jueves, 30 de abril de 2009

Ritual

Cuando era chica y las noches de reunión y conversaciones en mi casa se extendían, el café no paraba de fluir desde la cocina y en el aire se mezclaban el humo del tabaco y el perfume del cognac. Yo miraba desde mi hueco en el sillón del living aquellas escenas de pelos con brushing y camisas de cuellos anchísimos, y la modorra se me iba trepando por el cuerpo despacito. Cuando ya sentía que en cualquier momento se me abriría bajo los pies la tela fina que separa la vigilia del sueño, abandonaba con esfuerzo mi rincón y con pasos torpes cruzaba el living hasta llegar a la silla donde mi mamá quemaba sus jockeys suaves cortos mientras se dedicaba a discutir deportivamente con quién tuviera la energía de sostenerle por algún tiempo alguna verdad a refutar. Trepaba despacio por su falda, girando para quedar bien sentada entre sus brazos abiertos y entonces apoyaba mi oreja en su pecho. Ahí adentro la voz le resonaba como apagada entre almohadas, un sonido musical como el parche grave de un tambor, un vibrar que me hacía entrar al sueño dejándome caer.

Entonces, el mundo era un lugar seguro.


sábado, 25 de abril de 2009

Me fui de casa a tocar rocanroll (parte once): Garganta con arena


Me descuelgo el tambor dando la espalda al público mientras escucho las voces de gente que quiero, dándome aliento. Ya hicimos un par de toques Chilingos y llegó la hora de romper el hielo con la primera canción, la de Oxúm.

Me doy vuelta y clavo la mirada en el micrófono, el murmullo es muy alto, no sé si quiero mirar. Tomo aire y cuando la luz se enciende veo el marcito de gente ahí abajo, mil cabezas juntas mirando lo que voy a hacer. Sé que hace diecisiete horas, 26 niños de cinco y seis años, reunión de padres y ensayo, que estoy despierta. Mi garganta lo acusa, todos lo notaron, pero no interesa. Cuando tomo aire y suelto al marcito la primera nota sé que va a sonar.
Cuando yo jugaba a la hora de la siesta a que cantaba como Liza Minelli, abría la boca y el sonido en mi cabeza era impecable. Cuando canto vuelvo a estar parada en la cama de mi abuela, con el deshabillé rosado de mi mamá, sosteniendo un micrófono de frasco de perfume, el otro brazo abierto, apuntándole al cielo.
Y me quedo pasmada escuchando mi propia voz clara como agua clara, salir como una flecha para adelante. Al rato me siento como enamorada, con ganas de brillar para ésos ojos que son todos los ojos pero son unos, los míos. Ya no sé lo que canto ni entiendo lo que pasa. Es un flash de endorfinas.

Pavada de antioxidante.


sábado, 18 de abril de 2009

Me fui de casa a tocar rocanrol (parte diez): Incendio forestal.

Llegaron dos fechones el mismo día y a la misma hora: o te vas a tocar dos temas con Calle 13 o te vas a cantar tres y tocar doce con los malditos jipis. El bloquetón tuvo que dividir sus aguas y así algunos amigotes y no tanto fuimos oficialmente convidados a ser parte para poder clonar a la Chilinga en ambos eventos. Como la mayoría de los patasucias agarró para el lado de la fama, nos subimos a ocupar el contingente que iba al sur a tocar con Arbolito.(Ya he comentado que elijo siempre de manera inconveniente... y no escarmiento.)
Primer ensayo en Coronado. Llego con una canción de Calamaro que hace dos días me da vueltas por la cabeza para mutarla en una chacarera, y Dani me da el ok para probarla. Suena el toque de malambo y qué linda queda ésa letra ahí arriba.

Con el crudo en las bodegas
volveré a buscar
todo el tiempo vivido
que hemos perdido sin protestar.

Voy a probar primero
al olvido
a lo ajeno
voy a pasar a retiro de un tiro al culpable de mi soledad.

No sé lo que quiero
pero sé lo que no quiero.
Sé lo que no quiero
pero no lo puedo evitar.
Puedo seguir escapando
y aún lo estoy pensando.
Lo estoy pensando
pero estoy cansada de pensar.

El marinero de rio
no tiene calor ni frio.
La ciudad no tiene puerto
y se siente muy vacío.
Últimamente ha perdido
su capacidad de sorpresa.
En un vaso de cerveza caliente
fue que se la olvidó.

Yo quiero elegir del mapa
un lugar sin nombre a dónde ir.
Será el lugar dónde viva
lo que quede por vivir.
Por eso de cada viaje me traigo
el equipaje perdido.
Por eso es que he decidido
nunca olvidar
nunca olvidar.

No sé lo que tengo
pero sé lo que no tengo.
Sé lo que no tengo
porque no lo puedo comprar.
Puedo seguir cantando
y aún sigo esperando.
Sigo esperando
pero estoy cansada de esperar.

Y así se armó la chacarera. Daban ganitas de cantarla, y la fuimos pasando varias veces mientas Dani tocaba allá y acá, cortaba, cambiaba. En el resto del ensayo quedó en evidencia nuestro jipismo y los toques se nos cayeron a pedazos mientras nos divertíamos como bobos haciendo cantitos de cancha para los que se iban a tocar con los portorriqueños y hablado de las empanadas bolivianas que serían nuestro "catering fulop" en el Kori bailable.

Ya empezamos Nº1: Nunca pasamos los toques de Arbolito y Dani espera que los aprendamos solos.
Para el mismo día de la fecha forestal tengo programada desde marzo la reunión de padres de los niños de mi grado. Y prueba de sonido a las 19.00hs en Boedo...

Segundo ensayo en tierras del oeste, llego una hora antes para armar las voces de la chacarerita con Seba. Terminamos jugando con Eugenio y la Turca que se nos mete a cantar en el medio del arreglo y nos taladra. Nada mejor que jugar un martes a la tarde a una hora de viaje desde tu casa después de laburar diez horas. El día se te vuelve a amanecer. De nuevo nos juntamos y de nuevo me dejan cantar mientras ellos tocan pero después me meto a tocar entre ellos y eso me infla la alegría.
Ando contenta y charlatana como si fuera febrero. Vuelvo a reírme y tengo una sensación de playa Pocitos en el cuerpo.
El jueves Germán nos enseña "Ay Lili" de Pescetti y los enanos, Sarita y yo no podemos dejar de cantarla mientras trabajamos. La bailamos en el patio y nos matamos de risa. Yo me voy recargando de esa alegría pequeña de todos los días.

Viernes 17 de abril: Viaje al centro de la Tierra

Seis y media de la mañana estoy en pie. Anoche terminé los regalos para los papás casi a las doce y media. Se me nota en las ojeras. Oh, God..
Formación de izamiento y cantamos a la banderita en el patio. Germán y yo hacemos ese acorde del final que nos da felicidad y ya arrancamos la mañana contentos. Vamos con los peques al comedor a preparar los alfajorcitos de maizena que regalaremos a sus papás cuando vengan a la reunión. Les saco un millón de fotos pescándolos cuando, pese a la prohibición, se morfan el dulce de leche a escondidas. Nos reímos. Jugamos mientras vamos aprendiendo ellos y nosotras. Se ríen las chicas de la cocina y todos vamos progresivamente quedando cubiertos de dulce para el resto del día. Literal y metafóricamente hablando.
A las tres y media de la tarde ya estoy agotada sabiendo que de todas formas, ésta noche va a ser increíble.
Llego durmiendo en el auto de Marian, un apagón de cuarenta minutos. Hace quince horas que estoy despierta. Yo sé que cuando subimos, algo pasa. Y pasa.
Salimos caminando por el escenario con nuestras remeras verdes. Las luces nos hacen sentir algo así como mucho aire que entra en los pulmones. Sale el primer toque y nos vamos mirando en esa semipenumbra azul y algo se arma.
Dani agarra el pandeiro y empieza a tocar, señal de descolgarme el tambor para cantarle a Oxúm. Veo un mar de gente que nos mira y sé que tengo que apagar mi cabeza y empezar. Me sale la voz desde un lugar que nada tiene que ver con la garganta y por primera vez tengo los ojos abiertos mientras canto. Y nos miramos. Nos vemos.

Vuelvo a tocar entre ellos.
A darnos el lujo de estar parados delante de mil personas siendo impúdicamente felices jugando a ser de vez en cuando estrellas de rocanroll. Dejar el miedito de la vergüenza en algún lado y probar.
Casi no me reconozco en ésa que canta. La chacarera vuela, la sensación es placentera.

(Y cuando de pronto él, que no tolera bien aún la felicidad, hace un intento de sabotaje, lo hago reír impúnemente para que salga otra vez a jugar. O lo ignoro en ruda penitencia. Le voy viendo un poco más el alma. Cada tanto baja un poco la guardia y es encantador. A veces, mostrar todas las cartas es la mejor estrategia.)

Arrinconados todos como ganado, compartiendo el sudor y la alegría, tocamos literalmente codo a codo los temas con Arbolito, y cerramos la noche haciendo una invasión de pista con los tambores que huele a festejo en el alambrado revoleando la camiseta por haberle ganado a nuestro maldito jipismo haciendo una fecha magistral. Llena de fallas técnicas, por supuesto.
Malditos jipis al fin.

viernes, 10 de abril de 2009

Secreto

Cada día está repleto de pequeños miedos por vencer.

Mieditos que hacen que pensemos en todas las posibilidades que hay de que algo salga mal cuando estamos decidiendo si hacerlo.

Mieditos que te hacen negar en público lo que estás sintiendo hasta creértelo.

Mieditos que te atornillan a la silla convencido de que no tenés la fuerza ni el talento.

Mieditos que te dejan siempre siendo espectador.

Un día decidí vivir como la condenada a muerte que soy, que somos todos, y no tuve tiempo para los mieditos. Y los pocos que quedan se me siguen cayendo.

Ése es todo el secreto para conquistar el mundo.

viernes, 3 de abril de 2009

[ sin asunto ]



Él sabe que yo lo llamo con otro nombre. Como una pausa en el medio de la multitud, ése nombre es mío.


Pienso en unas palabras precisas y muchas que le mandé volando cuando lloró y se sintió perdido.


Pienso que un día lo ví apropiarse de ése nombre mío, busco entre las lunas mayas y leo en ése día:"Si algo tienen claro los Jaguares son sus propias ideas".


Y sonrío.

viernes, 27 de marzo de 2009

Tecnología bien aplicada.

Elijo mal.

Elijo definitivamente mal.

Algún chip se me jodió de tanto usar el microondas con el pelo mojado o por abrir la heladera en patas o quizás por haberme metido tanto los dedos en la nariz de pequeña. Se me torció la brújula, se me desconectó el radar. Elijo maravillosamente como el orto.

El olor progesterónico que llama a mi nariz siempre es el de algún criminal de renombre, un malandra con carnet o una larva sin vocación de sacrificio propio pero sí ajeno. Todas mis relaciones terminan con alguna anécdota de ésas que, si no fuera porque me pasan a mí, me encantaría contar para amenizar los tés canasta. Y lo peor es que en esto de elegir espantosamente mal, me voy perfeccionando con los años.

¿No habrá un GPS para la vida, digo yo, que al menos me desligue de la responsabilidad ante el desastre consumado? ¿un aparato que, si no tengo la suerte de que acierte con la ruta correcta, pueda cargar con mi furia por el resultado nefasto? ¿un pequeño monitor que me vaya diciendo con voz gallega "deténte y dobla ia mismo a la derecha, que estás por comerte un pelotudo"?

Compro.

domingo, 22 de marzo de 2009

Destino de cisne

La china volvió triste de su viaje de una semana con la escuela. En la fiesta de despedida, peinada y arreglada con esmero, nadie la sacó a bailar.

Salió llorando del baño después de su ducha y de su mal fingida alegría al contarme lo bien que la había pasado. Salió llorando y a mí el corazón se me hizo puré.

La miré mientras le secaba tanta lágrima y le alcanzaba un vaso de agua para curar el hipo angustioso, rezando que también le curara la herida nueva que mostraban sus ojos, y me acordé de mí. De mi propia soledad a los trece, catorce, quince eternísimos años que parecían nunca terminar por fin. De mi propia soledad ahora que tengo veinte años más en éste mundo, del que todavía no logro entender a veces cuáles son las reglas.

Mirándola miré todo mi caminito recorrido. Tomé aire y nos sentamos en mi cama a conversar.

"Tenés destino de cisne" le dije.

Abrió grandes esos ojos profundos que tiene, sus ojos de almendras inundaditos de pena, y empezó a escuchar.

"La gente no es toda igual. En la vida están los patos, todos iguales, repetidos, previsibles. Patos que van en fila, unos detrás de los otros, día tras día, a nadar en los mismos charcos sin preguntar.

Cada tantos patos aparece uno que es distinto. Aparece un pato con esencia de cisne.

Los cisnes florecen desde adentro para afuera, se templan en soledad, por alguna razón las cosas no les son fáciles, y cada pequeño dolor da un cincelazo más a su destino mientras dura su vida de patos distintos.

Y un día, a fuerza de preguntarse cosas, de mirar la vida desde otro cristal, de no encajar, encuentran que nada los completará desde afuera, se buscan esenciales y se encuentran, y entonces una luz les aparece por los ojos y florecen. Florecen cisnes. Y se dan el lujo de mirar a todos desde un lugar nuevo. Y mandarlos a cagar."

Nos reímos a carcajadas las dos entre las lágrimas que ya nos salían hasta de las orejas mientras nos abrazábamos. Y en esa risa y ese abrazo supo que en su camino de pato raro ella no está tan sola. Vive con un pato raro que un día se hizo cisne y que es su mamá.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Estaba la Catalina.



Catalina tendrá el alma al viento, los pies descalzos, la risa fácil, el corazón dispuesto. Los ojos de su padre son de cielo, así que ya tiene resuelto el asunto de poder mirar adentro de la gente.


Tiene nombre de lluvia sobre techos de marzo, de reina, de vecina, de amiga que ceba mate para curar las penas. Su papá tiene manos de verdadero artesano, así que en cada caricia le irá dando forma a sus sueños chiquitos.


Andará despeinada de alegría de volver corriendo a casa para encontrar abrazos, para contar noticias y pedir panes para curar al mundo del hambre y la injusticia.


Viajará por la gente, por sus pequeñas historias, por las manos que, como las de su papá, hurgan en la vida hasta encontrarle el sentido. Hablará del amor dando cátedra, y lo dejará atravesarla para llegar a la gente sin escalas.


Si tengo suerte, un día se sentará en mi clase para enseñarme más cosas sobre lo simple y lo claro que encierra cada día.


Catalina es hija de un ángel y una flor. Y tiene una banda de tíos que son niños perdidos de un cuento de hadas.


Bienvenida a nosotros, Catalina. Salud!

domingo, 15 de marzo de 2009

(comentario al margen)

Uy.. cómo vengo este añito...

Un plato que se come frío.


No sé si son los años, no sé si es el encierro, no sé si es la comida, pero la tolerancia que tenía se redujo cuatro talles y se me zafa enseguida.

Y allá voy, pateando mesas con sus correspondientes sillas cuando decido que yo no comparto el espacio ni el aire que respiro con gente que se caga en otra gente, y menos que menos, cuando se caga en mí. Y me gané el derecho a ser estricta a fuerza de empezar por casa y pegarme en la manito cada vez que me tienta meter la cuchara en sopa ajena. No soy Maradona, no señor, no soy ejemplo de nada. Mato porque primero muero en mi ley.

A ver, repasemos la listita:

Mentir está mal.

Lastimar está mal.

Afanar está mal.

Tomarse a la ligera los sentimientos de los demás está mal.

Como dice la Meji (mujer anaranjada si las hay) no hay excusas que justifiquen tu accionar ni borrachera que legalice acción ninguna. Tampoco sirve de paraguas la inexperiencia que te da la edad, la acumulación de tus hormonas ni un desorden que te impida decir que no si la propuesta viene de algo que huele a feromonas (o progesterona con barba, según sea el caso)
Si lo hiciste y estaba mal, hazte cargo, llámate al exilio o paga el precio.

Y aunque te parezca que zafaste, la vida es redonda amigo. Y todo lo que escupas para arriba, tarde o temprano te engominará.
Amén.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La vida cabe en un pochoclo (reflexiones navegantes) namber chú

La lluvia me lleva casi siempre derechito a situaciones contemplativas. O a gripes feroces si es lluvia de invierno, pero no seamos tan terrenales.
Acá estoy viendo desplomarse el cielo por la ventana de mi habitación, oyendo el agua caer, que es casi como oír al fuego crepitar pero todo lo contrario. Y pienso.
A veces estoy parada en el mundo y alrededor siento una soledad infinita. Como si fuera yo la ocupante de un faro del fin del mundo a dónde nunca llegan las visitas para quedarse.
Yo podría haber sido rubia (rubia de adentro..) y no tener más problemas que sudar contra el tiempo para que mis glúteos desafíen la ley de gravedad. Podría haber revoleado más veces las pestañas para lograr un anillo de oro y una cuenta corriente que me salvara de tener que madrugar (¿hay algo peor en la vida que despertarse antes de las siete de la mañana por la pura obligación que impone la falta de riqueza?). Podría haber aceptado ser frágil y esperar a que algún caballero de cuento se hiciera cargo de llevarme y traerme, hacerme escenas de celos y abrirme cada tanto la puerta, pero no para ir a jugar. Podría haberme quedado donde estaba sin preguntar. Podría no saber, no entender, no cuestionar absolutamente todo, no sentir en el pecho esa puta incomodidad que no me deja transar, que me tiene siempre en vilo buscando todavía un poco más allá.
A veces quisiera sentir como siente ésa que va pegoteada de la mano de ése, feliz de compartir su gusto por Tinelli y el día de San Valentín, orgullosa de contar los meses y días y minutos que hace que le dijo que sí y no se despegaron nunca más. Satisfecha con nada, esperando nada, convencida de todo.

¿Quién fue el Morpheus desgraciado que me hizo tragar la pildorita sin avisar..?

viernes, 6 de marzo de 2009

La seño de pelo colorado (parte 3): Lo que se olvidan de aclarar en el magisterio.



Educar es algo que demanda algunas cosas fundamentales entre otras muchas cosas:


Tener convicciones firmes.


No traicionarse.


Ser infinitamente paciente.


Estar dispuesto a no dejar de aprender jamás.


Creer en la humanidad y amarla.


Saber aceptar.


Conocer la diferencia entre observar y juzgar, y nunca ejercer ésta última.


Reírse varias veces por día de uno mismo.


Saberse punto de luz entre millones de puntos de luz.


Tener la capacidad de ser feliz.



Con éso, para arrancar, andamos bien.


martes, 3 de marzo de 2009

Frases memorables.



"..a éste hijo de puta que, si fuera por mí, le daría mecha y lo haría abandonar el país haciéndole explotar cinco kilos de trotyl en el ojete."


Dios, éso era lo que quería decir. Aplauso de pie para los guionisas de Peter Capusoto.

Cuando fui Trinity de "Matrix" por una fracción de segundo.

Convengamos en que, desde mi vuelta a casa después de un febrero ardiente y uruguayamente candomberil, Buenos Aires me ha pateado bastante el ojete. Situaciones de callejón de película yanqui, tocadas de traste, afanos aparatosos, y caripelas amenazantes cruzándote la mirada en plena calle a la tarde que te hacen apurar el paso con una sensación fea en la espalda, me habían dejado con una sensación de vulnerabilidad que hacía siglos no tenía.

Iba poseída por el espíritu de la estrella hoy a la tarde, estrenada maestra de primer grado, feliz de tambores de sábado, yendo a tocar en batucada otra vez, a ver a mis amigos, moviendo las caderas por la calle al compás de la música en mis auriculares, y llegué entonces hasta el túnel en la Panamericana. No fue un miedo como cuando busqué refugio en la sombra de un umbral, sino una inquietud lejana lo que me rozó al ver entrar del otro lado a tres hombres jóvenes y arreglados, hombro con hombro casi y conversando. Quizás debí haber corrido. O detenerme en la entrada del túnel hasta verlos pasar. Pero tomé la decisión de no parar la marcha.


Cerca del ecuador, un segundo antes del punto medio, vi como el que venía de mi lado tenía en la mirada un gesto raro, de ausencia fingida y cálculo preciso. Su mano izquierda iba a impactar indefectiblemente en la parte de mi humanidad que más me gusta gobernar. Y cuando parecía que, larreputísimamadre, no quedaba otro remedio que comerme el garrón y carajear mientras los miraría irse dando risotadas, sin aminorar la marcha levanté mi brazo izquierdo, calcé su antehombro en la herradura de mi mano, y de un empujón sin esfuerzo desvié al macabro contingente sacándolo de mi camino hacia el cordón de la vereda, para pasar triunfalmente por la vereda vacía y ancha. Tanto se sorprendieron que ni siquiera largaron una puteada.


Fue como descubrir la combinación de botones que te hace invencible jugando a los fichines.


A veces pasa...

domingo, 1 de marzo de 2009

Visión premonitoria


Abrir la puerta de mi casa y encontrarte, bajo ésta lluvia caliente de verano tardío, parado en mi vereda conquistándola, ganándole de mano a mi desconfianza, con los pies urgentes por recorrer historias, inconciente de los mares que estarás navegando, desafiando tu lógica y tu miedo a pura convicción de que éso que ambos aún desconocemos en éste último minuto, es un vórtice mismo hacia el infinito.

Llamada de carnaval en la ESMA: Tocar llorando.

Tocar un tambor no se remite sólo a un evento musical. La vibración de los parches provoca algo en la propia vibración, atrapa o espanta, sin medias tintas. Algo sucede sobre todo cuando los parches son de cuero. Yo misma doy fe de haber florecido en éstos casi diez años en que mi corazón fue mutando de órgano vital a lonja que no calla. Seguramente África (que nos lleva siempre tanta ventaja en lo que a sabiduría de la vida se trata) mandó a sus hijos secuestrados como esclavos con sus tambores en el alma, como caballos de Troya. Ellos desaparecieron, pero alguien, siglos después, abrió la caja de Pandora. Y la bendita invasión musical volvió a tender ése puente de madera y cuero hacia la esencia.
Los tambores se agrupan y van encendiendo plazas de Buenos Aires, galpones y covachas, creando rondas invisibles de tribus no declaradas. Toman la energía de la tierra, la reciclan, la levantan.

Pero hay lugares en donde el trabajo es doloroso, y el proceso de sanar tiene más que ver con un exorcismo.

Ayer, en una convocatoria abierta, más de setenta tambores de candombe tocamos en la ESMA. Yo no puedo entrar ingenuamente en ése lugar, ni logro asistir con continuidad. Mucho coraje ha pasado por mis pies desde aquella primera vez en que fui a cantar para dar por abierto el espacio de las Madres, cuando no me animaba a buscar el baño por miedo a encontrarme de bruces con un pasado tan nefasto.

Formando filas junto al puesto de vigilancia por el que pasaban los secuestrados para el primer control, sentí la primera puntada de dolor frío pasarme por la espalda. Escuchaba y no escuchaba sonar los parches. Mientras caminábamos lento y las bailarinas en ronda levantaban los brazos al cielo pensé en la esperanza que vuela en un grito de socorro, la esperanza de que alguien escuche y venga a rescatarnos. Cuando sentí que no iba a poder seguir tocando, pensé en las vueltas de la vida y en el sabor de la justicia, de las cuentas saldadas. Un carnaval de madera y cuero desfilando por fin entre tanto verde militar. Una fiesta de libertad de origen moreno, desfachatada y bocona como muchos de aquellos que se durmieron para siempre en la ESMA. Dar un paso más, otro golpe en el cuero, y que los fantasmas pierdan el peso de piedra que no los deja llegar al cielo.

Ayer, sobre la callecita de la muerte, entre edificios cuadrados altísimos de aspecto pulcro y corazón de hielo, nosotros trajimos un carnaval para los hijos de ésas Madres, para que los tambores de sus almas vuelen por el aire como las de aquellos antiguos negros.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Parada y con un puño.

No tengo filtro. No tengo ganas de ponerle a mi boca un silenciador que medie entre lo que pienso y las buenas formas, la diplomacia ni las vueltas complicadas para lo que es simple.
No tengo ganas de andar por ahí como caminando sobre brasas, guardándome lo que siento en algún lugar del cuerpo para que termine en alguna enfermedad complicada.
No me importa qué puedan pensar. El problema en todo caso será del que esté buscándole una segunda vuelta a lo que digo o a lo que hago en una. Lo mío es tan simple como lo que digo. Es lo que digo, ni más ni menos.
No sirve la gente que lee a Castaneda y vive como el peor de los Macris. No es mi problema.
Ya fui durante demasiado tiempo alguien distinta de mí.
No lograrán convencerme de lo contrario.
Fúmenme.
O bébanme, en el mejor de los casos..

lunes, 23 de febrero de 2009

La vida cabe en un pochoclo (reflexiones navegantes)


Dar el primer paso. Entrar en algo que se sabe pero no se sabe cómo. Abrir la puerta y dejar entrar, tomar el picaporte y sumergirse. Sentir la urgencia de la decisión tomada y no oponerle resistencia alguna. Soltarse y dejarse caer como agua de la canilla que algún día, de alguna manera, va a llegar a ser parte del mar.

viernes, 20 de febrero de 2009

La seño de pelo colorado (parte 2)


Ale tiene los ojos redondos y negros y una historia demasiado larga para sus tan poquitos años. Nos conocimos en ronda en el patio de la escuela una mañana de noviembre. Sus ojos fueron la primera imagen que me llegó desde el azorado grupo que me esperaba sentado para conocer a la seño de muchos rulos y pelo colorado.

Cada vez que nos vemos me provoca con malas palabras que suelta en sus historias como al descuido y me espía de reojo para ver mi reacción. Viene a la colonia con una guadaña de plástico de juguete (habría que ver qué traman algunos fabricantes..) que sistemáticamente termina en el placard al minuto de arribar.

Yo dibujo barcos cuando planifico, gaviotas y magos en altamar. Barcos que me lleven hasta donde sea que haya naufragado para cantarle una canción que lo traiga de vuelta a jugar.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Yo te banco, Pol!

Estaba releyendo el blog de mi amigo Neiman cuando volví a toparme con su declaración bizarra de gusto por Miguel Bosé. Y me vino un furor vergonzoso desde los piés al centro y como colegiala eufórica cantando la marcha de San Lorenzo, pensé "no estás sólo en ésta, amigo".

A mí me gusta ABBA.

Mis amigas me putean cuando empieza a sonar un tema en el equipito y fruncen la cara como ardillas. Mariconas. ¿Acaso ninguna se sintió abrazada cuando escuchó "Chiquitita" la primera vez que le rompieron el corazón ni se le frunció el asiento cuando Muriel se descorría el velo emocionada mientras sonaba una versión imponente de "Dancing Queen"?

Hasta hoy he saltado disimuladamente ésa carpeta en el mp3 cuando compartía mi música con desconocidos.

Ahora jódanse.

No pienso dejar de hacer absolutamente nada de lo que me hace feliz.