jueves, 9 de agosto de 2012

Retrospectivas pre primaverales (lo que despierta)

A veces extraño esos destellos.


Cuando sentada en un jardín repleto de colibríes, dialogando sobre lecturas me escuché decir "el conocimiento está ahí, a la mano. La sabiduría es vivir de acuerdo con ese conocimiento, hacerlo carne y obrar en consecuencia."
Y eso era antes o después de cantar completamente olvidada del mundo, oyendo las estrellas.


miércoles, 8 de agosto de 2012

Enanolandia

Agustín (8 años)
"Yo cuando sea grande no voy a tener novia, voy a ser soltero. Porque cuando tenés una novia le tenés que comprar la comidita, le tenés que comprar la ropita, y yo quiero la platita para mí solo".

Mora (8 años, hablando de su hermano de 12 que la molestó)
"Lo que pasa es que mi hermano está con eso del adolescente, ¿viste? ¿viste cómo se ponen los adolescentes? y bueno, está así. Y hace pavadas. De adolescente."

Dante (8 años)
Yo: -.. y cuando seas grande podés ser, qué se yo, médico, presidente..
Dante: - Yo cuando sea grande quiero ser jubilado. Voy al banco, cobro mi platita y me quedo tranquilo.

Milagros (8 años, levantando la mano en la charla matinal con cara de congoja)
"Yo hoy tengo un día difícil. Esta mañana mi hermano me dijo un montón de insultos, incluyendo gorda.."

Nicolás (8 años, en la ronda de deseos del festejo del cumpleaños de Gerónimo que tiene una dificultad motriz que le provoca movimientos espásticos)
Yo:- Tu turno Nico. ¿Cuál es el deseo que le regalás a Gero por su cumpleaños?
Nico:- (Feliz, con una sonrisa de oreja a oreja) ¡Yo le deseo que deje de temblar!

Lautaro (8 años, a sus padres que estaban discutiendo)
"Ustedes están muy nerviosos. Deberían tener más sexo."




martes, 31 de julio de 2012

Pensamientos que navegan después de una conversación en donde yo ví y el otro no podía mirarme.

Por miedo rompemos
por miedo escapamos
por miedo no hacemos
no decimos
no miramos.
El miedo nos ata las manos
las piernas
la lengua
sube y detiene las palabras.
El extremo del miedo es la locura.

Y yo pienso que igual, hagamos lo que hagamos, un día todos, absolutamente todos, moriremos inevitablemente.
Si no hemos dejado en el mundo lo que traíamos para cambiarlo, ni vivir ni morir habrán servido de nada.


Y comprendiendo la inevitabilidad tan cierta de la muerte, entregarme por fin a todo lo inevitable, dejando que sea el curso de las cosas el río que transporta mi existencia, y soltar toda la fuerza dando pelea en el momento justo en que la ola me elevará por encima del aire para ser todo impulso, todo voluntad de trascender la ilusión para saberme plenamente nada más que una chispa de luz en la edad del tiempo.

Porque amo a la vida y al mundo con la intensidad del que sabe que un día va a tener que partir es que puedo cambiarlo.


lunes, 23 de julio de 2012

Vida tribal

La vida de uno podría compararse con lo que sucede con el arte.
Están los que pintan
y los que plasman lo vivo en la pintura
Están los que tocan
y los que entregan su alma a la música
Están los que bailan
y los que se dejan invadir el cuerpo por lo que vibra
Están los que cantan
y los que se vuelven canción
Están los que ensayan toda la vida
y están los que viven

Un encuentro es algo mágico.

Debajo del cartel de COTO va cayendo la tarde de invierno y unas cuantas manos peludas apilan las maderas que serán fuego mientras la mitad femenina se agrupa al sol escueto del invierno, rodando tabaco y mate, reproduciendo el círculo. Cuando el sol por fin hace abandono de cielo y arde el fuego, los tambores se templan y se templan las almas.






 Empiezan a brotar ahí, acá, rondas de palmas, de cuerpos que danzan, de canciones, de tambores, de mate y de charla, todo a la vez pero en tiempos distintos, alrededor del fuego florecen los círculos espantando el frío, calentando el corazón.





 
Sentada ahí en el cordón de la vereda asisto a la celebración de algo, de todo junto. Y canto, y toco, y bailo, y cantamos, y tocamos, y bailamos.




Cuando me voy soy más la misma que cuando llegué, pero he cambiado.

Algo entregué y algo recibí de todas ellas, de todos ellos.


Algo que imprimimos mutuamente en los cuerpos con la palmada en la espalda que sella el abrazo de despedida.


Así mismo, de esa misma forma, quiero viajar por cada día de toda mi vida.

jueves, 19 de julio de 2012

Leyenda (cuento número seis)

En las Tierras del Este, cuando los tiempos todavía no eran tiempos, bajó una estrella.
Las Mujeres de piés de barro, corazón de fuego y cabeza de cielo la acunaron y resplandeció su luz. Fue venerada, escrita por poetas, cantada por voces prodigiosas, amada y odiada con el mismo ardor.
Cuando llegó el tiempo, las Mujeres de piés de barro, corazón de fuego y cabeza de cielo la posaron sobre la Tierra, y la estrellá echó raíz.
Lentamente sus hilos luminosos encontraron camino entre terrones y secretos, y alguna de sus puntas llegó hasta el mar.
El agua habla el idioma de la luna y las estrellas, escuchó la canción que sonaba en la raíz, y todo el mar se estremeció con aquella música del cielo. Las sirenas encontraron allí su canto, y surcaron los mares hasta las Tierras del Poniente, y en sus costas amables cantaron a cada grano de arena la canción de la estrella.
Así fue la voz hecha palabra penetrando de la arena a la tierra, inundando las napas, alimentando las raíces, trepando por el tallo hasta la flor.
Entonces, un día, en las lejanas tierras en donde se duerme el sol, emergiendo como un milagro, quebrando la tierra a su paso, iluminando la noche oscura, del suelo nació una estrella.
 


sábado, 30 de junio de 2012

Burbuja musical, estrella (nos vemos en septiembre)

Una capucha, un nido, una crisálida, un silencio donde no puedas entrar a perturbarme, a sacudir mis aguas, a quitarme la mansedad que logro cuando cierro ese campo donde se filtra una electricidad que duele.
Canto y me envuelvo, y también me comparto con el resto pero esta vez te ignoro.
Que mueras en mí para morir en vos por fin.
Y resucitar yo misma.


domingo, 24 de junio de 2012

Cómo se viene el inviernito este...

¿Cuál sería en la vida el aliento helado de la muerte? El miedo a que el otro nos olvide.
Morir en el otro.
Por eso no soltamos.
No soportamos ver en el otro nuestra propia muerte.
¿Qué pasaría entonces si uno se amigara en vida con su propia muerte?
Te la tiro para que la vayas pensando, nomás..

Crianza(s)

Ando poseída por Libertad Lamarque, Lolita Torres y La novicia rebelde juntas. Todo eso da el resultado de una especie de Mary Poppins pero de colores encendidos, que anda cantando todo el santo día.
Descubrí en el cantar una canilla. A veces de adentro hacia afuera. A veces desde arriba hasta el centro. Canto en un coro, canto con una soprano que hace un círculo de canto de mujeres, canto adelante de la estufa, en las rondas de candombe, en las reuniones que florecen después de una fiesta en una esquina.
Canto en las casas de mis amigas, de mis amigos, canto cuando algo me golpeó y lo suelto en el aire convertido en un pájaro.
Y ese frenesí que me tiene curando con la voz, también se llueve en la escuela, empapando la jornada.

Ando con los niños cantando por los pasillos cada vez que vamos, cantando cuando pintan o dibujan, cuando tejen, cuando bailan la ronda.
Andamos por mi culpa con sobredosis de canto.

Ellos, como mi china, comparten mi humor chachachesco, ridículo, constante, de ver lo dramático y reírse, de ver lo ridículo y, al burlarse, evidenciarlo para reír juntos con ganas de nosotros mismos.

La mañana de ayer arrancó con el bálsamo del canto desde temprano. El saludo a la Tierra y al Sol, la canción de la semilla, el vals de la orquesta para aprender la tabla del 3, y cuando se armó la fila para ir rumbo a la clase y me planté capitán con la consigna de ir cantando hasta el salón, ví en sus caras ese gesto mío de "aflojá por favor con la cantata". Tentada de risa, les dí libertad para elegir qué cantar. Y en vez de todas las tiernas canciones de farolitos, soles y campanitas, arrancaron al unísono con la canción màs pedorra de Piñón Fijo y a mí la carcajada se me soltó como una bruja, y dando media vuelta, acatando el basta de melosidad que nos da náuseas, encabecé la marcha al trabajo cantando con ellos Chuchu uá.


domingo, 17 de junio de 2012

Ch' iwipacha

Ocho pasos atrás, uno adelante, dos a la izquierda, recalculando.
Una frenada, una pausa, un cruce, una clase magistral, un sacrificio, una risa de mí, una risa con ellos, una risa con él, un desencuentro y un encuentro otra vez, tibiecito, cotidiano, como pan de cada día, en algún rincón de la diaria jornada, por un solo camino, de una sola manera, con la paciencia que florece de disfrutar la tarea.

Averiguando quién soy mientras sé que llegará la primavera.


domingo, 10 de junio de 2012

En otras vidas fui sirena, soldado templario, alguna Juana, monja de clausura, caballero leal, reina madre, bruja solitaria, mujer sacrificada, hombre sabio.
O tal vez fui todas esas vidas en esta.
Alguna vez tuviste una época en la que varias de tus pesadillas de la vida se iban concretando violentamente frente a tu nariz, de a una en fila? si querés, te cuento..

miércoles, 6 de junio de 2012

Yo voy con mi farolito II

Hoy andaba en bicicleta debajo del aguanieve casi llovizna.
La nariz me pinchaba de frío, las mejillas rojas de pedalear contra el viento, soplando humo como un dragón en pausa.
Adelante el cielo era un dibujo de nubes sobre nubes, blancos y grises, y cada tanto una esperanza celeste.
Pensé en el maestro Martín, en el sentido del humor que comparto con él, y así mirando el cielo, pensé en mi viejo.
¿Por qué no pudimos ser esos que se reían juntos, esos que hacían los mismos chistes, papá? le pregunto mientras imagino con él esas risas que tengo con el maestro.
Me pasó una nostalgia finita que me hizo llorar un poco más de lo que me estaba haciendo lagrimear el frío. La ola de calor esa que provocan la tristeza, o el dolor, esa que sube por la garganta y sale por los ojos de a gotas.


De pronto pienso en ese que ahora me ocupa el pensamiento haciéndome florecer verdades sobre mí misma, ese con el que me pongo a prueba todo el tiempo. Recuerdo una escena nuestra bizarra e hilarante en donde me mostró mi gen dramático asturiano y ese gusto morboso por el dolor, y me reí a carcajadas de mí misma.
Mi vida con el varón ha sido.. un quilombo importante.
Yo con el varón fuí un quilombo importante.
No quiero más. De esa versión de mí no quiero más.
Siento que voy manejando un Scania por Panamericana y quiero agarrar la salida, el atajo correcto para cambiar la historia de siempre, para siempre.
Nunca más enterrar los sueños y la alegría. Hacerla florecer en el encuentro.
Permitir que se de cada encuentro naturalmente como se da respirar. Ser yo siempre la misma yo en todas las que soy. Vivir en la serenidad de andar más que estar pensando por dónde ir.
Y mientras tanto, y a consecuencia, y por sobre todo, la vida, eso que yo puedo dejar en el mundo, lo aprendido.
Y todo lo que hago, hacerlo por amor.
Y todo lo que no hago, no hacerlo por amor.

Seguir creyendo en las revoluciones.
En eso ando.




domingo, 3 de junio de 2012

Tiempo de siembra

Tiempo de silencio. De ir rumbo al invierno a madurar lo vivido, el fuego de la próxima semilla.
Tiempo de siembra, de frío, de noches largas con fuegos, de largas noches oscuras.
Tiempo de plantar la semilla de lo que quiero ver crecer en primavera, de la que puedo ser.
Tiempo de batallas peleadas a brazo partido en el agitado mundo de mi corazón, de retiradas interrumpidas, de muertes que suspenden en el aire la vida toda en una burbuja de tiempo.
Tiempo de elegir la vida que decido, y decidir lo que elijo, sacando de la tierra los yuyos que no prosperarán y entorpecen el camino.
Tiempo de sembrar palabras verdaderas y limpiar de tonterías el aire que respiro.




domingo, 27 de mayo de 2012

Quedándote o yéndote







Y deberás plantar 
y ver así la flor nacer


















y deberás crear
si quieres ver a tu tierra en paz
el sol empuja con su luz
el cielo brilla renovando la vida


y deberás amar
amar, amar hasta morir
y deberás crecer
sabiendo reir y llorar

la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma


de ti saldrá la luz
tan sólo así serás feliz
y deberás luchar
si quieres descubrir la fe









la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma






este agua lleva en sí
la fuerza del fuego
la voz que responde por tí
por mí
 


y esto será siempre así
quedándote o yéndote

 y esto será siempre así
quedándote o yéndote


quedándote o yéndote.









domingo, 13 de mayo de 2012

La vida es en gerundio

Si, yo también espero.
Siento la incomodidad de los curiosos, la inquietud de los aún no satisfechos.
Espero.
Otros dirán que acecho.
Espero el momento de ese suceso que le dará el sentido a todo el camino andado.
Pero yo no soy Penélope detenida en el tiempo, incapaz de salir a ir el mundo por todas partes para esperar buscando, oliendo el aire, durmiendo bajo las estrellas, cantando con las sirenas en las noches profundas, mezclándose de olores con los otros olores de la Tierra.
Alguna vez estuve detenida en puertos equivocados, mirando el horizonte con la lana en las manos.
Comprendí que a nada que nos detenga en el tiempo vale la pena esperarlo.
Y en eso ando.

PD: (Pocha querida, cada vez que escucho tu voz y la promesa de volver a ser canciones y vino, tengo más ganas de seguir andando)



sábado, 28 de abril de 2012

Con la potencia de ser semilla, voy a esperar que llegue la primavera.

viernes, 27 de abril de 2012

Ayúdame a mirar

Se fue.
Ahora que por fin despegó de la Tierra, yo lo siento más cerca.

Con su vida y con su muerte puedo ver cosas de mí que no veía.

La soledad inmensa de saber que nadie está sintiendo lo que por adentro nos vibra, y cruzar el umbral de la soledad que aprieta hasta sentirse por fin parte del universo.

A veces lo recuerdo y a veces todavía lo olvido.

Transitar la vida sin ninguna expectativa, pisando cada paso con alma y vida. Y después andar sin recuerdos, pero con la ganancia de la sabiduría que toda vivencia tiene y convida.

Desterrar la anécdota, quedarse con lo esencial, claro y visible a los ojos del alma.

Soltar todo y largarse, entregarse a lo inevitable sin posturas ni prevenciones, con el cuerpo flojo y el corazón al mando.

Ir practicando la muerte en las pequeñas muertes de cada día, silenciosas y cotidianas, necesarias para que se recicle la vida.

Yo quiero saltar a vivirla.

domingo, 22 de abril de 2012

Papá cumple 70 años


Papá cumple setenta años.

Setenta años es la edad de los abuelos.. nunca pensé que papá cumpliría setenta años.

He sufrido su abandono durante toda mi vida.
Siempre tuve abierta la herida de que no hubiera peleado por mí, de que hubiera capitulado tan fácilmente en la batalla que nos tenía de rehenes a mí y a mi hermano.

Papá cumple setenta años.
No ha sido el mejor padre, pero es el único que he tenido. Sé que me amó.
Y no dejé ni un minuto de amarlo.

Atravesando el dolor, papá se volvió el extremo del ermitaño, y a mí me dolía el alma de ver en sus ojos las palabras imposibles, las aventuras nunca plasmadas, el brillo de los niños perdidos que agonizan detrás de los corazones rotos, de los sueños robados.


Papá me dio los dioses. Me dio los remedios para combatir la desesperación y el desamparo.
Me explicó que todo lo que quiero saber puedo buscarlo en los libros.
Me enseñó que hay que saber hacer cosas con las manos.

Papá es una de cal y una de arena, una carta cruzando la distancia del silencio, un silencio que aumenta las distancias, lo que fuí.

Voy a ir a visitar a papá para su cumpleaños, después de cinco largos años de apenas uno que otro llamado. Voy a ir a decirle que ahora me gustaría verlo perder la nostalgia de obediente monaguillo de domingo, que ya no hay nada que perder y todavía hay tiempo de volverse atrevido.

Que quiero que me desencante de una vez para que definitivamente yo deje de esperar.

Papá cumple setenta años.
Llego a su puerta y me dicen que está internado.

Papá en la camilla de un hospital, tan viejo, tan descolorido y apagado, tanto dolor hay en su pecho.
Papá no puede hablar, está deshidratado. Dos infecciones lo tienen cercado.
Pongo mis dos manos en su costado izquierdo, sobre su camisa a cuadros. Y no puedo más que ponerle las manos y mirar esa cara en donde parece ya no estar, los labios amoratados y la nariz fina y respingada, el rostro de mi abuela.

-Ponele las manos en la piel- dice mi tía. - La piel de los hijos..- y no puedo escuchar el resto porque tengo las manos puestas en decirle a su corazón que todo está bien, que estamos a mano, que lo amo.
Entreabre los ojos y me mira. Algo nos decimos con los ojos papá y yo, algo intercambiamos.

Estamos en paz.

- Andá, esto está lleno de bichos.. andate para casa. Después nos vemos- me dice moviendo apenas la boca enflaquecida.

Y yo le creo.

sábado, 14 de abril de 2012

..que bailar es soñar con los piés.





Domingo de pascua, tarde que se hace noche en la plaza donde se juntan los tambores. Sentados en ronda mirando el fuego, como siempre fue cuando reinaban las tribus, unas y otros vamos amasando el nuevo espacio.

En estos tiempos de rumiarme para cazar mis bichos, ando buscando estar cuerpo, alma y mente al mismo tiempo en el mismo lugar, ahí, sucediendo. Me volví militante de los encuentros verdaderos, esos cuando unas y otros se dedican a ser quienes son, decir y ser su verdad, sin pensar demasiado en ninguna consecuencia. Esos encuentros en que las almas se sintonizan y dejan que las cosas ocurran, esos que permiten que nos vayamos volviendo cada vez más nosotros mismos.

En la ronda las palabras van saliendo de los corazones y el espacio se dibuja cada vez más cercano a lo que tantas veces me escuché pedir al tiempo. Se escucha lo que suena en las voces que hablan, se reparten cataplasmas para los miedos. Unos fueron dando lo que entendieron que los otros venían pidiendo, y a jugar por jugar sin tener que morir o matar.

Dejé mi tambor y salí bailando ese candombe que entiendo, esa libertad que sucede dentro, esa que ningún grillete, ninguna prohibición, ninguna ley puede coartar. Esa música de agua subiendo por las piernas como olas que agitan el alma y las caderas. Bailé por la plaza junto a las otras, los tambores empujando piernas y brazos desde atrás.

La sabrosura se nos quedó a unos cuantos, y un rato después del final oficial del gran encuentro, se armó como un abrazo otra vez la ronda y unos tantos nos encontramos de nuevo. Yo encontré otra voz y fuimos dos cantando, completando la música con palabras, mientras la luna enorme, blanquísima, casi llena, se asomaba entre las copas del cielo de Munro.
La noche fue una fiesta.

Vuelvo a casa y leo en algún lado: Hay que dejar que los milagros sucedan.

jueves, 5 de abril de 2012

Enlazador de mundos

Ayer, llevada en andas por esta ola de autoentusiasmo y enmimismamiento, me regalé una tarde increíble de discipulazgo con un maestro de maestros que anidó en mi escuela, uno de esos seres con los que da gusto estar en actitud de esponja.

La cita era seis y media de la tarde en su casa generosa y verde, en su estudio de madera construido por sus manos, repleto de libros y de instrumentos musicales.

Para semejante merienda de conocimiento, me puse en marcha al salir de la escuela, rodando por las calles de Florida, atravesando Olivos y Martínez para recalar en Villa Adelina, un paseíto en bici de tres kilómetros, ponéle.

Así como ando, en este estado de noviazgo con la vida, ni pasé por la radio ni la tele ni el diario ni la preocupación de anticipar el clima. No llegó hasta mí más pronóstico que las mullidas nubes que admiraron mis propios e ignorantes ojos.
El comentario costumbrista de algún papá en la salida, sobre augurios de granizo y tormenta, fue la única referencia climatológica del día, y la desestimé como a una superstición.

Mi tarde en Villa Adelina era una gloria, el mate iba y venía, los bizcochos dulces y los cuentos del maestro, la risa que me arrancan sus observaciones; me volvían al cuerpo las tardes con mi abuela escuchando y aprendiendo, aprendiendo algo intangible, esas cosas que van derecho al alma y se vuelven aroma o color.

En la casita de madera el tiempo era otro; las apreciaciones sobre el conocimiento, las anécdotas, las tramas, las historias, los niños, sus principios, la nobleza de sus gestos, su generosidad, su saber criollito y profundo, el mate, los bizcochos, los cuadernos y nosotros en el suelo, el relato de sus historias, de su trabajo. El viento que lo agitaba todo no me sonaba tan intenso como la certeza de las palabras del maestro Martín.

Con medio año organizado en la cabeza, la serena felicidad de saber que ando un buen camino y la alegría de haber vuelto a un lugar que me gusta, decidí que una lluvia no iba a detener mis ganas de irme con el alma sintiendo que el encuentro ya había terminado, que quería poner en marcha esas ganas de movimiento que me daba la alegría.

La lluvia era una cortina, y eran tan finas las gotas que nunca dejó de ser una caricia.
Llamé a mi ángel de la guarda (costumbres incuestionables que se sembraron en mi infancia) y me entregué a lo inevitable, como vengo haciendo casi gimnásticamente. A las diez cuadras canté bajo la lluvia a voz en cuello, y mi voz se escuchaba, y la lluvia era una manta.

El camino se volvió lo justamente variado como para ser un paseo, y fue directo. Nunca hubo amenazas de ramas ni rayos amedrentadores, y pasé por ríos y lagunas de cemento, cantando, cantando a voz en cuello.

A medio camino sobrevino la risa de estar haciendo algo placentero.

Mi casa me esperaba detrás del túnel de robles todavía verdes de la calle que más quiero, dejé toda la ropa formando una laguna al lado de mi puerta y me envolví para que en el cuerpo se me quedara el agua recién caida del cielo.

Hoy veo las fotos de los árboles arrancados en Buenos Aires, oigo de los quince muertos, los autos estrellados, las paredes volteadas, y me pregunto por dónde anduve yo anoche que me acariciaron tanto el agua y el viento..


lunes, 2 de abril de 2012

Había una vez (cuento número cinco)


Había una vez una princesa que caminaba siempre detrás de su corazón.
El corazón era un gran caminador. Se subía a las manos de la gente y la princesa decía mi corazón está en tus manos, y era cierto. Alguna gente se lo pedía, porque era en verdad un corazón muy hermoso, y la princesa decía te entrego mi corazón mientras se los daba, y era cierto.

Había una vez una princesa que caminaba siempre detrás de su corazón, porque su corazón siempre estaba fuera de ella.
El día que el corazón por fin se metio dentro de su pecho, dando un gran suspiro, la hermosa princesa por fin pudo sentarse y contemplar.

domingo, 1 de abril de 2012

Cita





Ayer me levanté pensando lo fácil que siempre me he cambiado por cualquiera, lo simple que me fue borrarme del mapa. Una educación bien orquestada en torno de tener que cambiar todo lo posible para ser lo que el otro espera. O lo que uno supone que el otro espera, más bien..
Vengo buscando con paciencia los bichos que me metió la mátrix para sacarlos con la sopapa limpiadora y dejar de funcionar desde lugares tan horripilantes y bien aprendidos.

Durante todo el día el desafío fue que mi cabeza estuviera en el momento presente, ahí mismo donde estaba mi cuerpo y mi atención, como cuando era chica y jugar era una tarea que me demandaba cuerpo y alma, porque todavía no me habían inoculado la ansiedad.
Tejí unos hermosos cuadrados combinando los colores y viendo crecer las formas, los dibujos de lana. Viendo el día crecer, encendí la radio y aparece Drexler hablando de Fernando Cabrera, y el mismo Cabrera después, bellamente hablando y contando que tocará a la noche en el Café Vinilo.

Pocha era (es y será) la que abría mis puertas musicales. Mágicas cuevas de música y vino por Palermo de las que nos llevábamos gajos y hacíamos florecer después cada vez. Pocha lejos, ella no tiene nada para ir a ver y yo acá, con nadie con quien compartir la música.

Tocaba Cabrera en Café Vinilo y me lo iba a perder.
- Qué pena.. no tengo con quién ir..

Dos minutos duró el silencio mental.
Ahí estaba el bicho.

Todavía sigo creyendo que ser feliz, pasarla bien, realizarse en la vida, encontrar el destino, vivir en estado de amor, tienen que ver con algo que tiene que llegar desde fuera.
Pasar del discurso a la acción. Regla número uno.
Esta noche salgo conmigo a vivir la experiencia de ver y escuchar a Cabrera.

Levanté el teléfono, una chica vinilo me dijo que ya estaba todo reservado, pero se podía tentar a la suerte.
-Venite ocho y cuarto y te anoto en la lista de espera. A las nueve menos cuarto se caen las reservas y empezamos a llamar a los que están.

Nueve y diez tomé posesión de la cuarta silla de la mejor mesa del lugar, alta y al fondo. Conocí a un santiagueño y su hija y a un chico muy amanerado y de conversación interesantísima, brindamos con cerveza y agua por la suerte de haber entrado, las luces se apagaron y me fui volando con Cabrera y Liliana Herrero que le tomaba el escenario por feliz asalto para darme esos acordes que tan feliz me hacen, en una noche amigable y tinta.

Volví viajando por la ventana del colectivo, la avenida Santa Fe, sus luces amarillas, el zoológico y el botánico, el Puente Pacífico, las cuatro esquinas de Cabildo y Juramento, el paredón de ladrillos de la quinta presidencial, los paraísos, los tilos, los robles de mi barrio. Caminé las veinte cuadras desde la avenida respirando el regalo de una noche tibia de otoño, las estrellas que se pueden ver en estas noches sin nubes todavía. Pasé por debajo de las bóvedas verdes de estos árboles que se abrazan cruzando las veredas, me reí de mí misma en un par de recuerdos, canté una canción que me vino a la memoria, entré a casa y creo que no será la última vez que me encuentre.

Mientras siga teniendo la cabeza donde tengo el cuerpo, ahí va a estar mi corazón.

domingo, 25 de marzo de 2012

Sin palabras


Hay cosas que cuando las hago me vuelven real. Pierdo las poses, olvido la mirada de los otros, y hago naturalmente eso que me sale tan claro como respirar.

Cuando canto o cuando toco un tambor de piel y madera algo me atraviesa y sucede más allá de mí. No hay imagenes mentales, no hay preocupación alguna, solo dejar que suceda.

Yo no voy a ensayar.
Cada vez, yo voy a encontrarme con esa gente con la que sueno, voy a tocar, o voy a cantar, o alguna vez toco el cielo con las manos haciendo las dos cosas. No sería posible que fluyera la música si no fuera un verdadero encuentro de esas almas que vibran, y al vibrar componen dentro, cada una y todas juntas, una misma melodía.
Entonces funciona la alquimia.

Y así, vibrando, se que un día voy a encontrarme con esa otra alma que suena como la mía.

martes, 13 de marzo de 2012

Airbag

Hay un día, un momento, un instante luminoso, cuando estás por estrolarte de nuevo contra tu misma pared, cuando estás por volver a caer en tus propias trampas, cuando otra vez vas a dar por tierra con tu amor propio para convertirte en algo que nadie te pide, un minuto glorioso en el que te parás en seco, te cacheteás los ojos y en vez de tomar otra vez el mismo atajo fulero, decís no gracias.

Un momento en el que es tan claro lo que querés que no estás dispuesta a quedarte con menos. Porque si tu corazón lo reclama, eso existe.

Como gorda voluntariosa decidida a soltar su lastre grasuliento, renunciás a la tentación de una chocotorta de cariño barato y seguís en busca del sabor que quieren vivenciar tus papilas, sin apuros ni atajos, porque el tiempo es todo tuyo (y más que placentero el estar a solas con vos misma en grata y musical compañía).

Y.. ah.. qué sensación gloriosa es salir a andar el mundo moviendo las caderas con esa certeza de haber elegido, por fin, una vez, a favor de vos misma.


domingo, 4 de marzo de 2012

Manada


Para tocar candombe hay que tener memoria de lo propio y de lo ajeno, de lo mínimo y lo inmenso. Esa memoria colectiva es la fuerza que enciende el espíritu y aúna los sonidos.
Por adentro hay que estar todo abierto, dispuesto al amor, entregado. Así es como el son de la Tierra sube por los piés y sale por las manos, y todos los tambores son un tambor que canta, y el candombe entonces fluye, flota, sube al cielo.

Es la cadencia del agua del río lo que le da el compás, los viajes eternos en las bodegas de los barcos de esclavos. El candombe, para que suene, hay que navegarlo.

Por esas mágicas leyes de la vida, la ley de atracción te va llevando; los tambores se hablan a lo lejos, emparejan su vibración en el aire, y así empiezan a aparecer los compañeros para tocarlo. Cuando se produce el encuentro, el ser se vuelve tambor para escuchar lo que dicen los cueros, y el diálogo sucede verdaderamente.

Entonces el candombe ocurre.

viernes, 17 de febrero de 2012

Haciendo escuela

Transité un año del carajo (no hay eufemismo posible que describa con el mismo impacto).
Como en un invisible plan de estudios universitarios, este año rendí "Vínculos I: laputamadrequeloparió", "Cómo lograr que la obsesión no te provoque un esguince cerebral" y "El físico al límite laburando dieciocho horas por día y atendiendo veinte quioscos más".

Todavía transito un año del carajo.
La materia pendiente que venía esquivando me pateó la puerta y se me metió en la vida de prepo, y por más que bajé la persiana, sé que tengo que rendir de una puta vez "Cómo es que se podría llegar a vivir feliz construyendo una relación siendo quien una es, marcando los límites precisos, eligiéndose siempre a una misma antes que al otro y sin que te salga el pulpo de la posesión y el abandono por ningún lugar".
No tengo ni idea de cómo se hace para poner en práctica todas las pilas de manuales de autoayuda y religiones varias que vengo acumulando para ver si logro aprender en algún libro cómo no hacerse daño, soltarlo todo y florecer.

Y, como suele sucederle a la mayoría de las madres y padres, mientras tanto tengo que educar a una propia y dieciocho adoptivos. Porque además de la tarea biológica-cultural, también soy maestra.
Siempre estuve convencida de que el mundo puede ser un lugar mejor, y me dedico a enseñárselos.

Andando el barquito de mi vida de este último año, hubo veces en que el corazón se me rompió, me estalló el miedo, los días fueron como túneles oscuros. Hubo días que ardían en el cuerpo. Me mantuve ávida de entender y aprender.

Cada mañana ellos estuvieron ahí, viéndome desatar mis nudos como ellos intentan desatar los propios.
Ahí, al cerrar la puerta, las mañanas de lluvia volvieron a ser lindos días de jugar en la escuela mientras aprendieron, mientras aprendí, a decir lo que se siente a la cara y sin vueltas, a reparar los daños cometidos, a decir la verdad (que es lo que nos hace libres), a amarse sin condiciones. Y a leer, escribir y hacer sumas y restas, como añadidura.

Para salvarme cada vez que hubo una tormenta, en vez de sentarme a llorar, canté todo lo que pude, así como lo aprendí de Pocha, cuando nos conocimos con los corazones rotos y cantamos todo el dolor en zambas por el aire de Villa Urquiza.
Canté sola, canté mientras lavaba los platos de la merienda, canté con ellos y ellas, canté antes de abrir y cerrar la escuela, canté por los salones, canté en las fiestas, canté en las terrazas (y sigo cantando ahora en el living mientras la vida me sigue ocurriendo intensa).
Cantar me abría las ventanas y las puertas.
Yo quería que ellos supieran que cantar salva la vida a veces. O bailar, o pintar, o tocar un tambor o una guitarra. Hacer brotar la música nos suelta el corazón y hace guardar silencio a la cabeza.

Y, mirá vos... creo que lo entendieron.


martes, 7 de febrero de 2012

Jipi evolution (como pókemon, pero de acá)

Me fui con la esperanza de que todos sus temblores y quejidos fueran apenas un mal momento más de su vida fría. Me fui cruzando mentalmente los dedos, que no se muera por favor, que no se muera. Pero al volver, me dí cuenta de lo irreversible: había palmado mi querida heladera.
Más que heladera, era un placard. En su interior, en lugar del refrescante aliento en la cara al meter la cabeza para buscar víveres entre la población de tuppers que vengo acumulando desde 1996, reinaba la temperatura ambiente de 36º promedio que viene teniendo mi querida ciudad. Los huevos salían cocidos.
Shit.
No quedaba otra que, santarjetavisa mediante, ir y comprar una heladera nueva.
Tengo que decir que me dio un cosquilleo. Uy, pensé (siempre que pienso empiezo con uy) me voy a comprar una heladera?... cuándo fue que me hice grande???
Se sabe que soy jipi de religión, por lo tanto, como una manosanta del linyerismo, jamás me había comprado un electrodoméstico. Filas de gente mirándome raro porque no tenía ni freezer, ni microondas, apenas una minipymer que madre prestó una vez y perdió como en la guerra. Hordas de amigos desesperados alabando las bondades de congelar la comida o de no tener que esperar seis horas para que se hiciera una tanda de cubitos en mi Grundig marrón.
Si, era fea, pero noble.

Será que nunca me casé, que nunca proyecté, que nunca evolucioné, lo cierto es que los pocos aparatos que han llegado a casa (y también los muebles y en algún momento hasta la ropa) o bien vinieron por herencia, o por descarte de algún conocido, pero yo nunca elegí nada. Las cosas siempre me encontraron a mí.

Aprovechando el fin de semana de rebajas y largas cuotas, pedaleando me fui al supermercado grandote que queda cerca de casa.

Con cara de guarda que estoy grande, permiso, me voy a comprar una heladera atravesé los pasillos hasta llegar al paredón blanco de aparatos en fila.
Uy, pensé de nuevo... ¿qué tengo que mirarle a una heladera?
Y por supuesto, la respuesta inmediata fue El precio, y quedé satisfecha.

Elegido el aparato (que por decantación tiene freezer y así todos contentos y me evito la fila de gente para espetarme ¿¿te la compraste con congeladorrrr????), firmados todos los papeles, comprendidas todas las instrucciones, me volví a casa lo más pancha, pero sabiendo que acababa de dar por tierra con una vida entera dedicada a la rotosidad y el cartonerismo deportivo.
Pero qué placer saber que, mientras sigamos pagando la luz, siempre habrá hielo para entrarle a un ferné.





lunes, 30 de enero de 2012

Ponéle.


Quisiera pedirte que vuelvas impetuoso y valiente, y te quedes de prepo al lado mío, y me ayudes a encontrar mis puertas, esas que todavía están cerradas, y que las tires todas abajo de una patada certera para que, por fin, definitivamente, yo pueda salir.
Me lo merezco.

miércoles, 25 de enero de 2012

Mujer bonita


Es decidida, directa, desapegada. Ni bien se supo cisne hizo el camino derecho como una flecha en el aire. Emana una luz, una fuerza, no más niña grande, ahora es una hermosa mujer pequeña que crecerá como esas musas de Ciruelo, armada hasta los dientes para combatir dragones.

Su franqueza y su confianza en mí a veces me dejan pasmada de sorpresa y me alegra saber que el camino que me marcó el corazón fue bueno, la llenó de recursos, que se sabe comprendida y aceptada sin condiciones, que jamás podría decepcionarme porque no espero más que verla ser ella misma cada vez más, y eso sólo sucede con el paso del tiempo, después de mil aciertos y un millón de errores.

La veo empezar a caminar Buenos Aires con esa soltura que recuerdo en mí, con sus propias decisiones ya tomadas en su alma, con un mundo que será solamente de ella.
Ay, qué vértigo mamá.. yo conozco ahora gente que vos no conocés.. y me quedo pensando que de eso la va la vida, venir a través de alguien que nos dará lo necesario para escribir en el mundo nuestra personal, única, irrepetible historia.


Enlace

miércoles, 18 de enero de 2012

Crónica primera: Andar los caminos

(La maga, el brujo y el joven caballero se detuvieron al borde del bosque.
-Adiós amigo, buen viaje- dijo el brujo. - Cuando vuelvas no serás el mismo. Y nosotros tampoco.)


Los viajes, para ser viajes, tienen que ser por adentro. Lo otro es turismo. Yo me fui de viaje, cosa que hago pocamente con el cuerpo, permanentemente con el alma.

Veintiseis de diciembre, boleto en mano llego a Retiro, madre e hija mías agitando pañuelos, descubro tristemente que lo que se llama coche cama de cama tiene lo mismo que un cepillo de dientes. Buscando a Pocha, amiga de mis entrañas, compañera del alma, tres años después del último vino compartido, de la última canción sonando en mágico dúo, me voy de viaje a su nueva vida en Capilla del Monte, un lugar en delicado equilibrio entre lo místico y lo bizarro que en estos tiempos de finales del mundo se volvió la meca del jipismo barato (Pájaros volando es un retrato genial de esas nuevas realidades de las sierras cordobesas)
Enrosco mi cuerpito lo mejor que puedo en el asiento de mierda que no quiere recostarse, hago rancho de bolsones y bolsas de dormir en un vano intento de elevar los piés y quedar más o menos estirada para no amanecer torcida, doliente y a las puteadas. No lo logro, demás está decir..
Por supuesto el micro que me llevaba entró en todos los reputísimos pueblos posibles, recién despertada de un dormir soporífero no tenía la más mínima idea de por dónde estábamos, y eso nos descoordinó el horario de encuentro en la terminal.
Suspenso.
Sentada en mi mochila, con tanto oxígeno, tanta limpieza insoportable del aire, di rienda a mi recaída tabaqueril (no soy perfecta, a dió gracias, así que una agachada de mal comportamiento me la debo) un rato mientras esperaba, hasta que se recortó en el aire la melena colorada con pañuelo brillante, el verde, el violeta, el rojo, toda ella en colores y el azul de sus ojos achinados de alegría. La escena fue tan memorable que hicimos moquear a un par, nosotras incluídas, por supuesto, que nada nos gusta más que hacer olas de emoción en el aire.



Tanta era la alegría, tantas las ganas de cantar (tanto cantamos) que por supuesto creímos que teníamos los mismos años que entonces, cuando las mañanas nos encontraban de fiesta en casa Fraga.
La juvenil bienvenida de ocho cervezas y demases entre tres nos dejó desnucados.



Pocha es la cocinera del restorán más sabroso y sanito de la comarca. El Soma queda apartado del estruendo del centro (que a veces parece una Mar del Plata berreta y mersa) con su parafernalia de librerías místicas, negocios con nombres marcianos y remeras de Homero Simpson tomando cerveza cordobesa. Igual que a mi casa, se entra justito por la ochava de la esquina. Y ahí adentro tenemos otro universo entero del que nadie parece tener ni noticias.



El Pat es un francés que una vez conoció a una cordobesa allá por París, y detrás de ella, de su amor y su panza terminó cruzando el mar para manejar su propio restorán vegetariano en Capilla. Rubio, de ojos pochamente azules, ni bien llegué me trajo sus tambores y cada mañana se llenó de tuntunes (y estoy convencida de que ese sonido es el que fue abriendo las puertas de todos los munditos que encontré adentro de la misma ciudad)
Generoso y fiestero el Pat, todo es una buena excusa para un brindis y una canción, y así una mañana cuando llegamos, un par de cubanos aullaban impecablemente sobre campanas, guitarra y bongó, dejando boquiabiertos a los presentes. Y por supuesto, ni bien aparecimos fue un quilombo.
El francés los dejó boquiabiertos tocando las congas, el trío se encendió memorable, el guitarrista bailó en trance con la camarera, oye chica, sírvete otro mohíto y dale que va la audición para integrar el elenco de músicos que arengarán las noches de enero, mientras la Pocha detrás del vidrio de la cocina, canta. Dos personajes importantes, Alverto y Hernando, quince años tirando tiros por estas pampas, haciéndose el veranito con bastante calidad, hay que decir (la fauna de artistas que ronda la zona incluye gente a la que habría que deportar a algún país al que le tengamos bastante bronca).
Después de tanta jarana matinal, los cubanos se fueron haciendo ochos por la vereda y sospeché que sería más barato pagarles un caché que darles de tomar..




Durante los primeros tres o cuatro días fui un bicho en adaptación. La geografía confusa de las calles, la manía de no poner carteles con sus nombres y mi imposibilidad congénita de comprender bien un mapa impreso me tenían dando algunas vueltas a la manzana a modo de ensayo para la aventura. El viernes a la mañana, mapa bajo el brazo, bolso al hombro, decidí que ya estaba lista para encontrar por mí misma un poco de agua donde remojar mi humanidad.
Objetivo: el Zapato.
La primera hora la caminé para el lado contrario. Cuando me dí cuenta, después de permitirme unas palabras conmigo a solas, encaminé correctamente los piés. Pero no iba a ser tan sencillo. Ni un puto cartel que te diga "Por acá vamos bien" o "usted está aquí en Saragarsala" como para saber si vamos bien o estamos llegando a la frontera con Bolivia, y yo dando vueltas el mapa lleno de nombres que jamás podrá una verificar. Y otra vez, cuando más o menos le encaminás derecho, una bifurcación.
A la derecha, casitas, ruido de niños, tanques de agua, y un camino largo que baja y se pierde. A la izquierda, parque cerrado de atracciones acuáticas, negocio bizarro de piedras y hamacas paraguayas, torre de piedra imitación castillo medieval, viento seco y curva. Y allá me dijo mi instinto que era donde quería llegar.
Y a los quince minutos todo se puso en subida. Ya debería haber presentido que el refresco y el descanso estaban al final del camino que había descartado, pero si había elegido ir por acá, algo tenía que encontrar.
A los veinte minutos todo era sol y desierto.





Arriba de todo me había llevado mi olfato. El agua quedaba abajo. En la entrada del dique este cuadro: un negocio pequeño, una galería llena de mesones con piedras, una pirámide enorme en el techo, el viento seco que levanta polvareda. Una mujer morocha, de rasgos acondroplásicos, una joven con síndrome de down, la mayor se pinta las pestañas frente a un espejito, los labios de rojo pastoso, y la joven juega a hacer filas de esmaltes de uñas a su lado. Saludo y pregunto la forma de llegar hasta aquél hilo de agua que ví. Deja de pintarse, gira la cabeza y me mira y estoy esperando con resignación que suene alguna música de Bagdad Café o algo así, porque creo que estoy adentro de alguna película independiente que va a terminar conmigo abducida dentro de la pirámide.
- Podés agarrar por el sendero que está a la izquierda, no es un tramo largo.
Hace silencio. Me mira una vez más y antes de volver a pintarse las pestañas ya empastadas de bolitas negras me dice mirándome fijo: Tené cuidado con las serpientes..
Ahá.
En estos menesteres no puedo dejarme llevar por un instinto que tiende a meterme en aventuras. No tengo complejo de Marley, así que decido volver por donde vine sin chistar. Y como una señal más de esta película bizarra, dos escorpiones negros y rojos tamaño baño relucen en el suelo aplastados de rueda de auto. Caminando derechito...
Una hora más y por fin me amigo un rato con la vida (y apago el incendio de la insolación de tres horas de caminar) metiendo el cuerpo en el agua fresca que vine a buscar.
En definitiva, la mejor manera de conocer un lugar es perderse por sus caminos y por su gente unas cuántas veces, llegar sin saberlo a todos los destinos que cada lugar encierra.
Y en eso me fui convirtiendo en una experta.


martes, 20 de diciembre de 2011

El viejo río que va...

Yo sé que la distancia es una ilusión, que siempre estuviste en mi casa cada vez que cerré los ojos y te traje a bailar en mi cocina, o me fui hasta tu abrazo en una canción.
Pero en dos horas vas a estar cruzando el mar rumbo a otro cielo, y saberte todavía parado en mi hemisferio a punto de partir me tiene con algo que me tira desde el esternón con nostalgia, como te pasa cuando yo lloro y no sé decirte por qué.
Ahí, en ese lugar entre el corazón y el ombligo, tenemos un teléfono que va derecho de mi alegría a tu abrazo, de tu ternura hasta mí. Un puente para sabernos transitando cada uno su camino pero enlazados en algo que nos empuja arriba y arriba.
Te regalé una brújula y una nota: para que nunca pierdas el camino y encuentres todas tus puertas. Anduve antes con ella todos los lugares importantes para mí. La llevé en mi palma como un amuleto, le mostré las calles mías, mis rumbos, mis pasos.
Cuando despegues, cuando por fin vayas por el aire, aceptaré serena que las esquinas no esconden por un tiempo la esperanza de encontrarte. Pero que ando pisando las calles lejanas en tus zapatos abrigados tanto como seguís pedaleando en mis sandalias por Florida.

...y hasta tanto nos volvamos a encontrar, que dios nos lleve en la palma de su mano.



lunes, 5 de diciembre de 2011


Yo creo en las revoluciones.
Las revoluciones no las hacen los que se dejan ganar por el miedo. Porque, ante todo, una revolución es esperanza.
Yo confío en aquello que aún no es visible al mundo, pero ahí lo veo. Ver lo bello.
Pregonamos que el amor es la fuerza transformadora, pero al primer tropezón se nos da vuelta y nos vuelve a ganar el miedo. Hay que tomar el desafío de seguir mirando con amor sin condiciones. Ver, y amar lo que se ve, luz que también es sombra. El desafío es mirar con amor a quien nos provoca miedo y sostener esa mirada.
Y ando en eso.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Eternidades

Ando experimentando.
Ando descubriendo las cosas, las mismas, pero con una mirada recién estrenada.
Porque en vez de agarrar con tanto miedo quiero creer en mí, creer en todo lo que creo, creer en lo esencial, en lo verdadero, y que este sentimiento me atraviese, florezca de mí para perfumarlo todo, suba como gotas de agua al cielo y otra vez vuelva a caerme como una lluvia bendita, tu boca regando mi boca de cosas que no tienen palabra que las nombre, y después cantar, cantarlo.
Y cantamos.
Algo bebo, algo te doy de beber, algo detiene el tiempo y lo vuelve una sensación feliz en el cuerpo que el alma mueve en un abrazo tan natural como respirar, en un entendimiento completo de cada movimiento que hace que siendo dos bien definidos por momentos seamos solo uno.
Y bailamos.
Bailamos y cantamos en las terrazas, en los jardines, rodando por las calles, debajo de los árboles floridos, detrás de los jazmines, con el cielo de testigo, perdidos del mundo para encontrarnos.



miércoles, 16 de noviembre de 2011

Anónimo

otra vez por acá pispeando en qué anda la vida de la señora yanina martul.
otra vez, escuchaba música, y me trajo recuerdos.
y tambien puteando, porque los recuerdos eran lindos pero eran de momentos q luego fundieron..la música me trajo lágrimas del dolor, que alguna vez me dijo ya basta. no dá querer a quien no te quiere y dice hacerlo pero luego no estuvo. no es justo. no es para mí.

y ojalá alguna vez te cruce y ya no me duela.

Anónimo:
La verdad es que en la vida fui caminando y fui aprendiendo, como todos (siempre y cuando no te haya tocado ser una pelotuda/o que muere sin haber entendido un carajo).
El tiempo me permitió ponerme en muchos zapatos distintos. Amé adictivamente, fui amada adictivamente, abandoné huyendo despavorida, me abandonaron igual, tuve mi corazón hecho pedazos y debo haber causado más de un dolor.
No puedo cambiar lo que pasó, en definitiva todo fue necesario para que sea esta que soy ahora. Y supongo que a usted le habrá pasado igual.
Sepa que lo siento si le causé dolor, sé que en mi alma no hubo nunca intención de hacerlo, no soy una mala persona. Sepa que también me tocó muchas veces un dolor inexplicable que me cayó como un rayo. No se lo cuento para consuelo. El dolor y la muerte son parte de la vida, se puede huir o entregarse a transitarlos. La primera no sirve, lo sé por experiencia. Me escapé muchas veces, pero finalmente el dolor llegó como un puñal para atravesarme, como a todos.
Mi dirección de mail está en esta página. Si quiere, conversamos.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Milagritos II


Nada se me antoja más que el durazno de tu boca. Lo cosecho cuando se alinean los planetas y se abren los portales de noches que no son noches de este mundo. Madura en una vereda oscura, o en la penumbra de tu terraza, y cada vez es más dulce, más generoso.
Entregado al sueño, tu cabeza en mis piernas, no se cansan mis manos de recorrer tu espalda ni de enredarte el pelo, y se me escapa el amor por todas partes.
A veces la eternidad dura un minuto, o muchas vidas, lo importante es que mientras es, sea inmensa.
Me llevé el olor de tu cuello tatuado en el pensamiento para volver a encontrarte. Porque se me hace que no tengo ganas de pasar esta vida sin estar metida asiduamente entre tus brazos.

Me voy a cosechar estrellas. (No puedo dejar de volar esta noche aunque lo intente)

jueves, 3 de noviembre de 2011

La pura verdad




Vengo comprendiendo que el amor puede ser un estado de ánimo perpetuo. Y que soy libre de amar a quien quiera en el momento mismo en que deseo hacerlo.
Concretar ese amor ya es hablar de la gloria, pero mientras tanto puedo perderme las veces que quiera navegando en unos ojos, o en una música, o en un libro que me tiene fascinada, en una canción, en tu alegría que es, cuando aparece, una puerta directa a tu más pura esencia.
Pero es alienante la distancia entre tus polos y vas corriendo de uno a otro a la velocidad de la luz, del que me conmueve al que me despierta el más oscuro brote de indignación y despecho, y ese miedo tan oscuro que te tiene masacrándote el cuerpo para olvidar quién sabe qué cosa me hace mantenerte a una sana distancia. Yo ando de romance con la vida, ya pagué mis cuotas de espanto, miseria y soledad. Cada cual salda sus propias deudas.


Y cuando después de todos los discursos que me digo creo que ese puente por fin quedó superado, algo hacés de nuevo, algo que me sorprende para recordarme que nunca vas a dejarme ir. Que no quiero irme. Que no hay otra persona en este mundo que pueda llevarme a ese lugar a donde vos me llevás, ese que cada vez se parece más a la plenitud.

Entonces vuelvo a soltar lo demás y me embarco en este matrimonio invisible a caminar codo a codo en el hacer hasta llegar otra vez a un pico más alto que el anterior.
Y me pregunto si esta vez será por fin la cima y me digo que no, siempre puede haber más, lo que cambia siempre es el punto de partida.

(Amo lo que hago.
Hago lo que amo.
Amo con quien hago.
Hago con quien amo.)

jueves, 27 de octubre de 2011

La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes.

..los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar..