sábado 21 de noviembre de 2009

Madre mía


A quichicientos mil kilómetros, viajando las letras por el aire impactaron en mi teléfono: "Ayer interrumpí mi embarazo. Me siento muy mal y muy sola. Te quiero"
Putée en todos los idiomas por no tener máquina teletransportadora y un mes libre para correr a darle un abrazo y hacerle unos mates o una sopa (infusiones ambas que tienen la cualidad de entibiar las conversaciones largas)
Pienso en ella y pienso.
Amo haber nacido mujer. Amo mi complejidad y mi cara oscura, amo saberme cuenco para la vida, caverna musical, amo poder ser delicada y atendible. Pero cuando eso de ser sucede en un mundo tan agresivamente fálico como éste, a veces de pronto una mujer pasa de ser maría a ser magdalena. Hay secuencias (como la maternidad cuando no se da dentro del "marcodeunmatrimoniobienconsolidadoentredosprofesionalesquelometeránenlaguarderíaalos45días", y ocurre en una mujer que ha decidido vivir su vida con independencia) en que la soledad que una mujer puede llegar a sentir es dolorosa como un silencio total, como una noche oscura y con viento, como gente que ante nuestra vista, da la espalda y camina. Porque hasta las otras mismas mujeres parecen estar dispuestas a juzgar tu decisión, sea cual sea.

La maternidad es una cosa de la que no se habla más que con volados, moños y caras de póker. Toda nuestra educación consiguió llenarnos de culpa lo suficiente como para que no dejemos de reproducirnos como especie.
Una mujer de 35 años, a poco tiempo de dejar de ser lo necesariamente fértil y paciente como para convertirse en madre, empieza a entrar en el momento de cumplir o no cumplir con los mandatos. Y ahí es donde las otras, con un tufillo a revancha y el espíritu de que nos jodamos todas juntas, empiezan a poner piedritas de relojes biológicos e incompletudes.
Y digo yo...¿Por qué no empezar a ser solidarias y aceptar dentro nuestras verdades para poder comprender y acompañar el tránsito de unas y otras por esos lugares solamente reservados a la mujer? ¿por qué no abrazar en vez de levantar del piso la primera piedra?¿por qué no comunicarnos entre nosotras todos esos miedos, todas esas dudas, esos ejemplos de haber decidido por la biología y la especie que dejan para siempre en el fondo del corazón un sorbito de amargura con gusto a sacrificio?¿por qué no buscar la complicidad tribal de pasar el conocimiento completo, pintado con el humor que brindan la pertenencia y la complicidad?

Recuerdo mis 23 años, recuerdo dentro de mi una soledad insostenible, un sentirme perdidita en este mundo y haber deseado parir una amiga, alguien que me conociera perfectamente por adentro, alguien a quien enseñarle a mirar la vida con mis ojos para que encontrara los suyos y me encontrara. Soñé a mi hija con una cabeza llena de rulos y una sonrisa con dos dientes. Y ese llamado tan fuerte la hizo venir.
Recuerdo el dolor de sentirme incomprendida, sutilmente cuestionada, obligada a "pagar" caro mi desfachatez. Recuerdo los pronósticos de pobreza, de infelicidad, de trabajo duro, de tiempo perdido para siempre.
Y fui un barquito a vela entre los rompehielos. Mi corazón se comprendió mujer, de madera y tierra, de ríos. Cuando decidí, decidí también que no iba a ser mi hija, la generación futura, la que cambiaría el mundo para mí. Decidí que era yo la que tenía que empezar a cambiar el mundo para ella.
Lo primero que hice fue eliminar cualquier concepto de culpa que pudiera pesarle alguna vez sobre las alas (y para eso, saqué primero yo todas las culpas que tenía en la cartera..). Le hablé de la libertad de decidir que también encierra a veces pagar ciertos precios, de que el futuro de cada uno es el puro presente, y por eso cada día tiene que tener algo que te haga feliz, le hablé de amarse, de su belleza, de su singularidad que es la de todos, le mostré que uno es esencialmente siempre el mismo y nunca se debe perder la capacidad de jugar, que es la herramienta fundamental para aprender. Le mostré riéndome cada una de mis fallas para que pueda reírse de ella misma siempre y no tomarse tan en serio. Le enseño cada día que el mejor ahorro es compartir y dar lo que se quiere recibir, porque lo bueno es tan contagioso como lo malo, pero está mejor.
Entendí que, si somos nosotras las que criamos, las que educamos mirando a los ojos mientras alimentamos, las que damos las palabras y sus usos alfabetizando, preparando al humano para entrar en el mundo, debemos cambiar nuestro vocabulario y, por ende, la traducción que estamos haciendo del mundo.

Vuelvo a leer el mensaje.
Amiga, amada amiga, nadie más que una misma sabe bien cuándo se está lista para jugar esa carta y plantarse frente a frente con una misma, haciendo oídos sordos a toda la fábula que te rodea, y saber si estás lista para ser de una vez por todas vos misma. Acallar todas esas putas voces llenas de dioses inmisericordes y decidir.

De ahí en más, el mundo se empieza a convertir en hembra.

lunes 16 de noviembre de 2009

Ir a jugar

Domingo, dos de la tarde. Hay una fecha que nadie sabe bien de qué se trata (as ólueis..), una caminata por Avenida de Mayo organizada por el INADI, y nosotros venimos a ser el ala "afroargentina" de la comparsa...
Desembarcamos de la nave naranja y blanca (emblemático jipimóvil de alquiler) y el sol nos parte el marote dándonos una leve idea de que será una tarea ardua la de caminar tocando por el asfalto en llamas.
Reconocemos a los otros jipis que fueron derecho por la desprolijidad de nuestro uniforme que de "uni" no tiene nada. Mil versiones del pantalón chilingo se combinan con remeras de distintos colores, años e inscripciones, con el único denominador común de nuestro nombre escrito en la misma tipografía (signed by "Briyit" Díaz Ferreira). Allá vamos, como cartoneros portando tachos que suenan.
A Dani le gustan las marchas. Es feliz en esos encuentros multitudinarios en donde se da el gusto de enloquecer a doscientas personas al mismo tiempo mientras da saltitos y topetea la firmeza de los oídos con rulos y más rulos de timbal. Desarma las cuerdas, arma quilombos sonoros, hace todo lo que un mal alumno debe hacer con toda la impunidad que le puede dar el ser el dueño, el jefe, la esencia de todo eso.
Me hace cómplice de su indisciplina, se arma un foco de insurrección y de pronto cuatro fondos estamos saltando en una ronda murgonesca mientras él apaga los surdos y las latas y salta al compás.
El paso es demasiado ligero y cada cual tiene que buscar la mejor manera de no morir en el intento. Los tambores chocan, el camino es largo, el sol empieza a marcar los cuerpos y la voluntad y los toques bajan de revoluciones y buscan el descanso de la cadencia. El pelado no se aguanta y dispara un toque a las chapas para poder seguir con sus bailoteos y yo quiero que se me estalle el corazón tocando, entonces arremeto en otra ronda de fondos enloquecidos. Y como podemos, llegamos todos juntos por fin hasta la plaza.

Miro los tres estigmas.
Tres ampollas en las manos, rojas y ovaladas.
Las rodillas color violeta de apretar el tambor con las piernas para hacerlo bailar.
La marca del aro sobre los tobillos.
Los dedos de las torres marcados simétricamente a tres centímetros de las ingles.

Veo mi corazón abierto, brillando como líquido, como agua, que desde ayer no para de hacerme sonreír.


domingo 15 de noviembre de 2009

...

Yo veo que me busca.
Pero él todavía no sabe qué busca.
Por eso, no me encuentra.

viernes 13 de noviembre de 2009

Grabación del 5º disco Chilingo: Coros y coreutas



Llego transpirada y satisfecha porque el cuerpo me pidió y agradeció el cable a tierra de las sesenta cuadras en bicicleta. El estudio es un PH en Villa Ortúzar, una de esas casitas antiguas con patio en el medio y escalerita hasta la terraza color ocre, llena de plantas. El estudio es mínimo, la alfombra roja del piso, las guitarras, el teclado, los auriculares de feliz domingo, la pecera ahí nomás de las caras afuera. Todo lo quiero mirar.



Yo vine a ser quien soy, que es lo que mejor me sale. Lo pienso cuando miro fijo al micrófono, como si ahí estuviera toda la gente que me gusta ver, y canto como les canto a mis enanos para que bailen en la escuela a la mañana.

Pol es una pasita de uva. Terminó su trabajo y se desinfló después de éstos dos años te torturase intentando poner algo de armonía entre tanto maldito jipi. Tiene puesta la remera que le pinté con amor para su cumpleaños, y ese gesto de cariño se siente como un mate y un abrazo.



Están las otras dos Wailers, las otras dos bellas bocas de nuestro trío improvisado y querendón, Walter ingenieriza el sonido y la expresión "como en su casa" cobra todo el sentido porque de verdad, estamos en su casa.

Sale primero "Haré", y no necesito explicarle a nadie que es un tiempo el que me lleva entrar en la energía de cantar. La voz me delata sola cambiando claramente a mitad de la canción. Canto. Paramos. Cortamos. Pegamos. Escucho una vez lo que Neiman ya grabó, puteo de risa por su manía de hacer mutar las letras todo el tiempo, vuelve a pasar la misma letra y me subo a sus fraseos que se amañan hasta lograr decir lo mismo con la otra voz, mi voz. Y queda ahí, finito, como las tapas de un sandwich, el acorde de las dos melodías.
Dani pide, alienta, sonríe, abraza, pide té de jengibre.

Voy escuchando las canciones listas que ahora tienen voces de chicas, como frutillas.



Canto virtualmente con Pol y Palo Pandolfo sin haberle visto la cara de cerca jamás, y vuela la chacarera del ranchito de la montaña.

Último pucho en la terraza, con el cuerpo cansado, ya terminado por hoy lo que la voluntad y las cuerdas vocales nos permitieron amablemente hacer. Del recuerdo de nuestras desgracias amorosas pasamos a la panza de Melina, filosofamos torpemente sobre el significado de "estar en pareja", nos damos besos y abrazos y vuelvo a montar mi bicicleta, me pierdo por las calles de Saavedra (literalmente) y mientras huelo los tilos y los paraísos florecidos, yo misma siento cómo mis pétalos por fin se empiezan a separar. A pesar de mí, otra vez llegó el tiempo de florecer.

(PD: Gracias, pelado. Sos como un Harry Potter que me abre puertas increíbles.)

domingo 8 de noviembre de 2009

Libromancia (cuando la vida me da un abrazo)

Lindo domingo.

A la noche de sábado en el galpón con amigos siguió un asado con tambores al mediodía (con boy scout tocador de armónica incluído) y después un ensayo multitudinario donde estrené bailar y cantar al mismo tiempo. Nada mal. Hice bastante lo que se me cantó en el orto todo el fin de semana.

Me siento en el living a escuchar la radio y dejar que mi mente navegue en esa especie de balance semanal terapéutico que me permite el no tener televisor (te juro, mamá, que el sonido de una casa sin televisor es totalmente diferente). Suena en mi cabeza de fondo la canción que me pegó Luciana (..tu no faz como pasarinho que fez um ninho y a vuo oo oo oo ooooo..) y otra vez al rato ya vuelvo a dar vueltas en los mismos temas ya tan deshilachados, y otra vez buscar el mantra que traiga la calma a esa leve alteración de mi armonía, y entra la china con un libro que le prestó el padre, me lo muestra, lo estira en su mano y recuerdo ese ejercicio que solía hacer, tomo el libro, suspiro, lo abro en una página cualquiera que elijo con toda la intención de escuchar una respuesta. Y en el libro Wicked de Gregory Maguire, página 279, leo:

"- Tranquila, bonita, que todo irá bien. Descansa sobre el pecho de la loca de la Madre Yackle. La Madre Yackle te llevará de vuelta a casa."

Amén.


Prospecto (Lease antes de consumir)


Continuando con mi costumbre de practicar el sincericidio, confieso que estoy totalmente enamorada de Diego Torres.
Algo tiene en su campechanismo, algo de jugar al sol en la vereda, una forma de reírse de sí mismo que me da alegría. Ese aire de amigote que juega al fútbol con los otros gordos de sus amigos ya cuarentones como en un ritual sagrado desde hace mil años porque sí, las arruguitas de la gente que sonríe mucho, esa mamá tan linda que cantaba como un ángel y que mi abuela idolatraba (sobre todo por lo casta), esa sensación de que es de los que te agarran mientras te arreglás, te hacen sentir linda porque te ven linda y te muerden el cuello con deseo aunque ya no tengas veinte, de jugar fácil y totalmente cómplice, cara de buen compañero, de que se ríe de lo mismo de lo que te reís vos (la gloria de compartir con el otro esas secuencias graciosas que pasan y nadie más ve).
Yo lo he visto mirar a una mujer con ojos de total admiración y deseo y desde ese mismísimo día ando buscando esa mirada, quiero sentirme mirada así.

Por eso es que ando por ahí sola.
Es que yo quiero éso.

sábado 7 de noviembre de 2009

Esencias, parte dos.

Yo tenía veinte años, vivía en un quinto piso interno en pleno aparato digestivo de Belgrano, en barrio de comida kósher y ropa de oferta. Estudiaba arte dramático y danza, trabajaba como moza y como depiladora para mantenerme a duras penas, y era increíblemente feliz yendo en bondi por todo Buenos Aires para hacer una cosa distinta en cada punto cardinal. A veces amanecía dormida en la bañadera, con el agua helada que había estado hirviendo la noche anterior, cuando metí mi cuerpo agotado de bailar cuatro horas a distender sus músculos para poder seguir.
Yo tenía veinte años y el programa más lindo para un sábado a la noche eran unas botellas de gancia y todas nosotras bailando a Fito en el balcón de mi casa:

...*coro

Yo te conozco de antes
desde antes del ayer
yo te conozco de antes
cuando me fui
no me alejé
llevo la voz cantante
llevo la luz del tren
llevo un destino errante
llevo tus marcas en mi piel
y hoy solo te vuelvo a ver..

La negra, mi hermana, tiene razón. Mis recuerdos de toda la vida están siempre musicalizados por una canción en particular. Puedo ir directo a la sensación de aquél momento cuando escucho la canción que lo marca. Los olores, las tristezas, los sonidos.
Nunca elijo los temas por mi misma. Son las canciones las que me buscan y aparecen como telones de fondo que graban el recuerdo como un tatuaje. Y por lo general, la vivencia es tan personal que los demás involucrados jamás se enteran, o no recuerdan.

Tengo la sensación de que cada canción que hay en el mundo le provoca a por lo menos un individuo del planeta algún recuerdo profundo. Por eso es tan lindo, por ejemplo, cantar una canción que sabidamente ha conmovido o conmueve a multitudes. Así la canción se carga de un sentimiento bello, de un recuerdo emotivo, una esencia que se puede ver nítidamente al cantar con los ojos cerrados un momento. Y entonces, al invocarlo, se devuelve ese momento de emoción lejano a la gente.

Eso es lo que, a mi entender, marca la diferencia entre cantar una canción o interpretarla.

Aguante Cacho cantando "La gata".

Nada más.
Pueden seguir en lo que estaban.

viernes 6 de noviembre de 2009

Esencia de maldito jipi


(Conversación en tono de resúmen de lo que fueron los últimos dos meses de mi vida que se llevaron 13 de mis kilos y mis horas de sueño, con uno de los malditos jipis como interlocutor)
Yo:-...pero ahora está todo tranquilo, de golpe es como que todo se acomodó.
Jipi:-Claro. Pero también puede ser que estés en el ojo del huracán..
Yo:-(...)Gracias. No lo había pensado. Ahora estoy mucho más tranquila.

Fin.

jueves 5 de noviembre de 2009

Grabación 5º disco chilingo: Odisea del espacio

Lunes 2 de noviembre, cumpleaños de Pol.
El mensajito de Dani conminándome a ir con tres signos de admiración me dio ganas de ir un rato ahí con ellos a desordenarlo todo, enloquecer a Walter y tomar unos mates con chúker. A que nos echen por hablar en el medio de la grabación, a subir y bajar la temperatura de la maquinita del agua, a cantar el feliz cumpleaños a los gritos y entrarle a la torta como desaforados.

Para muestra, basta apretar el botón (del triangulito)

Ahh... necesito más.




video

sábado 31 de octubre de 2009

Por portación de tetas

Como ya he dicho hasta el cansancio por acá, soy maestra. Por mi cargo de cuatro horas al frente de los niños, más todo el trabajo de planificación e investigación que requiere mi tarea, cobro la fortuna de mil quinientos pesos por mes.
Alquilo mi casa, por la que pago exactamente lo mismo que lo que gano. Por suerte el lugar donde trabajo recompensa mi esfuerzo dándome otro trabajo a la tarde en donde hago setentayocho cosas distintas al mismo tiempo, atiendo público, teléfonos, niños golpeados y dos jefes con sus respectivos invitados que funcionan a café (que yo les sirvo). En ese horario, y con diez años de antigüedad a puro parto en la empresa, gano cincuenta pesos más que a la mañana más una asignación por hijo (yo quisiera saber qué le resuelvo a un hijo con 136 pesos por mes..)
Por alguna razón, por ser mujer, siempre he ganado/hemos ganado menos que hombres ( que sabidamente tienen una atención focalizada y no múltiple como la femenina) con la mitad de capacidad para resolver situaciones simultáneas.

Ejemplo:
De lunes a viernes: vas planificando en el laburo el menú de la noche y las compras que tenés que hacer mientras corregís los cuadernos fijándote que el salame de Felipe haya copiado todos los números del pizarrón, repasás lo que tiene que hacer tu hija a la salida y a dónde la tenés que ir a buscar, cocinás mientras bajás los mails y ordenás el cuarto de la pendeja que perdió el velador entre la ropa sucia y hablás por teléfono con tu amiga que te relata su conflicto psicológico que le causa tanto disgusto en su relación con los muchachos y ahora está saliendo con un pibe, y das gracias a la vida por no tener en el living sentado un Homero que mira el noticioso y cada tanto te grita "¿cuánto falta para la cena?" como te pasaba unos muchos años atrás, mientras vas calculando la porción que tenés que sacar para la vianda de la piba mañana en la escuela, le hacés el análisis psicológico que tu amiga anda necesitando escuchar (gauchada que tantas veces por suerte te hizo ella a vos también) y no te olvidás de pagar la luz por internet. Toda esa destreza bien entrenada aplicada también a cuidar a veintiséis enanos de seis años que se creen inmortales y practican saltos de altura, piden ayuda al mismo tiempo mientras la secretaria te viene con cuatro mensajes de padres que piden cosas distintas, o tomás seis mensajes telefónicos, filtrás llamadas de venta, atendés a cuatro madres por la ventana, sacás cinco fotocopias de las páginas ocho a trece y cobrás dos almuerzos y un campamento. Y sin dejar de estar espléndida, por supuesto, que la imagen es todo.

Pareciera como si todas las mujeres del mundo trabajáramos porque nos queremos entretener fuera de casa o como si fuéramos castigadas por no tener al lado un par de bolas que aseguren un ingreso algo más importante.

Cristina, yo sé que los hijos de puta te la van a complicar a muerte porque todos piensan que deberías estar comprándole pollo para comer a tu marido en tu casa y yendo a buscar a la nena que te salió bastante fiestera, y tampoco te falta la yegua frustrada que no pudo sentarse en tu sillón y te tira mierda cada vez que puede, con un jorgerrialismo insoportable. Pero, negra, por favor. No te olvides de que nuestra capacidad sobre ellos es la mirada abarcadora.
Bajáles el sueldo, dales una patada en el culo y llenáte el congreso de polleras. Decíle a la gorda que se calle y se acuerde de cuando también fue una jipi que andaba con los tercermundistas y salía sin peinarse a decir lo que pensaba, que no sea sorete y demuestre un poco de solidaridad de género, así como hacemos las madres de niños grandes con las confundidas primerizas. Ponete de nuevo la camisita a cuadros, arremánguense todas como sabemos hacer cuando hay que meter mano en los pañales sucios y, de una vez por todas, hacéme sentir en ventaja cuando escuche "hembra, dijo la partera"..