domingo, 12 de septiembre de 2010

Alma compañera

Este primer día del maestro jipi lo estoy disfrutando como uno de esos cumpleaños de mucha joda espontánea durante cuatro días con los que a veces la vida te compensa.
Hoy vengo de mates e imágenes mentales escolares y de pronto caigo en una imagen que tengo de la China colgada de la reja del jardín de infantes al que ella iba, que daba al patio de la primaria en la que yo trabajaba, gritando endemoniada "mamaaaaaaá, soltá ese neneeeeeee", mientras pasaba yo caminando de la mano de uno rumbo al comedor.
Siempre odió de palabra a todos mis enanos, repartió entre ellos todas las caras de ojete que pudo cada vez que la rodeaban para idolatrarla cual Lourdes León del subdesarrollo. Ahora que Chinatown se puso adolescente rebeldeway y se pinta las uñas con paisajes de atardeceres y palmeras y las pestañas con rimmel, les dedica rosarios irrepetibles cuando yo cuento alguna anécdota sobre ellos y les frunce la cara cuando yo se las presento. Ni que hablar de los que le muestran simpatía.

Mi primer día de clase en Cuarto Creciente fue un día después que el resto de la escuela, porque la entrada a primer grado tiene carácter casi de pequeño rito iniciático y merece todo ese espacio. Agradezco a la vida tener la cara tan dura, porque me imagino que semejante protagonismo debe ser la agonía del tímido. Todas las miradas y las orejas están puestas en lo que sucede cada vez que la maestra llama uno por uno a todos los pequeños para que se acerquen a la ronda y todos los movimientos del evento parten de su hacer.
Contar el cuento que dará la primera imagen para entregarles luego un obsequio, llevarlos dentro del salón de clase (se entiende que no a la rastra, así que hay que desparramar la suficiente energía como para seducirlos y que se dignen a caminar contigo, oh desconocida, hacia el salón un piso más abajo..) y casi te diría que tu año escolar entero dependerá del éxito de esa empresa.
La China empezaba sus clases dos días después. Sabiendo de su contorsiones de espanto cada vez que la invito a alguna actividad con mis peques, le ofrezco acompañarme en mi primer día de clases.

Y para mi sincera sorpresa, me tira un sí relajado y certero y se las pica a dormir.

Día de marzo, día D. Todo sale bastante parecido a como se sentía, vamos bien, tengo todos los poros como antenas, son muchos, están enloquecidos, los parientes por todos lados, sostengo. Voy cantando rumbo a la escalera, cruzando los dedos para que ninguna abuela emocionada me descalabre la voluntad de los pequeños que miran desorbitados con tanto ruido y emocinamiento familiero. Entonces la veo venir al final de la fila, acompañando suavemente con los brazos a los descarriados para que no se dispersen, conteniendo la entrada al salón nuevo, sentándolos en la ronda mientras descanso sabiendo que no hace falta que le pida, ella me está acompañando. Y me mira y me sonríe guiñándome un ojo para enseguida decirle bajito a Gerónimo que ahora hay que sentarse despacito para poder escuchar... (Y por supuesto, sé que nunca podremos hablar tiernamente de la anécdota mientras se lima las uñas frente a feisbuc y me echa fuera de mi propia habitación devenida en su escritorio)

martes, 7 de septiembre de 2010

Viento en popa






Tuve que matar todas las cosas que fui.
Tuve que abandonar todos los amores, los puertos, las familias, los saberes, hasta abandonarme a mí.

Y después, elegir.

Elegir yo cada cosa, no heredarla, ni suponerla, ni transarla, ni tolerarla.
Elegir lo que sí y lo que no, porque ya sé cuál es la medida de mi alma y cuáles son los temporales que sé que puedo capear. Y con quiénes me subiré a bordo, porque sólo acepto que la compañía sea buena.

Elegir no volver a elegir ciertas cosas, ciertos lugares ni ciertas personas (porque, ya comprendió mi corazón que hay cosas que no cambiarán porque nunca estuvieron dispuestas a hacerlo).


Y entre todas las cosas que vuelvo a elegir, las elijo de nuevo a ellas, mis comadres, mis iyás. Todas esas mujeres que sienten algo latirles dentro y allá van a hacerlo sonar, caminando por la Boca, entre evangelistas y vecinos que fuman en las esquinas.
Las elijo de nuevo a todas ellas, así, imperfectas, hermosas, capaces de hacer una música generosa y solidaria, de patio de malvones, de veredas.
Porque cuando me veo parte de ellas, me reconozco.

(Y nadie como ellas sabe darte la bienvenida..)

sábado, 4 de septiembre de 2010

Astetndenius..

(Estos días los enanos están muy jugadores. La lluvia y el frío revivieron las ganas de estar adentro construyendo fantasías representadas.)

Cuando era chica, convencía una y otra vez a mi prima y mi amiguita de seguirme la corriente en el delirio. Yo era siempre un ángel de Charlie (preferentemente que interpretaba Jacklyn Smith) o la mujer maravilla, y toda nuestra tarde se pasaba rescatando al capitán Steve o matando japoneses karatekas y malos. A veces éramos gente que hablaba en inglés (ese lo jugábamos poco porque nos obligaba todo el tiempo a traducir el gangoso sonido con que emulábamos la lengua y resultaba tan poco fluido como esta aclaración en el medio), otras eran tardes más folklóricas, de mancha algo o cigarrillo 43.
Pero había un juego por sobre los otros que a mí me fascinaba. Usando los escalones de los umbrales yo cantaba como Liza Minelli (en un inglés de mierda...)



"auananueicap
indeciri dat asentslip
tufan a kinofajil
dajonejit.."

y el Frank Sinatra de los discos de vinilo de mi mamá me hacía los coros en mi cabeza. Yo no podía dejar de bailar y mover los brazos con los ojos cerrados, y era tanta la alegría que eso me daba que las otras dos siempre querían hacer de bailarinas y terminábamos las tres a grito pelado cantando.

(Tengo una opresiva sensación a la altura de la boca del estómago. Un deseo incumplido que raspa y obliga. Necesito un momento sin ningún oyente presumible para cantar totalmente expuesta y con toda la potencia de mi caudal posible, para poder cantar otra vez así..)

domingo, 29 de agosto de 2010

Pensamiento lateral: (¿Habrás encontrado las migas que tiré para que logres encontrarme? Tanto confío en el viento que me niego a dejar piedras.)

jueves, 26 de agosto de 2010

Así.


Hoy no estoy encendida. Más bien tengo un resplandecer sereno, como las brasas entregadas a arder en el descanso que le sigue al haber sido llama abrasadora.
Espero el viento. Espero el viento como otros esperan el agua.
Hoy no quiero tomarme el trabajo de encenderme. Ardo, crepito, aquí, parte del universo, pero no encuentro motivos para volverme llamarada.
No es tristeza sino más bien hastío. En este andar de novia con el mundo, me cansé de empujarlo.
No se lo dí todo todavía. Sigo siendo un volcán, una selva, un templo.
Pero hoy me cansé
de los oídos sordos
las manos cerradas
las bocas repletas de palabras necias
la importancia personal
la brusquedad
la tozudez
la estupidez
la soberbia de los insignificantes
la arrogancia generalizada
la desconfianza como norma
la doble cara
y de esta agotadora tarea de ser yo.

Y te lo digo mirándote derecho a los ojos, mundo pedorro: de ahora en más, si querés carnaval, vas a tener que laburar apretando este pomo.

Listo.

lunes, 23 de agosto de 2010

Reverberaciones



En las tardes tempranitas de mis seis o siete años recorría las casas mientras todo, todo el mundo, en el verano de enero de las tierras del norte del conurbano, dormía la siesta. En mi calle que era calle sin salida (ahá..), todas las puertas vecinas estaban abiertas. Éramos los hijos de todos, los nietos de todos, entrábamos con hambre a todas las cocinas y los panes con manteca y dulce de leche nos decoraban las caras sentados en el cordón de cualquier vereda.

Cuando las dos de la tarde soporizaban el mundo, el movimiento literalmente desaparecía, los negocios cerraban, las cocinas estaban limpias y las noches prometían ser bellamente largas. La vida se rendía a la frescura de unas sábanas para entregarse al ritual de la siesta con tanta confianza que entonces el aire entraba por las puertas abiertas.

Pero yo jamás dormía.

Todo era silencio de voces y sonido de pájaros y vientos tibios agitando las copas pesadas de los paraísos en las veredas. Yo miraba al pasar de la calle a la cocina (o viceversa) los dormires de mis abuelos en el cuarto en semipenumbra, lo blanco de las sábanas y esas basuritas que flotan en el aire cuando el sol cruza las ventanas abiertas.

Todo dormía. Yo vagaba por la casa. O miraba hormigas. O buscaba gente en los balcones lejanos que estuviera en alguna situación como la mía.

En estos últimos tiempos siento sobre el mundo y mi cuerpo una soledad tan infinita como la de aquéllos días..


miércoles, 18 de agosto de 2010

Presagio de primavera


Septiembre se revela
en la verdad de los sonidos matinales que ya cambian.
Ahora son de gorriones que se llaman
se anuncian.

Despiertan las semillas
bajo la tierra todavía fría
con la fuerza suficiente como para abrirse camino hacia el sol que las reclama.

A veces siento que también yo despierto.

Y no me animo con él al silencio.
Hay cosas que en el silencio se vuelven inevitables,
se dejan llevar como ríos,
sólo a veces,
sólo con quiénes.

Miro y es una manada
y de todos ellos sé que será solamente uno
pero podría ser cualquiera.

Y también podría ser ninguno.

Él siempre está al borde de que lo asesine.
Él saca lo peor de mí.
Él no está disponible.

Y el silencio, las pocas veces que ocurre, es un atardecer sentados en el colectivo cuando septiembre empieza a ser octubre y los naranjos.

lunes, 16 de agosto de 2010

Para el bolsillo del caballero


Continuando con mi tesis sobre cómo dar por tierra con cualquier vestigio de coraje que impulse a un muchacho a invitarme un café, me despacho a gusto enunciando, una vez más, desde este humilde espacio mío, lo que se me viene en gana (o se me canta en el orto, como más le guste, sea libre) porque es mío.

Que la mierda sea habitual no significa que esté bien.
De la misma manera (siguiendo con la línea derechita del pensamiento mismo) que todo el mundo ejerza una conducta similar en algunos aspecos no no significa que eso mismo sea lo que HAY que hacer.

No lograrán convencerme, a fuerza de banalizarlas, de la intrascendencia de las cosas trascendentes.

Compartir el cuerpo con alguien más tiene que ser, a mi entender, una experiencia diferente al onanismo. Sin conexión, muchacho/a (s), no es posible el erotismo.
Hay cosas que no deben dejar de ser un arte para pasar a ser un mero deporte. Porque cuando todo se banaliza, nada satisface. Ahí es donde el agujero negro se vuelve inllenable.
El sexo no es una necesidad fisiológica, no me rompan las pelotas. Los seres humanos pueden mover fibras más finas que las puramente químicas del reino animal.
No estoy hablando de romanticismo barato, sino de encontrarse unas con otros (o la variedad que le guste citar).

Entonces, digo yo recordando tu cara de banana mientras me sugerías que me trepara a tu somier:
¿Qué loca convicción te hace suponer que siendo todo lo jodido, irónico, desconsiderado, desagradecido y ácido que se puede ser, tenés la mínima posibilidad de despertar en mí algún tipo de deseo?
¿qué me viste, cara de grupi, boludo?
No hay nada más descalentante que un tipo que no mira otra cosa que su ombligo, no logra recordar el nombre de ninguna chica y no sabe compartir un silencio. Ningún talento compensa un corazón helado.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Milagros


Ella venía caminando por el patio, con su metro y apenas algo, con ese cómico bamboleo de diva pequeña, golpeando una contra la otra las dos fuentes de redondo metal en las que su papá nos convidó hoy la merienda.

(Es la más caprichosa de todas las diminutas leidis de mi clase, puede convertirse en un minuto en la pesadilla de todo maestro, la que deambula por el salón de clases provocadoramente para empezar una carrera que le quita a cualquiera todo vestigio de autoridad. Y en sus ojos reluce una dulzura infinita, un alma de reina madre compasiva, y te suelta en la cara verdades como bifes, y te deja noqueada pensando la vida..)

Ella venía caminando y yo la miraba venir como todos en la puerta de la escuela, agolpados intercambiando saludos y noticias de la jornada de clases. El ruido de las asaderas golpeándose resonaba claro en el barullo festivo de la salida y la atención de todos se sentía levemente reclamada.

(Los chicos habían preguntado por Iván. Finalmente llegaron a la conclusión de que algo en él era diferente. No es sencillo explicar el autismo cuando yo misma no tengo totalmente claro de qué se trata. Entonces, en el afán de darles una imágen para comprender, les dije que Iván todavía no había encontrado el camino para encontrarnos. Caras de comprender perfectamente, tasa-tasa, y a la mañana siguiente, mientras preparo la merienda, ella viene y dice lo más fresca - Yo creo que para que Iván pueda encontrar el camino para encontrarnos somos nosotros los que vamos a tener que entrar en su mundo y encontrarlo a él-, y se queda mirándome como si yo pudiera volver los ojos a mis órbitas y darle una respuesta.)

Ella venía caminando y haciendo sonar fuente contra fuente y cuando estuvo en el medio del tumulto de la salida, en lugar de cantar el payaso plin plin o decir "paso a la reina" soltó:

Escuchad, escuchad el resonar de la conciencia

y nos dejó pasmados.

lunes, 9 de agosto de 2010

Reflexiónlogía




"Yo lo que quiero es encontrar un dinosaurio, un meteorito, una cueva que sea la más grande de la Tierra" (Ricardo Iorio, Rolling Stone)


Yo lo que quiero es cantar todas las canciones, explicar el mundo, probar todas las frutas, encontrar un lugar en donde la vista sea siempre la que me hace latir el alma como un río, proyectar mi sombra sobre esta tierra con la cara al sol y el corazón gustoso, hacer un descubrimiento, comprobar una hipótesis, aprender algo nuevo, encontrar un continente, cantar con dosmil personas una misma canción, conocer gente viva, escribir un libro gordo, esperar a la muerte andando a caballo, explorar los días de septiembre en bicicleta, conquistar calles desconocidas y puentes olvidados, pasar corriendo o mejor volando, elegir cada vez, celebrar los encuentros, andar los caminos que tengan corazón.

Nunca más sentir que estoy esperando.

lunes, 2 de agosto de 2010

Volutas




Con alguna gente, las cosas son fáciles como agua, cómodas, gustosas.
Con otra es un eterno partido de ajedrez.
Hay gente sosa que te hace bostezar y perder la atención detrás de cualquier otra cosa que no sea su diatriba sobre el monotributo o algo así.
Hay gente que te provoca ser vos misma en tu versión hardcore, que tanto puede ser para el lado criminal como para el apasionado.
Hay otra que gira en falso y se cae siempre en el mismo lugar.
Hay gente inolvidable.
Hay gente imperdonable.
Nadie es imprescindible.

domingo, 1 de agosto de 2010

Sábado en el living








Tenemos ganas de ganarle al invierno permanente del carácter y templar las cuerdas del corazón. Abrimos la puerta que da al patio con parrilla para salir a jugar. Con un buen fuego, muchas manos y algunas botellas de tinto de corazón añejo, sale esto y se desparrama por una noche fría de julio, la última.
¿Se puede pedir algo más? (Si.. un vestido y un amor)

Click y nada más que ponerle orejas.


Fogo e paixáo by chicapasacontambor


Mundo entero sambado by chicapasacontambor

jueves, 22 de julio de 2010

Che..

¿Cómo se hace para decirle a alguien "no es hora ya de que te internes de una buena vez y dejes de meterte esa mierda por la nariz que saca una parte tuya tan asesinable? Cuánta gente en coma, cuánta gente muerta, cuánto tiempo más de esa vida sosa en donde no se le siente sabor a nada? A mí me importa lo que estás haciendo con tu vida. A mí me importa que no te conviertas en un hijo de puta. A mí me importa que no explotes un día marcando los azulejos con tus tripas.
Solo no podés. Entonces entregate.
Si te vas a morir, morite con gloria. Así no."

Por favor, ¿cómo se hace?

Uno ida y vuelta, por favor.



Mi miedo de siempre, desde que recuerdo, era que un día me internaran en un manicomio a la rastra mientras yo gritaba que no estaba loca pero sin estar demasiado segura de nada.

La locura me intriga. Creo que hay un fondo de extrema libertad en ella que al final te deja solo y preso. O no.

Por alguna razón que tendrá que ver con esto, siempre, absolutamente siempre, se me pegan los locos. En la calle, en el subte, en las esquinas, en los bondis, en los paseos, en los restorans (si, si, no dije bares. Ya me estoy volviendo Teté Coustarot..)

Ayer, lindo lindísimo día, voy a lo de Andre, a su lago de mariposas allá cerca del río, tarde de violín y de tablas y cosas de Esteban que llegaron de India, matear al solcito, hablar de la vida y los vericuetos para templar el alma mientras noto a las carcajadas que la antroposofía me está invadiendo la sangre y que el día en que diga que no a un fernet estaré definitivamente al horno y tomada por completo. Emprendo la vuelta, emponchada de lana, con esta pollera larguísima que es lo que se me dió usar ahora (muto. No logro dejar de mutar..), con el pandeiro cascabeleando dentro de mi bolso y los udus que Andre hizo para mis niños, uno en bolsa, otro a upa, dispuesta a enchufarme a la música y mirar las casitas por la ventana del tren de la costa.

Primer embole: el tren viene considerablemente lleno. No puedo elegir la ventana con total libertad.

Embole dos: No puedo caminar mucho con las manos tan ocupadas, así que me siento en el el primer lugar que diviso vacío. Frente a mí viaja sentado un hombre.

A los cinco minutos estoy en una película de los hermanos Wachowski.

Arturo dice que se curó en el Vieytes, que los del Borda lo atienden ahora pero no saben nada, los del Vieytes sí, esos lo curaron en cinco minutos cuando lo llevó su mamá. Que tiene una novia brasilera allá en la isla. Que le dieron una pastilla en el Gancia cuando era chico, esos gronchos hijos de puta que iban a bailar a Nino y que eso fue lo que lo descontroló. (Cada vez que la nombra, aclara que su mamá se murió hace dos años y baja la cabeza como un niño triste). Me muestra dos papeles plastificados con sellos del gobierno y escuditos argentinos que son los que usa para viajar gratis por todas partes. Hasta un avión si quiere se puede tomar, dice. Tomá piba, ¿cuál querés? le dice a la guarda que se hace olímpicamente la boluda y le sonríe mientras con la manito le hace el gesto de "no hace falta, todo bien" y hace mutis por el foro sin ni siquiera mirarme una vez. Tengo el cuerpo listo para el minuto de levantarme sonriendo y cambiar de asiento. Me cruzan como un disparo todos los miedos (que se raye, que me sacuda un bife, que me escupa, que me haga una toma de karate y me liquide) y ahí me paralizo. Me pienso loca. Me da un frío sentir que lo que está dentro de la cabeza no puede salir porque lo invade el caos y no logran las palabras ponerse en fila. La puta, qué soledad viceral. Y contra toda la tranquilidad de mi señora madre, emprendo con Arturo la más loca conversación. No hago que converso. Converso con Arturo como loca. Y sacamos conjeturas sobre la pastillita que lo enloqueció, y le digo que la isla que yo conozco se llama Martín García, que no hay que pensar en lo que pasó para atrás, le pregunto si conoce a los de La Colifata, me cuenta que se dio cuenta de que estaba loco porque después de tomarse el Gancia se fue a su casa a plancharse el pelo.

La gente baja la voz y de pronto carcajea nerviosa y vuelven a bajar la voz, porque nosotros conversamos en voz alta.

Nos bajamos juntos en Maipú, caminamos hasta el puente y le dije:

- Yo me quedo acá.
- Bueno, muchas gracias, la verdad es que la pasé muy bien, señorita.
- Y yo también (le digo con total honestidad y sonriendo)

Y tranquilamente nos saludamos con un beso cordial en la mejilla y emprendemos de nuevo caminos distintos.



domingo, 18 de julio de 2010

Entendimiento



Podía tocarse en el aire lo que flotaba cada vez que coincidían en una habitación porque era como una suelta de globos, una carrera de barriletes, una kermés.

A veces era tierno, era de tirarse miguitas en la mesa, de jugar con arena en el patio, de serena certeza de lo sabido.

A veces era fuego, como imanes en los poros de sus manos que la abrazaban en la penumbra de un amanecer en la cocina apretándole la respiración y el deseo.

A veces eran paltas y libros de conocimientos ancestrales e iniciáticos.

Pero ahora ella no dejaba de ser ella, la que fue mil veces antes de olvidarlo. No quería esta vez que se le escapara el detalle de no buscar el destino de sombra a sus espaldas sino el de estrella que alumbra su amor de perro.

Y ahí andan, al borde de la cornisa.

viernes, 16 de julio de 2010

Pequeño corazón, y brilla como el sol, y canta como el mar..

Hoy, viernes, último día de clases. Todos fueron llegando alegres esta semana, soltando su pequeña felicidad de vacaciones. Como la merienda no llegó, decido mimarlos cumpliendo sus ruegos merenderiles y con la complicidad de las preceptoras transgredo la salud alimenticia y les preparo pan negro con manteca y dulce de leche. Ni bien se enteran la mañana es una fiesta. Todo lo hacemos cantando, untamos panes, tejemos atrapasueños, juegan tirados en la alfombra, y ya en el colmo de la felicidad me ruegan hacer un "pingui" (me los morfaría a besos cuando luchan para pronunciar pic nic) cerquita de la ventana. Y por supuesto, en una muestra total de debilidad, les digo que sí y allá vamos, como los gitanos, entre sus telas de colores.

Los platos con los panes, las tazas y el té de yuyitos, yo que ando pendiente de Iván que viene y se me escapa en su deambular y los escucho que discuten algo entre ellos allá en la otra punta, todos alrededor de uno de los platos. Siempre andan al acecho de la rebanada más suculenta, y suelen tener largos intercambios de reclamos de soberanía varios para ver quién logra quedarse con el botín. Cuando ya estoy empezando a alistarme por si hay que intervenir, con la atención repartida entre el deambulador y lo que sucede, noto que la discusión termina. Entonces uno me llama:

- Maestra, tomá.

Estira la manito sosteniendo un pan lleno de dulce de leche.

Yo:- Pero ese tiene mucho dulce..
Nico: Si.
Yo: (algo confundida) Pero..¿no les gusta el dulce de leche?
Nico: Si. Esta es la que más dulce tiene, todos la queremos.
Yo: (atónita)..¿y me la dan a mí?
Nico: Si. Como todos la queremos, te la damos a vos.

Y yo caí muerta de amor a todos sus pequeños piés.




miércoles, 30 de junio de 2010

Rumiando gripalmente

Otra vez estoy cambiando. Y siguiendo la ley de la naturaleza, cambio en junio para florecer en septiembre una y otra vez.

Pienso: todos estamos convencidos de que nosotros somos los buenos, la razón es nuestra y lo que hacemos es lo que todos deberían hacer. Todos. Hitler también.

Alguien dijo tenemos dos oídos y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos. No se confunda el verdadero sentido de escuchar con el mero percibir la vibración del sonido en el aire. Escuchar es sentarse y abrirse de manera tal que uno queda expuesto a cambiar de opinión.

Lo demás es pantomima.

(sigan tranquilos en lo que estaban, ya me iba..)



lunes, 14 de junio de 2010

Con el crudo en las bodegas...


Si algo tengo aprendido a fuerza de práctica es que saber cuándo partir es tan importante como dar el primer paso. El humano se agarra a las situaciones y las cosas frenando los procesos, deteniendo las ruedas, perturbando el ciclo de nacer y morir que todo sobre esta tierra lleva en su impronta.
Asi como una debe saber cuándo abandonar a Roberto antes de que el daño que se hagan mutuamente se vuelva irreparable, así fue lo mío con los Rolling Jipis a la luz de los acontecimientos que marcaban que entendíamos las cosas con ojos distintos.
Quizás se conviertan en los nuevos Cadillacs o algo así, quizás el disco reviente en las radios y obtengan el polvo de estrellas que persiguen. La verdad es que en el minuto a minuto yo no pude seguir sintiendo las mariposas en el estómago que necesito para saber que lo que estoy haciendo lo estoy haciendo con el corazón.
Y así, en un pase de magia sin rituales, levé anclas para encontrar tierras más sabrosas para mí a la hora de soltar lo que vibran mis cuerdas.



sábado, 12 de junio de 2010

Libertad, libertad, libertad

Leo en Yahoo una nota (siempre leo todas las pelotudeces de los links. Es un vicio, como rascarse la cera de las orejas o meterse el dedo en la nariz.) que habla del actor que interpreta a Gandalf, Sir Ian McKellen. Dice con respecto a su decisión de haber declarado que ama a otros hombres, "En ese entonces, mi agente me aconsejaba no salir del clóset. Muchos de mis amigos creían que era un acto valiente, pero para mí era simplemente inevitable."

Qué maravilla, pienso. En un acto total de libertad ser exactamente quien uno es, ir hacia la verdad como un disparo de bala, sin eufemismos ni derramamiento innecesario de palabras pensadas.

Derramarse siempre por la vida, respirar el instante y dejar que sea el corazón lo que salga por el cuerpo y la boca.

Decidir sin tener en cuenta los doscientos pesos que pagó por esa conferencia que le resulta un oprobio repleto de egos de elite donde no se siente cómoda ni un poquito así y no siente que pueda fluir con libertad cantando, e irse a la mierda y no volver a las dos jornadas que restan.

Optar solamente guiados por el sentir que nace del propio centro hasta que, alguna vez por fin, no ser uno mismo se nos vuelva imposible.


viernes, 4 de junio de 2010

...

Se oye.

Cuando el río corre, la sangre,

el aire entrando en los pulmones,

el silencio junto a las ventanas, el otoño,

venir el invierno como los cascos de un caballo,

la nieve cocinándose, cociéndose el amor,

su espíritu jovial y su don de elfo o de duende,

se oye cuando me mira.

Y yo no le bajo las pestañas.