domingo, 29 de noviembre de 2009

Cavilaciones acerca del placer






Antes que nada, por si alguno no vio bien la foto o no quedó claro ni siquiera con la costumbre de articular mis oraciones con respecto a mí en femenino, vuelvo a dejar claro que soy mujer. Eso me ha otorgado un conocimiento en lo femenino que no tengo con respecto a lo masculino, y es por eso que hablo, por lo general, de la mujer.
Salvado este detalle, prosigo.

Anoche volví a casa después de another bizarren party en la catedral del maldito jipismo con algo dándome vueltas en la cabeza después de tanto mirar el magma. Últimamente ando prestando atención a mi propio ombligo y su extensa periferia, que es la que me contiene, deshojando de mí lo que ha quedado plantado a fuerza de haber sido criada en este mundo.
Cuando la fiesta arrancó, yo, como siempre, tenía ganas de bailar. Cada cosa que hago en estos últimos tiempos no tiene como destino el ojo final, sino, como dije antes, el bienestar de mi ombligo y su periferia. Y allá fui.

Para bailar (al igual que para cualquier otra cosa que haga) necesito que la música, en principio, me guste. Ahí casi siempre cierro los ojos y dejo que aparezca un movimiento que nace justo en el centro, ahí donde nacen también la ira y la voluntad, y esa onda expansiva baja por las piernas, tuerce las caderas, sube hasta los hombros y voy, voy, voy. No trastabillo ni pierdo el compás, porque no hay intención alguna de hacer lo que hago más que perder la cabeza y dejarme llevar.
Amo bailar. Amo la que soy cuando bailo a ojos cerrados o abiertos pero sin mirar, enfrascada en las olitas que la música me provoca en el cuerpo, moviéndome sin intervención de ningún tipo de juicio ni más cálculo que el que mis pies hacen por si solos para no dejarme caer de mis zancos de corcho de diez centímetros de alto. Cada tanto pasa que alguna mano peluda de pronto busca asirme la cintura (en principio porque parece que por norma, siempre hemos bailado como parte de un ritual de apareamiento, entonces, la llamada de la selva es atendida prontamente) y así, de repente estoy siendo sacudida como un trompo, ligando cada tanto un codazo en alguna parte de la citada periferia de mi ombligo, hasta que logro soltarme en algún descuido y vuelvo a huir. Y vuelvo a bailar.

Para bailar con otro, ese centro desde donde parten mis movimientos debe conectar con el mismísimo centro del que tengo enfrente y, así, toda yo me convierto en un junco flexible y llevadero. Mis piés, mi cadera, mis brazos predicen la intención de los otros piés, de los otros brazos, se produce una forma de armonía y ya no se sabe si el piso está abajo o arriba. La música suena por adentro, los brazos caen y se juntan en el momento preciso, el gozo pinta las caras. Estamos bailando.

Según reza el mito, un buen bailarín garantiza un buen partenaire a la hora de los bifes. Y ahí es donde, un pequeño detalle, marca la abismal diferencia.
Hay quienes piensan que en el bailar, como en todo lo demás, el virtuosismo pasa por dar cuarentayocho vueltas, tres verticales y un salto abriendo las gambas como el negro de Fama (y no hablo solamente del varón. Muchas mujeres piensan igual).
Danger. La estás pifiando.
Bailar en pareja de manera elevada y placentera exige co-nec-tar (repito: CONECTAR) con el que tenés enfrente.
Una coreografía precisa no es más que una coreografía precisa, pero si el corazón no está puesto en el movimiento, el placer no aparece en su esencia genuina para emborrachar todos los sentidos y volvernos líquidos, para hacer que la mente baje la guardia y deje de tener control sobre lo que está pasando en el cuerpo, para que explotemos en abundancia como una selva amazónica repleta de colores, perfumes, formas sin clasificar.

Muchachos (y muchachas, suena Tremendo): En el sexo es igual.
Si te aburre lo que estás haciendo, por más gente que invites, por más parafernalia que intentes ponerle, te va a volver a aburrir indefectiblemente hasta que encuentres esa puerta para salir de vos a ser vos mismo, dejando de lado todas las explicaciones pelotudas con las que freezás el corazón para conectar con el que tenés enfrente y permitir que el cuerpo invente una forma nueva de bailar cada vez, sin el torpe apuro de la urgencia por que la pieza termine, sin contar si fueron cuatro danzas o fue una sola.

Ahí se esconde la sutil diferencia entre una expresión que, como el arte, te transporta a una dimensión nueva cada vez, y la mera práctica de un deporte antiguo.

No me rompan las pelotas intentando convencerme de lo contrario.

Si uno ha probado la maravillosa sensación de dejar explotar su cabeza y soltar totalmente el cuerpo bailando (en una pista de cemento o en un enmarañado colchón) sabrá comprender cuando digo que jamás aceptaré nada que no tenga que ver con lo arriba enunciado. Antes que padecer la incomodidad de un compañero que no registra el deseo de mis movimientos al bailar, bailo en trance completamente sola.

¿Se entendió o hay que explicarlo con dibujitos?


viernes, 27 de noviembre de 2009

Tranquila, bonita, que todo irá bien.

Hoy la china amaneció estropeada por una tos que no la dejó descansar en toda la noche. Al pie de su cama, en este estado calamitoso en el que me tiene últimamente el laburo (con ataques de llanto antes de entrar incluídos), decidí volver a tomar las riendas de mi voluntad y, llamadas varias mediantes, organicé el día con visita a la pediatra incluída.


No pude volver a la cama.


Una energía de inquietud, de movimiento, de hartazgo, me tuvo velando su sueño post nebulización. Para curarla, para curarme, hacía falta ponerme en movimiento.


Así fue como, sin darme casi cuenta, estaba en pleno trámite de buscar el duplicado de mi título de maestra extraviado vaya una a saber en qué mudanza.


Odio los papeles. Odio firmar cualquier papel, presentar cualquier papel, completar cualquier papel. Me resisto a quedar archivada, clasificada, controlada y obligada de cualquier manera a cualquier cosa. Sin embargo, ahí estaba, haciendo cola en el registro civil primero, en el Banco Provincia después, en el mismo registro de nuevo y, finalmente, en mi fiel corcel púrpura metalizado, campera de la AFA en cuerpo, arremetiendo contra la lluvia para llegar a mi antiguo instituto de formación docente a explicarle a cuanta vieja me cruzara mi problema de indocumentación.


Casi llegando al final de la perorata, el último peldaño me llevó a una oficinita en donde una mujer mayor y muy jovial, con la nariz metida en la computadora y rodeada de tazas medio llenas de café, me pidió que me sentara a escribir en una carta mi pedido. De repente, sin darme cuenta, como cada vez que la vida me hace magia, la conversación empezó a virar de totalmente intrascendente a bálsamo. Y sin haberle respondido ni una frase completa, en medio de mis distraídos ajáses y claaaaros, escuché de su boca lo siguiente:


"Vos quedáte tranquila. Porque cuando uno hace las cosas bien, todo llega hasta vos, todo se abre y se acomoda. Todo lo bueno llega. Y lo bueno te va a llegar."


No recuerdo ni una palabra de todo lo previo a esta sentencia, pero antes de irme, le dí un abrazo y unas gracias.


Me cambió el día (y todo lo que sigue para adelante)


Amén.





martes, 24 de noviembre de 2009

Un Sol

Solcito nació con la marca de tener que conquistar su vida a puro esfuerzo de pulmón.

Su corazón era un lío, y hubo que abrir para poner cada cosa en su lugar.

Tiene ya dos meses vividos dentro del Hospital Italiano, más precisamente en terapia intensiva, dos largos meses en los que su mamá, olvidando el costurón de la cesárea, se convirtió en un fiel granadero que espera cada día una señal que le indique que podrá sostenerla en sus brazos para dormirla, besarla y olfatearla como todas las mamás hacemos con esas pequeñas porciones de nosotras que cobran independencia de nuestro cuerpo para andar.

Sus pulmones están cansados de pelear por una vida que todavía no sabe qué cosas le deparará, y cada tanto colapsaron haciendo que todos contengamos el aliento haciendo la fuerza que a ella todavía parece faltarle (aunque yo creo que todo lo contrario).

Esta es una de las primeras sonrisas que regala en todo este tiempo.

La veo y me da vergüenza bajar los brazos.

La veo y me dan ganas de verla correr por ahí, de escucharla hablar de las cosas que va a ir descubriendo, de lo que está aprendiendo por ella misma y de lo que, seguramente, me va/nos va a enseñar.

Si tenés un minuto, mirála sonreír y sonreí con ella.

Hay una mamá, un papá, una abuela y muchos tíos (de los de sangre y de los que la vida te regala) que quieren verla dormir en la habitación que con tanto amor prepararon para ella.

Dejá un minuto de leer el Clarín y toda su sarta de pelotudeces a ver si, con mucho buen deseo, la convencemos de que todo esto vale la pena.

Ahí te va. Enamoráte de ella (es inevitable.)

Brava

Siguiendo con mi campaña "yo quiero tener una maza para matar pelotudos artesanalmente", continúo volviéndome aún más desagradable para varios enunciando otra pequeña lista que desde el sábado me viene rondando la cabeza.

Gente que me rompe soberanamente las pelotas:
* La que critica todo lo que los demás hacen sin haber hecho jamás nada recordable. Y la que critica todo a secas, haya hecho lo que haya hecho.
* La que se cree Gardel y mira por sobre su hombro con desprecio.
* La que detiene, frena, corta, sabotea, diciendo siempre que no a cualquier idea que no provenga de sus cabezas.
* La que se vanagloria de sus talentos sin talento.
* La que vive para afuera, la que finge, la que no tiene una forma propia.
* La amarga.
* La que cree que el talento está en la complejidad y termina haciendo un culto público a su propio ombligo.
* La que anda por la vida sin percibir absolutamente nada de lo que le sucede alrededor.
* La que habla mientras otro está tocando o cantando, sin el más mínimo respeto ni la más remota idea de lo que significa meterse para adentro para poder salir (andáte a comer un pancho y no rompas las pelotas.)
* La que no escucha.
* La que conspira.
* La que tiene corazón golpista.
* La que espera a que no estés para sembrar bostitas sobre vos y lo que hacés o dejás de hacer y después cuando te saluda, te palmea la espalda (si sos banana, decí las cosas de frente y bancáte la que se venga).
* La que, aunque no tenga un lugar ganado, se queda, ocupando espacio al pedo como un mueble viejo.


Con esta gente, señores, es imposible lograr ningún clima que favorezca la manifestación de algún tipo de arte.

Ajjj...


A ver, a ver... si, ahí escucho: "..por algo está sola!"


Y lo bien que me lamo.





lunes, 16 de noviembre de 2009

Ir a jugar

Domingo, dos de la tarde. Hay una fecha que nadie sabe bien de qué se trata (as ólueis..), una caminata por Avenida de Mayo organizada por el INADI, y nosotros venimos a ser el ala "afroargentina" de la comparsa...
Desembarcamos de la nave naranja y blanca (emblemático jipimóvil de alquiler) y el sol nos parte el marote dándonos una leve idea de que será una tarea ardua la de caminar tocando por el asfalto en llamas.
Reconocemos a los otros jipis que fueron derecho por la desprolijidad de nuestro uniforme que de "uni" no tiene nada. Mil versiones del pantalón chilingo se combinan con remeras de distintos colores, años e inscripciones, con el único denominador común de nuestro nombre escrito en la misma tipografía (signed by "Briyit" Díaz Ferreira). Allá vamos, como cartoneros portando tachos que suenan.
A Dani le gustan las marchas. Es feliz en esos encuentros multitudinarios en donde se da el gusto de enloquecer a doscientas personas al mismo tiempo mientras da saltitos y topetea la firmeza de los oídos con rulos y más rulos de timbal. Desarma las cuerdas, arma quilombos sonoros, hace todo lo que un mal alumno debe hacer con toda la impunidad que le puede dar el ser el dueño, el jefe, la esencia de todo eso.
Me hace cómplice de su indisciplina, se arma un foco de insurrección y de pronto cuatro fondos estamos saltando en una ronda murgonesca mientras él apaga los surdos y las latas y salta al compás.
El paso es demasiado ligero y cada cual tiene que buscar la mejor manera de no morir en el intento. Los tambores chocan, el camino es largo, el sol empieza a marcar los cuerpos y la voluntad y los toques bajan de revoluciones y buscan el descanso de la cadencia. El pelado no se aguanta y dispara un toque a las chapas para poder seguir con sus bailoteos y yo quiero que se me estalle el corazón tocando, entonces arremeto en otra ronda de fondos enloquecidos. Y como podemos, llegamos todos juntos por fin hasta la plaza.

Miro los tres estigmas.
Tres ampollas en las manos, rojas y ovaladas.
Las rodillas color violeta de apretar el tambor con las piernas para hacerlo bailar.
La marca del aro sobre los tobillos.
Los dedos de las torres marcados simétricamente a tres centímetros de las ingles.

Veo mi corazón abierto, brillando como líquido, como agua, que desde ayer no para de hacerme sonreír.


domingo, 15 de noviembre de 2009

...

Yo veo que me busca.
Pero él todavía no sabe qué busca.
Por eso, no me encuentra.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Grabación del 5º disco Chilingo: Coros y coreutas



Llego transpirada y satisfecha porque el cuerpo me pidió y agradeció el cable a tierra de las sesenta cuadras en bicicleta. El estudio es un PH en Villa Ortúzar, una de esas casitas antiguas con patio en el medio y escalerita hasta la terraza color ocre, llena de plantas. El estudio es mínimo, la alfombra roja del piso, las guitarras, el teclado, los auriculares de feliz domingo, la pecera ahí nomás de las caras afuera. Todo lo quiero mirar.



Yo vine a ser quien soy, que es lo que mejor me sale. Lo pienso cuando miro fijo al micrófono, como si ahí estuviera toda la gente que me gusta ver, y canto como les canto a mis enanos para que bailen en la escuela a la mañana.

Pol es una pasita de uva. Terminó su trabajo y se desinfló después de éstos dos años te torturase intentando poner algo de armonía entre tanto maldito jipi. Tiene puesta la remera que le pinté con amor para su cumpleaños, y ese gesto de cariño se siente como un mate y un abrazo.



Están las otras dos Wailers, las otras dos bellas bocas de nuestro trío improvisado y querendón, Walter ingenieriza el sonido y la expresión "como en su casa" cobra todo el sentido porque de verdad, estamos en su casa.

Sale primero "Haré", y no necesito explicarle a nadie que es un tiempo el que me lleva entrar en la energía de cantar. La voz me delata sola cambiando claramente a mitad de la canción. Canto. Paramos. Cortamos. Pegamos. Escucho una vez lo que Neiman ya grabó, puteo de risa por su manía de hacer mutar las letras todo el tiempo, vuelve a pasar la misma letra y me subo a sus fraseos que se amañan hasta lograr decir lo mismo con la otra voz, mi voz. Y queda ahí, finito, como las tapas de un sandwich, el acorde de las dos melodías.
Dani pide, alienta, sonríe, abraza, pide té de jengibre.

Voy escuchando las canciones listas que ahora tienen voces de chicas, como frutillas.



Canto virtualmente con Pol y Palo Pandolfo sin haberle visto la cara de cerca jamás, y vuela la chacarera del ranchito de la montaña.

Último pucho en la terraza, con el cuerpo cansado, ya terminado por hoy lo que la voluntad y las cuerdas vocales nos permitieron amablemente hacer. Del recuerdo de nuestras desgracias amorosas pasamos a la panza de Melina, filosofamos torpemente sobre el significado de "estar en pareja", nos damos besos y abrazos y vuelvo a montar mi bicicleta, me pierdo por las calles de Saavedra (literalmente) y mientras huelo los tilos y los paraísos florecidos, yo misma siento cómo mis pétalos por fin se empiezan a separar. A pesar de mí, otra vez llegó el tiempo de florecer.

(PD: Gracias, pelado. Sos como un Harry Potter que me abre puertas increíbles.)

domingo, 8 de noviembre de 2009

Libromancia (cuando la vida me da un abrazo)

Lindo domingo.

A la noche de sábado en el galpón con amigos siguió un asado con tambores al mediodía (con boy scout tocador de armónica incluído) y después un ensayo multitudinario donde estrené bailar y cantar al mismo tiempo. Nada mal. Hice bastante lo que se me cantó en el orto todo el fin de semana.

Me siento en el living a escuchar la radio y dejar que mi mente navegue en esa especie de balance semanal terapéutico que me permite el no tener televisor (te juro, mamá, que el sonido de una casa sin televisor es totalmente diferente). Suena en mi cabeza de fondo la canción que me pegó Luciana (..tu no faz como pasarinho que fez um ninho y a vuo oo oo oo ooooo..) y otra vez al rato ya vuelvo a dar vueltas en los mismos temas ya tan deshilachados, y otra vez buscar el mantra que traiga la calma a esa leve alteración de mi armonía, y entra la china con un libro que le prestó el padre, me lo muestra, lo estira en su mano y recuerdo ese ejercicio que solía hacer, tomo el libro, suspiro, lo abro en una página cualquiera que elijo con toda la intención de escuchar una respuesta. Y en el libro Wicked de Gregory Maguire, página 279, leo:

"- Tranquila, bonita, que todo irá bien. Descansa sobre el pecho de la loca de la Madre Yackle. La Madre Yackle te llevará de vuelta a casa."

Amén.


Prospecto (Lease antes de consumir)


Continuando con mi costumbre de practicar el sincericidio, confieso que estoy totalmente enamorada de Diego Torres.
Algo tiene en su campechanismo, algo de jugar al sol en la vereda, una forma de reírse de sí mismo que me da alegría. Ese aire de amigote que juega al fútbol con los otros gordos de sus amigos ya cuarentones como en un ritual sagrado desde hace mil años porque sí, las arruguitas de la gente que sonríe mucho, esa mamá tan linda que cantaba como un ángel y que mi abuela idolatraba (sobre todo por lo casta), esa sensación de que es de los que te agarran mientras te arreglás, te hacen sentir linda porque te ven linda y te muerden el cuello con deseo aunque ya no tengas veinte, de jugar fácil y totalmente cómplice, cara de buen compañero, de que se ríe de lo mismo de lo que te reís vos (la gloria de compartir con el otro esas secuencias graciosas que pasan y nadie más ve).
Yo lo he visto mirar a una mujer con ojos de total admiración y deseo y desde ese mismísimo día ando buscando esa mirada, quiero sentirme mirada así.

Por eso es que ando por ahí sola.
Es que yo quiero éso.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Esencias, parte dos.

Yo tenía veinte años, vivía en un quinto piso interno en pleno aparato digestivo de Belgrano, en barrio de comida kósher y ropa de oferta. Estudiaba arte dramático y danza, trabajaba como moza y como depiladora para mantenerme a duras penas, y era increíblemente feliz yendo en bondi por todo Buenos Aires para hacer una cosa distinta en cada punto cardinal. A veces amanecía dormida en la bañadera, con el agua helada que había estado hirviendo la noche anterior, cuando metí mi cuerpo agotado de bailar cuatro horas a distender sus músculos para poder seguir.
Yo tenía veinte años y el programa más lindo para un sábado a la noche eran unas botellas de gancia y todas nosotras bailando a Fito en el balcón de mi casa:

...*coro

Yo te conozco de antes
desde antes del ayer
yo te conozco de antes
cuando me fui
no me alejé
llevo la voz cantante
llevo la luz del tren
llevo un destino errante
llevo tus marcas en mi piel
y hoy solo te vuelvo a ver..

La negra, mi hermana, tiene razón. Mis recuerdos de toda la vida están siempre musicalizados por una canción en particular. Puedo ir directo a la sensación de aquél momento cuando escucho la canción que lo marca. Los olores, las tristezas, los sonidos.
Nunca elijo los temas por mi misma. Son las canciones las que me buscan y aparecen como telones de fondo que graban el recuerdo como un tatuaje. Y por lo general, la vivencia es tan personal que los demás involucrados jamás se enteran, o no recuerdan.

Tengo la sensación de que cada canción que hay en el mundo le provoca a por lo menos un individuo del planeta algún recuerdo profundo. Por eso es tan lindo, por ejemplo, cantar una canción que sabidamente ha conmovido o conmueve a multitudes. Así la canción se carga de un sentimiento bello, de un recuerdo emotivo, una esencia que se puede ver nítidamente al cantar con los ojos cerrados un momento. Y entonces, al invocarlo, se devuelve ese momento de emoción lejano a la gente.

Eso es lo que, a mi entender, marca la diferencia entre cantar una canción o interpretarla.

Aguante Cacho cantando "La gata".

Nada más.
Pueden seguir en lo que estaban.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Esencia de maldito jipi


(Conversación en tono de resúmen de lo que fueron los últimos dos meses de mi vida que se llevaron 13 de mis kilos y mis horas de sueño, con uno de los malditos jipis como interlocutor)
Yo:-...pero ahora está todo tranquilo, de golpe es como que todo se acomodó.
Jipi:-Claro. Pero también puede ser que estés en el ojo del huracán..
Yo:-(...)Gracias. No lo había pensado. Ahora estoy mucho más tranquila.

Fin.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Grabación 5º disco chilingo: Odisea del espacio

Lunes 2 de noviembre, cumpleaños de Pol.
El mensajito de Dani conminándome a ir con tres signos de admiración me dio ganas de ir un rato ahí con ellos a desordenarlo todo, enloquecer a Walter y tomar unos mates con chúker. A que nos echen por hablar en el medio de la grabación, a subir y bajar la temperatura de la maquinita del agua, a cantar el feliz cumpleaños a los gritos y entrarle a la torta como desaforados.

Para muestra, basta apretar el botón (del triangulito)

Ahh... necesito más.




sábado, 31 de octubre de 2009

Por portación de tetas

Como ya he dicho hasta el cansancio por acá, soy maestra. Por mi cargo de cuatro horas al frente de los niños, más todo el trabajo de planificación e investigación que requiere mi tarea, cobro la fortuna de mil quinientos pesos por mes.
Alquilo mi casa, por la que pago exactamente lo mismo que lo que gano. Por suerte el lugar donde trabajo recompensa mi esfuerzo dándome otro trabajo a la tarde en donde hago setentayocho cosas distintas al mismo tiempo, atiendo público, teléfonos, niños golpeados y dos jefes con sus respectivos invitados que funcionan a café (que yo les sirvo). En ese horario, y con diez años de antigüedad a puro parto en la empresa, gano cincuenta pesos más que a la mañana más una asignación por hijo (yo quisiera saber qué le resuelvo a un hijo con 136 pesos por mes..)
Por alguna razón, por ser mujer, siempre he ganado/hemos ganado menos que hombres ( que sabidamente tienen una atención focalizada y no múltiple como la femenina) con la mitad de capacidad para resolver situaciones simultáneas.

Ejemplo:
De lunes a viernes: vas planificando en el laburo el menú de la noche y las compras que tenés que hacer mientras corregís los cuadernos fijándote que el salame de Felipe haya copiado todos los números del pizarrón, repasás lo que tiene que hacer tu hija a la salida y a dónde la tenés que ir a buscar, cocinás mientras bajás los mails y ordenás el cuarto de la pendeja que perdió el velador entre la ropa sucia y hablás por teléfono con tu amiga que te relata su conflicto psicológico que le causa tanto disgusto en su relación con los muchachos y ahora está saliendo con un pibe, y das gracias a la vida por no tener en el living sentado un Homero que mira el noticioso y cada tanto te grita "¿cuánto falta para la cena?" como te pasaba unos muchos años atrás, mientras vas calculando la porción que tenés que sacar para la vianda de la piba mañana en la escuela, le hacés el análisis psicológico que tu amiga anda necesitando escuchar (gauchada que tantas veces por suerte te hizo ella a vos también) y no te olvidás de pagar la luz por internet. Toda esa destreza bien entrenada aplicada también a cuidar a veintiséis enanos de seis años que se creen inmortales y practican saltos de altura, piden ayuda al mismo tiempo mientras la secretaria te viene con cuatro mensajes de padres que piden cosas distintas, o tomás seis mensajes telefónicos, filtrás llamadas de venta, atendés a cuatro madres por la ventana, sacás cinco fotocopias de las páginas ocho a trece y cobrás dos almuerzos y un campamento. Y sin dejar de estar espléndida, por supuesto, que la imagen es todo.

Pareciera como si todas las mujeres del mundo trabajáramos porque nos queremos entretener fuera de casa o como si fuéramos castigadas por no tener al lado un par de bolas que aseguren un ingreso algo más importante.

Cristina, yo sé que los hijos de puta te la van a complicar a muerte porque todos piensan que deberías estar comprándole pollo para comer a tu marido en tu casa y yendo a buscar a la nena que te salió bastante fiestera, y tampoco te falta la yegua frustrada que no pudo sentarse en tu sillón y te tira mierda cada vez que puede, con un jorgerrialismo insoportable. Pero, negra, por favor. No te olvides de que nuestra capacidad sobre ellos es la mirada abarcadora.
Bajáles el sueldo, dales una patada en el culo y llenáte el congreso de polleras. Decíle a la gorda que se calle y se acuerde de cuando también fue una jipi que andaba con los tercermundistas y salía sin peinarse a decir lo que pensaba, que no sea sorete y demuestre un poco de solidaridad de género, así como hacemos las madres de niños grandes con las confundidas primerizas. Ponete de nuevo la camisita a cuadros, arremánguense todas como sabemos hacer cuando hay que meter mano en los pañales sucios y, de una vez por todas, hacéme sentir en ventaja cuando escuche "hembra, dijo la partera"..

lunes, 26 de octubre de 2009

El mundo es un pomelo

Sábado, once de la noche. Casa de la Meji llena de jipis famélicos después de tocar en costanera sur. Pedido al boleo de sólidos y líquidos a dos lugares diferentes. Meji estupefacta mirando el precio del pedido: ochenta y ocho pesos exactos en cada lugar. 88 88

Hoy, 20.37hs, entro a mi blog a pelotudear y miro el contador de visitas. Dice 22 22.

Empiezo a sentirme como el gordo de LOST...


domingo, 25 de octubre de 2009

Calmar la sed


(Muchas veces, de pronto en el medio del malabarismo diario, me pregunto ¿cómo llegué hasta acá? ¿cómo fue que llegué hasta acá?)

Hoy toqué con 200 tamboreros frente a la estatua de Lola Mora. El sol me daba en los ojos y bailé cada golpe, ahí en el medio de todo, adelante y atrás y alrededor. Recargar esa otra realidad, la que me gusta, hacerla superar la medida de la otra que no puedo cambiar y contagiar eso como una gripe. Encender la alegría porque sí, porque es sábado y más o menos todos nos sabemos los mismos golpes y vamos, que el día está lindo y tenemos ganas.

Pensé en el río Quilpo y en aquella serena sensación de poder sobre mi propia vida cuando trabajé sin querer cobrar un peso, siendo yo la única opción posible para la cocina.

Pienso que lo inevitable es justamente así, inevitable, y que la energía vital desperdiciada en angustia es energía perdida.

Vi todas las espaldas de los tamboreros bailando en esa escalinata como un mismo mar rojo, amarillo, verde, violeta, las masas subir y bajar, las cuerdas ensambladas, Dani intentando cantar y ahí al lado de mi oreja que fue una fiesta cuando su timbal y el redo de Martincito hicimos ronda de festival para tocar, y tocar, y tocar.

jueves, 22 de octubre de 2009

Pequeña enumeración que me sienta de lo más bien enumerar.

"Sé feliz" escribe mi vieja en su mensaje de despedida antes de viajar con sus compañeras del Instituto a reencontrarse otra vez con su adolescencia ahora tanta vida después.

Yo estoy enamorada de la vida, del milagro de la sincronización, de la ley ineludible que trae de vuelta justamente lo que se envía, de los encuentros mágicos como chispas de estrella fugaz que me acercan el corazón a gente que no conozco, de la música que escucho todo por adentro y que me sale por los poros y por cualquier lugar como el agua cuando canto con los ojos cerrados, de los abrazos con amor del bueno, de la risa cuando brota incontenible, de mirar a los ojos, de mis enanos, de la Chilinga y de su gente, de la gente buena de corazón sencillo y ardiente, de las ceremonias y los rituales, de ser la madre de mi hija, de los ojos y las voces y las almas de todas mis amigas, de mi gata y su manía de besarnos las manos, de tener nísperos en la vereda para saborizar el viaje al trabajo en bicicleta, de mi jazmín lleno de verde clarito, de los paraísos florecidos camino a casa por Olivos, de la luna que asoma en su cuarto creciente y vuelve mi nostalgia menguante, de los besos que aún no dí, de la canción que todavía no me encuentra.

Fumá, mami.
Voy bien


miércoles, 21 de octubre de 2009

Amo a mi mamá.

(Teléfono suena entre las porquerías apiladas en la mesa de la computadora. Levanto papeles, corro vasos, atrapo el tubo blanco. Es mamá.)

M: - Hola (con voz de preocupación) ¿sabés lo que pasó?
Y:- No..(temiendo un desembarco de kelpers enfurecidos en Puerto Madero o algo así). ¿Qué pasó?
M:-¿Viste esos chicos que se cayeron en un lago ahí en un cantri?
Y:-¿Qué lago? ¿qué cannntri? (esperando ya algo malo)
M:- ¡Salió en todos los canales!
Y:-¡¡Pero si no tengo tele, mamá!! (nunca dejará de reprochármelo...)
M:-Bueno (dándose una victoria sobre su argumento de lo malo que es vivir en un tupper como vivo yo sin el televisor). Unos chicos se cayeron en un auto en un lago..
Y:- Si, si. ¿¿Y??
M:- Que uno de ellos era el nieto del sobrino del abuelo Dimas.
Y:- ....
M:- De Benigno.
Y:-...
M:- De Emi. ¿Te acordás?
Y:- Mamá.. ¿para eso me llamaste?
M:- Si.
Y:- Mamá, cada día estás más parecida a la abuela.
M:- ¡Andá a la mierda!

(y ese fue nuestro intercambio mensual de desgracias y solapado reproche por ser una jipi rotosa que NO QUIERE tener televisor)


lunes, 19 de octubre de 2009

Clic


Hoy, 19 de octubre, luna espectral roja.
Al final de la tarde, la mano de un mago cruzó todos los cables y en un alarde de Harry Potter frente a mi nariz de antigua bruja consumada, me abrió en el corazón una puerta por donde salió una respuesta sincera llena de dolor viejo que se fue, como una muela que latía y ahora no.
Que maravilla que la vida no pierda su sana costumbre de dejarme, cada tanto, totalmente sorprendida.

Sintomatología confusa




Por algún equilibrio sabio de esos equilibrios sabios que, dicen los reflexivos, tiene la naturaleza, mi temperatura corporal está rayando el límite más bajo dentro de lo que la medicina dice "es normal". Es decir, ando por la vida con algo más de 35º por adentro, nada más.
Esto es una ventaja si se tiene en cuenta que tengo una predisposición innata a arder. Cuando canto, por ejemplo, se activan todas las células de mi cuerpo, colisionan y hacen fricción por adentro, quedando así mi ser, entonces, al borde de prenderme fuego fácilmente y sudando como un marinero ruso acorralado en la cocina por el cariño de sus compañeros. El mismo fenómeno físico ocurre en las contadas ocasiones en que me enojo (cosa que ocurre por suerte pocas veces, como los solsticios o los equinoccios, pero que cuando pasa, pasa..) y cada vez que hago algo con pasión.
De ahí lo maravilloso de mi márgen térmico que me permite encenderme sin coagular mis glóbulos una y otra vez.
Pero tan oportuno detalle tiene sus complicaciones, como todo las tiene. Con tan baja temperatura, es muy difícil, por ejemplo, notarme la fiebre. Para llegar a 37 y medio mi cuerpo pone toda la carne al asador, pero no se detecta sino tras dejarme media hora un termómetro en el centro de la axila.
Como este cuerpo no cuenta con el calor necesario para cocinar un virus, ha desarrollado otras maneras de combatir, que voy aprendiendo a reconocer a fuerza de pasar los mismos senderos una vez y otra vez. Como el ruidito del motor del auto cuando se le pitiribean los coflejetes y te avisa con un taca taca de tornillo para que sepas que algo no funciona bien, cada vez que mi cuerpo está peleando un virus, yo muero de tristeza.
Donde debería haber fiebre hay un llanto fácil y descontrolado, que asoma tanto al abrir un paquete de regalo del día de la madre para encontrar un cd de Mercedes Sosa como para reclamarle al de la verdulería a moco tendido que me dio una bolsa con manijita rota.

Una pena azul que me tuvo en ascuas desde el viernes hasta que ayer, al levantarme, sentí como un dedo apretándome el tubito de la garganta por adentro, dificultando la tarea de tragar saliva.

Tres llagas. Tres piquetes de diminutas y jodidamente dolorosas ampollas blancas.
No era tristeza por lo retorcido que funciona el mundo (claro, si a esta altura ya lo tenemos más que entendido..)
Eran lisa y llanamente unas malditas anginas.



viernes, 16 de octubre de 2009

...







Triste triste triste triste.
Pero no puedo parar de cantar...

jueves, 15 de octubre de 2009

Mariconez


Estoy algo desconcertada conmigo. A veces me desconozco.. (o me reconozco..?)
Ando como frágil. Yo, que puedo llegar a ser el cuatro de Cambaceres con pollera, ando chiquita. Será que de tanto soltarme ahí desde mi corazón, por mi garganta y al aire, algo que lo cubría se cayó y ahora lo llevo en la mano.
Arde ni bien lo tocan, como el raspón de la rodilla.
Arde ni bien lo tocan.
..pero no me disgusta.

lunes, 12 de octubre de 2009

Reflexión profesional que se va al carajo en el último párrafo.

Soy maestra. Educadora. Más allá de que tengo un título pedorro impreso en una cartulina barata que lo certifica malamente, entiendo que todo lo que fue pasando en mi vida me enseñó, entre otras cosas, a mirar buscando el hueco, el nudo mal atado, y lograr volver la mirada del que tengo enfrente sobre sus propios actos y las consecuencias que lo rodean.

Más allá de la búsqueda individual, que es la primera, somos seres sociales. Cada uno de nuestros comportamientos tiene un efecto sobre el entorno. Lo modifica, lo afecta.

Nuestra cultura, mezcla del dramatismo fanático de los españoles con la culpa judía y el temperamento italiano, nos educa señalando lo que hacemos mal como método para que volvamos a caminar derecho. Pero no nos tiene acostumbrados al reconocimiento. El apoyo, la mano en la espalda, el "gracias" y la alegría de haber hecho algo bueno nos es dado con cuentagotas desde el principio de nuestra educación.

Yo entiendo que a pesar de que nuestro cuerpo crece y nuestro corazón se va marcando de cicatrices con los años, siempre somos los mismos. Cuando no comprendo cuál es la emoción que me embarga, cierro los ojos y la busco en mi recuerdo aquélla primera vez que la sentí cuando no levantaba más de un metro del piso. Busco aquella confusión de sentir algo dentro del pecho que todavía no tiene nombre y busco el por qué. Entonces imagino qué hubiera querido que hicieran por mí en aquél momento. ¿Un abrazo? ¿que me defendieran de lo que era una injusticia? ¿una explicación, un beso, un "no te preocupes, ya va a pasar" o "no es tu culpa, no llores"? ¿alguien que aplaudiera el hecho de que, después de intentar agotadores esfuerzos por controlar mi motricidad fina, por fin pintaba un dibujo sin salirme de las rayas del contorno?

Desde que fui chica, por alguna razón dibujada en mi cara que desconozco, de mí siempre se esperó lo mejor, se daba por sentado. Con el boletín que llegaba a casa, cuando bailé con tutú celeste y profesora alcohólica en el teatro El Globo, cuando amasé alhajeros de cerámica, cuando fracasé en todos los deportes y me colgaron los anteojos de intelectual, cuando fui girl scout, cuando escribí mi primer cuento. Solamente mi vieja supo darme siempre, a su manera tan española de decir un discurso y cerrarlo con un abrazo, ése pequeño premio, ése guiño que me fue enseñando lo tibio que se siente que al otro le guste lo que hacés, que reconozca tu entrega, tu esfuerzo.

Gracias a mi cualidad de ser esponja (y no solamente de malbec), aprendí a ser agradecida y agradecer cada vez que la ocasión lo amerita. Deformación profesional mediante (creo en la educación a través de la vivencia), ando repartiendo gracias cada vez que comparto momentos lindos, cuando me invitan a jugar, con las puertas que me abren. Y, pedonen mi hipersensibilidad manifiesta (o agradézcanla, que seguramente es lo que me permite cantar con gozo y tocar con alegría), pero la niña que soy también necesita abrazos y cariños en la cabeza.

Por eso, doy toda esta vuelta y desde la niña dolida que soy hoy, digo secándome con la manga un moco que se espianta en la cara hecha un desastre, hipando y esperando que me llame mi mamá para contarle y pedirle que le vaya a pegar:

"Pelado desprolijo, en el asado chilingo le diste las gracias hasta a los dos monos que estaban laburando en la barra (y a los que tuve que descorcharles YO, con mi sacacorchos personal que encima perdí además de la campera negra que compré el viernes, todas las putas botellas de kerosén "Don Abel" con éstas manos de sacudir masas y revolear micrófonos en tus shows) y no me dijiste ni un puto gracias. Te odio con todo mi corazón de haber perdido las figuritas de Sarah Kay en el primer recreo de la mañana."

Ya está.
Ahora pueden seguir con lo que estaban.
Yo me voy a la vereda a sufrir, sola como loca mala.


sábado, 10 de octubre de 2009

Preparándolos para el viaje






(Situación jueves por la tarde, conversación por la ventana de recepción con mamá de mi grado enojona y complicada con la que me río mucho y a veces la quiero matar.)

M:- ¿Te habló mi hijo hoy?
Y: - ¿A qué te referís...?
M:-¿Te contó lo que le hice ayer?
Y:-... no
M:- Le abro el cuaderno y, como vino sin corregir (no puede evitar un dedo en el orto absolutamente siempre.) le digo "a ver, leéme acá, lo que escribiste acá". Y no puede leer lo que escribe. Tiene una letra espantosa. Yo entiendo eso de la motivación y ponerle "excelente" y "qué linda letra hiciste hoy", pero no. Así que le hice borrar todo y escribirlo de nuevo.

Hice un silencio abriendo los ojos cada vez más, solté la risa y apuntándola con el índice le dije
Y:-¡¡Dejá de torturarlo, no seas mala!! Era la primera vez que intentaron escribir en cursiva y le decís que tiene una letra horrible. ¡¡Mala!! (y juaaaaaaaaa las dos nos matamos de la risa.)
Y:- Si lo seguís torturando te voy a mandar a castigar.
Nos despedimos hasta mañana y me quedé pensando.

(Situación viernes por la mañana. Me acerco a la mesa de Juan Martín, me agacho a su lado y le digo:)
Y:- Juan, ayer la reté a tu mamá.
(Juan, que padece la tortura de cargar con el deseo de su madre de tener que ser el mejor del grado con apenas 6 años, abrió los ojos como el dos de oros)
Y:- Me contó que te dijo que tenés una letra horrible y que te hizo borrar todo y escribirlo otra vez. Le dije que si lo vuelve a hacer la mando a dirección. Pero, Juan, ¿vos sabés por qué lo hizo?
J:- Porque es una guacha. (soltó, mi vida, con un dominio impecable del término, y un alivio le vino a los ojos y me hizo reírme un rato con Sarita.)
Y:- No, Juancito. Las mamás siempre los vemos tan hermosos que queremos todo lo mejor para ustedes, lo más lindo, y a veces nos entusiasmamos demasiado. Tu mamá te quiere. Y cuando la reté se reía. Juan, tu letra está floreciendo (le dije. Y busqué la primera hoja del cuaderno y le mostré las letras cachuzas y desparejas, y después le señalé la fecha que había puesto esa mañana, las letras más parejitas, más formaditas, así como ellos ahora también aprendieron a formar a fuerza de práctica.) ¿Ves? ¿ves cómo fuiste aprendiendo, probando, animándote, practicando, y tu letra fue cambiando y poniéndose más linda hasta hoy? ¿te acordás de cuando decías que vos no podías escribir? Mirá ahora. Bueno, así también va a ser con la cursiva, Juan. Y con todo.

Me miró. Agarró su cuaderno y empezó a buscar una página en particular, y cuando la encontró, puso su dedo sobre lo que había ahí y señalando con pequeña frescura y orgullo, dijo mirándome a los ojos:

J:- Esta es la mejor fecha que escribí en mi vida.


(Aaahhhh... y por hacer esto todos los días encima me pagan.)

Por favor, no me presten cosas...

Entre las particularidades que me son propias hay una bastante fastidiosa que me hincha tanto las bolas a mí como a mi sufrido y nunca bien ponderado entorno.

Yo pierdo las cosas. Yo extravío las cosas, las cosas huyen de mí, como chalinas enredadas en camperas de abrigo, como chales escondidos en bolsos prestados, como discos que quedan en autos amigos, como camperas que dejo en otras casas.

No lo puedo evitar. Me agarra la época de perder así como al planeta le agarra en octubre la primavera en el sur y a la mierda con todo.

Dejo olvidadas cosas imposibles como la bicicleta atada en la vereda de la escuela la noche entera, la llave puesta en el auto, la cartera en la vereda, la tarjeta en el cajero o en los locales donde la uso, ropa nueva en los hoteles, bufandas en los bares.

Es que todo me llama la atención, en todo quiero estar, todo lo quiero hacer y hay momentos en que la alegría del envión es tan placentera que pierdo la noción de las cosas y ando por el mundo que navego.

Cuando mis enanos cada mañana a la hora de escribir la fecha en el cuaderno me miran con ojos de gato de Shrek y yo vuelvo a exclamar "¡pero no puede ser! ¿ya perdiste el lápiz? ¡te lo dí ayer!", no puedo evitar suspirar pensando que cuando de pronto algo te da la alegría que te daban los recreos cuando eras chico cómo no correr abriendo las manos y los brazos. Y el lápiz... ¿qué lápiz?

Me rompe soberanamente las pelotas perder las cosas pero no puedo evitarlo. Amo la sensación de soltar todo y correr al patio a jugar al quemado.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Vericueto del pensamiento

A veces fantaseo con volverlo a ver. Con abrir la casilla de mail y encontrar su nombre tantas veces pensado, con ver su gigantez entre la gente una noche mientras canto.
(No confundir con un deseo necrofilico de darse una vez más. Aquél que uno encuentre después de tantos años jamás es el mismo. Ni una tampoco.)

Añoro una conversación muy larga con los ojos brillantes desandando las vidas hasta aquél amor tan nuevo, tan primero, de naranjos y ríos remontados en kayak, de estaciones de tren y fiestas de quince con souvenirs de zapatito con brillantina, del olor a cloro en la pileta de AFALP, Zeppelín, Canela, Fragata, la bandeja mezcladora de discos, La Manzanita, el Taunus celeste y Silvio Rodríguez, la playa, Phil Collins, la bicicleta azul, Air Supply, mi vocación de Madonna, las ballenas del sur, el dolor agudo del corazón partido.

A veces sueño con que en ese desandar voy a encontrar algo que hasta hoy tengo perdido.



domingo, 4 de octubre de 2009

Como pájaros en el aire

¿Qué voy a decir? Se murió la negra...

La Negra de todas las negras. La que hacía subir la voz por el precipicio ancho de su garganta, la que sonaba como una caverna mágica, una madre tierra, una serena yemayá de mares de arena.

Tengo la teoría de que el dolor cuando es muy profundo, como el exilio, como la muerte, araña algo por adentro antes de partir. Y ésas heridas que no sanan son las que devoran el cuerpo con los años cuando se infectan de recuerdos metastásicos.

Aprendí "Sueño con serpientes" sentada en la alfombra escuchándola como un eco desde la cinta de un Grundig marrón. Es su versión la que suena en mi cabeza cuando canto "Inconsciente colectivo" derrapando en un fogón. Es su voz la que pienso cuando escucho "quiso la siesta ponerle un niño a su soledad.."

Tengo asociada la idea de democracia a su vuelta a cantar en el Luna Park (mi vieja se desquitaba con los militares haciéndonos escuchar todo el día a la Negra y al Cuarteto Zupay, que era toda la música zurda autóctona junta. Hasta la presidencia de Voldemort, éste país vivió floja adolescencia. La primavera democrática, el destape, la revista Humor, todos los que volvían desde afuera a buscar su olor. Los grandes lloraban cada dos por tres en un abrazo en una esquina con uno que creían que no iban a volver a ver y Mercedes cantaba a Violeta Parra en los programas de Badía.)

Por alguna razón el cielo de los especiales está levantando vuelo, se van de a uno como granos de arena del final de un reloj.
Confío en que fue buena la siembra. Y así como Olmedo cayó en tierras de Caseros y Capusottos, espero ver tu semilla florecer, Mercedes, repartida en varias (es que tu ausencia es muy, muy ancha..)

Lo merecemos.

(Amén.)

sábado, 3 de octubre de 2009

Másomenos por dónde ando yo..(y, amigos, es colorada.)




El camino más difícil es el de soltarse de todo.
No ocurre de una sola vez. Más bien hay una temporada larga en donde un par de veces a la semana nos sentamos un minuto a pensar ¿por qué voy a ir? ¿por qué voy a llamar? ¿por qué lo hago? y entonces el disfrute empieza a depender más de lo que hago por mí misma que de afuera. Con los de afuera se comparte.
No creo en los amores de tarjeta de kiosco, en las palabras de catálogo, en los tiempos supuestos, en la propiedad sobre el tiempo de los demás. No me excita lo que se dá por sentado, lo que se presupone, lo que se toma por costumbre. Lo que hago tiene que estar hecho por convicción mía, de nadie más. No sé lo que busco, pero sé lo que no quiero.
En estos últimos tiempos soy tan feliz cantando sobre el pandeiro de Dani como cuando canto en casa descalza arriba de las voces de Los Piojos, Heredia, Victoria Abril. (si, si, en bombacha..)

Yo canto porque el placer que siento viendo en mi cabeza las historias que cuento enhebradas en notas tan armónicas me hace feliz, me hace sangrar, agita mis aguas más profundas.

Yo enseño porque creo en la capacidad del hombre de desarrollar su potencial, en la felicidad como filosofía de vida y en que un mundo mejor es posible, y ésa tarea consume horas de mi sueño imaginando cada vez mejores maneras de enseñar y aprender.

Ando sola porque todavía ninguna compañía supera el estado en que mi corazón se deja estar cuando canto sola batiendo con las manos el parche de mi legüero.

Archívese.