miércoles, 1 de julio de 2009

Sin conexión




Cada tanto sufro una extraña alteración que me enemista con la tencología. O mejor dicho, hace que la tecnologría ande de culo conmigo.

Hace unos años, por ejemplo, mi teléfono se empacó en dejar de funcionar, y durante dos meses interminables me la pasé lidiando con Telecom que olvidaba asentar los arreglos, los reclamos, las plegarias, y enviaba una y otra vez técnicos que dejaban funcionando las cosas por un par de horas hasta que la línea volvía a hacer un ruido de fritura y moría nuevamente para siempre.

De un tiempo a esta parte, mis mails no llegan a ningun destino, los mensajes de texto del telefonito quedan flotando en los satélites sin encontrar el rumbo. Mi equipito que leía USB sufre de una rara epilepsia que no me deja pasar del primer tema musical. El inalámbrico de casa sufre paros baterísticos que me dejan incomunicada hasta que se le canta arrancar nuevamente.

Entonces pienso que la vida es sabia y me protege de lo que no debo escuchar.

O lo que no debo decir.

domingo, 28 de junio de 2009

National Geographic (Un humilde aporte a la campaña de "Chicas, no sean tan perras y lleguen a la segunda cita")




La modernidad liquida a su paso costumbres y rituales que yo extraño, como las fiestas en la calle con los vecinos, la costumbre de dejar las puertas abiertas, y el ritual de seducción que transcurría entre dos personas que se gustaban.

El arte de conquistar desapareció de la mano del fast food, el tema es comer rápido, y ya nadie se toma el tiempo de disfrutar el plato con los cinco sentidos. El tiempo se fue robando la calidad.

Yo extraño esa danza que el varón comandaba, ese dejarme llevar sabiendo bien hacia dónde voy, pero sin prisa, disfrutar de ir sintiendo la sincronización que termina con los bailarines en armonía dando los mismos pasos casi como si fueran uno.





sábado, 27 de junio de 2009


El regreso (de las merluzas)

Desde aquél bizarro intento de grabación de demo en diciembre no pude volver a ensayar con la banda de los malditos jipis. Otra vez un clic en mi universo me cambió todito el panorama diario y ya no pude más escaparme los martes a la tarde a viajar en el trencito hasta Saavedra.

Pero la banda siguió tocando.

Yo fui mutando lentamente a veces, otras de un bife bien puesto, viajé por la gente y por ahí, otra capa de la cebolla me fui pelando, y el jueves pasado, por fin, otra vez estaba cantándole coros a Pol sobre sus letras, con guitarra criolla y Ami de gentil público invitado.

La banda mutó también, encajó sus engranajes y siempre en contacto a la distancia, por distintos caminos llegamos al mismo lugar, la banda y yo.

Y ahora, parece, el viernes vamos a pintarnos con purpurina para mostrarle al resto del mundo cómo nos divertimos cuando jugamos a ser una banda de rocanroll.




martes, 23 de junio de 2009

Encontrando las puntas del ovillo




Nikita, de Elton John, fue la primera canción que aprendí a cantar en inglés.

Estoy mirando ahora de nuevo aquel videíto en youtube. Lo veo teatralizar un amor por esa rubia seudo rusa que le pedía el documento y no se le cagaba de risa de la foto con ese sombrero de charleston que le quedaba como una patada en los dientes, y que mirándola bien, parece un putillo hermoso y frágil de los que sospecho, Mr. Elton gustaría canapetear. Lo veo con una túnica floreada intentando abrazar a la tipa en el bowling pero sin lograr disimular un asquete de tocarla que lo hace ver terriblemente puto.

Y sin embargo yo, señora siseñores, me la creí. Yo no me di cuenta de que el tipo era gay.

Y como bien ya sabemos todos, desde ahí hasta acá, he seguido cometiendo los mismos impresionantes errores de juicio.

Es al ñudo que me fajen..




(Lo digo medio agazapada hacia adelante, mirando desde abajo y haciendo gestos ampulosos con los brazos.)





Tengo los ovarios hasta el piso, estoy hasta acá, me pudrí, me hace reír el orto cuando vuelvo a ver la triste comprobación de la pelotudez de la gente que quiere cuando sabe que no lo tiene.

No me rompan las pelotas. La vida es más fácil.


jueves, 18 de junio de 2009

Murió, como dice la Negra, un ezquizofrénico con talento.







Yo recuerdo la primera vez que en la radio escuché a Milagros López. Me invadió la sensación de empatía con esa vieja cubana que hablaba con picardía y afecto de tía.




Peña me parecía a veces un estúpido y de pronto era brillante. Su manera de mirar la vida con el filo de un cuchillo, sus incomprendidísimas increíbles preguntas.




Peña me provocaba cosas. Por eso lo admiraba. Me provocaba a ir a veces más allá del límite de lo aceptable en el pensamiento.




Delia de Fernández se parecía a alguna de mis maestras. Revoira Lynch era increíble. La Mega me mataba cuando hablaba de su novio Diego Ramos. Roberto Flores, Sabino, Palito, tenían conversaciones entre ellos en un mundo de ficción soberana que yo me creía. Discutían argumentando razones opuestas, todo lanzado al espacio sideral desde una única cabeza. Todos lo habitaban en el cuerpo de "un puto sufrido", como le gustaba definirse. Se reía de sí mismo y de los demás con un humor rayano en la crueldad que a veces me hacía sentir incómoda escuchando.




Muerte hija de puta, muerte conchuda. ¿Qué pasó en mi mundo que antes la muerte era cosa de viejos? Se mueren los de cerca, los de al lado, los de enfrente. Cada día me recuerda que soy sobreviviente. Vamos entonces, querida, no seas estúpida, no pierdas tu tiempo. Llorá lo llorable y por favor, decidite de una vez a finalmente amar lo que es amable. Y hacé un poco más lo que se te canta el orto.


Gracias, Fernando.

lunes, 15 de junio de 2009

Imagen triste



Me doy cuenta de que ando un poco abandónica y desorganizada cuando:


- Mamá viene a casa de visita y saca el Cif de la cartera ni bien pisa la cocina.

- La tela de araña del rincón del techo del living es una mediasombra.

- Ando buscando para vestirme la remera menos sucia de la pila.

- Preparo el almuerzo a base de pan lactal.

- Todas las cucharitas para revolver té están en mi mesita de luz.

- No logro encontrar una media que no esté corrida. Y me las pongo igual.

- Combino pollera violeta con remera roja, bufanda verde y ponchito naranja.

- Empiezo a entrarle con cariño al chocolate.

- La pila de la pileta de la cocina impide mover la canilla hacia ninguna dirección.

- Todo lo que busco está apilado en la mesa de la computadora.

viernes, 12 de junio de 2009

Melodía desencadenada

Suelo entretenerme por temporadas observando alguna conducta o algún hecho que me lleven derecho a descubrir alguna verdad y aprender algo.

Tiempo atrás descubrí que las mujeres que caminan meneando su cadera al compás de la confianza en sí mismas son las que atrapan la mirada de los muchachos en las esquinas.

Yo creo que el mundo tiene una música, una melodía inaudible que hay que aprender a detectar. Cuando uno empieza a conectarse un poco más con uno mismo, con el placer de dejarse caer en los acontecimientos, esa música se vuelve perceptible.

Tardé bastante en comprender aquello de que para recibir algo hay que dar algo primero, pero un día empecé a poner amor en cada cosa que me tocaba hacer por destino. Y fue un ida y vuelta.

Todo lo que hago cada día me llena de gozo. Hace rato que dejé de combatir al destino y me dejo llevar, con mi capacidad de sorpresa bien intacta. Y cada día algún evento me hace sentir que al final siempre vale la pena.

Cuando logro llegar a donde Ale había naufragado y lo traigo de vuelta a jugar y ser niño.

Cuando Azu recuerda en su cabeza manos de mamá que peina.

Cuando Nachi deja de ser el hijo del medio para ser el favorito.

Cuando Mica sorprende a toda la familia leyendo solo por primera vez.

Cuando Valen olvida la pena de una muerte.

Cuando Lali deja de tener miedo.

Cuando Juani corre entre todos ellos y ellos la respetan y la quieren y así ella ya no es tan diferente.

Cuando los veo aprender la importancia de tener amigos y no traicionarse.

Cuando saben que los acepto y los quiero así como son, a cada uno, con todos sus defectos que vienen en el mismo paquete, y no les pido que cambien para complacerme.

Entonces salgo de la escuela comprendiendo la música del mundo.
Y por fin camino moviendo las caderas.


lunes, 8 de junio de 2009

Sr. Bendayan:

Yo no sé si está bien decir "feliz cumpleaños". Quizás hoy por hoy no te sientas feliz.
A medida que se van sumando los años, pasar nuevamente por la misma fecha después de la eterna maratón de 365 días empieza a merecer aplausos de pie. En mi caso, por tanto, es un milagro que prefiero celebrar prescindiendo de escandalosos fuegos artificiales.

No se tú.

Pero desde acá, un minuto, quisiera acompañarte en el sentimiento.


Japi niu ier, Pela.

viernes, 5 de junio de 2009

Y otra vez la rueda..





Todo gira, y algunas cosas parecen volver a empezar. Ciclos que llevan una y otra vez al mismo lugar hasta que uno empieza a notarlo y para las antenas buscando algo. En mi caso es siempre una señal.



Yo viajaba a Ciudad Jardín veinte años atrás, en un ritual de tren los sábados por la mañana que me llevaron a una encantadora primavera.



Cuando tuve que atravesar mi invierno propio, el mismo tren me llevaba pasando de largo Coronado hasta Rubén Dario. Cada vez, al pasar por la estación, mi corazón buscaba algo en ése andén, algo que yo había dejado perdido.



Otra vez un firulete del destino y ahora, cada jueves a la noche, vuelvo a montar los mismos rieles y ahí me bajo, para ir a la sala a tocar con los malditos jipis.



Y cada vez, cuando de par en par veo los juegos de la plaza en la puerta del tren recién abierta, no puedo dejar de preguntarme si es que, de verdad, va a volver mi primavera..

martes, 2 de junio de 2009

Teoría de la relatividad



Treinta y seis años, así como suena de increíble cuando me miro en el espejo y sigo viendo como esa chica que fui de diecisiete, enamorada de vos perdidamente por primera vez y como, todavía, nunca.

Y con ésa luz brillo.

domingo, 31 de mayo de 2009

Uno siempre es más freak de lo que cree



Hay cosas que cuesta admitir, como por ejemplo, decir que a uno le gusta escuchar a Miguel Bosé, o comerse los mocos o leer a Daniel Steel.

A mí me gustan las películas de amor que me hacen llorar.

Como si no tuviera suficientes motivos para hacerlo cada vez que me llega la cuenta de la luz, cuando la ropa ya no me entra o cuando me doy en el dedo del medio con la torre del tambor, veo cine para llorar.

No soy ni siquiera original. El 99% de mis amigas (siempre debe quedar un márgen de error..) ama llorar delante de una pantalla. Con Pocha hemos tenido tardes de invierno memorables llorando sobre una chocotorta, en seguidilla de cuatro películas por Hallmark. Cuando lloramos mirando la de Cameron Díaz personificando a una gorda, decidimos que era suficiente.

Ayer me deshidraté viendo "El extraño caso de Benjamin Button". Sufrí a mis anchas con el pobre niño envejecido, abandonado por sus padres, criado por una negra, enamorado sin esperanza, que rejuvenecía viendo a sus seres queridos envejecer y morir. Lloré hasta con la boca abierta y a los gritos cuando lo vi abandonar a su familia para dejarlas ser felices y llevar una vida normal, que por supuesto a su entender para ser normal y feliz debía ser sin él.

Desconozco el origen de tan morboso placer, sólo comparable con el de rascarse la picadura del mosquito hasta sangrar o dejarse masajear la contractura del cuello.

Esto fue un aporte más a mi campaña de sincericidio "Nunca más tendrás una cita con un ser humano."

Y bueh..


viernes, 29 de mayo de 2009

Pronóstico


Alisa juega a las cartas de Ben 10, es de Boca Juniors, comanda los juegos del recreo, tiene más fuerza que varios de ellos, es pecosa y no soporta a su mamá que limpia todo el día. Todos se desviven por sentársele cerca y ninguno confiesa estar perdidamente enamorado, aunque las miradas los delatan.

Van a crecer, y en unos años correrán detrás de culos plastificados, tetas de push up e insípidas conversaciones de bocas delineadas mientras Alisa se preguntará en secreto por qué nadie la saca a bailar. Y ellos preferirán no correr el riesgo de incendiar sus corazones amando a una chica que, de tan parecida a ellos, casi podría llegar a hacerlos felices.



lunes, 25 de mayo de 2009

Me pudrí de hablar del tema.


-Dejáte de joder.. aflojá.. dale, que no es para tanto..-

Desde que tomé drásticamente la decisión de no compartir el espacio con un garca vengo escuchando declaraciones del más variado calibre. Pero ninguna retoma el por qué de mi decisión.

Repasé muchas veces los hechos hasta encontrar un triste hilo conductor que me llevó derecho a pensar en los últimos gobiernos que venimos padeciendo (a la mierda, pedazo de comparación..)

Digo, soy una convencida de que los pequeños gestos, las mínimas actitudes, son tan importanes como las grandes gestas heroicas. El tipo anónimo y chiquito que descarta sus pilas con el inmenso cuidado de que no vayan a convertirse en contaminante es el que sustenta, al reunir conciencias, el trabajo de, por ejemplo, greenpeace. Tomando este punto de partida, comparo. Si vamos permitiendo pequeñamente que nos metan el dedo en el orto los pequeños hijos de puta que nos rodean, imposible evitar que nos garchen masivamente los Macris o los De Narváez o los Menems (oh, god, nombré a Voldemort...)

El hecho de que la mierda sea habitual no significa que sea aceptable.

Y punto.

sábado, 23 de mayo de 2009

Historias del país de Nunca Jamás

La fecha con Arbolito había estado increíble, pero la patinada de cantar Iansá traducida le había dejado puesto un broche torcido. La métrica nueva, la pronunciación distinta, me habían complicado la tarea de seguir al pandeiro en el principio de la canción. Eso, sumado a la dulzura de Dani, me dejaron plantada una ganita de revancha.

- Vos seguí haciendo lo que se te cante en el orto, cantá lo que se te cante en el orto - me dijo toreándome al bajar del escenario, acentuando la o de orto de esa manera tan particular.

Me frizé sintiendo que me subían desde los pies unas increíbles ganas de asesinarlo.

El corazón de la canción es portugués, no hay vuelta que darle. Al cantarla en castellano no había latido, no me había enchufado con ésa energía que me hace sentir enamorada de todo cuando canto. La canción en la boca se sentía desconocida, no lograba masticarla, encontrarle el sabor que en Portugués me emborracha.

Para cantar una canción hay que desearla. Es lo mismo que pasa cuando alguien te gusta. Hay un tiempo, un espacio necesario entre vez y vez, que te permite volver a desearla. Y, claramente, no había pasado, de eso, nada.

Ni bien Dani me soltó el piropito, decidí volar por el pasillo hacia la pista del Kori. Si me quedaba, era posible que Buira siguiera buscando riña y muy probablemente iba a encontrarla. El tipo es un cabrón. Yo también. Y ambos practicamos el fino deporte de hablar con ironía.

La canción de Oxúm me había transportado al paraíso, y la chacarera del tema de Calamaro le hizo una raja a mi corazón y salí como un caballo hasta el cielo. Lo recordé ni bien pisé la pista y ví a mis amigos venir sonriendo a abrazarme.

Entonces, cuando la gorrita roja con visera apareció en la pista de brazos cruzados y, sin dirigirme ni una mirada, se paró al lado mío, yo empecé a reír despacito y con la boca torcida le dije: - A ver si aprendés a tocar el pandeiro y a seguirme cuando canto, que hoy tocaste lo que se te cantó en el orto.

Y entonces nos cagamos de risa el resto de la noche los dos.










Lo consiguieron porque no sabían que era imposible.


Jaime



- Estamos fritas - me dijo Sarita, - se nos metió un gorrión adentro del aula.


Oh my god. ¿Cómo lograr que veintiséis enanos de cinco y seis años le presten atención a otra cosa que no sea el vuelo de un pájaro en el salón de clases?

Iban llegando de a uno y mientras tanto mi cabeza buscaba una idea hasta quedar en blanco. Y ni bien cerré la puerta detrás del último, abrí los ojos bien grandes, crucé el dedo índice sobre mi boca y les susurré:

-Shhh, escuchen, tengo que contarles un secreto. Vino a visitarnos un amigo. Se llama Jaime. No hay que asustarlo porque tiene el corazón muy chiquito y si se asusta le late muy rápido (Felo abrió los ojos grandes como dos peceras. Lo miré fijo): - Felo, vos tenés que encargarte de que los chicos se acuerden de no gritar. Y atenti la tosca, que éste es el famoso pajarito de "me lo contó un pajarito", así que todo lo que hagamos lo va a ir a chusmear por ahí. A portarse bien así no anda haciendo enojar a las mamás.

Gol de media cancha.

Cuando confío, la vida trae las respuestas hasta la palma de mi mano.

jueves, 7 de mayo de 2009

Mutanta

Cuando uno anda atento a algún fenómeno en particular, éste parece empeñarse en suceder cada vez más periódica e intensamente, no sé si tanto por una cuestión metafísica o meramente ampliado por la lupa de la observación más o menos constante que uno hace de tal fenómeno.

Tiempo atrás yo solía detectar el arcoiris en lugares inesperados, como por ejemplo, viajando en el tren hasta Escalada, sola y pensando en que la vida era una porquería. Ahí, en el medio de mis pensamientos, entre cables y fierros, un arcoiris que era apenas un arcoiris me sacaba de contexto y, yo que soy adicta a las señales, caía en trance olvidando que la vida era efectivamente una porquería.


Ultimamente me tienen maravillada los cambios. Mi vida cambia. Pero como yo no hago nada a medias, los cambios son una vuelta de campana, un giro de 180, de guatemala a guatemejor. Cambia como si el decorado se moviera mientras veo mutar las caras, los espacios, los trabajos.


Cambia de cantar en el living de Pocha los sábados a cantar en la loma del orto adelante de gente que desconozco.


Cambia de estar sentada en una oficina vidriada a tener en mis manos a 26 niños que educar.


Cambia de estar siete años en un mismo lugar para irme empujada por las circunstancias sin mirar atrás.


Cambian los nombres de los amigos.


Cambia lo que creo de mí misma.


Cambia lo que permito.


Como si fueran inesperados arcoiris, los cambios pasan sacudiéndolo todo, tirando del mantel para que vuelen los platos viejos y se pueda poner de nuevo la mesa.


Ahora mismo algo está cambiando bajo mis pies y no sé hacia qué punto cardinal quedaré mirando para volver a dar el millonésimo primer paso de nuevo.


Lo que sé es que el horizonte sigue siendo tan prometedor como cuando me mostraba el arcoiris.


martes, 5 de mayo de 2009

Rata blanca en la chilinga.

El mundo esta lleno de ratas. Silenciosos seres de apariencia inofensiva, sentados a un costado en reuniones tumultuosas, sonriendo tímidamente, intentando con éxito comprar adeptos para sus pequeñas nobles causas, esperando un reconocimiento que proclaman merecido. Las ratas se acomodan, encuentran los huecos, las tuberías, trepan entre bambalinas hasta que por fin encuentran la oportunidad. Y se sientan al volante. Entonces, ese odio silencioso que las corroe, el rencor germinado en su propia mediocridad, les sube como bilis y muestran la hilacha, la amargura que destilan sus corazones secos, la envidia que les provoca la felicidad ajena y cualquier muestra de talento. Ahí la emprenden contra todo lo que les resulta un estorbo, muerden las manos de las que se sirvieron, escupen para arriba. Y como las ratas hacen escuela, siempre logran algún secuaz que los secunde.
Pero, gracias al cielo, las ratas siempre mueren como ratas.
Amén.