jueves, 17 de septiembre de 2009

Se nos aguó el campapeque... (cómo sanar un corazón triste)

Siete y cuarto de la mañana. Apago el despertador antes de que suene y asomo la nariz por la ventana. El cielo está plomizo, hay olor a tierra mojada en el aire. "No," (pienso), "no pueden suspenderlo hoy. Si no llamaron anoche, salimos."

Hago fondo blanco con el café con leche, voy tirando cosas con el bolso, la bolsa, el pandeiro. Salgo a la vereda apurándome por ganarle a lo que intuyo lluvia para que nos dé tiempo a burlarla con los enanos y salir, rajar en el micro de Omar a correr como locos por el campo. Con el legüero cruzado en la espalda doy un paso en la vereda cuando el maldito celular chifla en la cartera y la negra Paola me dice lo que no, no, nooooo quiero escuchar: "Yani, se suspendió..." y me quedo mustia como un chalchalero triste mientras el remisero me mira acuciante con la puerta abierta.

Ay mamita...

Las caras de los enanos que van llegando vestidos de acampantes, con el desencanto dibujadito en los ojos, ay, y yo que no los puedo ver tristes, no tengo corazón para que me lloren. Corren los minutos, un quilombo de papás enojados discutiendo con los profes y ellos ahí sentados en el patio, y me preguntan y yo que no sé de qué me disfrazo. Juanita con la flor colorada en la cabeza, tratando de entender con el corazón lo que su mente no puede ayudarla a comprender, no sabiendo bien que pasa, confundida. Ay..

Pero cuando Nacho abrió su canillita abrazado a la pierna de su mamá que me miró así como ellas me miran, fue suficiente. Busqué Germancito "por favor, dáles música", "¡estoy afónico, no traje el teclado!" ("aylaputamadre" pienso y mi cabeza acelera). Empecé a arriarlos, pedí que nos dejaran las bolsas de dormir, las merienditas y los bolsos, me afané dos telas de colores, nos metimos en la biblioteca. Improvisando dos parantes con los portamapas, armamos una carpa. Cantamos el niño caníbal mientras yo les gritaba "¿Entra agua por acá?" y ellos prendidos en la locura, aullaban, "Yaaaaani, Yaaaaani, por acá entra aaaaagua", y Sarita y yo corríamos a colgar más telas.

Nachito sacó su bolsa de dormir, acomodó las zapatillas a un costado y se metió adentro a mirar la peli que hice correr en el pantalla gigante. De a poco se fueron enganchando. Por fin ese piso verde pedorro era una bendición de pastito imaginario. Bajamos los cuadernillos, robé lápices y crayones por toda la escuela, hicimos trabajitos, un pequeño pic nic mientras aprendíamos a escribir "campamento, carpa, linterna", hicimos planes para cuando nos vayamos, comimos hamburguesas, nos metimos en el aula para el último recreo, volvieron a abrir sus bolsas de dormir y apoltronados dibujaron todo ésto:



(Caro y yo en el campamento)




(Yo tocando el tambor cerquita del fuego para que ellos se duerman en el campamento.)






(Larita durmiendo bajo las estrellas en el campamento.)





(Juan y yo con mi tambor tocando en el campamento.)






(Valentín en la carpa, Bianca, Tati y Lara y yo, de colores como Piñón Fijo!)






(El más flashero de todos: Victoria me dibujó encantando una serpiente.)




Yo me veo con esos pelos colorados que ellos me pintan, y me muero de amor inevitablemente.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Campapeque




Me voy de campamento con los enanos. Toda esta semana hasta el jueves en que nos subamos al micro girará en torno a bolsas de dormir de kitty, disfraces, pandereta (así bautizaron a mi pandeiro), mitos sobre la oscuridad y los bosques y planificaciones (de ellos) de todo tipo.

Llevo pezuñitas, bombo, pandeiro, veinte canciones para dormir en mi cabeza, ganas de bailar con ellos y que entiendan que es mentira que todo está perdido. Que siempre, casi todo el tiempo, algo recién comienza. Es un bellísimo ritual de despedida ahora que se empezarán a hacer grandes en segundo grado bajo el cuidado de otra maestra, ahora que perdieron su pánico chiquito de salir del jardín y entrar por primera vez a uno de los tantos universos que los tendrán de curiosos pioneros.

Allá vamos, sesenta y pico de gnomos, Sarita, Paola, Agustín, Magalí, Laurita, Claudia, Lily y sus disfraces, Cecilia la cocinera, en el micro de Omar a pasar dos días lejos de casa por primera vez, a que sean amigos, a que trepen y corran como en las infancias nuestras en la vereda.

Allá vamos nosotros a recordar cómo era.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Panorama situacional.







El cree estar en Disneylandia. Vuela, flota, nada.

Yo lo dejo subir a todos los juegos, lo señalo y lo amenazo (y cumplo) con cerrarle la puerta del parque si no pone sus impuestos al día.

Soy una montaña rusa, pero estricta.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Rally



Mañana mi día empieza a las ocho AM, cargando mochila al hombro y pasando por la panadería para cumplir mi promesa a los enanos de celebrar mi día comiendo juntos medialunas. Cuatro horas por delante en las que intentaré (seguramente sin éxito) captar su atención hacia los cuadernos con sus cabezas girando alrededor del momento en que nos darán los regalos del día del maestro. Es más o menos como querer que se duerman de una vez en la noche de reyes...


Luego sobrevendrán otras cuatro horas sentada en la recepción de la escuela dándole las buenas tardes en vivo o por teléfono a un promedio de 300 personas (entre padres, visitadores de editoriales, vecinos enojados, gente que busca gente), varias carreras por el pasillo hacia la cocina buscando hielo para los chichones, algunos mates mal cebados al tucu que tirita en la vereda cuidando la puerta y besos a los que se cuelan por la puerta en el recreo para jugar con mis lapiceras de brillitos.


A las cinco emprenderé (mochila al hombro y paquetes de regalos en mano cual ekeko pelirrojo) una rauda carrera de diez cuadras para alcanzar el tren que me depositará en Retiro para zambullirme en el Sheraton y tocar seis temas y cantar dos en un congreso de psiquiatría (si, si, la bizarrez es nuestra marca registrada, entre otras..).


A las doce de la noche culminaré la jornada intentando ser un jilguerito para acompañar la voz del Mostro en la banda de los malditos jipis, sobrellevando esta faringitis que me tiene loca desde aquel loco fin de semana en MDQ.


Sepan disculpar si el viernes nunca me levanto de la cama.


sábado, 5 de septiembre de 2009

Bajando santo (ora ie ieu)








Uy, septiembre me tiene feliz como perro con dos colas (decir "como puto con dos culos" es más propio de mí, solo quise ser sutil. No me salió.)


Algo giró de nuevo en este último viaje, algo más de mí sale por la grieta que siento sobre la boca del estómago.


Cada tanto hago un flasback hasta aquella época tan oscura, cuando me encontré totalmente en silencio. Y dejé de pensar, pensar tanto, tantas veces, tantas cosas. Llegué hasta la puerta del alquimista y algo entendí. Me senté en su camilla después de la hipnosis y dije "esto es una joda.. ¿qué me hicieron creer?" y a la confusión sobrevino el silencio sereno de dejar de vivir en la meta y empezar a caminar cada paso con los ojos atentos, la mente en paz, la serenidad de saber del viaje en sí mismo, sin importar a dónde. El dejarme sorprender todo el tiempo por lo pequeño, por lo inmenso, por la alegría de hacer lo que el cuerpo pide y estar sintonizando el lado claro de las cosas.


Bailo en mi casa porque tengo ganas, cuando la música que elijo me lleva a lugares y gente que gusto de ver, bailo y doy vueltas porque quiero estar contenta. Mi vida tiene una vida todos los días.


Es un año de semilla autoexistente amarilla.


Yo estoy sembrando el mundo en el que quiero vivir.


viernes, 4 de septiembre de 2009

Gente hermosa


Sarita llegó al colegio un mes de septiembre hace dos años atrás, para hacer una pasantía mientras cursaba su primer año a bordo del magisterio. Viuda gracias a la amargura del 2001, después de haber pasado una vida más que holgada con viajes a Miami y vacaciones en Punta, lejos de tirarse en una cama a llorar sobre sus hijos, decidió que su marido quizás tenía razón cuando le decía que siendo tan inteligente era una pena que hubiese dejado de estudiar.

Terminó el secundario en una escuela nocturna y en vez de conformarse, ese corazón enorme e inquieto la llevó a calzarse un guardapolvo y convertirse en maestra oficial.

Cuando llegó a la escuela, la primera mañana en que la ví la quise inmediatamente. "Vos y yo vamos a trabajar juntas" le repetí mil veces entre mates y legajos cuando compartíamos la secretaría de la escuela mientras sus dos compañeras más jóvenes lidiaban con los chicos en el aula.

La vi trabajar con el primer grado de Gigi, aquél tan lleno de pequeños demonios. Cami daba vuelta las mesas cuando se enojaba, Mate (un pequeño hurso de casi metro treinta) atacaba a sus compañeros a golpes y eran necesarias tres maestras para levantarlo. Y Max..

Ella los acompañaba hasta mi cubil, los traía a charlar conmigo, olía sus corazones chiquitos llorar y se bancaba estoicamente sus patadas y bifes en el medio de los berrinches. Yo la veía a lo lejos parada frente al escritorio mientras alguno de ellos dibujaba, serenándolo con palabras de abuela mientras los miraba con pena.

Ni bien me tentaron para volver a las tizas, pedí que mi auxiliar fuera ella.

Sus 54 años se desdibujan cuando corre detrás de los chicos por el patio. Es mi cómplice en esto de consentirlos y mimarlos hasta el hartazgo, tiene una mirada tierna y aguda y el espíritu necesario para matarse de risa todas las mañanas conmigo escuchando a los enanos.

Ella hace que el salón que nos tocó en suerte parezca el living de una casa, con los dibujos de los enanos decorando las paredes rápidamente pegados con cinta ni bien vuelan desde sus manos a las nuestras.

Tiene los ojos brillantes como ellos, como yo, y comparte su merienda con las manitos pedigüeñas que siempre quieren picar de lo nuestro, como si fuéramos una familia bullanguera.

Persigue a Juana por todo el patio cuando la gordi llega de cables pelados con infinita paciencia, dando unos gritos tan suavecitos y graciosos que Juanita sigue corriendo sólo para escucharla a carcajada suelta. Vivo retándola porque se patina el magrísimo sueldo en comprarles helado cuando hace calor (son veintisés!!!!) y jamás se va de la escuela sin contarme cómo estuvieron los enanos a la tarde en las clases de inglés. Los chicos le escriben que la aman y cada vez que hablamos del 1800 indefectiblemente le preguntan si ella estaba.

Sara es una de esas amigas del respeto y la admiración mutua, del saberse sintiendo en el mismo idioma. No compartimos fiestas ni borracheras. Compartimos todos los días la locura de querer cambiar el mundo sanando los corazones en pena.

Sara es mi Sancho Panza. Ella late en el corazón de mi escuela.

domingo, 30 de agosto de 2009

Expedición Robinson





La fecha de este fin de semana no fue precisamente un evento feliz aunque nos proveyó de anécdotas para soltar como nos gusta entre las pequeñas comunidades chilingas que comparten un viaje. Así es como nos vamos entremezclando, entramando, entretejiendo unos bloques con otros y nos volvemos amigotes. Todos de todos.

Para empezar, el contingente entero de diez jipis rotosos que éramos nos alojamos junto a la gente a la que deberíamos entretener en el Costa Galana, ahí donde Mirta almuerza todo el puto verano y Sergio Denis agita el flequillo en la terraza (si, ni bien la vimos cantamos a coro "hoy, queeeerida miaaaa hagamos el amooor con aaalegría.." como unos pelotudos.) La Turca rompió las bolas hasta que logramos sacarle una foto con el pingüino de la puerta. Nos fuimos en bata y zapatillas de lona a la pileta climatizada, dos pisos más abajo. El piso del salón donde tocábamos patinaba como la mismísima mierda y nos quedaron los dedos de los pies torcidos de tanto apretar para no caernos en los movimientos con esas fucking alpargatas baratas blancas. El tipo que nos contrató se mandó diez millones de cagadas (incluyendo la falta de agua para beber durante una actividad que duró más de dos horas con trescientas personas en la playa que terminaron quedando a cargo nuestro y con los que tuve que cantar a grito pelado "Tratar de estar mejor" de Diego Torres diecisiete veces. La llego a escuchar una vez más y vomito. Estoy completamente muda hasta ahora.)

En los escasos ratos libres que teníamos andábamos en banditas y de pronto todos en bandada ensayando el taller en mi habitación, peleándo codo a codo con los congresistas en el buffet por un canelón o esperando una hora interminable que la gente subiera al salón para hacer el puto show y por fin quedar libres de un día que parecieron tres. Y mientras las cosas se iban poniendo más y más bizarras yo vi que acá adentro, en ese círculo, en esa pequeña porción de la tribu de la que somos todos, todo se volvía motivo de risa y no dejaba de ser una fiesta. La gente que nos había mirado, a la que hicimos tocar, cantar y bailar en la playa con 30º y sin beber, a la que le dimos nuestros tambores y armó una murga espontánea en la vereda antes de volver al hotel, nos buscaba para palmearnos cada puta vez que nos cruzábamos y el sábado a la noche, dentro de su fiesta, nosotros tuvimos nuestra propia fiesta.

Es esa forma tan criticona de querernos, tan maldita, tan divertida la que me hace sentir como en una familia, un universo desprolijo de sabiondos y suicidas.


miércoles, 26 de agosto de 2009

Reencuentro


Septiembre me conmueve. Llego al límite de la desesperanza en julio, lo deseo con vehemencia cuando llega agosto, y los últimos días previos a su llegada vivo de fiesta esperando a la santa de la lluvia que nombraba mi abuela, ando contenta ni bien abro los ojos antes de que el despertador despierte y amanezco en silencio, con el olor del pasto entrando por la ventana y la luz, la luz que llega más temprano y enciende los colores de la casa.

Vienen los viajes cortos, relámpagos de mar, de campo, el campamento anual con los enanos y los cantitos en el micro de Omar a la ida, las fechas Chilingas en Costanera Sur o la loma del orto y el ferné en el micro de Antonio a la vuelta.

Vienen los tambores al galpón a pasar otra vez los sábados de festival, pasan las bandas, pasan ahí los fines de semana.

Viene el río en bicicleta, la plaza de Olivos, las flores de los naranjos de todas las veredas, los botones de jazmines, los nísperos de mi puerta, los paraísos de Florida repletos de blanco y lila.

Yo sé que septiembre también me espera.

sábado, 22 de agosto de 2009

Mirando lo mismo que vos pero con lupa

Siempre me fascinó la voz de Ana Belén. Lo admito pudorosamente, como a ABBA o a ése temita balinardo de swing caribeño que me gusta bailotear a escondidas. Mi familia materna era Asturiana, y en casa la música con aires españoles sonaba todo el tiempo, en las bocas, en los tocadiscos, en las nanas.



Ella toda es un personaje que todo el tiempo raya los extremos. La he visto en alguna escenita de esas que te cortan la incomodidad cuando las ves con otra gente, que maravillosamente abundan en el cine español. ("Las edades de Lulú" casi me mata de un infarto el día en que la vi de pedo en un canal de cable. Jodidísima. Imperdible. Nada que ver con Ana Belén, pero puro cine español.)



Lo que más me gusta es que sea la única mujer amigota de esa banda de música tan rara que hizo "El gusto es nuestro", con Joan Manuel Serrat, Victor Manuel (habla muy bien de ella que un marido de mas de 20 años todavía quiera verla y divertirse con ella saliendo de gira. "Guarda, eh?", digo señalándome el ojo con el índice.) y Miguel Ríos.



Pero lo que realmente me encanta de Ana Belén es ver cómo ellos, todos los que cantan con ella, la miran. Con un amor que muta todo el tiempo entre lo entrañable de la amistad amigoteada y lo hambriento del amor cuando se percibe el aroma del otro.





Como los chicos miran a la nena que juega bien a la pelota y los comanda y los maltrata y les gana a las cartas y se queda con las mejores figuritas del chupi y es tan linda con el sol y la sombra de su flequillo desarreglado.






El día que a mí me miren así, probablemente me evapore. El amor es una cosa que me enciende.




viernes, 21 de agosto de 2009

Mamá


La china anduvo con bronquitis y mamá vino a cuidarla.

En dos días impió las ventanas, barrió los pisos, ordenó la pieza de la china, lavó los platos, limpió la cocina, trajo detergente, servilletas, naranjas, queso, salame, su tostador, cremas de peinar, quesito.

Me acordé de ese día, la primera mañana que pasamos con la china en mi casa al salir de la clínica. Yo dormía como un tronco cada vez que podía en esa situación nueva de tener a alguien que se alimenta de vos y te reclama amor cada dos horas cuando la luz debajo de la puerta de mi pieza me despertó. Al abrir me encontré con la casa vacía, los muebles apilados, y mamá secador y trapo en mano, las ventanas abiertas de par en par, el sol de julio entrando al medio de la casa.

Mamá viene a casa y pide permiso para traerse el cif y a solas, mientras mi hija queda conectada al monitor por largos ratos, da rienda suelta a su madrazgo. Y cuando llego, la casa está bonita y huele a limpio.

Lo que ella no sabe es que cada vez que hace eso es como cuando me daba vuelta la sábana sobre el acolchado y me arropaba para que me pudiera dormir.

Y a mí me encanta.

jueves, 20 de agosto de 2009

Hastacá.

A veces el mundo termina por hincharme las pelotas. En esos momentos, tras la rotura definitiva de bolas, me sobreviene una abundante sensación de poder. Cuando veo claramente que, gracias al cielo, puedo torcer el volante y seguir por el otro camino, el de zambullirme en lo que hago con placer infinito, el de divertirme desacatando el mandato del recato y la postura, el de jugar en serio todos los juegos y hacer de eso la máxima herramienta para seguir aprendiendo.

Dramatizar es recrear el mito, leí por ahí. Déjense de joder y empiecen de una buena vez a actuar la vida que quieren tener en lugar de seguir esperándola.


El mundo cambia cuando una se arremanga y se decide a meter las manos en él.


sábado, 15 de agosto de 2009

Cuando te hartes de amores baratos de un rato, me llamas.



Si algo aprendí en esta vida con no poco dolor es que yo no nací para ser satélite de nadie. No soy la luna, por si no lo notaste. Esta luz que ves es mi propia luz, que de tanto avivárseme fuego fue fundiendo mis metales.
Con miedo y con duda no se llega a ninguna parte. Es saltar o retroceder, pero saltar es saltar. Nada puede ser algo a medias.
Entonces, para ir redondeando:


Se entendió?

Puto el que lee

Y el que no fue anoche al aquelarre, a la roda, al pequeño ritual de esta generación x que gusta de ir siempre en bandadas, que se joda.
Llegué disfónica después de un día con rasgos de octubre. Inesperadamente nerviosa, como tiempo atrás cuando tenía un exámen, o una cita (uh, ésta última se me hace lejanísima. ¿Las citas aún existen?). Llegué con la China, y otras nenas al ratito la rodearon y la perdí por ahí, vagando en el galpón (los rituales se heredan).
Fui y vine mil horas, casi sin cruzarme con los otros altos jipis. El ensayo del jueves a la tarde había estado muy, muy bueno, y es sabido que es difícil a veces repetir una magia porque siempre hay alguien que no confía, que no logra volver a saltar.¨
La noche caminaba y mis cuerdas vocales se iban llenando de aire en la conversación, y mientras cada tanto alguien me cagaba a pedos por mi incontinencia verbal que amenazaba con dejar a la banda sin corista, yo sabía que si las notas seguían sonando claras en mi cabeza, mi voz las pintaría exactamente igual. Confiar. Qué jodita..
El telón se cerró y me colé con el vaso de té de jengibre. Pol transpiraba en una remera violeta con un bichito muerto de un hachazo en el frente. Los jipis tenían purpurina y remeras chilingas y yo pienso, como siempre, que ya es hora de consultar a un asesor de vestuario.
Arrancamos con Haré y ahicito nomás ya falló el sonido, como siempre es acá en jipilandia. Y ya me empecé a sentir como en casa. Pol me cambió la letra en la segunda estrofa, se dio cuenta de que estaba extraviado, le tiré el centro acomodándole la canción de nuevo, y gol. Ya me empecé a reír por adentro, y creo que también por afuera.
Y después no sé, no me acuerdo. La sensación de la gente ahí en la oscuridad, acercándose a ver, una mano que agarró la mía que iba en busca de agua y apretándola me dijo "soy emeygriega, qué gusto, qué gusto conocerte" y después se volvió a perder entre los otros, alguien todo el tiempo que estuvo al lado, que estuvo enfrente y yo me sentí lindamente observada más allá de mí.
Y como no podía ser de otra manera, el gran final, un tema antes de terminar, apagón y luz de emergencias. Y mientras copábamos el aire con los tambores y trompeta y saxo tocaron seguidilla de los cadillacs y música fiestera en abundancia, la banda no se despidió. Simplemente se hizo humo en el aire con un pase mágico al mejor estilo Tu Sam.
Fuimos, vinimos, paramos, volvimos.


miércoles, 12 de agosto de 2009

Calientes los pies



Una mañana de la semana pasada la santa rita de mi puerta amaneció pelada. El último cielo celeste del invierno se asomaba entre sus ramas raquíticas, de espinas agudas y trama enredada. A partir del siguiente día yo empecé a oler la primavera en el aire temprano de la mañana, que aunque esté frío todavía trae un olor tenue de brotes, de próximos frutos, un olor inconfundible. Hay un canto de pájaro que a veces empieza a sonar a la noche, uno que sé que va a sonar mucho más en noviembre y me romperá las pelotas pero lo prefiero antes que este frío que cruza todas las defensas del abrigo y me saca las ganas.


Hoy a la tarde salí a la vereda a despedir a mamá que se iba y entre las ramas peladas una flor fucsia rabiosa asomaba en una rama del centro de la planta.


Yo ya siento murmurar las semillas en la tierra que late bajo mis pies deshibernada.

miércoles, 5 de agosto de 2009


VIERNES 14 DE AGOSTO
DESDE LAS 21 Hs
GALPÓN DE LA CHILINGA (o La Catedral del Jipi, como gusten) - RUIZ HUIDOBRO 4212 (Esquina Donado)
BANDA INVITADA "LA CHUNFALA"
Venite. Somos gente simpática.


Son, son, marinero, los pececitos del mar..


Estoy sentada en el living escuchando música y pienso en estos tres primeros días de mi reencuentro con los enanos en la escuela. El lunes fue un día feliz, todos teníamos ganas de vernos, nos habíamos extrañado. Nos sentamos en el piso, nos contamos todo al mismo tiempo mientras Sarita nos miraba y sonreía desde el escritorio. Llevé el pandeiro, cantamos, fue muy armonioso nuestro paso a sentarnos en las mesitas y abrir los cuadernos. El martes estaban filtrados. La emoción del día anterior los había agotado y el biorritmo tenía que volver a ajustarse a esto de levantarse a las siete de la mañana. Les tuve paciencia, fuimos yendo despacito, repasando, dibujando. Hoy me levanté ansiosa para ver cómo resultaba un trabajito que les había armado.


Arranqué con la noticia de que el 20 de julio había sido el día en que el primer hombre pisó la luna y por eso se celebraba en nuestro país un día muy especial. Y les conté cómo fue que ése día, la humanidad entera de todos los países de todo el mundo, al mismo tiempo, vio a un señor que se llamaba Amstrong pisar por primera vez la tierra blanca y avisar que no era de queso.


Después, en la hora de lengua, les conté un cuento con todo el histrionismo del que pude echar mano, y los hice matar de risa con los caprichos de la princesa Felisa que se enamoró de un príncipe y que al besarlo de pura caprichosa, lo vio convertirse en sapo y huir con una princesa rana.


Y en la última hora me paré contra el pizarrón y les pregunté qué se acordaban de aquellos primeros días de clases, cuando nos conocimos. Y sin darles tiempo, empecé a contarles uno por uno qué cosa me acordaba yo de él o ella aquellos primeros días. Se asombraban, se reconocían y se reían, uno por uno. "Bian lloraba y extrañaba a su mamá. Y ahora ya no", "Agus me decía que él antes, en el jardín, era de los malos", "Felo siempre se quejaba de Alejo", y cada frase terminaba con un "y ahora ya no" que les hacía abrir los ojos como sorprendidos. ¿Vieron cómo nos fuimos ayudando todos, todos los días, y fuimos mejorando y mejorando y cada vez mejor? Y felices por sentirse convencidos de que su propio esfuerzo valía la pena, cada uno se dibujó dentro del marco de un imaginario espejo como es hoy. Aparecieron alas, aparecieron muchos brazos, aparecieron amigos dibujados en hojas que antes eran solitarias, peinados elaboradísimos coronando caritas con anteojos y en todos, ojos enormes y bocas curvadas hacia arriba.

A las cinco de la tarde, cuando el tropel entero del colegio salía, me entretuve dentro de la oficina en vez de quedarme en la ventana donde siempre los despido uno por uno con un abrazo y un beso. Una mano chiquita me tiró de la remera y cuando me di vuelta, los ojos negros de Ale me miraban desde su metro diez. Un segundo después entró Oli, la niñera. "Ay, perdóneme señorita, pero cuando no la vio en la ventana se me escapó diciendo que él no se iba del colegio sin darle un beso.."

Él, el que yo sabía que había naufragado, el que dibujaba sólo con color negro unas sombras altísimas, el que con seis años viajó al norte a pedirle a un juez que finalice su adopción y le de por fin el mismo apellido que tienen sus papás, el que estaba perdido, vino a darme un beso. Y yo sé que ya siente que lo traje de vuelta a jugar.


miércoles, 29 de julio de 2009

Like a rolling jipi



A poco tiempo de empezar este siglo caí una noche de cualquier invierno en un antro capitalino que se llamaba (o llama, tiene la extraña capacidad de resucitar cada tanto) El marqee. Mi amigo Javi tenía una amiga que tocaba en una banda con tambores y así fue como caí a ver a La Chilinga, un nombre que me resultó poco serio pero desprolijamente simpático.


Recuerdo que fue impactante ver aparecer tantas chicas tocando tambores juntas entre los varones. La Turca y Caro son las primeras caras que recuerdo con nitidez. Y me acuerdo que quedé impresionada porque, ya sea por el sofocante caldo que hacía ahí adentro o por la hoguera interna que se me encendió, la suela de mis zapatos se pegó bastante fuerte al suelo, como si se hubiera derretido.


De la banda aquella noche me acuerdo poco, auditivamente hablando. Pero el desparpajo que tenían algunas caras, asumiendo un rol total de estrella rocker me hace pensar que Capusotto con Pomelo no inventó nada. Monitoreaban la sala en busca de grupis, recuerdo. Y obviamente las había. Siempre las hay. Hasta el cuatro de Cambaceres tiene alguna novia fan que gusta de contar que se morfa al cuatro de Cambaceres. A las minitas siempre les gusta el chow. Decía, en el medio de aquél despelote, recuerdo a Pol, que a mi me pareció como un lejano cowboy solitario. Y como me pasa siempre, tuve una súbita imágen mental. Me ví cantando con él, ahí en un flash de una foto, riéndome, en una actitud similar a la de jugar con un amigo de hace mucho, en un lugar parecido a un gran garage.


Cuando una punta de años después, ayer formamos como dos banditas en cada vereda, de frente a los tambores, nosotros, los armónicos de esta jiponeada, y canté con él por primera vez "Bombo", recordé en mi cabeza nítidamente haber oído esa canción aquella noche del Marqee, los viejos dioses. Miré a Pol riéndome de vaya una a saber qué momento de ésos gloriosos en que me cambia la letra, o después de haber tirado las voces que se nos cantaron en el orto, como Sony y Cher del subdesarrollo, con Agustina haciendo la ola como amable público detrás del Ruso, y lo encontré estrella gemela. Y fuimos amarillos por fin.


Ahora se viene el regreso de las merluzas, yo subida con ellos al bote y este vicio mío de mirar el magma, nadie sabe qué puede pasar, pero allá vamos a cruzar el Estrecho de Magallanes el 14 de agosto. Ol tugueder. Like a rolling jipi.


miércoles, 22 de julio de 2009

Ay, qué plato! (anécdota para contar cuando seamos como los rolling stones mientras comen sanguchitos de miga en una entrevista que Ginzburg no hará.)






Ponéle que llueve. Que llueve como sólo podría llover un día de invierno en el que todavía no se puede decir que haya llovido, y llueve. Estás decidida a salir del edredón, de tus sabanitas azules, de la silla de la compu, del sofá rojo y la estufa porque hasta la noche anterior te hostigaron respondiendo a cada mensajito del día del amigo con un "bueno, y ahora sí te vemos el martes allá".





Metés tu quincho nuevo debajo del cuadrillé del paraguas, te calzás los auriculares, chequeás el celular y salís. Cuando en la esquina se te empieza a complicar el panorama para cruzar porque corre un riacho nuevo por la calle Alberdi, lo pensás, pensás en llamar, pero el recuerdo nítido de Dani burlándose de tu pregunta sobre si el ensayo se hacía igual aquél otro día lejano de lluvia, borró toda duda. Los jipis van todos en auto, porque son jipis pero no boludos. Se empieza a humedecer la cuestión porque el paraguas no cubre tus pies totalmente y ya empieza a brillar la gamuza negra de tus botitas empapadas. "Qué suerte que tengo medias secas en la cartera" y ya ves que vas a terminar cantando en patas, con los soquetes turquesas, que son los únicos limpios y secos que quedaron.



Perdés la suela (si, dije SUELA) de la puta botita de gamuza ni bien salís del túnel para tomar el bondi. Volver es morir, así que la metés en la cartera y trepás. Son las dos de la tarde cuando golpeás la puerta del galpón, definitivamente empapada, con la cabeza hecha un plumero.



Te recomponés un poco, colgás las polainas del escritorio para que escurran, amás a Graciela que te dejó mate y termo afuera y mientras vas recuperando el calor pensas varias hipótesis sobre por qué sos la única integrante de la banda en el galpón en ese momento. Son dos y veinte cuando mandás el primer mensaje. Ahí nomás te fumás una conversación entera con Nancy monologando sobre su historia. Nada. Mientras mandás el segundo mensaje ya son tres que te miran de costado y ahora te fumás el monólogo del marido de Nancy sobre los arreglos que necesita el galpón. Ya con algo de desesperación mandás el tercer mensaje y empezás a llamar a la Turca, te comés la musiquita brasuca del contestador dos veces y cuando querés volver a llamar... no credit.



Y ahí te entran todas las respuestas juntas: Cómo, nadie te avisó?



Channnnnnnn....



Así fue también la secuencia aquella vez que me hicieron perder la oportunidad de compartir el escenario con León Gieco (me llamaron a las nueve de la noche pidiéndome disculpas por la poca anticipación y preguntando si era físicamente posible que en veinte minutos llegara yo hasta la plaza de Mayo, vestida y maquillada, a subirme al escenario a cantar. Se habían colgado en avisarme..)



Es amar o morir.



O matar.

PD: al primero que abra a boca en este post prometo comérmelo crudo en el próximo ensayo. Si me avisan...






lunes, 20 de julio de 2009

Ponéle..



Continuando con mi campaña nacional "Quiero tener un millón de amigos", paso a caerle mal a más gente enumerando aquí a los individuos que despiertan en mí un pequeño deseo de violencia contundente:


- Los que critican a alguien al pedo, sin conocerlo. Digo, si todo el mundo dice que fulano es un boludo, antes de prenderte como un forro en el tren tomáte la molestia de cruzar con el tipo diez palabras. Porque si uno va a dar por tierra con la reputación de otro, macho, negra, hay que estar seguro.


- La gente que cuando me mira, me está estudiando.


- La gente que no escucha, que simplemente no puede ni cerrar la boca un minuto para detener la cascada de verborragia y no te deja meter ni un bocadillo.


- La gente que gusta de discutir, la que rompe los climas, la que habla cuando alguien está cantando o tocando o actuando, las viejas argentinas encabezadas por Lita de Lázzari y Helena( la dueña de mi casa de Munro), la que gusta de abusar de la ironía hasta el filo del quilombo.


- La gente que cuando estás esperando que te reconozca el laburo con un gesto te mete en el orto el dedo de marcarte el defecto que encontró. Siempre.


- Los que no tienen códigos.


- Los que minimizan el hecho de que otro no tenga códigos.


- Los que justifican sus desplantes repentinos, sus ausencias, sus maltratos, con huevadas del tamaño de "no puedo evitarlo, es que soy de géminis" y entienden que esto les da un aura de misteriosa genialidad y los exime de pedir disculpas.


El resto puede ser amigo mío tranquilamente.

domingo, 19 de julio de 2009

Si te hace falta una mano, si precisás un consejo..



Conversación sostenida en diciembre de 2008, durante un breve período posterior a un evento desagradable vivido por mí con un desagradable ser del sexo complementario, en la que mi amiga del alma NL intentaba confortarme mientras yo me lamentaba de mis pésimas elecciones:


NL: - Eso no es nada, mirá lo que le pasó a una amiga de Luchi..

Y:- Ay, no..

NL: - Nooo, pará, cuchá. La mina va al médico porque le había salido como una erupción en la cara..

Y: - ..no, por favor..

NL: - ..entonces el médico la mira, se para y le dice "¿tuviste relaciones sexuales hace poco?"

Y:- ...por favor, no sigas..

NL:-.. "no", le dice la piba medio desconfiando del médico. "Hacé memoria, no te estuviste ni besando con alguien?". Entonces ella dice que conoció a un tipo en un boliche el fin de semana pasado, que si, que bueno, que se besaron. "¿Cuándo lo vas a volver a ver?" le dice serio. "Iba a ir mañana, pero como me salió esto en la cara.." le dice la mina ya medio asustada y ve que el médico levanta el teléfono y llama a la policía..

Y:- ..bastaaa..

NL:- ..y el médico le dice:"Eso que tenés en la cara aparece cuando alguien tiene sexo con una persona muerta. Ese tipo que conociste tuvo sexo con gente muerta y te contagió. Se cura con una pomada."

Y: - ..y ahí vamos. Gracias, realmente, te agradezco. Porque hasta ahora mi única preocupación a futuro era no clavarme otro pelotudo importante. Ahora también estoy aterrorizada porque además de los pelotudos infernales también puedo clavarme un loco importantísimo que me despache al otro mundo...


Son unos bolas, pero son mis amigos.

viernes, 17 de julio de 2009

Clic! (Lo intenté, Grachu, pero no logro no postear..)


Busco una canción que no me sale, que no aparece. Una que me apriete de aire el pecho ni bien la empiece a pensar, que salga sin esfuerzo cuando abra la boca, que vuele.

Ando inquieta porque no logro encontrarla.

Pero intuyo que ésa canción también me está buscando a mí.