
Hay cosas que cuando las hago me vuelven real. Pierdo las poses, olvido la mirada de los otros, y hago naturalmente eso que me sale tan claro como respirar.
Cuando canto o cuando toco un tambor de piel y madera algo me atraviesa y sucede más allá de mí. No hay imagenes mentales, no hay preocupación alguna, solo dejar que suceda.
Yo no voy a ensayar.
Cada vez, yo voy a encontrarme con esa gente con la que sueno, voy a tocar, o voy a cantar, o alguna vez toco el cielo con las manos haciendo las dos cosas. No sería posible que fluyera la música si no fuera un verdadero encuentro de esas almas que vibran, y al vibrar componen dentro, cada una y todas juntas, una misma melodía.
Entonces funciona la alquimia.
Y así, vibrando, se que un día voy a encontrarme con esa otra alma que suena como la mía.