jueves, 22 de julio de 2010

Uno ida y vuelta, por favor.



Mi miedo de siempre, desde que recuerdo, era que un día me internaran en un manicomio a la rastra mientras yo gritaba que no estaba loca pero sin estar demasiado segura de nada.

La locura me intriga. Creo que hay un fondo de extrema libertad en ella que al final te deja solo y preso. O no.

Por alguna razón que tendrá que ver con esto, siempre, absolutamente siempre, se me pegan los locos. En la calle, en el subte, en las esquinas, en los bondis, en los paseos, en los restorans (si, si, no dije bares. Ya me estoy volviendo Teté Coustarot..)

Ayer, lindo lindísimo día, voy a lo de Andre, a su lago de mariposas allá cerca del río, tarde de violín y de tablas y cosas de Esteban que llegaron de India, matear al solcito, hablar de la vida y los vericuetos para templar el alma mientras noto a las carcajadas que la antroposofía me está invadiendo la sangre y que el día en que diga que no a un fernet estaré definitivamente al horno y tomada por completo. Emprendo la vuelta, emponchada de lana, con esta pollera larguísima que es lo que se me dió usar ahora (muto. No logro dejar de mutar..), con el pandeiro cascabeleando dentro de mi bolso y los udus que Andre hizo para mis niños, uno en bolsa, otro a upa, dispuesta a enchufarme a la música y mirar las casitas por la ventana del tren de la costa.

Primer embole: el tren viene considerablemente lleno. No puedo elegir la ventana con total libertad.

Embole dos: No puedo caminar mucho con las manos tan ocupadas, así que me siento en el el primer lugar que diviso vacío. Frente a mí viaja sentado un hombre.

A los cinco minutos estoy en una película de los hermanos Wachowski.

Arturo dice que se curó en el Vieytes, que los del Borda lo atienden ahora pero no saben nada, los del Vieytes sí, esos lo curaron en cinco minutos cuando lo llevó su mamá. Que tiene una novia brasilera allá en la isla. Que le dieron una pastilla en el Gancia cuando era chico, esos gronchos hijos de puta que iban a bailar a Nino y que eso fue lo que lo descontroló. (Cada vez que la nombra, aclara que su mamá se murió hace dos años y baja la cabeza como un niño triste). Me muestra dos papeles plastificados con sellos del gobierno y escuditos argentinos que son los que usa para viajar gratis por todas partes. Hasta un avión si quiere se puede tomar, dice. Tomá piba, ¿cuál querés? le dice a la guarda que se hace olímpicamente la boluda y le sonríe mientras con la manito le hace el gesto de "no hace falta, todo bien" y hace mutis por el foro sin ni siquiera mirarme una vez. Tengo el cuerpo listo para el minuto de levantarme sonriendo y cambiar de asiento. Me cruzan como un disparo todos los miedos (que se raye, que me sacuda un bife, que me escupa, que me haga una toma de karate y me liquide) y ahí me paralizo. Me pienso loca. Me da un frío sentir que lo que está dentro de la cabeza no puede salir porque lo invade el caos y no logran las palabras ponerse en fila. La puta, qué soledad viceral. Y contra toda la tranquilidad de mi señora madre, emprendo con Arturo la más loca conversación. No hago que converso. Converso con Arturo como loca. Y sacamos conjeturas sobre la pastillita que lo enloqueció, y le digo que la isla que yo conozco se llama Martín García, que no hay que pensar en lo que pasó para atrás, le pregunto si conoce a los de La Colifata, me cuenta que se dio cuenta de que estaba loco porque después de tomarse el Gancia se fue a su casa a plancharse el pelo.

La gente baja la voz y de pronto carcajea nerviosa y vuelven a bajar la voz, porque nosotros conversamos en voz alta.

Nos bajamos juntos en Maipú, caminamos hasta el puente y le dije:

- Yo me quedo acá.
- Bueno, muchas gracias, la verdad es que la pasé muy bien, señorita.
- Y yo también (le digo con total honestidad y sonriendo)

Y tranquilamente nos saludamos con un beso cordial en la mejilla y emprendemos de nuevo caminos distintos.



domingo, 18 de julio de 2010

Entendimiento



Podía tocarse en el aire lo que flotaba cada vez que coincidían en una habitación porque era como una suelta de globos, una carrera de barriletes, una kermés.

A veces era tierno, era de tirarse miguitas en la mesa, de jugar con arena en el patio, de serena certeza de lo sabido.

A veces era fuego, como imanes en los poros de sus manos que la abrazaban en la penumbra de un amanecer en la cocina apretándole la respiración y el deseo.

A veces eran paltas y libros de conocimientos ancestrales e iniciáticos.

Pero ahora ella no dejaba de ser ella, la que fue mil veces antes de olvidarlo. No quería esta vez que se le escapara el detalle de no buscar el destino de sombra a sus espaldas sino el de estrella que alumbra su amor de perro.

Y ahí andan, al borde de la cornisa.

viernes, 16 de julio de 2010

Pequeño corazón, y brilla como el sol, y canta como el mar..

Hoy, viernes, último día de clases. Todos fueron llegando alegres esta semana, soltando su pequeña felicidad de vacaciones. Como la merienda no llegó, decido mimarlos cumpliendo sus ruegos merenderiles y con la complicidad de las preceptoras transgredo la salud alimenticia y les preparo pan negro con manteca y dulce de leche. Ni bien se enteran la mañana es una fiesta. Todo lo hacemos cantando, untamos panes, tejemos atrapasueños, juegan tirados en la alfombra, y ya en el colmo de la felicidad me ruegan hacer un "pingui" (me los morfaría a besos cuando luchan para pronunciar pic nic) cerquita de la ventana. Y por supuesto, en una muestra total de debilidad, les digo que sí y allá vamos, como los gitanos, entre sus telas de colores.

Los platos con los panes, las tazas y el té de yuyitos, yo que ando pendiente de Iván que viene y se me escapa en su deambular y los escucho que discuten algo entre ellos allá en la otra punta, todos alrededor de uno de los platos. Siempre andan al acecho de la rebanada más suculenta, y suelen tener largos intercambios de reclamos de soberanía varios para ver quién logra quedarse con el botín. Cuando ya estoy empezando a alistarme por si hay que intervenir, con la atención repartida entre el deambulador y lo que sucede, noto que la discusión termina. Entonces uno me llama:

- Maestra, tomá.

Estira la manito sosteniendo un pan lleno de dulce de leche.

Yo:- Pero ese tiene mucho dulce..
Nico: Si.
Yo: (algo confundida) Pero..¿no les gusta el dulce de leche?
Nico: Si. Esta es la que más dulce tiene, todos la queremos.
Yo: (atónita)..¿y me la dan a mí?
Nico: Si. Como todos la queremos, te la damos a vos.

Y yo caí muerta de amor a todos sus pequeños piés.




miércoles, 30 de junio de 2010

Rumiando gripalmente

Otra vez estoy cambiando. Y siguiendo la ley de la naturaleza, cambio en junio para florecer en septiembre una y otra vez.

Pienso: todos estamos convencidos de que nosotros somos los buenos, la razón es nuestra y lo que hacemos es lo que todos deberían hacer. Todos. Hitler también.

Alguien dijo tenemos dos oídos y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos. No se confunda el verdadero sentido de escuchar con el mero percibir la vibración del sonido en el aire. Escuchar es sentarse y abrirse de manera tal que uno queda expuesto a cambiar de opinión.

Lo demás es pantomima.

(sigan tranquilos en lo que estaban, ya me iba..)



lunes, 14 de junio de 2010

Con el crudo en las bodegas...


Si algo tengo aprendido a fuerza de práctica es que saber cuándo partir es tan importante como dar el primer paso. El humano se agarra a las situaciones y las cosas frenando los procesos, deteniendo las ruedas, perturbando el ciclo de nacer y morir que todo sobre esta tierra lleva en su impronta.
Asi como una debe saber cuándo abandonar a Roberto antes de que el daño que se hagan mutuamente se vuelva irreparable, así fue lo mío con los Rolling Jipis a la luz de los acontecimientos que marcaban que entendíamos las cosas con ojos distintos.
Quizás se conviertan en los nuevos Cadillacs o algo así, quizás el disco reviente en las radios y obtengan el polvo de estrellas que persiguen. La verdad es que en el minuto a minuto yo no pude seguir sintiendo las mariposas en el estómago que necesito para saber que lo que estoy haciendo lo estoy haciendo con el corazón.
Y así, en un pase de magia sin rituales, levé anclas para encontrar tierras más sabrosas para mí a la hora de soltar lo que vibran mis cuerdas.



sábado, 12 de junio de 2010

Libertad, libertad, libertad

Leo en Yahoo una nota (siempre leo todas las pelotudeces de los links. Es un vicio, como rascarse la cera de las orejas o meterse el dedo en la nariz.) que habla del actor que interpreta a Gandalf, Sir Ian McKellen. Dice con respecto a su decisión de haber declarado que ama a otros hombres, "En ese entonces, mi agente me aconsejaba no salir del clóset. Muchos de mis amigos creían que era un acto valiente, pero para mí era simplemente inevitable."

Qué maravilla, pienso. En un acto total de libertad ser exactamente quien uno es, ir hacia la verdad como un disparo de bala, sin eufemismos ni derramamiento innecesario de palabras pensadas.

Derramarse siempre por la vida, respirar el instante y dejar que sea el corazón lo que salga por el cuerpo y la boca.

Decidir sin tener en cuenta los doscientos pesos que pagó por esa conferencia que le resulta un oprobio repleto de egos de elite donde no se siente cómoda ni un poquito así y no siente que pueda fluir con libertad cantando, e irse a la mierda y no volver a las dos jornadas que restan.

Optar solamente guiados por el sentir que nace del propio centro hasta que, alguna vez por fin, no ser uno mismo se nos vuelva imposible.


viernes, 4 de junio de 2010

...

Se oye.

Cuando el río corre, la sangre,

el aire entrando en los pulmones,

el silencio junto a las ventanas, el otoño,

venir el invierno como los cascos de un caballo,

la nieve cocinándose, cociéndose el amor,

su espíritu jovial y su don de elfo o de duende,

se oye cuando me mira.

Y yo no le bajo las pestañas.

lunes, 31 de mayo de 2010

Yo hago ravioles, ella hace ravioles

Es indispensable descostillarse un rato de risa diariamente.

"Minusválida mental" será difícil de superar.

Ich gen' mit meiner laterne


Se termina mayo y ahora si, derechito para adentro.

Junio me parece un señor con saco de pieles color gris y la piel curtida por el hielo. No me gusta topármelo, así que hiberno.

Ya saqué la maleza, de nuevo, en un paso por el mismo lugar en espiral, solté puteadas al viento, eché gente, mi tierra quedó más limpia que antes para la siembra.

Es tiempo de volverme semilla, tomar todo el amparo de la noche en el reposo, en el silencio.

Hay que ser fuerte para romper la cáscara, la tierra, y brotar una vez y otra vez.


("La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas, y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ¡Aahhh!"

Jack Kerouac, En el camino, 1957)

sábado, 29 de mayo de 2010

Paisajes

Siempre que recorro la Paradela de coles me detengo en las fotos que Maríajesús pone como ventanas. Todo su escribir tiene ese olor a frío de la mañana con pasto, a agua que corre, a fuego y a pan.

Yo también quiero compartir los campos míos, en donde yo florezco, quiebro mi tierra y broto, salgo.





lunes, 24 de mayo de 2010

Ponele que soy feminista (si eso te tranquiliza..)


Sostener una forma de pensar no es fácil, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de la gente que habita este planeta se detiene poco a pensar como son las cosas y más bien va para donde va el alud que arrastra todo vestigio de libertad en su masa. Es tranquilizador descalificar al que dice metiéndolo inmediatamente en la cajita de "uh, una feminista", "uh, una frustrada", "uh, un zurdito", "uh, una hinchapelotas", y seguir.

Ando siempre caminando sobre una delgada línea y me pregunto una y otra vez si no debería ser yo menos belicosa, más tolerante y cálida, dulce y tintineante, y cada vez que me pongo ese traje, ME APRIETA. Y ahí me desbarranco por la boca y el cuerpo diciendo precisamente lo que estoy sintiendo.

Tengo una amiga jipi que se dice mujer y no escucho de su boca más que encubiertos juicios de desprecio teñidos de la mirada más machista y cuadrada, congraciándose siempre con la risotada burlona de los pares de huevos que presencian la escena, rebajando la opinión y el comportamiento de las mujeres presentes y no presentes, intuyo que con la secreta esperanza de que defenestrar a las mujeres le traerá pronto un hombre que le quite el mote de mujer sola.

Tuve una vez una amiga que, con tal de seguir formando parte de la manada (y soñando con enamorarlo alguna vez, sospecho) se hizo amiga del tipo que me cagó feo y al que dejé de dirigirle la palabra. Que a pesar de haber sufrido en su historia abusos contra su persona perpetrados por algún hombre de la manera más violenta, decidió tolerar el abuso sobre otra mujer, avalarlo perdonándolo y festejando ser reconocida como "más canchera y menos problemática" e invitada a compartir las fiestas en su hogar.

Conozco un puñado de tipos que creen que porque alguien tiene un par de tetas interesantes, un cerebro que funciona y pocas ganas de ser sumisa es una mujer de cascos ligeros. Y que los códigos sólo son válidos entre machos, así que cualquier cosa que no tenga los huevos colgando no merece ser tenida en cuenta a la hora de aplicarlos.

Yo no estoy dispuesta a ser de una manera distinta a la que soy para sentarme a ninguna mesa. Tengo esperanza y paciencia para esperar a la gente que, exiliada de una realidad viciada, llegue por fin a sentarse a la mía.

domingo, 23 de mayo de 2010

Llamadas Chilingas (claridad)



Hay lugares que son como una pareja, un hombre complicado y agotador que nos provoca un amor que pica.


La Chilinga y yo tenemos la sana costumbre de llevarnos hasta el límite de las trompadas y de nuevo al hueco de lo entrañable.


A la vez que mi camino por sus entrañas me lleva más y más a florecer, todo alrededor se vuelve ríspido y complicado. Como cuando uno va entrando en confianza con los padres de él (que te parecen divinos al principio y pedís adopción) y te muestran hilachitas a medida que pasan los tiempos. Y vos ves las tuyas. Andás incómoda y con ganas de pataleo porque somos todos tan distintos que el acuerdo nos merodea sin saber por dónde entrar.


Y de pronto él tiene ese gesto tan encantador y eso se siente conocido y fácil, y te pasás una tarde entera siendo amable con la gente y vendiendo choripán, laburando para una causa siempre desprolija y con aire de perdedora, en una de esos aquelarres paganos que son los eventos chilingos. Y todos los que se acuchillaron discutiendo hasta hace una semana, se vuelven a querer porque nada nos gusta más que estar todos juntos en un mismo lugar.


viernes, 21 de mayo de 2010

Yo quiero tener un millón de amigos

Hoy, por ejemplo, es un día en que el mundo me ha hinchado las pelotas con ganas. Hoy renunciaría a volver a cruzarme con cualquier forma humana adulta. Decido que me concentraré en buscar la felicidad por adentro de este barrio que soy yo, porque si no, no sabré qué es lo que estoy buscando afuera.
Quiero encontrar la mejor versión de mí (para volver a encontrar la primavera).





domingo, 16 de mayo de 2010

Amanece en la ruta



Andaba por la casa de La rosarina hermosa, bebiendo de su último post. Una mamá que, azorada, cuenta lo que pretende una maestra de su hijo de apenitas 8 años de estar parado en este planeta intentando descifrar cómo mierda funciona un mundo en donde todos desconfían de todos y lo que hacen nunca es lo que dicen y vicio versa.
¿Qué pasa con nosotros, raza humana, animal tan imperfecto que olvida su infancia aprendiendo un mundo tan injusto?

Simplemente un error de educación.

Aprendemos por imitación. Nuestra forma de mirar la vida la aprendimos en el jardín de infantes y luego en los tres primeros años de la escuela. Nunca entendimos lo que nos dijeron que teníamos que ser, pero mamamos que así como éramos de genuinos no funcionaba, había que cambiar para ser aceptado y algunos hasta nos engolosinamos con hacer monerías para ser aplaudidos de por vida.

Digo, después de pensarlo lo más fría y lógicamente que puedo: ¿de quién se supone que aprenderíamos a ser felices si la gente a la que imitábamos no lo fue?

De un tiempo a esta parte, a los niños se los observa a la distancia como bombas de nitroglicerina, como los potenciales humanos infelices como nosotros que son, buscando no tocarlos para no estropearlos más de lo que quedó estropeada y desorientada nuestra generación de padres que fuimos una vez niños.
¿Cómo puede una psicopedagoga con veinte títulos colgados del forro del orto no darse cuenta de que un niño que no es mirado con empatía, con amor, no es capaz de hacer ese aprendizaje?
Somos una generación de inseguros que necesitamos echar mano de alguna explicación científica que pueda cargar con nuestra incapacidad de asumir el error y reparar, y barremos debajo de la alfombra, incapaces de decidir, porque el miedo al error amenaza con hacernos una paralítica.
Y el problema es que vos podés caretearla con un jefe, una directora, la mujer que duerme al lado tuyo y no te provoca nada, el empleado de Edenor.
Pero con los niños no.
De niños tenemos fresca la capacidad de oler con todo el cuerpo lo que pasa en el mundo. Todo está por aprenderse y es veloz. Desde el inmenso trabajo de ponernos de pié y andar erguidos resumiendo en un año la historia de millones de años de evolución que demandó esa tarea.
Es urgente que el que ocupe el lugar de maestro vuelva a mirar el mundo descubriéndolo cada vez si pretende que los niños realmente lo descubran. La curiosidad no se puede fingir, ni la alegría ni la pasión y el amor con que se hace una tarea.
No se puede enseñar lo que no se es capaz de sentir.
Yo los miro trepar por los bancos con las telas de colores armando casitas, sirviendo guisitos de barro, cantando como les canto mientras lavo los platos de la merienda, buscando la verdad de no hacer de cuenta que estoy jugando, sino volver a jugar con toda el alma a que el mundo es ese mundo mejor que tengo ganas.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Hazme valerosa arcángel Micael..

Mi colegio nuevo está lleno de símbolos, rituales y señalizaciones que conspiran para que uno vaya a meterse bien adentro de uno. Hay momentos en que todo es tan franco y claro que raya lo que gran porcentaje de los mortales llaman locura (aunque cada vez me convenzo yo más de que la locura es lo otro)



Jamás se nombra a los niños como "el tarado de Gómez" o "el maleducado de Pérez", y personajes como ellos inundan los encuentros de maestros en donde se tejen soluciones siguiendo el hilo de la mirada de todos y uno por uno.



Entre todas las atracciones turísticas con las que me tiene embelesada este Disneylandia jipi, apareció la semana pasada la fiesta del valor.





Un tal arcángel Micael ha vencido, en la memoria de alguna historia, a un oscuro y ardiente dragón, y esto puede ser tan literal como metafórico. La fiesta que honra tal batalla (cual 25 de mayo jipi) es la que menciono aquí, y consiste en una mañana entera dedicada a superarse a sí mismo. Mucho antes del día en cuestión, los maestros imaginan las pruebas a superar teniendo en cuenta lo que van viendo dentro de los pequeños ojos de sus niños. Pero, siendo esta una pedagogía vivencial, cada maestro debe abrir dentro suyo lo que busca enseñar. Entonces, si se trata de vencer al dragón, hay que empezar a buscar por dónde está escondido adentro de una mismita, jodiéndonos la vida de qué sutil manera.



El dragón del abandono

El dragón de la ausencia

El dragón del miedo

El dragón de la ignorancia

El dragón del dolor

El dragón de que tu papá se fue un día de casa, encontró otra familia y se olvidó de volver a llamarte.

El dragón de que tu madre nunca esté porque no puede llevar adelante su vida y sus decisiones equivocadas y necesita llenar sus días de actividad para no mirar que tiene una vida que no le gusta ni un poco.

El dragón del miedo a fracasar, a que duela, a que te vean ridícula, a que se burlen de tu corazón, a que lastime y queme de nuevo, a no haber entendido nada, a tomar decisiones que cambien el rumbo ciento ochenta grados, a perder.

El dragón de la ignorancia de escudarse en falsos dogmas, de querer predecir el futuro, de banalizar al corazón, de no arriesgarse a que sea distinto, de creerse superior realmente.

El dragón del dolor no necesita ninguna explicación.

Silenciosamente, en eso anduve. Preguntándome en cada lugar donde estoy si ese camino tiene corazón, si lo estoy eligiendo para "salvarme" y escapar, si es mi deseo estar ahí o es lo que desean los demás, si es que digo que no amo porque creo que es condición para amar el ser correspondido y entonces escatimo algo que para recibir se debe dar a manos llenas y sin condición, si creo en lo que digo realmente con todas las células de este cuerpo, si creo en lo que quiero enseñar.



Al finalizar la fiesta, antes de la merienda de frutas, después de haber pasado la mañana ellos todos trepando sogas, subiendo árboles altos para hacer sonar campanas, haciendo equilibrio sobre vigas encima del barro, probando y oliendo con los ojos vendados, dejándose guiar sólo por sus oídos y habiendo superado el viaje en tirolesa, llega la prueba que le da sentido al día. Con la espada de madera que han tallado y construído con sus manos y las de sus padrinos (y las mías que pelaron veinte ramas de paraíso con un tramontina) deben atravesar un túnel totalmente oscuro armado con telas en el pasillo de segundo ciclo. A la salida los espera el papá de Vicky camuflado de anciano sabio y una escalofriante cueva de telas alumbrada por velas en el suelo donde se escucha el feroz ronroneo del dragón que han venido a vencer. Un dragón que no tiene cara, pero se siente doler y estremece con cada rugido. Y entonces, cada uno de los dieciocho enanos míos, abrazado por el sabio, levanto su mano a pesar del cagazo sosteniendo "la espada y la mirada" mientras yo, parada a sus espaldas, pensaba en todos los dragones que vencí, en los que aún me faltan, en los caminos con corazón, en los lugares donde ya no quiero estar, en el olvido sanador, en el amor en todas sus acepciones, el el miedo a que no me quieran.

Y una y otra vez, levanté también mi espada.



(Nota del autor: cualquier conexión entre tan psicosomático episodio de batallar contra los dragones y esta tos llena de mocos verdes que me tiene escupiendo pulmones por la casa y en cama el día de hoy, es pura coincidencia...)

sábado, 8 de mayo de 2010

as a dog uid chú téils



Hoy tuve un día tan pero tan feliz, que corté la conversación telefónica y pensé ojo, eh...? mirá que me puedo enamorar de otro y te perdés el viaje...

(un sentido homenaje al ser mujer naranja)

viernes, 7 de mayo de 2010

Disertación



"Dejá, es que vos estás llenita de candombe por adentro" me dijo Tin mientras me sacaba de las manos el pandeiro con el que intentaba yo sonar brasuca, fracasando una y otra vez.
Una puede agarrar una maraca y sacarle un sonido, pero encontrar el sonido propio es como enamorarse.
Yo estoy llenita de candombe.
Entiendo la conversación que mantienen sus tres tambores, lo que se cuentan, cómo se llaman para subir, de qué está hecho su corazón.
No se luce el candombe en rebuscadas destrezas individuales, sino en el sabroso instante en que cuarenta, quince o tres personas de pronto se vuelven una que parece ir como cacareando chicalacúm calacachi calacachi calaca chicalacúm.
Esa sabrosura se logra a fuerza de fogatas de templada, mates de clases diversas, a veces vinos y noches de luna. Esa sabrosura es la que hace que la cadera se mueva sola como entendiendo el latido, desatando el gen negro en la memoria celular.



Yo lo supe bailar el mismísimo día en que lo escuché por primera vez y entendí que me lo había bebido en la yerba, en el vaivén de las hamacas de mi infancia, en el sonido de las calles de esta ciudad que (vanidosa y altiva) no se sabe humedecida por un río que es de plata.
Lo cabalgo desde la primera noche que mi mano sacudió el cuero de un parche. Música que es oración de conventillo, de comadres, de tristeza negra en un barco en altamar. El fuego de la templada enciende siempre en el alma un heredado deseo salvaje de libertad y no hay noches de amor más bellas que las que florecen después de una candombeada.


El candombe pertenece a esas músicas que te pueden de un disparo, como el blues, el tango, el jazz, el pagode. O te matan o no las entenderás jamás.





lunes, 3 de mayo de 2010

(un pensamiento interesante)




Hay momentos en que me fascina su difícil juego de idas y venidas. Hay otros en que me parece un auténtico pelotudo que no logró trasmutar su edipo y se le convirtió en histeria.

Ésa soy yo.

domingo, 2 de mayo de 2010

(fuego)




ay, deseo
de abrir alguna puerta para entrar al juego
ay, antojo
de ser el que no te deja pegar los ojos
esperanza
de ser el fuego que en tu corazón avanza
ay, mis ganas
de irme a navegar tu piel hasta mañana

ya veré
se verá
mientras no pare el rio se intentará

ay, mi sueño
de entrarte y habitar tu rincón mas pequeño
ay, anhelo
de ser el que te suba hasta tocar el cielo
ay, tristeza
si vas borrándome y quitándome certeza
alegría
de ponerte a flotar hasta que venga el día

ya veré
se verá
mientras no pare el rio se intentará

ay, deseo
que me muestra la forma de lo que no veo
ay, antojo
de sacar algo vivo entre mis despojos
esperanza
de poder arribar donde mi vista alcanza
ay, mis ganas
tan ávidas de estrellas cuanto más lejanas

como vine me iré
nada me traje y nada me llevaré

ay, mi sueño
que pronto se haga humo que no es más que un leño
ay, anhelo
de tirar de la cuerda que desata el vuelo
ay, tristeza
de que no vayan juntas verdad y belleza
alegría
de ver que de la nada sube una poesía

como vine me iré
nada me traje y nada me llevaré

(bufanda)







Es maravillosa la sensación de, a pesar del miedo a fallar, a malinterpretar, a que todo cambie, a que toda la compostura y el equilibrio se vayan a la mierda, a que duela, a que no sea verdad, a que sí lo sea, finalmente saltar y zambullirse en unos besos robados a una noche de otoño en el Abasto.

martes, 27 de abril de 2010

Habitante de la infancia


Milena tiene los ojos de color verde, casi amarillos. La piel transparente, la trompa alargada, pestañas de hada. Aunque el tiempo pasa Milena siempre tendrá tres años y la mirada maravillada de quien descubre el mundo a cada rato.

Ella me mira a los ojos cuando canto como si viera salir de mi boca las palabras como estrellas y a la mañana entra corriendo por el patio con los ojos chinitos de la risa a darme un abrazo.

Les acaricia el pelo a los que lloran como hago cuando los consuelo y yo me muero al ver mis gestos en sus manitos como palomas.

Siempre escabulle la cabeza bajo mi brazo para ver qué comeremos de merienda y me da largas explicaciones distractivas para robarse un pan con dulce antes de tiempo.


No hay vez que no se vuelva a casa con la cara toda pintada de tiza, tierra y té de manzanilla, feliz porque el mundo volvió a pasar por toda ella otro nuevo día.


(Yo creo que un día le van a crecer unas alas y se irá volando sobre la morera mientras, muerta de risa, nos tira besos de mariposa.)




lunes, 26 de abril de 2010

Cansada de ser yo



Hay cosas que de tan simples se me vuelven imposibles.

Siempre tengo una vuelta más para darle a la tuerca, siempre queda un milímetro más de rosca. Entonces un sí se vuelve un tal vez y por ahí un no que con una vuelta más puede ser un tal vez y después un sí. Y así hasta el infinito.

El amor me complica hasta el hartazgo, me vuelve paralítica, rumiante, me llena de preguntas, me pica, me incomoda.

Si alguien sabe cómo hacer para que las llamas nunca se apaguen, para que los besos no sean costumbre, para que el encuentro siempre sea encuentro, para que la música no se vaya a otra parte, para que dormir contigo no sea dormir sola dos veces, para que las mariposas del estómago no se vuelen, para que nunca me sientan suya para siempre, para que no haya ayer ni mañana (y que eso no dependa de la muerte), por favor me avisa y me lo demuestra sin obligación de compra.

Muchas gracias.

viernes, 16 de abril de 2010

(sin etiqueta)

Creo que yo, en un acto total de desobediencia, le estoy robando la lluvia y el viento.






jueves, 15 de abril de 2010

La resistencia de la alegría


Reunión bandística, conversación agitada con tonitos molestosos, que si dejamos de laburar para venir, que si ensayamos, que si nos miramos torcido, que que que.

A mí se me ocurre preguntar (aunque nunca nadie logre entender de qué demonios estoy hablando y por qué me descuelgo con cosas sin sentido.. ilusos)
"A ver, muchachos... ¿por qué venimos? ¿por qué lo estamos haciendo? ¿cuál es el motivo que mueve a cada uno?"

Un par me miraron extrañados. Ninguno me contestó.

Ninguno tuvo la honestidad suficiente para poner arriba de la mesa todo abierto ahí, su corazón.

¿Es porque querés hacer recitales y discos a lo perro?
¿Porque querés tener el poder absoluto para deglutir minitas previamente seleccionadas desde un escenario?
¿Porque querés que los vecinos te quieran y toleren con tal de salir de refilón en las fotos de Paparazzi?
¿Porque querés tener una buena excusa una vez por semana para huir de una casa a donde no soportás volver?
¿Porque, aunque no soportás a ninguno, tenés miedo de que la peguen y vos haberte quedado al margen como un boludo?
¿Porque da chapa tocar cerca de alguno?

Alguien dijo en medio de la charla "parecemos una banda que toca hace treinta años y ya no se aguantan.."
Mientras dialogan, doy un paso adentro y los miro otra vez. Pienso en que no me divierte porque para ellos no es divertido. Vienen a trabajar.

Pienso en esa cualidad de los adultos de convertirlo todo en un padecer.

Pienso en que el adulto no pierde el tiempo porque sí, no hace algo por hacer, no puede permitirse dar puntada sin hilo.

Pienso en cómo me gusta ver en un espectáculo ese momento en que los actuantes se hacen cómplices y se tientan, o se miran a los ojos cantando esas líneas con una complicidad que los hace disfrutar, sacando sus sonidos en un círculo ritual del que los demás somos expectantes.

Pienso en cómo me gusta ver al otro disfrutar, porque el disfrute es lo contagioso.

"Nadie le permite a sus hijos bailar, cantar, gritar y saltar. Por razones triviales -quizás pueden romper algo, quizás se les moje la ropa con la lluvia si corren en el exterior-, por pequeñas cosas se destruye por completo una gran cualidad espiritual: la alegría. El niño obediente es elogiado por sus padres, por sus profesores, por todo el mundo, y el niño juguetón es censurado. Sus ganas de jugar podrían ser totalmente inofensivas, pero es censurado porque existe un peligro potencial de rebelión. Si el niño continua creciendo con total libertad para ser juguetón, acabará siendo un rebelde. No será fácilmente esclavizado; no le podrán reclutar fácilmente en un ejército para destruir gente, o para que le destruyan. El niño rebelde se convertirá en un joven rebelde. Entonces no podrás obligarle a que se case; no podrás obligarle a aceptar un determinado empleo; no se le podrá obligar a satisfacer los deseos incompletos, y los anhelos de sus padres. La juventud rebelde seguirá su propio camino. Vivirá su propia su vida de acuerdo a sus deseos más íntimos, no de acuerdo a los ideales de otra persona. Por todas estas razones, se sofoca su capacidad de jugar, se aplasta desde el principio." (El libro del niño, "The Rebellious Spirit, Capítulo #17", Osho)

Lo hago porque está bueno jugar todos los martes a saltar y correr por un escenario como cuando cantaba en deshabillé adelante del espejo con un micrófono de envase de talco y los gestos de Liza Minelli. Y con una clara sensación de libertad en el alma de decidir no hacerlo más el día que el juego ya no esté bueno y ya no sea un juego. Porque lo menos importante de todo es lo que va a pasar. Lo que pasa cada vez es lo fundamental.

Ey, muchachos, basta de hacer de cada cosa un padecimiento, un laburo gris de oficina. Basta de llegar puteando, hacer puteando y partir puteando para seguir puteando después.
Basta de vivir siempre para la posteridad olvidando que la posteridad y el futuro se hacen de millones de día a día.

Basta de esa rara manía de tomarnos tan en serio, de creer que somos tan importantes, y vivir ofendidos, y criticar, y denostar.

Dejame iluminarte, muchacho, chiquita, con una frase contundente y clarita:
La vida es más simple. No la compliques.

martes, 13 de abril de 2010

Mi enfermedad

37,3º de térmica corporal. La nariz lustrosa a fuerza de ordeñarle mocos. La voz.. ¿qué voz..? una mala imitación de corneta de cumpleaños. Pero las ganas de rocanrol renacidas y piqueteras.

Remis hasta Saavedra, porque el clima lluvioso no es buena compañía para este cuerpo engripado.

Peter Pan ausente por amanecer transpirado, así que dos cosas: o nos pinchamos como un flan sin consistencia o nos relajamos y sacamos nuestros trapitos al sol. Y charla terapéutica mediante, musicalizada por las protestas a diestra y siniestra de una turca efervescente y chinchuda, en cuarenta minutos parecía que habíamos aclarado en algo nuestros nortes y adentro del galpón escampaba lo que afuera diluviaba.


(Algo trae siempre la lluvia que nos ampara y nos pone de mejor humor. Algo de lluvia y algo de palabras que eran necesarias y aparecieron en justo momento de noche justa para hacer el sana sana en la lastimadura sin cicatrizar.)


Ok, hasta acá todo así. Velemos a la banda que fuimos, loemos a sus héroes caídos y mirémonos a los ojos con esta ropa prestada que hasta ahora calzamos. ¿Qué somos? Lo que somos. Pero, por lo que más quieran, pongámosle onda.


Y debo decir con el cuerpo hecho puré, el aire escaseándome en los pulmones y la fiebre persistente que seguramente nubla mi percepción de la realidad: qué buen ensayo que supimos conseguir.


domingo, 11 de abril de 2010

Neverland

Sin saberlo él me hizo una hermosísima declaración de amor:

..y estaba todo tu lugarcito armado, pero vos no estabas.. y vos no estabas ahí y se sentía una ausencia.. una ausencia..

Y no puedo dejar de mirarle los ojos acá adentro de mi cabeza mientras lo dice.


sábado, 10 de abril de 2010

Los sueños que yo sueño (II)


Yo entraba a la casa y resultaba que esa casa era la de él, aquél tan alto, el que a sus veinte despertó mis dieciseis años, pero hoy. Me alegraba el reencuentro y las sonrisas eran melancólicas y llenas de algo, lindas sonrisas.

El me decía que tenía que viajar, que yo debía cuidar el departamento, y yo que sentía claramente en la cara su recuerdo, y me costaba esa distancia rara de espacio y de años transcurridos.

Yo pensé en ese viaje como algo lejano que me daría tiempo de preparar el corazón para su partida, pero al despertar la siguiente mañana, la soledad del placard sin su ropa me hizo estremecer en el sueño.

Y ahora creo que, recién ahora y por fin, mi corazón está deshabitado.

lunes, 5 de abril de 2010

Deja vú



Hoy me miré un minuto antes de salir de la escuela, con mis medias violetas, pollera verde, saquito naranja, remera idem medias, este corte de pelo a manos de la peluquera con desorden de personalidades múltiples, las comidas que debo preparar en el futuro, los depósitos en el banco, el rimmel de cada día, las ausencias cada vez más ausentes, los años por cumplir, los mapas de América físicopolíticos, los cafés con leche que ya pasé, las zapatillas nuevas con formita de pezuña, el bolsote rojo, el teléfono que suena pero no sé quién quiero que llame, la ausencia de telepatía, la levadura de cerveza, esta soledad de ser un pato raro que no encuentra su bandada, los caramelos de propóleo y la miel, las ganas de algo pero no sé de qué, la respuesta justa, el enojo, mi personal sentido de la justicia y la cita pendiente con el homeópata, y sentí un cansancio enorme de ser yo.


Mañana se me pasa..

domingo, 4 de abril de 2010

Lo pedís, lo tenés

Okey, okey. A ésta altura ya me hago cargo de que tengo un calendario interno que marca mis propias estaciones, y el otoño me tiene maricona y sensible.
En el medio de tres o cuatro cosas que me tienen al borde del moco fácil y de reclamo en reclamo, sale una fecha jipi.


El lugar: San Justo
La hora: imposiblemente de madrugada, como siempre
La misión: cantar, cantar, cantaaaaaar

Primer fallido: Voy hasta la loma del orto (léase como referencia de la localidad de Coronado con respecto a mi manía de vivir en Olivos) un martes larguísimo que arrancó a las seis y media de la mañana domesticando dieciocho enanos, luego pasó por la zona de riesgo de ensayo de banda de mostro con jipis y culminó en un ensayo de bloque en el que Peter Pan se desayunó con que ninguno de los jipis viejos podía asistir a la fecha mencionada. O sea, periplo al pedo. Fecha correcta, banda jipi equivocada. Se decide unilateralmente que la fecha la toma el bloque jueves.


Bien.


En el medio del despelote levanto la manito y pregunto si la fecha es a la noche, a lo que obtengo como respuesta una bardeada de parte de Peter que se hace el banana, y por supuesto olvido preguntar lo más importante: Cómo se supone que vuelva yo a mi hogar a las cuatro de la mañana desde San Justo o, en su defecto, desde Mr. Martín Coronado, que es a donde descarga el jipimóvil por última vez? Acaso debo volverme en el tren de las seis, cruzando los dedos para que no me afanen o me rompan el orto en Lynch o en Chacarita quizás? Y de cuatro a seis debo dormir en el umbral amigo de la heladería vecina?


Bien.


La semana avanza y se aproxima el ensayo con el bloque correspondiente a la fecha jipi a suceder. Cacareo telefónico mediante con tono lloriqueante en distintas notas, logro que la vuelta de mi persona a mi hogar esté resuelta de una u otra forma y me resigno a pasar el sábado en San Justo (where de devil lost his poncho...)
En el mismísimo ensayo me entero de que tengo una compañera de canto. Hacemos lo posible por escuchar algo de lo que cantamos mientras los jipis de los jueves aporrean sus tambores como piqueteros con hambre, todo queda más o menos en proyecto, ya veremos pero va a salir bien, no hay dudas. Tenemos siete vidas..
Va finalizando mi segunda jornada coronaderil y al preguntar horarios de la fecha, me informan: Prueba de sonido a las siete de la tarde.

Actuación... a las dos de la mañana.
Laputamadrequeloparió. (¿Sacó ya la cuenta, señora? si, siete horas de amansadora. O definitivamente me amansan el carácter o un día me estalla un Che Guevara en el camarín..)

Sábado a la noche..
Emprendemos el viaje, ellos en micro, yo en el auto de Tin. Cuarenta (???) minutos después, tras algunas vueltas desorientadas a la manzana, encontramos la puerta de Circus. Dios mío, llegamos al far west...

La prueba de sonido sale bien, tocan un rato largo, después subimos todos al escenario. Micrófono en mano vamos probando con Juls los tonos y las estrofas y parece que más o menos ya tenemos todo cocinado. El repertorio que eligieron es Lendas, el samba reggae de Daniela Mercury y uno de Timbalada que armamos hace un tiempo para ese bloque jipi y sale como trompada.


Peeero...


El lugar se empieza a llenar mientras nosotros merendamos en el camarín y yo vuelvo a pensar qué carajo estoy haciendo yo en San Justo, partido de la Matanza, un sábado a la noche en un paraje por donde sólo falta que rueden los fardos de pasto por la calle, en una fecha que nadie sabe bien de qué se trata ni quién viene.
Y entonces arrancan las bandas.
Al minuto, con la lucidez que me caracteriza, me doy cuenta de que no tenemos nada que ver con el lugar, ni con las bandas, ni la gente creo que tenga algo que ver con nuestra música. Cuando el grupo anterior, que se llama "Cuatro pesos" (vaya haciéndose un panorama mental) arranca con un rocanrol de aquellos (una mezcla de la bersuit con a veces divididos, un cantante pelirrojo, barbudo y petiso que canta en shorcito rojo, remera naranja y zapatillas sin medias) tengo la intuición de que si salimos cantando Lendas de Marisa Monte lo menos que nos van a hacer es sacrificarnos con nuestros propios palillos Telperion.
Es una fecha jipi. Todo puede pasar.

Sobre el pucho le informo de mis inquietudes al director de los jipis de los jueves y hago una mini encuesta en donde compruebo que varios de los que aún no están inconscientes después de cinco horas y media de practicar alpedismo, llevan dentro, igual que yo, el mismo temor.

Y mientras transcurre al fin nuestra actuación agradezco el presentimiento y tenemos la noche en paz, salvo por una sola exclamación de beodo descontrolado pero no mucho que se da ya al final en un, a mi gusto, innecesario último toque y que mencionó algo sobre nosotros rimando el nombre con "tilinga", pero sin mayores consecuencias.

Vuelvo a casa cabeceando en el auto del Yeti puteando ya por deporte, y la charla ronda todos los temas posibles evitando hablar sobre la fecha que acaba de acontecer. El silencio gana y me quedo pensando en lo otro, en por qué lo hago, en lo a pesar de.

Entonces viene a mi cabeza la larga espera acovachados en los sillones (que alguna vez fueron blancos) de los camarines, esa ronda de pandeiros que se armó y arriba de la que cantamos todo lo que nos vino en gana, donde Caro se lució con sus destrezas y compartimos las voces y la jarana. Y compruebo con placer cómo las almas sensibles asoman, se dejan llevar sin pensar, se suman a veces en el momento menos pensado, abren una puerta a otro estar y aparece la música. Y ahí queda siempre claro quién lo hace porque lo tiene dentro y quién es el ganso ostentador de quien hay que huir, porque la música se me va volviendo vehículo, herramienta y caldo de cultivo.

Enhorabuena. Entonces todo el viaje queda justificado en esa roda improvisada, como una mágica respuesta a mis ruegos de pasar, por fin, jornadas musicales en donde despuntar el vicio sin más por qués que el porque sí.

San Justo, esta servidora, finalmente, agradecida.


viernes, 2 de abril de 2010

Arrobadora

Me gusta lo que me ayuda a expresarme tan directamente como un disparo, sin dejar ninguna niebla, ninguna duda.

Aplaudo que exista una letra nueva que me permita reunir a hombres y mujeres en una palabra solita, sin necesidad de los antiestéticos y poco fluídos as/os finales. Que me deje meter juntos, en el cuerpo de una palabra sola, la cualidad de ser distintos pero esencialemente lo mismo, carne y hueso, sangre de la sangre, seres que guardan una luz potencial.

Y también me maravilla pictográficamente que el símbolo sea una O gigante envolviendo delicadamente, sin quitarle el aire ni cerrar completamente la puerta, a una A que me lleva directo a mis ganas de por fin acurrucarme en un pecho amigo en quien confío.