en la calle con los vecinos, la costumbre de dejar las puertas abiertas, y el ritual de seducción que transcurría entre dos personas que se gustaban.

El arte de conquistar desapareció de la mano del fast food, el tema es comer rápido, y ya nadie se toma el tiempo de disfrutar el plato con los cinco sentidos. El tiempo se fue robando la calidad.

Yo extraño esa danza que el varón comandaba, ese dejarme llevar sabiendo bien hacia dónde voy, pero sin prisa, disfrutar de ir sintiendo la sincronización que termina con los bailarines en armonía dando los mismos pasos casi como si fueran uno.





sábado, 27 de junio de 2009


El regreso (de las merluzas)

Desde aquél bizarro intento de grabación de demo en diciembre no pude volver a ensayar con la banda de los malditos jipis. Otra vez un clic en mi universo me cambió todito el panorama diario y ya no pude más escaparme los martes a la tarde a viajar en el trencito hasta Saavedra.

Pero la banda siguió tocando.

Yo fui mutando lentamente a veces, otras de un bife bien puesto, viajé por la gente y por ahí, otra capa de la cebolla me fui pelando, y el jueves pasado, por fin, otra vez estaba cantándole coros a Pol sobre sus letras, con guitarra criolla y Ami de gentil público invitado.

La banda mutó también, encajó sus engranajes y siempre en contacto a la distancia, por distintos caminos llegamos al mismo lugar, la banda y yo.

Y ahora, parece, el viernes vamos a pintarnos con purpurina para mostrarle al resto del mundo cómo nos divertimos cuando jugamos a ser una banda de rocanroll.




martes, 23 de junio de 2009

Encontrando las puntas del ovillo




Nikita, de Elton John, fue la primera canción que aprendí a cantar en inglés.

Estoy mirando ahora de nuevo aquel videíto en youtube. Lo veo teatralizar un amor por esa rubia seudo rusa que le pedía el documento y no se le cagaba de risa de la foto con ese sombrero de charleston que le quedaba como una patada en los dientes, y que mirándola bien, parece un putillo hermoso y frágil de los que sospecho, Mr. Elton gustaría canapetear. Lo veo con una túnica floreada intentando abrazar a la tipa en el bowling pero sin lograr disimular un asquete de tocarla que lo hace ver terriblemente puto.

Y sin embargo yo, señora siseñores, me la creí. Yo no me di cuenta de que el tipo era gay.

Y como bien ya sabemos todos, desde ahí hasta acá, he seguido cometiendo los mismos impresionantes errores de juicio.

Es al ñudo que me fajen..




(Lo digo medio agazapada hacia adelante, mirando desde abajo y haciendo gestos ampulosos con los brazos.)





Tengo los ovarios hasta el piso, estoy hasta acá, me pudrí, me hace reír el orto cuando vuelvo a ver la triste comprobación de la pelotudez de la gente que quiere cuando sabe que no lo tiene.

No me rompan las pelotas. La vida es más fácil.


jueves, 18 de junio de 2009

Murió, como dice la Negra, un ezquizofrénico con talento.







Yo recuerdo la primera vez que en la radio escuché a Milagros López. Me invadió la sensación de empatía con esa vieja cubana que hablaba con picardía y afecto de tía.




Peña me parecía a veces un estúpido y de pronto era brillante. Su manera de mirar la vida con el filo de un cuchillo, sus incomprendidísimas increíbles preguntas.




Peña me provocaba cosas. Por eso lo admiraba. Me provocaba a ir a veces más allá del límite de lo aceptable en el pensamiento.




Delia de Fernández se parecía a alguna de mis maestras. Revoira Lynch era increíble. La Mega me mataba cuando hablaba de su novio Diego Ramos. Roberto Flores, Sabino, Palito, tenían conversaciones entre ellos en un mundo de ficción soberana que yo me creía. Discutían argumentando razones opuestas, todo lanzado al espacio sideral desde una única cabeza. Todos lo habitaban en el cuerpo de "un puto sufrido", como le gustaba definirse. Se reía de sí mismo y de los demás con un humor rayano en la crueldad que a veces me hacía sentir incómoda escuchando.




Muerte hija de puta, muerte conchuda. ¿Qué pasó en mi mundo que antes la muerte era cosa de viejos? Se mueren los de cerca, los de al lado, los de enfrente. Cada día me recuerda que soy sobreviviente. Vamos entonces, querida, no seas estúpida, no pierdas tu tiempo. Llorá lo llorable y por favor, decidite de una vez a finalmente amar lo que es amable. Y hacé un poco más lo que se te canta el orto.


Gracias, Fernando.

lunes, 15 de junio de 2009

Imagen triste



Me doy cuenta de que ando un poco abandónica y desorganizada cuando:


- Mamá viene a casa de visita y saca el Cif de la cartera ni bien pisa la cocina.

- La tela de araña del rincón del techo del living es una mediasombra.

- Ando buscando para vestirme la remera menos sucia de la pila.

- Preparo el almuerzo a base de pan lactal.

- Todas las cucharitas para revolver té están en mi mesita de luz.

- No logro encontrar una media que no esté corrida. Y me las pongo igual.

- Combino pollera violeta con remera roja, bufanda verde y ponchito naranja.

- Empiezo a entrarle con cariño al chocolate.

- La pila de la pileta de la cocina impide mover la canilla hacia ninguna dirección.

- Todo lo que busco está apilado en la mesa de la computadora.

viernes, 12 de junio de 2009

Melodía desencadenada

Suelo entretenerme por temporadas observando alguna conducta o algún hecho que me lleven derecho a descubrir alguna verdad y aprender algo.

Tiempo atrás descubrí que las mujeres que caminan meneando su cadera al compás de la confianza en sí mismas son las que atrapan la mirada de los muchachos en las esquinas.

Yo creo que el mundo tiene una música, una melodía inaudible que hay que aprender a detectar. Cuando uno empieza a conectarse un poco más con uno mismo, con el placer de dejarse caer en los acontecimientos, esa música se vuelve perceptible.

Tardé bastante en comprender aquello de que para recibir algo hay que dar algo primero, pero un día empecé a poner amor en cada cosa que me tocaba hacer por destino. Y fue un ida y vuelta.

Todo lo que hago cada día me llena de gozo. Hace rato que dejé de combatir al destino y me dejo llevar, con mi capacidad de sorpresa bien intacta. Y cada día algún evento me hace sentir que al final siempre vale la pena.

Cuando logro llegar a donde Ale había naufragado y lo traigo de vuelta a jugar y ser niño.

Cuando Azu recuerda en su cabeza manos de mamá que peina.

Cuando Nachi deja de ser el hijo del medio para ser el favorito.

Cuando Mica sorprende a toda la familia leyendo solo por primera vez.

Cuando Valen olvida la pena de una muerte.

Cuando Lali deja de tener miedo.

Cuando Juani corre entre todos ellos y ellos la respetan y la quieren y así ella ya no es tan diferente.

Cuando los veo aprender la importancia de tener amigos y no traicionarse.

Cuando saben que los acepto y los quiero así como son, a cada uno, con todos sus defectos que vienen en el mismo paquete, y no les pido que cambien para complacerme.

Entonces salgo de la escuela comprendiendo la música del mundo.
Y por fin camino moviendo las caderas.


lunes, 8 de junio de 2009

Sr. Bendayan:

Yo no sé si está bien decir "feliz cumpleaños". Quizás hoy por hoy no te sientas feliz.
A medida que se van sumando los años, pasar nuevamente por la misma fecha después de la eterna maratón de 365 días empieza a merecer aplausos de pie. En mi caso, por tanto, es un milagro que prefiero celebrar prescindiendo de escandalosos fuegos artificiales.

No se tú.

Pero desde acá, un minuto, quisiera acompañarte en el sentimiento.


Japi niu ier, Pela.

viernes, 5 de junio de 2009

Y otra vez la rueda..





Todo gira, y algunas cosas parecen volver a empezar. Ciclos que llevan una y otra vez al mismo lugar hasta que uno empieza a notarlo y para las antenas buscando algo. En mi caso es siempre una señal.



Yo viajaba a Ciudad Jardín veinte años atrás, en un ritual de tren los sábados por la mañana que me llevaron a una encantadora primavera.



Cuando tuve que atravesar mi invierno propio, el mismo tren me llevaba pasando de largo Coronado hasta Rubén Dario. Cada vez, al pasar por la estación, mi corazón buscaba algo en ése andén, algo que yo había dejado perdido.



Otra vez un firulete del destino y ahora, cada jueves a la noche, vuelvo a montar los mismos rieles y ahí me bajo, para ir a la sala a tocar con los malditos jipis.



Y cada vez, cuando de par en par veo los juegos de la plaza en la puerta del tren recién abierta, no puedo dejar de preguntarme si es que, de verdad, va a volver mi primavera..

martes, 2 de junio de 2009

Teoría de la relatividad



Treinta y seis años, así como suena de increíble cuando me miro en el espejo y sigo viendo como esa chica que fui de diecisiete, enamorada de vos perdidamente por primera vez y como, todavía, nunca.

Y con ésa luz brillo.

domingo, 31 de mayo de 2009

Uno siempre es más freak de lo que cree



Hay cosas que cuesta admitir, como por ejemplo, decir que a uno le gusta escuchar a Miguel Bosé, o comerse los mocos o leer a Daniel Steel.

A mí me gustan las películas de amor que me hacen llorar.

Como si no tuviera suficientes motivos para hacerlo cada vez que me llega la cuenta de la luz, cuando la ropa ya no me entra o cuando me doy en el dedo del medio con la torre del tambor, veo cine para llorar.

No soy ni siquiera original. El 99% de mis amigas (siempre debe quedar un márgen de error..) ama llorar delante de una pantalla. Con Pocha hemos tenido tardes de invierno memorables llorando sobre una chocotorta, en seguidilla de cuatro películas por Hallmark. Cuando lloramos mirando la de Cameron Díaz personificando a una gorda, decidimos que era suficiente.

Ayer me deshidraté viendo "El extraño caso de Benjamin Button". Sufrí a mis anchas con el pobre niño envejecido, abandonado por sus padres, criado por una negra, enamorado sin esperanza, que rejuvenecía viendo a sus seres queridos envejecer y morir. Lloré hasta con la boca abierta y a los gritos cuando lo vi abandonar a su familia para dejarlas ser felices y llevar una vida normal, que por supuesto a su entender para ser normal y feliz debía ser sin él.

Desconozco el origen de tan morboso placer, sólo comparable con el de rascarse la picadura del mosquito hasta sangrar o dejarse masajear la contractura del cuello.

Esto fue un aporte más a mi campaña de sincericidio "Nunca más tendrás una cita con un ser humano."

Y bueh..


viernes, 29 de mayo de 2009

Pronóstico


Alisa juega a las cartas de Ben 10, es de Boca Juniors, comanda los juegos del recreo, tiene más fuerza que varios de ellos, es pecosa y no soporta a su mamá que limpia todo el día. Todos se desviven por sentársele cerca y ninguno confiesa estar perdidamente enamorado, aunque las miradas los delatan.

Van a crecer, y en unos años correrán detrás de culos plastificados, tetas de push up e insípidas conversaciones de bocas delineadas mientras Alisa se preguntará en secreto por qué nadie la saca a bailar. Y ellos preferirán no correr el riesgo de incendiar sus corazones amando a una chica que, de tan parecida a ellos, casi podría llegar a hacerlos felices.



lunes, 25 de mayo de 2009

Me pudrí de hablar del tema.


-Dejáte de joder.. aflojá.. dale, que no es para tanto..-

Desde que tomé drásticamente la decisión de no compartir el espacio con un garca vengo escuchando declaraciones del más variado calibre. Pero ninguna retoma el por qué de mi decisión.

Repasé muchas veces los hechos hasta encontrar un triste hilo conductor que me llevó derecho a pensar en los últimos gobiernos que venimos padeciendo (a la mierda, pedazo de comparación..)

Digo, soy una convencida de que los pequeños gestos, las mínimas actitudes, son tan importanes como las grandes gestas heroicas. El tipo anónimo y chiquito que descarta sus pilas con el inmenso cuidado de que no vayan a convertirse en contaminante es el que sustenta, al reunir conciencias, el trabajo de, por ejemplo, greenpeace. Tomando este punto de partida, comparo. Si vamos permitiendo pequeñamente que nos metan el dedo en el orto los pequeños hijos de puta que nos rodean, imposible evitar que nos garchen masivamente los Macris o los De Narváez o los Menems (oh, god, nombré a Voldemort...)

El hecho de que la mierda sea habitual no significa que sea aceptable.

Y punto.

sábado, 23 de mayo de 2009

Historias del país de Nunca Jamás

La fecha con Arbolito había estado increíble, pero la patinada de cantar Iansá traducida le había dejado puesto un broche torcido. La métrica nueva, la pronunciación distinta, me habían complicado la tarea de seguir al pandeiro en el principio de la canción. Eso, sumado a la dulzura de Dani, me dejaron plantada una ganita de revancha.

- Vos seguí haciendo lo que se te cante en el orto, cantá lo que se te cante en el orto - me dijo toreándome al bajar del escenario, acentuando la o de orto de esa manera tan particular.

Me frizé sintiendo que me subían desde los pies unas increíbles ganas de asesinarlo.

El corazón de la canción es portugués, no hay vuelta que darle. Al cantarla en castellano no había latido, no me había enchufado con ésa energía que me hace sentir enamorada de todo cuando canto. La canción en la boca se sentía desconocida, no lograba masticarla, encontrarle el sabor que en Portugués me emborracha.

Para cantar una canción hay que desearla. Es lo mismo que pasa cuando alguien te gusta. Hay un tiempo, un espacio necesario entre vez y vez, que te permite volver a desearla. Y, claramente, no había pasado, de eso, nada.

Ni bien Dani me soltó el piropito, decidí volar por el pasillo hacia la pista del Kori. Si me quedaba, era posible que Buira siguiera buscando riña y muy probablemente iba a encontrarla. El tipo es un cabrón. Yo también. Y ambos practicamos el fino deporte de hablar con ironía.

La canción de Oxúm me había transportado al paraíso, y la chacarera del tema de Calamaro le hizo una raja a mi corazón y salí como un caballo hasta el cielo. Lo recordé ni bien pisé la pista y ví a mis amigos venir sonriendo a abrazarme.

Entonces, cuando la gorrita roja con visera apareció en la pista de brazos cruzados y, sin dirigirme ni una mirada, se paró al lado mío, yo empecé a reír despacito y con la boca torcida le dije: - A ver si aprendés a tocar el pandeiro y a seguirme cuando canto, que hoy tocaste lo que se te cantó en el orto.

Y entonces nos cagamos de risa el resto de la noche los dos.










Lo consiguieron porque no sabían que era imposible.


Jaime



- Estamos fritas - me dijo Sarita, - se nos metió un gorrión adentro del aula.


Oh my god. ¿Cómo lograr que veintiséis enanos de cinco y seis años le presten atención a otra cosa que no sea el vuelo de un pájaro en el salón de clases?

Iban llegando de a uno y mientras tanto mi cabeza buscaba una idea hasta quedar en blanco. Y ni bien cerré la puerta detrás del último, abrí los ojos bien grandes, crucé el dedo índice sobre mi boca y les susurré:

-Shhh, escuchen, tengo que contarles un secreto. Vino a visitarnos un amigo. Se llama Jaime. No hay que asustarlo porque tiene el corazón muy chiquito y si se asusta le late muy rápido (Felo abrió los ojos grandes como dos peceras. Lo miré fijo): - Felo, vos tenés que encargarte de que los chicos se acuerden de no gritar. Y atenti la tosca, que éste es el famoso pajarito de "me lo contó un pajarito", así que todo lo que hagamos lo va a ir a chusmear por ahí. A portarse bien así no anda haciendo enojar a las mamás.

Gol de media cancha.

Cuando confío, la vida trae las respuestas hasta la palma de mi mano.

jueves, 7 de mayo de 2009

Mutanta

Cuando uno anda atento a algún fenómeno en particular, éste parece empeñarse en suceder cada vez más periódica e intensamente, no sé si tanto por una cuestión metafísica o meramente ampliado por la lupa de la observación más o menos constante que uno hace de tal fenómeno.

Tiempo atrás yo solía detectar el arcoiris en lugares inesperados, como por ejemplo, viajando en el tren hasta Escalada, sola y pensando en que la vida era una porquería. Ahí, en el medio de mis pensamientos, entre cables y fierros, un arcoiris que era apenas un arcoiris me sacaba de contexto y, yo que soy adicta a las señales, caía en trance olvidando que la vida era efectivamente una porquería.


Ultimamente me tienen maravillada los cambios. Mi vida cambia. Pero como yo no hago nada a medias, los cambios son una vuelta de campana, un giro de 180, de guatemala a guatemejor. Cambia como si el decorado se moviera mientras veo mutar las caras, los espacios, los trabajos.


Cambia de cantar en el living de Pocha los sábados a cantar en la loma del orto adelante de gente que desconozco.


Cambia de estar sentada en una oficina vidriada a tener en mis manos a 26 niños que educar.


Cambia de estar siete años en un mismo lugar para irme empujada por las circunstancias sin mirar atrás.


Cambian los nombres de los amigos.


Cambia lo que creo de mí misma.


Cambia lo que permito.


Como si fueran inesperados arcoiris, los cambios pasan sacudiéndolo todo, tirando del mantel para que vuelen los platos viejos y se pueda poner de nuevo la mesa.


Ahora mismo algo está cambiando bajo mis pies y no sé hacia qué punto cardinal quedaré mirando para volver a dar el millonésimo primer paso de nuevo.


Lo que sé es que el horizonte sigue siendo tan prometedor como cuando me mostraba el arcoiris.


martes, 5 de mayo de 2009

Rata blanca en la chilinga.

El mundo esta lleno de ratas. Silenciosos seres de apariencia inofensiva, sentados a un costado en reuniones tumultuosas, sonriendo tímidamente, intentando con éxito comprar adeptos para sus pequeñas nobles causas, esperando un reconocimiento que proclaman merecido. Las ratas se acomodan, encuentran los huecos, las tuberías, trepan entre bambalinas hasta que por fin encuentran la oportunidad. Y se sientan al volante. Entonces, ese odio silencioso que las corroe, el rencor germinado en su propia mediocridad, les sube como bilis y muestran la hilacha, la amargura que destilan sus corazones secos, la envidia que les provoca la felicidad ajena y cualquier muestra de talento. Ahí la emprenden contra todo lo que les resulta un estorbo, muerden las manos de las que se sirvieron, escupen para arriba. Y como las ratas hacen escuela, siempre logran algún secuaz que los secunde.
Pero, gracias al cielo, las ratas siempre mueren como ratas.
Amén.

jueves, 30 de abril de 2009

Ritual

Cuando era chica y las noches de reunión y conversaciones en mi casa se extendían, el café no paraba de fluir desde la cocina y en el aire se mezclaban el humo del tabaco y el perfume del cognac. Yo miraba desde mi hueco en el sillón del living aquellas escenas de pelos con brushing y camisas de cuellos anchísimos, y la modorra se me iba trepando por el cuerpo despacito. Cuando ya sentía que en cualquier momento se me abriría bajo los pies la tela fina que separa la vigilia del sueño, abandonaba con esfuerzo mi rincón y con pasos torpes cruzaba el living hasta llegar a la silla donde mi mamá quemaba sus jockeys suaves cortos mientras se dedicaba a discutir deportivamente con quién tuviera la energía de sostenerle por algún tiempo alguna verdad a refutar. Trepaba despacio por su falda, girando para quedar bien sentada entre sus brazos abiertos y entonces apoyaba mi oreja en su pecho. Ahí adentro la voz le resonaba como apagada entre almohadas, un sonido musical como el parche grave de un tambor, un vibrar que me hacía entrar al sueño dejándome caer.

Entonces, el mundo era un lugar seguro.


sábado, 25 de abril de 2009

Me fui de casa a tocar rocanroll (parte once): Garganta con arena


Me descuelgo el tambor dando la espalda al público mientras escucho las voces de gente que quiero, dándome aliento. Ya hicimos un par de toques Chilingos y llegó la hora de romper el hielo con la primera canción, la de Oxúm.

Me doy vuelta y clavo la mirada en el micrófono, el murmullo es muy alto, no sé si quiero mirar. Tomo aire y cuando la luz se enciende veo el marcito de gente ahí abajo, mil cabezas juntas mirando lo que voy a hacer. Sé que hace diecisiete horas, 26 niños de cinco y seis años, reunión de padres y ensayo, que estoy despierta. Mi garganta lo acusa, todos lo notaron, pero no interesa. Cuando tomo aire y suelto al marcito la primera nota sé que va a sonar.
Cuando yo jugaba a la hora de la siesta a que cantaba como Liza Minelli, abría la boca y el sonido en mi cabeza era impecable. Cuando canto vuelvo a estar parada en la cama de mi abuela, con el deshabillé rosado de mi mamá, sosteniendo un micrófono de frasco de perfume, el otro brazo abierto, apuntándole al cielo.
Y me quedo pasmada escuchando mi propia voz clara como agua clara, salir como una flecha para adelante. Al rato me siento como enamorada, con ganas de brillar para ésos ojos que son todos los ojos pero son unos, los míos. Ya no sé lo que canto ni entiendo lo que pasa. Es un flash de endorfinas.

Pavada de antioxidante.


sábado, 18 de abril de 2009

Me fui de casa a tocar rocanrol (parte diez): Incendio forestal.

Llegaron dos fechones el mismo día y a la misma hora: o te vas a tocar dos temas con Calle 13 o te vas a cantar tres y tocar doce con los malditos jipis. El bloquetón tuvo que dividir sus aguas y así algunos amigotes y no tanto fuimos oficialmente convidados a ser parte para poder clonar a la Chilinga en ambos eventos. Como la mayoría de los patasucias agarró para el lado de la fama, nos subimos a ocupar el contingente que iba al sur a tocar con Arbolito.(Ya he comentado que elijo siempre de manera inconveniente... y no escarmiento.)
Primer ensayo en Coronado. Llego con una canción de Calamaro que hace dos días me da vueltas por la cabeza para mutarla en una chacarera, y Dani me da el ok para probarla. Suena el toque de malambo y qué linda queda ésa letra ahí arriba.

Con el crudo en las bodegas
volveré a buscar
todo el tiempo vivido
que hemos perdido sin protestar.

Voy a probar primero
al olvido
a lo ajeno
voy a pasar a retiro de un tiro al culpable de mi soledad.

No sé lo que quiero
pero sé lo que no quiero.
Sé lo que no quiero
pero no lo puedo evitar.
Puedo seguir escapando
y aún lo estoy pensando.
Lo estoy pensando
pero estoy cansada de pensar.

El marinero de rio
no tiene calor ni frio.
La ciudad no tiene puerto
y se siente muy vacío.
Últimamente ha perdido
su capacidad de sorpresa.
En un vaso de cerveza caliente
fue que se la olvidó.

Yo quiero elegir del mapa
un lugar sin nombre a dónde ir.
Será el lugar dónde viva
lo que quede por vivir.
Por eso de cada viaje me traigo
el equipaje perdido.
Por eso es que he decidido
nunca olvidar
nunca olvidar.

No sé lo que tengo
pero sé lo que no tengo.
Sé lo que no tengo
porque no lo puedo comprar.
Puedo seguir cantando
y aún sigo esperando.
Sigo esperando
pero estoy cansada de esperar.

Y así se armó la chacarera. Daban ganitas de cantarla, y la fuimos pasando varias veces mientas Dani tocaba allá y acá, cortaba, cambiaba. En el resto del ensayo quedó en evidencia nuestro jipismo y los toques se nos cayeron a pedazos mientras nos divertíamos como bobos haciendo cantitos de cancha para los que se iban a tocar con los portorriqueños y hablado de las empanadas bolivianas que serían nuestro "catering fulop" en el Kori bailable.

Ya empezamos Nº1: Nunca pasamos los toques de Arbolito y Dani espera que los aprendamos solos.
Para el mismo día de la fecha forestal tengo programada desde marzo la reunión de padres de los niños de mi grado. Y prueba de sonido a las 19.00hs en Boedo...

Segundo ensayo en tierras del oeste, llego una hora antes para armar las voces de la chacarerita con Seba. Terminamos jugando con Eugenio y la Turca que se nos mete a cantar en el medio del arreglo y nos taladra. Nada mejor que jugar un martes a la tarde a una hora de viaje desde tu casa después de laburar diez horas. El día se te vuelve a amanecer. De nuevo nos juntamos y de nuevo me dejan cantar mientras ellos tocan pero después me meto a tocar entre ellos y eso me infla la alegría.
Ando contenta y charlatana como si fuera febrero. Vuelvo a reírme y tengo una sensación de playa Pocitos en el cuerpo.
El jueves Germán nos enseña "Ay Lili" de Pescetti y los enanos, Sarita y yo no podemos dejar de cantarla mientras trabajamos. La bailamos en el patio y nos matamos de risa. Yo me voy recargando de esa alegría pequeña de todos los días.

Viernes 17 de abril: Viaje al centro de la Tierra

Seis y media de la mañana estoy en pie. Anoche terminé los regalos para los papás casi a las doce y media. Se me nota en las ojeras. Oh, God..
Formación de izamiento y cantamos a la banderita en el patio. Germán y yo hacemos ese acorde del final que nos da felicidad y ya arrancamos la mañana contentos. Vamos con los peques al comedor a preparar los alfajorcitos de maizena que regalaremos a sus papás cuando vengan a la reunión. Les saco un millón de fotos pescándolos cuando, pese a la prohibición, se morfan el dulce de leche a escondidas. Nos reímos. Jugamos mientras vamos aprendiendo ellos y nosotras. Se ríen las chicas de la cocina y todos vamos progresivamente quedando cubiertos de dulce para el resto del día. Literal y metafóricamente hablando.
A las tres y media de la tarde ya estoy agotada sabiendo que de todas formas, ésta noche va a ser increíble.
Llego durmiendo en el auto de Marian, un apagón de cuarenta minutos. Hace quince horas que estoy despierta. Yo sé que cuando subimos, algo pasa. Y pasa.
Salimos caminando por el escenario con nuestras remeras verdes. Las luces nos hacen sentir algo así como mucho aire que entra en los pulmones. Sale el primer toque y nos vamos mirando en esa semipenumbra azul y algo se arma.
Dani agarra el pandeiro y empieza a tocar, señal de descolgarme el tambor para cantarle a Oxúm. Veo un mar de gente que nos mira y sé que tengo que apagar mi cabeza y empezar. Me sale la voz desde un lugar que nada tiene que ver con la garganta y por primera vez tengo los ojos abiertos mientras canto. Y nos miramos. Nos vemos.

Vuelvo a tocar entre ellos.
A darnos el lujo de estar parados delante de mil personas siendo impúdicamente felices jugando a ser de vez en cuando estrellas de rocanroll. Dejar el miedito de la vergüenza en algún lado y probar.
Casi no me reconozco en ésa que canta. La chacarera vuela, la sensación es placentera.

(Y cuando de pronto él, que no tolera bien aún la felicidad, hace un intento de sabotaje, lo hago reír impúnemente para que salga otra vez a jugar. O lo ignoro en ruda penitencia. Le voy viendo un poco más el alma. Cada tanto baja un poco la guardia y es encantador. A veces, mostrar todas las cartas es la mejor estrategia.)

Arrinconados todos como ganado, compartiendo el sudor y la alegría, tocamos literalmente codo a codo los temas con Arbolito, y cerramos la noche haciendo una invasión de pista con los tambores que huele a festejo en el alambrado revoleando la camiseta por haberle ganado a nuestro maldito jipismo haciendo una fecha magistral. Llena de fallas técnicas, por supuesto.
Malditos jipis al fin.

viernes, 10 de abril de 2009

Secreto

Cada día está repleto de pequeños miedos por vencer.

Mieditos que hacen que pensemos en todas las posibilidades que hay de que algo salga mal cuando estamos decidiendo si hacerlo.

Mieditos que te hacen negar en público lo que estás sintiendo hasta creértelo.

Mieditos que te atornillan a la silla convencido de que no tenés la fuerza ni el talento.

Mieditos que te dejan siempre siendo espectador.

Un día decidí vivir como la condenada a muerte que soy, que somos todos, y no tuve tiempo para los mieditos. Y los pocos que quedan se me siguen cayendo.

Ése es todo el secreto para conquistar el mundo.

viernes, 3 de abril de 2009

[ sin asunto ]



Él sabe que yo lo llamo con otro nombre. Como una pausa en el medio de la multitud, ése nombre es mío.


Pienso en unas palabras precisas y muchas que le mandé volando cuando lloró y se sintió perdido.


Pienso que un día lo ví apropiarse de ése nombre mío, busco entre las lunas mayas y leo en ése día:"Si algo tienen claro los Jaguares son sus propias ideas".


Y sonrío.

viernes, 27 de marzo de 2009

Tecnología bien aplicada.

Elijo mal.

Elijo definitivamente mal.

Algún chip se me jodió de tanto usar el microondas con el pelo mojado o por abrir la heladera en patas o quizás por haberme metido tanto los dedos en la nariz de pequeña. Se me torció la brújula, se me desconectó el radar. Elijo maravillosamente como el orto.

El olor progesterónico que llama a mi nariz siempre es el de algún criminal de renombre, un malandra con carnet o una larva sin vocación de sacrificio propio pero sí ajeno. Todas mis relaciones terminan con alguna anécdota de ésas que, si no fuera porque me pasan a mí, me encantaría contar para amenizar los tés canasta. Y lo peor es que en esto de elegir espantosamente mal, me voy perfeccionando con los años.

¿No habrá un GPS para la vida, digo yo, que al menos me desligue de la responsabilidad ante el desastre consumado? ¿un aparato que, si no tengo la suerte de que acierte con la ruta correcta, pueda cargar con mi furia por el resultado nefasto? ¿un pequeño monitor que me vaya diciendo con voz gallega "deténte y dobla ia mismo a la derecha, que estás por comerte un pelotudo"?

Compro.

domingo, 22 de marzo de 2009

Destino de cisne

La china volvió triste de su viaje de una semana con la escuela. En la fiesta de despedida, peinada y arreglada con esmero, nadie la sacó a bailar.

Salió llorando del baño después de su ducha y de su mal fingida alegría al contarme lo bien que la había pasado. Salió llorando y a mí el corazón se me hizo puré.

La miré mientras le secaba tanta lágrima y le alcanzaba un vaso de agua para curar el hipo angustioso, rezando que también le curara la herida nueva que mostraban sus ojos, y me acordé de mí. De mi propia soledad a los trece, catorce, quince eternísimos años que parecían nunca terminar por fin. De mi propia soledad ahora que tengo veinte años más en éste mundo, del que todavía no logro entender a veces cuáles son las reglas.

Mirándola miré todo mi caminito recorrido. Tomé aire y nos sentamos en mi cama a conversar.

"Tenés destino de cisne" le dije.

Abrió grandes esos ojos profundos que tiene, sus ojos de almendras inundaditos de pena, y empezó a escuchar.

"La gente no es toda igual. En la vida están los patos, todos iguales, repetidos, previsibles. Patos que van en fila, unos detrás de los otros, día tras día, a nadar en los mismos charcos sin preguntar.

Cada tantos patos aparece uno que es distinto. Aparece un pato con esencia de cisne.

Los cisnes florecen desde adentro para afuera, se templan en soledad, por alguna razón las cosas no les son fáciles, y cada pequeño dolor da un cincelazo más a su destino mientras dura su vida de patos distintos.

Y un día, a fuerza de preguntarse cosas, de mirar la vida desde otro cristal, de no encajar, encuentran que nada los completará desde afuera, se buscan esenciales y se encuentran, y entonces una luz les aparece por los ojos y florecen. Florecen cisnes. Y se dan el lujo de mirar a todos desde un lugar nuevo. Y mandarlos a cagar."

Nos reímos a carcajadas las dos entre las lágrimas que ya nos salían hasta de las orejas mientras nos abrazábamos. Y en esa risa y ese abrazo supo que en su camino de pato raro ella no está tan sola. Vive con un pato raro que un día se hizo cisne y que es su mamá.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Estaba la Catalina.



Catalina tendrá el alma al viento, los pies descalzos, la risa fácil, el corazón dispuesto. Los ojos de su padre son de cielo, así que ya tiene resuelto el asunto de poder mirar adentro de la gente.


Tiene nombre de lluvia sobre techos de marzo, de reina, de vecina, de amiga que ceba mate para curar las penas. Su papá tiene manos de verdadero artesano, así que en cada caricia le irá dando forma a sus sueños chiquitos.


Andará despeinada de alegría de volver corriendo a casa para encontrar abrazos, para contar noticias y pedir panes para curar al mundo del hambre y la injusticia.


Viajará por la gente, por sus pequeñas historias, por las manos que, como las de su papá, hurgan en la vida hasta encontrarle el sentido. Hablará del amor dando cátedra, y lo dejará atravesarla para llegar a la gente sin escalas.


Si tengo suerte, un día se sentará en mi clase para enseñarme más cosas sobre lo simple y lo claro que encierra cada día.


Catalina es hija de un ángel y una flor. Y tiene una banda de tíos que son niños perdidos de un cuento de hadas.


Bienvenida a nosotros, Catalina. Salud!

domingo, 15 de marzo de 2009

(comentario al margen)

Uy.. cómo vengo este añito...

Un plato que se come frío.


No sé si son los años, no sé si es el encierro, no sé si es la comida, pero la tolerancia que tenía se redujo cuatro talles y se me zafa enseguida.

Y allá voy, pateando mesas con sus correspondientes sillas cuando decido que yo no comparto el espacio ni el aire que respiro con gente que se caga en otra gente, y menos que menos, cuando se caga en mí. Y me gané el derecho a ser estricta a fuerza de empezar por casa y pegarme en la manito cada vez que me tienta meter la cuchara en sopa ajena. No soy Maradona, no señor, no soy ejemplo de nada. Mato porque primero muero en mi ley.

A ver, repasemos la listita:

Mentir está mal.

Lastimar está mal.

Afanar está mal.

Tomarse a la ligera los sentimientos de los demás está mal.

Como dice la Meji (mujer anaranjada si las hay) no hay excusas que justifiquen tu accionar ni borrachera que legalice acción ninguna. Tampoco sirve de paraguas la inexperiencia que te da la edad, la acumulación de tus hormonas ni un desorden que te impida decir que no si la propuesta viene de algo que huele a feromonas (o progesterona con barba, según sea el caso)
Si lo hiciste y estaba mal, hazte cargo, llámate al exilio o paga el precio.

Y aunque te parezca que zafaste, la vida es redonda amigo. Y todo lo que escupas para arriba, tarde o temprano te engominará.
Amén.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La vida cabe en un pochoclo (reflexiones navegantes) namber chú

La lluvia me lleva casi siempre derechito a situaciones contemplativas. O a gripes feroces si es lluvia de invierno, pero no seamos tan terrenales.
Acá estoy viendo desplomarse el cielo por la ventana de mi habitación, oyendo el agua caer, que es casi como oír al fuego crepitar pero todo lo contrario. Y pienso.
A veces estoy parada en el mundo y alrededor siento una soledad infinita. Como si fuera yo la ocupante de un faro del fin del mundo a dónde nunca llegan las visitas para quedarse.
Yo podría haber sido rubia (rubia de adentro..) y no tener más problemas que sudar contra el tiempo para que mis glúteos desafíen la ley de gravedad. Podría haber revoleado más veces las pestañas para lograr un anillo de oro y una cuenta corriente que me salvara de tener que madrugar (¿hay algo peor en la vida que despertarse antes de las siete de la mañana por la pura obligación que impone la falta de riqueza?). Podría haber aceptado ser frágil y esperar a que algún caballero de cuento se hiciera cargo de llevarme y traerme, hacerme escenas de celos y abrirme cada tanto la puerta, pero no para ir a jugar. Podría haberme quedado donde estaba sin preguntar. Podría no saber, no entender, no cuestionar absolutamente todo, no sentir en el pecho esa puta incomodidad que no me deja transar, que me tiene siempre en vilo buscando todavía un poco más allá.
A veces quisiera sentir como siente ésa que va pegoteada de la mano de ése, feliz de compartir su gusto por Tinelli y el día de San Valentín, orgullosa de contar los meses y días y minutos que hace que le dijo que sí y no se despegaron nunca más. Satisfecha con nada, esperando nada, convencida de todo.

¿Quién fue el Morpheus desgraciado que me hizo tragar la pildorita sin avisar..?

viernes, 6 de marzo de 2009

La seño de pelo colorado (parte 3): Lo que se olvidan de aclarar en el magisterio.



Educar es algo que demanda algunas cosas fundamentales entre otras muchas cosas:


Tener convicciones firmes.


No traicionarse.


Ser infinitamente paciente.


Estar dispuesto a no dejar de aprender jamás.


Creer en la humanidad y amarla.


Saber aceptar.


Conocer la diferencia entre observar y juzgar, y nunca ejercer ésta última.


Reírse varias veces por día de uno mismo.


Saberse punto de luz entre millones de puntos de luz.


Tener la capacidad de ser feliz.



Con éso, para arrancar, andamos bien.


martes, 3 de marzo de 2009

Frases memorables.



"..a éste hijo de puta que, si fuera por mí, le daría mecha y lo haría abandonar el país haciéndole explotar cinco kilos de trotyl en el ojete."


Dios, éso era lo que quería decir. Aplauso de pie para los guionisas de Peter Capusoto.

Cuando fui Trinity de "Matrix" por una fracción de segundo.

Convengamos en que, desde mi vuelta a casa después de un febrero ardiente y uruguayamente candomberil, Buenos Aires me ha pateado bastante el ojete. Situaciones de callejón de película yanqui, tocadas de traste, afanos aparatosos, y caripelas amenazantes cruzándote la mirada en plena calle a la tarde que te hacen apurar el paso con una sensación fea en la espalda, me habían dejado con una sensación de vulnerabilidad que hacía siglos no tenía.

Iba poseída por el espíritu de la estrella hoy a la tarde, estrenada maestra de primer grado, feliz de tambores de sábado, yendo a tocar en batucada otra vez, a ver a mis amigos, moviendo las caderas por la calle al compás de la música en mis auriculares, y llegué entonces hasta el túnel en la Panamericana. No fue un miedo como cuando busqué refugio en la sombra de un umbral, sino una inquietud lejana lo que me rozó al ver entrar del otro lado a tres hombres jóvenes y arreglados, hombro con hombro casi y conversando. Quizás debí haber corrido. O detenerme en la entrada del túnel hasta verlos pasar. Pero tomé la decisión de no parar la marcha.


Cerca del ecuador, un segundo antes del punto medio, vi como el que venía de mi lado tenía en la mirada un gesto raro, de ausencia fingida y cálculo preciso. Su mano izquierda iba a impactar indefectiblemente en la parte de mi humanidad que más me gusta gobernar. Y cuando parecía que, larreputísimamadre, no quedaba otro remedio que comerme el garrón y carajear mientras los miraría irse dando risotadas, sin aminorar la marcha levanté mi brazo izquierdo, calcé su antehombro en la herradura de mi mano, y de un empujón sin esfuerzo desvié al macabro contingente sacándolo de mi camino hacia el cordón de la vereda, para pasar triunfalmente por la vereda vacía y ancha. Tanto se sorprendieron que ni siquiera largaron una puteada.


Fue como descubrir la combinación de botones que te hace invencible jugando a los fichines.


A veces pasa...

domingo, 1 de marzo de 2009

Visión premonitoria


Abrir la puerta de mi casa y encontrarte, bajo ésta lluvia caliente de verano tardío, parado en mi vereda conquistándola, ganándole de mano a mi desconfianza, con los pies urgentes por recorrer historias, inconciente de los mares que estarás navegando, desafiando tu lógica y tu miedo a pura convicción de que éso que ambos aún desconocemos en éste último minuto, es un vórtice mismo hacia el infinito.

Llamada de carnaval en la ESMA: Tocar llorando.

Tocar un tambor no se remite sólo a un evento musical. La vibración de los parches provoca algo en la propia vibración, atrapa o espanta, sin medias tintas. Algo sucede sobre todo cuando los parches son de cuero. Yo misma doy fe de haber florecido en éstos casi diez años en que mi corazón fue mutando de órgano vital a lonja que no calla. Seguramente África (que nos lleva siempre tanta ventaja en lo que a sabiduría de la vida se trata) mandó a sus hijos secuestrados como esclavos con sus tambores en el alma, como caballos de Troya. Ellos desaparecieron, pero alguien, siglos después, abrió la caja de Pandora. Y la bendita invasión musical volvió a tender ése puente de madera y cuero hacia la esencia.
Los tambores se agrupan y van encendiendo plazas de Buenos Aires, galpones y covachas, creando rondas invisibles de tribus no declaradas. Toman la energía de la tierra, la reciclan, la levantan.

Pero hay lugares en donde el trabajo es doloroso, y el proceso de sanar tiene más que ver con un exorcismo.

Ayer, en una convocatoria abierta, más de setenta tambores de candombe tocamos en la ESMA. Yo no puedo entrar ingenuamente en ése lugar, ni logro asistir con continuidad. Mucho coraje ha pasado por mis pies desde aquella primera vez en que fui a cantar para dar por abierto el espacio de las Madres, cuando no me animaba a buscar el baño por miedo a encontrarme de bruces con un pasado tan nefasto.

Formando filas junto al puesto de vigilancia por el que pasaban los secuestrados para el primer control, sentí la primera puntada de dolor frío pasarme por la espalda. Escuchaba y no escuchaba sonar los parches. Mientras caminábamos lento y las bailarinas en ronda levantaban los brazos al cielo pensé en la esperanza que vuela en un grito de socorro, la esperanza de que alguien escuche y venga a rescatarnos. Cuando sentí que no iba a poder seguir tocando, pensé en las vueltas de la vida y en el sabor de la justicia, de las cuentas saldadas. Un carnaval de madera y cuero desfilando por fin entre tanto verde militar. Una fiesta de libertad de origen moreno, desfachatada y bocona como muchos de aquellos que se durmieron para siempre en la ESMA. Dar un paso más, otro golpe en el cuero, y que los fantasmas pierdan el peso de piedra que no los deja llegar al cielo.

Ayer, sobre la callecita de la muerte, entre edificios cuadrados altísimos de aspecto pulcro y corazón de hielo, nosotros trajimos un carnaval para los hijos de ésas Madres, para que los tambores de sus almas vuelen por el aire como las de aquellos antiguos negros.