domingo 8 de noviembre de 2009

Libromancia (cuando la vida me da un abrazo)

Lindo domingo.

A la noche de sábado en el galpón con amigos siguió un asado con tambores al mediodía (con boy scout tocador de armónica incluído) y después un ensayo multitudinario donde estrené bailar y cantar al mismo tiempo. Nada mal. Hice bastante lo que se me cantó en el orto todo el fin de semana.

Me siento en el living a escuchar la radio y dejar que mi mente navegue en esa especie de balance semanal terapéutico que me permite el no tener televisor (te juro, mamá, que el sonido de una casa sin televisor es totalmente diferente). Suena en mi cabeza de fondo la canción que me pegó Luciana (..tu no faz como pasarinho que fez um ninho y a vuo oo oo oo ooooo..) y otra vez al rato ya vuelvo a dar vueltas en los mismos temas ya tan deshilachados, y otra vez buscar el mantra que traiga la calma a esa leve alteración de mi armonía, y entra la china con un libro que le prestó el padre, me lo muestra, lo estira en su mano y recuerdo ese ejercicio que solía hacer, tomo el libro, suspiro, lo abro en una página cualquiera que elijo con toda la intención de escuchar una respuesta. Y en el libro Wicked de Gregory Maguire, página 279, leo:

"- Tranquila, bonita, que todo irá bien. Descansa sobre el pecho de la loca de la Madre Yackle. La Madre Yackle te llevará de vuelta a casa."

Amén.


Prospecto (Lease antes de consumir)


Continuando con mi costumbre de practicar el sincericidio, confieso que estoy totalmente enamorada de Diego Torres.
Algo tiene en su campechanismo, algo de jugar al sol en la vereda, una forma de reírse de sí mismo que me da alegría. Ese aire de amigote que juega al fútbol con los otros gordos de sus amigos ya cuarentones como en un ritual sagrado desde hace mil años porque sí, las arruguitas de la gente que sonríe mucho, esa mamá tan linda que cantaba como un ángel y que mi abuela idolatraba (sobre todo por lo casta), esa sensación de que es de los que te agarran mientras te arreglás, te hacen sentir linda porque te ven linda y te muerden el cuello con deseo aunque ya no tengas veinte, de jugar fácil y totalmente cómplice, cara de buen compañero, de que se ríe de lo mismo de lo que te reís vos (la gloria de compartir con el otro esas secuencias graciosas que pasan y nadie más ve).
Yo lo he visto mirar a una mujer con ojos de total admiración y deseo y desde ese mismísimo día ando buscando esa mirada, quiero sentirme mirada así.

Por eso es que ando por ahí sola.
Es que yo quiero éso.

sábado 7 de noviembre de 2009

Esencias, parte dos.

Yo tenía veinte años, vivía en un quinto piso interno en pleno aparato digestivo de Belgrano, en barrio de comida kósher y ropa de oferta. Estudiaba arte dramático y danza, trabajaba como moza y como depiladora para mantenerme a duras penas, y era increíblemente feliz yendo en bondi por todo Buenos Aires para hacer una cosa distinta en cada punto cardinal. A veces amanecía dormida en la bañadera, con el agua helada que había estado hirviendo la noche anterior, cuando metí mi cuerpo agotado de bailar cuatro horas a distender sus músculos para poder seguir.
Yo tenía veinte años y el programa más lindo para un sábado a la noche eran unas botellas de gancia y todas nosotras bailando a Fito en el balcón de mi casa:

...*coro

Yo te conozco de antes
desde antes del ayer
yo te conozco de antes
cuando me fui
no me alejé
llevo la voz cantante
llevo la luz del tren
llevo un destino errante
llevo tus marcas en mi piel
y hoy solo te vuelvo a ver..

La negra, mi hermana, tiene razón. Mis recuerdos de toda la vida están siempre musicalizados por una canción en particular. Puedo ir directo a la sensación de aquél momento cuando escucho la canción que lo marca. Los olores, las tristezas, los sonidos.
Nunca elijo los temas por mi misma. Son las canciones las que me buscan y aparecen como telones de fondo que graban el recuerdo como un tatuaje. Y por lo general, la vivencia es tan personal que los demás involucrados jamás se enteran, o no recuerdan.

Tengo la sensación de que cada canción que hay en el mundo le provoca a por lo menos un individuo del planeta algún recuerdo profundo. Por eso es tan lindo, por ejemplo, cantar una canción que sabidamente ha conmovido o conmueve a multitudes. Así la canción se carga de un sentimiento bello, de un recuerdo emotivo, una esencia que se puede ver nítidamente al cantar con los ojos cerrados un momento. Y entonces, al invocarlo, se devuelve ese momento de emoción lejano a la gente.

Eso es lo que, a mi entender, marca la diferencia entre cantar una canción o interpretarla.

Aguante Cacho cantando "La gata".

Nada más.
Pueden seguir en lo que estaban.

viernes 6 de noviembre de 2009

Esencia de maldito jipi


(Conversación en tono de resúmen de lo que fueron los últimos dos meses de mi vida que se llevaron 13 de mis kilos y mis horas de sueño, con uno de los malditos jipis como interlocutor)
Yo:-...pero ahora está todo tranquilo, de golpe es como que todo se acomodó.
Jipi:-Claro. Pero también puede ser que estés en el ojo del huracán..
Yo:-(...)Gracias. No lo había pensado. Ahora estoy mucho más tranquila.

Fin.

jueves 5 de noviembre de 2009

Grabación 5º disco chilingo: Odisea del espacio

Lunes 2 de noviembre, cumpleaños de Pol.
El mensajito de Dani conminándome a ir con tres signos de admiración me dio ganas de ir un rato ahí con ellos a desordenarlo todo, enloquecer a Walter y tomar unos mates con chúker. A que nos echen por hablar en el medio de la grabación, a subir y bajar la temperatura de la maquinita del agua, a cantar el feliz cumpleaños a los gritos y entrarle a la torta como desaforados.

Para muestra, basta apretar el botón (del triangulito)

Ahh... necesito más.




video

sábado 31 de octubre de 2009

Por portación de tetas

Como ya he dicho hasta el cansancio por acá, soy maestra. Por mi cargo de cuatro horas al frente de los niños, más todo el trabajo de planificación e investigación que requiere mi tarea, cobro la fortuna de mil quinientos pesos por mes.
Alquilo mi casa, por la que pago exactamente lo mismo que lo que gano. Por suerte el lugar donde trabajo recompensa mi esfuerzo dándome otro trabajo a la tarde en donde hago setentayocho cosas distintas al mismo tiempo, atiendo público, teléfonos, niños golpeados y dos jefes con sus respectivos invitados que funcionan a café (que yo les sirvo). En ese horario, y con diez años de antigüedad a puro parto en la empresa, gano cincuenta pesos más que a la mañana más una asignación por hijo (yo quisiera saber qué le resuelvo a un hijo con 136 pesos por mes..)
Por alguna razón, por ser mujer, siempre he ganado/hemos ganado menos que hombres ( que sabidamente tienen una atención focalizada y no múltiple como la femenina) con la mitad de capacidad para resolver situaciones simultáneas.

Ejemplo:
De lunes a viernes: vas planificando en el laburo el menú de la noche y las compras que tenés que hacer mientras corregís los cuadernos fijándote que el salame de Felipe haya copiado todos los números del pizarrón, repasás lo que tiene que hacer tu hija a la salida y a dónde la tenés que ir a buscar, cocinás mientras bajás los mails y ordenás el cuarto de la pendeja que perdió el velador entre la ropa sucia y hablás por teléfono con tu amiga que te relata su conflicto psicológico que le causa tanto disgusto en su relación con los muchachos y ahora está saliendo con un pibe, y das gracias a la vida por no tener en el living sentado un Homero que mira el noticioso y cada tanto te grita "¿cuánto falta para la cena?" como te pasaba unos muchos años atrás, mientras vas calculando la porción que tenés que sacar para la vianda de la piba mañana en la escuela, le hacés el análisis psicológico que tu amiga anda necesitando escuchar (gauchada que tantas veces por suerte te hizo ella a vos también) y no te olvidás de pagar la luz por internet. Toda esa destreza bien entrenada aplicada también a cuidar a veintiséis enanos de seis años que se creen inmortales y practican saltos de altura, piden ayuda al mismo tiempo mientras la secretaria te viene con cuatro mensajes de padres que piden cosas distintas, o tomás seis mensajes telefónicos, filtrás llamadas de venta, atendés a cuatro madres por la ventana, sacás cinco fotocopias de las páginas ocho a trece y cobrás dos almuerzos y un campamento. Y sin dejar de estar espléndida, por supuesto, que la imagen es todo.

Pareciera como si todas las mujeres del mundo trabajáramos porque nos queremos entretener fuera de casa o como si fuéramos castigadas por no tener al lado un par de bolas que aseguren un ingreso algo más importante.

Cristina, yo sé que los hijos de puta te la van a complicar a muerte porque todos piensan que deberías estar comprándole pollo para comer a tu marido en tu casa y yendo a buscar a la nena que te salió bastante fiestera, y tampoco te falta la yegua frustrada que no pudo sentarse en tu sillón y te tira mierda cada vez que puede, con un jorgerrialismo insoportable. Pero, negra, por favor. No te olvides de que nuestra capacidad sobre ellos es la mirada abarcadora.
Bajáles el sueldo, dales una patada en el culo y llenáte el congreso de polleras. Decíle a la gorda que se calle y se acuerde de cuando también fue una jipi que andaba con los tercermundistas y salía sin peinarse a decir lo que pensaba, que no sea sorete y demuestre un poco de solidaridad de género, así como hacemos las madres de niños grandes con las confundidas primerizas. Ponete de nuevo la camisita a cuadros, arremánguense todas como sabemos hacer cuando hay que meter mano en los pañales sucios y, de una vez por todas, hacéme sentir en ventaja cuando escuche "hembra, dijo la partera"..

lunes 26 de octubre de 2009

El mundo es un pomelo

Sábado, once de la noche. Casa de la Meji llena de jipis famélicos después de tocar en costanera sur. Pedido al boleo de sólidos y líquidos a dos lugares diferentes. Meji estupefacta mirando el precio del pedido: ochenta y ocho pesos exactos en cada lugar. 88 88

Hoy, 20.37hs, entro a mi blog a pelotudear y miro el contador de visitas. Dice 22 22.

Empiezo a sentirme como el gordo de LOST...


domingo 25 de octubre de 2009

Calmar la sed


(Muchas veces, de pronto en el medio del malabarismo diario, me pregunto ¿cómo llegué hasta acá? ¿cómo fue que llegué hasta acá?)

Hoy toqué con 200 tamboreros frente a la estatua de Lola Mora. El sol me daba en los ojos y bailé cada golpe, ahí en el medio de todo, adelante y atrás y alrededor. Recargar esa otra realidad, la que me gusta, hacerla superar la medida de la otra que no puedo cambiar y contagiar eso como una gripe. Encender la alegría porque sí, porque es sábado y más o menos todos nos sabemos los mismos golpes y vamos, que el día está lindo y tenemos ganas.

Pensé en el río Quilpo y en aquella serena sensación de poder sobre mi propia vida cuando trabajé sin querer cobrar un peso, siendo yo la única opción posible para la cocina.

Pienso que lo inevitable es justamente así, inevitable, y que la energía vital desperdiciada en angustia es energía perdida.

Vi todas las espaldas de los tamboreros bailando en esa escalinata como un mismo mar rojo, amarillo, verde, violeta, las masas subir y bajar, las cuerdas ensambladas, Dani intentando cantar y ahí al lado de mi oreja que fue una fiesta cuando su timbal y el redo de Martincito hicimos ronda de festival para tocar, y tocar, y tocar.

viernes 23 de octubre de 2009

Pequeña enumeración que me sienta de lo más bien enumerar.

"Sé feliz" escribe mi vieja en su mensaje de despedida antes de viajar con sus compañeras del Instituto a reencontrarse otra vez con su adolescencia ahora tanta vida después.

Yo estoy enamorada de la vida, del milagro de la sincronización, de la ley ineludible que trae de vuelta justamente lo que se envía, de los encuentros mágicos como chispas de estrella fugaz que me acercan el corazón a gente que no conozco, de la música que escucho todo por adentro y que me sale por los poros y por cualquier lugar como el agua cuando canto con los ojos cerrados, de los abrazos con amor del bueno, de la risa cuando brota incontenible, de mirar a los ojos, de mis enanos, de la Chilinga y de su gente, de la gente buena de corazón sencillo y ardiente, de las ceremonias y los rituales, de ser la madre de mi hija, de los ojos y las voces y las almas de todas mis amigas, de mi gata y su manía de besarnos las manos, de tener nísperos en la vereda para saborizar el viaje al trabajo en bicicleta, de mi jazmín lleno de verde clarito, de los paraísos florecidos camino a casa por Olivos, de la luna que asoma en su cuarto creciente y vuelve mi nostalgia menguante, de los besos que aún no dí, de la canción que todavía no me encuentra.

Fumá, mami.
Voy bien


miércoles 21 de octubre de 2009

Amo a mi mamá.

(Teléfono suena entre las porquerías apiladas en la mesa de la computadora. Levanto papeles, corro vasos, atrapo el tubo blanco. Es mamá.)

M: - Hola (con voz de preocupación) ¿sabés lo que pasó?
Y:- No..(temiendo un desembarco de kelpers enfurecidos en Puerto Madero o algo así). ¿Qué pasó?
M:-¿Viste esos chicos que se cayeron en un lago ahí en un cantri?
Y:-¿Qué lago? ¿qué cannntri? (esperando ya algo malo)
M:- ¡Salió en todos los canales!
Y:-¡¡Pero si no tengo tele, mamá!! (nunca dejará de reprochármelo...)
M:-Bueno (dándose una victoria sobre su argumento de lo malo que es vivir en un tupper como vivo yo sin el televisor). Unos chicos se cayeron en un auto en un lago..
Y:- Si, si. ¿¿Y??
M:- Que uno de ellos era el nieto del sobrino del abuelo Dimas.
Y:- ....
M:- De Benigno.
Y:-...
M:- De Emi. ¿Te acordás?
Y:- Mamá.. ¿para eso me llamaste?
M:- Si.
Y:- Mamá, cada día estás más parecida a la abuela.
M:- ¡Andá a la mierda!

(y ese fue nuestro intercambio mensual de desgracias y solapado reproche por ser una jipi rotosa que NO QUIERE tener televisor)